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10 de Abril de 2011

publicado a la‎(s)‎ 9 abr. 2011 10:15 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 13 nov. 2011 11:05 ]

Chía, 10 de Abril de 2011


Saludo cordial a los fieles de esta amada comunidad

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En este V Domingo de cuaresma, ya de camino a la Pascua del Señor, la liturgia nos presenta el texto de la resurrección de Lázaro, que aunque vuelve a morir, nos va introduciendo en el gran anuncio del verdadero milagro: Jesús es la resurrección y la vida.

Nosotros nos aferramos a la vida y nos asusta la idea de la muerte. ¿Quién no ha experimentado la muerte?.  Como pascua personal a todos nos tocará en un momento u otro, como experiencia ajena, todos la hemos sentido cercana o lejana, en un familiar o un amigo, en los desastres naturales o las guerras que nos traen todos los días los medios de comunicación. La muerte es una realidad que nos coge de improviso o como proceso lento y nos afecta a todos.     

Por mucho que nuestra cultura nos invite a aferrarnos a la vida y nos haga vivir la ilusión del ser siempre jóvenes y fuertes, o por mucho que nos empeñemos en cuidar la salud, la muerte siempre estará ahí esperándonos.  

El relato evangélico de este domingo, la resurrección de Lázaro, nos coloca de frente a la muerte y vemos a Jesús reaccionar ante ella. Lo primero que hay que observar es a Jesús. Le vemos conmovido. El texto dice que Jesús llora tres veces por la muerte de su amigo.

El amigo de Jesús ha muerto. Jesús siente el dolor en toda su crudeza. No obstante, vemos que Jesús tiene puesta su confianza en el Padre.  La muerte de su amigo no lo derrota, no cede ante la oscuridad que supone la muerte. El evangelista pone en boca de Jesús una afirmación de fe que tendríamos que repetir muchas veces porque centra nuestra vida creyente: “Yo soy la resurrección y la vida.”: Dios es el creador de la vida y no va a dejar que sus criaturas se disuelvan en el sinsentido o la nada.

Mientras vivamos todavía, la muerte amenaza continuamente nuestras vidas. Pero la fe nos hace mirar más allá, nos ofrece una perspectiva más amplia. Nos hace vivir en la confianza y en la esperanza. Relacionarnos con el Dios de la vida, en la oración, la vida espiritual, las obras de caridad y los sacramentos, sabemos que no estamos llamados a disolvernos, o a desaparecer, sino a llegar a vivir la plenitud en Dios.

Mientras estemos aquí, de paso, estamos comprometidos a caminar juntos, a no perder a nadie porque todos somos familia de Dios y a todos nos espera Dios en el cielo y así como nos deleitamos compartiendo cada domingo en esta casa de Dios, todavía en la tierra, el Señor nos hace mirar con el alma más arriba como diciéndonos: “ vengan benditos de mi Padre, la casa de Dios es mi casa, vuestra casa, la verdadera casa y la verdadera familia a la que estamos llamados a pertenecer: el cielo”.

Feliz semana para todos y que Dios los bendiga y la Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M.–Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía.

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9 abr. 2011 10:44
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