Enseñanzas para Crecer en la Fe   

Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 32° Domingo del Tiempo Ordinario, 10 de Noviembre, 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el ]

Conserva el tenedor. 

   Martha al teléfono: Padre Juan. ¿Podría venir esta tarde? Necesito hablar con usted. ¿Por supuesto hija, ahí estaré! El Padre llegó, se sentó y la escuchó atentamente. “Dice el doctor que es probable que viva sólo seis meses. Dios ha sido bueno. He vivido una vida prolongada. Estoy lista para partir a la eternidad”. Charlaron durante mucho tiempo con tranquilidad. Hablaron sobre las flores favoritas de Martha, la música, los pasajes de la Biblia que le habían ayudado, y todo lo que compartieron durante los cinco años que el Padre había estado en la parroquia. 

   Martha hizo una pausa, miró al Padre y le dijo: “Cuando me entierren, deseo tener mi vieja biblia en una mano y un tenedor en la otra”.

   ¿Un tenedor? Preguntó el Padre: ¿Por qué desea que la entierren con un tenedor? Recuerdo todas las cenas y banquetes a los que asistí en muchos años, y algo que no olvido es que, en todos los banquetes, al terminar la comida, alguien se inclinaba sobre mi hombro y me decía: “Conserve el tenedor” ¿Sabe lo que significaba eso? ¡Que vendría algo sabroso, como un pastel de chocolate o un pie de manzana! 

  
Cuando me decían que podía conservar el tenedor, sabía que lo mejor estaba por venir. Por eso quiero que cuando pasen junto a mi ataúd y miren mi vestido azul, deseo que se pregunten:

 ‘¿Por qué tiene un tenedor?’ Entonces, quiero que por favor usted les diga, que conservo mi tenedor porque estoy segura ¡Que después de la muerte, lo mejor está por venir!… 

Águila adoptada: [Destinados a la eternidad] 

   Un hombre encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos. Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, al igual que los pollos. Después de todo, ¿no es así como vuelan los pollos? Pasaron los años y el águila se hizo vieja. 

   Un día divisó por lo alto, en el cielo azul, una magnífica ave que flotaba elegante y majestuosa por el aire, moviendo sus poderosas alas. La vieja águila sintió como un sacudón en su interior; miraba extasiada y maravillada hacia arriba: “¿Qué es eso?”, preguntó a una gallina que estaba junto a ella.
“Es el águila, el rey de las aves”, 
respondió la gallina.    “Pero no pienses en ello. Tú y yo somos diferentes de ella, sigamos comiendo maíz”. De manera que el águila no volvió a pensar en ello. ¡Y murió creyendo que era una gallina de corral!, ignorando que estaba destinada a las alturas. 

Dios en primer lugar: [ Como los Macabeos: poner a Dios en primer lugar]. 

   Una señora le pidió a un sacerdote que le ayudara a hacer el presupuesto familiar. Era un pedido insólito, porque el sacerdote no tenía experiencia en finanzas. Pero ella insistía y el sacerdote hizo lo que podía. Hicieron una lista de los gastos familiares: arriendo, servicios, comida, gastos escolares, seguros etc. Con los ingresos limitados de la familia, parecía imposible cubrirlo todo. No obstante, el sacerdote le dijo: "Y lo del diezmo?" "Cómo?" le pregunto ella. 

   El padre le dijo que “el diezmo, consiste en darle algo a Dios, por todo cuanto él nos da”.

  “Ella le dijo que con todos los gastos era imposible. Sin embargo, algo extraño sucedió. Cuando separó el diez por ciento para Dios y trabajó con el noventa por ciento, empezó a ver las cosas diferentes: 

   Algunos de las prioridades cambiaron – y el presupuesto se balanceó. 

   Grandes cosas suceden cuando ponemos a Dios en primer lugar. 

La reencarnación. [Nuestro destino es vivir] 

   Unas damas se reúnen todos los jueves a tratar diversos temas. El turno es para Sofía y el tema es la reencarnación. Sofía le pide ayuda a su esposo Ricardo, quien era católico, pero no muy practicante. ¡Qué quieres saber? le pregunta Ricardo. -Yo quiero explicar lo que significa la reencarnación, pero con un ejemplo que me entiendan y así lucirme. Ayúdame. Te voy a decir lo que yo pienso de la reencarnación. Pon atención: tú te mueres, te entierran, y la tierra en su proceso evolutivo convierte tu cuerpo en materia. 

   El tiempo convierte esa materia en un vegetal, y sales a la luz convertida en un vegetal; ósea tú eras, pero ahora eres vegetal, por ejemplo, una lechuga; pasa una vaca, te mira, te come, te digiere y te tira. Paso yo y digo: “Sofía, qué cambiada estas”. Sofía le dice: ¿esa es la reencarnación? - “Según mi concepto, si”. ¡Ah…pero yo estaba muy equivocada! - Espérate, yo anoto, pero corrígeme para no meter la pata. ¡Yo hago el ejemplo, pero contigo, vale, Ricardo? - Si dale…Tú te mueres, te entierran, la tierra te da vueltas…No. 

   Te dije que la tierra en su evolución…Bueno…la tierra en su evolución te convierte en materiales…

   No, materiales no, eso es para hacer casas…Te dije, materia. 

   Bueno, te convierte en materia, y con el paso del tiempo tú sales al planeta convertido en un vegetal. 

¿Voy bien? Si, dale: ya eres un vegetal, pasa la misma vaca que me comió a mí, te mira, te come, te digiere, te tira…Paso yo y te digo: ¡Ricardo no has cambiado nada! 

¿Matrimonio feliz? 

   Un sacerdote estaba confesando en una parroquia de Nueva York; una señora de noventa años vino a confesarse y a exponer sus dudas sobre la vida después de esta vida. Padre, en los sermones de los funerales el predicador siempre trata de consolar a las viudas con tantas palabras prometiéndoles que en la vida eterna se reunirán con sus maridos. Mire padre, yo me he aguantado a mi marido durante sesenta años y no quisiera aguantarlo por la eternidad. 

Hasta que la muerte nos separe. 

   Se murió Manuelito, y al tiempo se murió su esposa. Él era un parrandero. Cuando la mujer llegó al cielo, lo primero que hizo fue preguntar por su Manuelito. Cuando lo vio le gritó: ¡Manuelito…Manuelito!, y Manuelito le contestó: “Un momento, el compromiso fue hasta que la muerte nos separara”. 

El millón del papá: 

   Estaba la familia reunida ante el féretro del padre, recién fallecido. El hijo menor dice: - Ahora tendremos que hacer realidad la última voluntad de papá: “Ser enterrado con un millón de dólares en el ataúd”. El hijo mediano añade: - Sí, bueno... pero en realidad sólo pondremos 750.000 dólares, porque hay que descontar el 25% de impuestos. 

   El hijo mayor añade: - También tendremos que deducir el 16% de IVA. Y la viuda interviene de forma resuelta, diciendo: - ¡Basta ya! su papá no merece tantos regateos. ¡Se le enterrará con la tarjeta de crédito... y que él gaste lo que quiera!    

El paraíso para animales. [Para misa de niños] 

   San Martin de Porres cuida el paraíso de los animalitos. Dios lo escogió porque, como San Francisco, tuvo un gran cariño por los animales. Una vez murió un gato y cuando llegó al paraíso para animales, San Martín le preguntó qué quería. El gato respondió, "Toda mi vida he dormido en pisos. Quiero una cobija enorme." Después del gato llegó un grupo de ratoncitos. San Martín les preguntó qué querían. 

   El ratoncito principal replicó, “Tuvimos una vida muy difícil. Todos nos perseguían.

   Lo que queremos son unos patines.” Entonces San Martín los equipó con patines pequeños.  Pasaron unas semanas y San Martín visitó el gato. El gato irradiaba felicidad. 

“Mi cobija es tan cómoda que jamás quiero salir de ella,” le dijo. Luego añadió, “Y, a propósito, gracias por la comida rápida.” 

Futbol en el cielo: 

   Eran dos amigos que les encantaba jugar al fútbol, a lo que dedicaban la mayor parte de sus ratos libres. Y le dice uno a otro: - Pepe, ¿qué vamos a hacer si cuando nos muramos, en el cielo no haya fútbol? - No lo sé, sería algo terrible. Se muere Juan, y Pepe sigue con el fútbol. Y un día estando en casa, oye una voz. - Pepe, soy Juan. - ¿Juan, eres tú? - Sí, estoy en el cielo, y tengo dos noticias que darte, una buena y otra mala - ¿Cuál es la buena? - Que en el cielo si juegan fútbol, y además muy bien. - Estupendo, que maravilla, dijo Pepe. ¿Y cuál es la mala? - ¡Que el domingo próximo tienes partido! 

Tres amigos en un velorio:

   Uno le dice al otro: cuando yo me muera, quisiera que dijeran de mí: ¡Cómo fue de buena persona, querido, generoso! - El otro dice: yo también quisiera que dijeran de mí: ¡Cómo era de guapo, tan querido, qué lástima que se haya muerto! - Y le preguntan al tercero, ¿qué le gustaría que le dijeran cuando muriera? Y después de una pausa dice: Me gustaría que alguien se acercara a mi ataúd y dijera: “¡Miren, se está moviendo!

Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 31° Domingo del Tiempo Ordinario, 3 de Noviembre, 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 9 nov. 2019 13:03 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 9 nov. 2019 13:24 ]

Las piedras: [Quitar los estorbos que impiden llegar a Jesús] 

   Estaba un día Diógenes parado en la esquina de una calle riendo como un loco. - ¿De qué te ríes?», preguntó un transeúnte. – “Por lo necios que somos los humanos”, respondió. - «¿Ves esa piedra que hay en medio de la calle? - Desde que llegué aquí esta mañana, diez personas se han tropezado con ella y la han maldecido, pero ninguna de ellas se ha tomado la molestia de retirarla para que no tropiecen los demás.”  

La estatua: [¡Jesús, el artista divino que restauró el corazón de Zaqueo!]


   Explican que hace mucho tiempo, en la India, vivía en la montaña un hombre que tenía una estatua, obra de un viejo maestro escultor. La había dejado tirada en el suelo en un rincón de su cabaña, y no se preocupaba nada de ella. Pero un día coincidió que pasó por aquel paraje un hombre que iba hacia la ciudad.

 

   Como que era un hombre de cultura, cuando vio la estatua preguntó a su amo si estaba dispuesto a venderla. Pero el propietario, riendo, le dijo: – ¿Quieres comprar este trozo de piedra sucia y decolorada? Y el hombre de la ciudad le dijo: – Te doy por ella esta moneda de plata. Cerraron el trato, y los dos quedaron satisfechos. La estatua fue llevada a la ciudad a lomos de un elefante.

 

   Al cabo de unos cuántos meses, el hombre de la montaña bajó a la ciudad. Mientras andaba por la calle, vio como mucha gente quedaba parada delante de un edificio, a la puerta del cual un hombre gritaba: – ¡Pasen a ver la estatua más bella y maravillosa del mundo! – Sólo dos monedas de plata por admirar la obra de arte de un gran maestro. Y el hombre de la montaña, picado por la curiosidad, pagó las dos monedas de plata y entró en el museo. Allí contempló la estatua que él mismo había vendido por sólo una moneda.

 El vendedor de tomates: [Tenacidad interior en busca de algo mejor…] 

   Un hombre que había perdido su trabajo y tras varios meses de búsqueda, ve un aviso de Microsoft solicitando barrenderos. El gerente de personal le pregunta sus datos, lo hace barrer, lo felicita y le informa: El puesto es suyo. Deme su correo electrónico y le enviaré el día y la hora que se tiene que presentar. El hombre, desconcertado, contesta que no cuenta con correo electrónico. 

   Entonces, el gerente le dice que lo lamenta mucho pero que si no tiene correo electrónico virtualmente no existe y que como no existe, no le puede dar el trabajo. Desesperado, sin saber qué hacer y sólo con dos dólares en el bolsillo, decide ir hasta el mercado más cercano a comprar un cajón de tomates de 10 Kg. Va de casa en casa vendiendo a dólar la libra de tomates. En menos de 2 horas había duplicado el dinero. Repite la operación tres veces más, luego cena en un sitio por cinco dólares y vuelve con quince dólares a su casa. 

   Se da cuenta que de esa forma puede sobrevivir y sale cada vez más temprano y vuelve más tarde, duplicando y triplicando el dinero en un solo día. Logra comprarse una camioneta que al año cambia por un camión y a los tres años ya tiene una pequeña flota. Al cabo de cinco años, el buen hombre es dueño de una de las principales distribuidoras alimenticias del país. 

   Entonces, recibe a un agente de seguros de vida y cuando la charla termina, el vendedor le pide su correo electrónico para enviarle la póliza. El sujeto contesta que no tiene correo electrónico, es más, ni siquiera una computadora. “Si usted no tiene correo electrónico y ha llegado a construir este imperio, no quiero imaginarme lo que sería si tuviera correo electrónico”. Y el hábil hombre le contesta: ¡Sería barrendero de Microsoft! 

Picardías de campo [Ingeniosos por un bien mayor, como lo hizo Zaqueo] 


   En una importante vía de la ciudad se cayó un puente. El tráfico fue desviado por un camino de vereda sin pavimentar. El verano era intenso y ni asomo de llover. El desvío justo pasaba por el campo de los Medina, que tenían la casa cerca de la carretera y cada vez que pasaban los carros llenaban la casa de tierra; ya no podían extender la ropa, le habían matado varias gallinas; los perros ya afónicos por tanta tierra no podían ni ladrar. El señor Medina cansado fue a indagar cuanto tardarían en arreglar el puente. De 5 a 6 meses le dijeron. 

   Como eso es mucho tiempo, habrá que hacer algo. Y se notó que algo hizo porque a los dos días, cuando los carros tomaban la esquina del campo de los Medina, reducían la velocidad a 10 Km/h y se veía a los conductores mirar a lado y lado de la vía como esperando el tren, y al terminar el predio de los Medina, aceleraban otra vez. 

   Los vecinos que, estaban al tanto, comenzaron a murmurar y se decían unos a otros: ¿Qué habrá hecho el sr. Medina? ¿Habrá puesto tachuelas? - ¡No porque no cambian las llantas! - ¿O habrá hecho zanja en el camino? No porque no se les ve saltar. Y fueron a averiguar. Y claro, lo que había hecho el señor Medina, fue que simplemente colocó un letrero que decía: ¡Atención señores conductores, precaución; en los próximos metros: campo nudista! 

El piano: [Subió al árbol, aunque no le fue fácil] 

   4 hombres iban a subir un piano al piso 10. Ya habían subido algunos pisos; estaban muy cansados y uno de ellos dijo: alguien que vaya a ver cuántos pisos nos faltan. - Otro dice: listo, yo voy. El tipo sube y llega hasta el piso 10…Y dice: bueno, si subí 6 pisos es porque estamos en el piso 4. Entonces, baja y dice a sus compañeros: Les tengo dos malas noticias. 

   Uno de ellos dice: Dinos una…Y la otra, cuando lleguemos porque estamos muy agotados, venga y nos ayuda porque esto pesa muchísimo. Listo. La primera mala noticia es que nos faltan 6 pisos para llegar. Y siguieron subiendo. – Los hombres ya bien cansados llegaron al piso 10 y el otro, pregunta: ¿Y cuál era la otra mala noticia? – El tipo les contesta: pues que este no era el edificio. 

Trepar el posteComo Zaqueo se trepó al árbol. [Para niños] 

   Iba entrando un doctor a un manicomio y en el patio observó una fila de locos cerca de un poste, el doctor observó al que iba subiendo, que una vez arriba del poste, dijo: “Muy cierto” y se bajó. Luego subió otro y dijo: “Así es, es verdad” y bajó. Al salir, el doctor volvió a ver una larga fila cerca del poste, y se preguntó que habría al final del poste. A la medianoche cuando los locos dormían, subió al poste para ver por qué todos los locos subían una y otra vez. Al llegar arriba se percató de una nota que decía: “Aquí se terminó el poste”.
 

Subir la pendiente. [Para niños] 


-Una paciente de 60 años le pregunta al doctor: Oiga doctor, cuando subo la pendiente para llegar a mi casa me fatigo muchísimo, ¿Qué me aconseja tomar? Y el médico le responde: - Yo le aconsejo… ¡Que tome un taxi, señora!

Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 30° Domingo del Tiempo Ordinario, 27 de Octubre, 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 27 oct. 2019 19:07 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 27 oct. 2019 19:35 ]

Tener sed de Dios. [Para orar, hay que tener sed de humildad, sed de Dios] 

   En un día muy caluroso, el tren se detuvo en la estación. Y un niño estaba vendiendo agua desde los andenes. Se acercó un señor a la ventanilla y le preguntó: “¿Cuánto cobras por el pocillo de agua?” - “Cincuenta céntimos de dólar”, respondió el muchacho. “Te doy treinta” regateó el caballero. 

   Y el muchacho, sin hacerle caso siguió adelante donde muchos le estaban solicitando agua. El señor se molestó y le grito: “¡Te he llamado yo primero!” Pero el muchacho con gran entereza le contestó: “A usted yo no le vendo agua, Señor. Usted no tiene sed. Si tuviera sed, no regatearía”.

Rey indulgente: [La grandeza de reconocernos pecadores…] 

   Federico, Rey de Prusia, visitó una cárcel del país porque ese año quería darle el indulto a uno de los condenados. Entrevistó uno a uno, preguntándoles porqué estaban en la cárcel. Todos se declaraban inocentes, buenas personas y víctimas de la injusticia y de los demás. 

   A uno de los últimos condenados, le dijo: Supongo que usted es también inocente. El hombre le contestó: “No majestad: yo soy culpable y merezco ser condenado por lo que hice”. Entonces el rey dijo a los guardias: “Suelten a este hombre: no conviene que un tipo tan malo esté entre tanta gente tan buena”. 

¿Ser mejores que los demás?  

  Cuatro monjes hicieron voto de silencio por un mes en el que tenían que irse a caminar por la ciudad. A los 8 días, uno de ellos dijo: “Perdonen que rompa el voto de silencio, pero me parece que dejé la puerta abierta del monasterio.” “¿Por esa tontería tenías que romper el voto?” dijo el segundo. “Tú también lo rompiste!” dijo el tercero. El cuarto dijo: “¡Gracias a Dios que yo no he hablado!”

Demasiado seguros como el fariseo

    A una distinguida dama de mentalidad muy religiosa, a la que no le satisfacía ninguna de las religiones existentes, se le ocurrió fundar su propia religión. Un periodista, que deseaba sinceramente comprender el punto de vista de tan distinguida dama, le preguntó un día:

- ¿De veras cree usted, como dice la gente, que nadie irá al cielo, a excepción de usted y de su empleada? – La distinguida a dama reflexionó unos instantes y respondió: - ¡Bueno, de mi pobre empleada no estoy tan segura…! 

Fueron por lana. [Por creerse más que los demás]. 

   Llega un hombre humilde, a un bar con un radio bajo el brazo ofreciéndolo en venta. En una mesa cercana hay varios citadinos quienes, al ver al humilde hombre, se proponen quitarle la radio sin pagarle un centavo. Uno de los citadinos le comenta a los otros: Les aseguro que con unas cervezas encima, ese hombre terminará regalando el radio. 

   Lo invitan a sentarse con ellos y le preguntan: ¿En cuánto nos vendes tu radio? En 30 dólares, responde de manera ingenua. Ok, dice el citadino, vamos a tomarnos unas cervezas y luego hablamos. Al rato ya se han tomado varias cervezas y el citadino vuelve a preguntar: Y entonces, ¿En cuánto lo vende? Bueno, deme 10 dólares, responde el buen hombre. 

   Me parece mejor, dice el citadino. ¡Vamos, te invito a otras cervezas! Luego de un buen rato le pregunta: Y ahora, ¿En cuánto me la vendes? Deme 5 dólares para poder irme a mi casa. El citadino, viendo la posibilidad de quedarse con el radio, decide continuar con la ronda de cervezas y luego de un buen rato insiste: Y ahora, ¿En cuánto me lo vendes? A lo que el buen hombre responde: Le voy a decir la verdad, yo quería vender el radio para tomar cerveza, y como ya estoy borracho he decidido no venderlo, y ya me voy a mi casa.

Dos tipos de oración [El fariseo y el publicano] 

   Dos hombres: José y Juan oran en el templo. José pide con la siguiente oración: “Señor has que mi negocio crezca un 50 por ciento este año”. Y así lo repetía una y otra vez. Juan, vecino de banca oraba así: 

   “Señor, regálame 10 mil pesos para almorzar”, al escuchar esto, José saca de su bolsillo los 10 mil pesos y se los da a Juan, diciéndole: “Tome, vaya a almorzar y no me distraiga a Dios con pequeñeces” 

León presumido: [Para niños] 

   Un león despertó una mañana con ganas de presumir por ser el rey de la selva. Así que acorraló a un chanchito y rugió, "¿Quién es el más fuerte de todos los animales de la selva?". El chanchito, todo tembloroso, dijo: "Tú eres, rey león." Más tarde, el león atrapó un venadito y le dijo: "¿Quién es el más poderoso de todos los animales de la selva?".- "Oh, gran león, tú eres el más poderoso de todos." 

   Ya presumido, el león llegó hasta donde un elefante y rugió, "Quién es el más poderoso de todos los animales de la selva?".- Y como un relámpago, el elefante atrapó al león con su trompa, lo golpeó contra un árbol más de 6 veces, saltó encima de él hasta dejarlo como una tortilla, y se marchó caminando lentamente. El león soltó un quejido de profundo dolor, levantó la cabeza y le gritó al elefante: "¡Oye, no tenías que enojarte tanto por no saber la respuesta!" 

Ratón arrogante y engreído: [Para niños] 

   Un día de sol un elefante se bañaba en un río de la selva. Un ratón se acercó a la orilla y contemplaba al elefante y le dijo: elefante, salga del agua. - ¿Para qué?  - Cuando salgas te lo diré. El elefante salió del agua y le preguntó: ¿Qué querías, ratón? – Y el ratón, le respondió: “Sólo quería ver si llevabas puesto mi traje de baño”. 

Conductor sobrado: 

   Un señor de avanzada edad conducía despacio por una autopista, su Renault 4, de 30 caballos de fuerza, cuando de repente un Lamborghini lo adelanta a 200 km por hora pitando.

    El conductor lo toma como una ofensa y empieza a acelerar, pero no logra adelantarlo, porque, obvio que un Renault 4 no puede ganarle a un Lamborghini. 

   Más adelante, el dueño del Lamborghini, ve el mismo Renault 4 parqueado delante de un bar y a su anciano dueño bajando de él; entonces, baja la ventanilla y le grita: ¡600 caballos! 

   Y sigue a toda marcha, pero más adelante se encontró con una curva muy cerrada y, como iba a mucha velocidad, se estrelló y cayó a un río que pasaba por un lado de la carretera. 

   El señor del Renault 4, pasa delante del accidentado Lamborghini y le grita al dueño: ¡Ah, conque ¿dándole de beber a los caballos!?

Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 29° Domingo del Tiempo Ordinario, 20 de Octubre, 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 27 oct. 2019 18:54 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 27 oct. 2019 18:55 ]


Insiste y yo te ayudaré: [Ni agradecemos…y que todo lo haga Dios] 

   Había una señora que, 15 días antes del sorteo de la Lotería de Navidad, está en la iglesia diciéndole a Dios: - Mira señor: Tú me tienes que ayudar. Tienes que hacer que gane el premio mayor de la Lotería de navidad. Y ese año, no le toca nada. Al año siguiente, lo mismo. Y al siguiente… y al siguiente…Así que Dios, ya enojado de tanta pedidera, se le aparece a la señora con una luz muy grande y con amor de Padre le dice: - Hija mía. Yo te quiero ayudar, pero por lo menos compra el boleto de lotería. 

Las papas: [fiel a Dios en lo poco y en lo mucho] 

   Un campesino llamado Tobías, tenía fama en toda la región por su gran fe, su temor de Dios y su oración insistente día y noche. Cierto año, su cosecha de papas fue casi nula. Mientras sacaba las pequeñas papitas de la tierra, satanás le dijo: “¡Ya ves Tobías, ¡cómo te paga tu Dios por todo lo que le has servido este año! ¡Mira que papas tan chiquitas! ¡Jajaja! “¡Mira, Satanás!” -exclamó Tobías- “Deja de hablar mal de mi Padre celestial, ¿eh? ¡Bendito sea mi Padre Celestial! ¡Porque cuando te servía a ti, no tenía ni una papita!” 

Rendirse, jamás 

   Winston Churchill necesitó tres años para aprobar el curso de octavo porque no aprobaba el inglés. Muchos años más tarde, le pidieron que pronunciara el discurso de comienzo de curso en la Universidad de Oxford. Su famosa alocución contenía sólo tres palabras: “Nunca se rindan”.

Esposa ferviente: 

   Te pido, Señor, Sabiduría para entender a mi esposo…Amor para perdonarlo…Paciencia para sobrellevar sus errores…Y Bondad para tratarlo, - Porque si te pido que me des, fuerza, Señor, ¡Lo agarro a leñazos!

Paciencia: 

   Dos amigos charlan: - Entonces, ¿Tatiana ha aceptado tu proposición de matrimonio? - ¡Pues claro! Excepto que me ha dicho que debo tener mucha paciencia. - ¿Y eso…Qué te dijo? – Me dijo que “yo soy el último hombre con el que se casaría”. 

Mendigo convencido: 

   Un hombre decide disfrazarse de pobre y pedir limosna. Cierto día estaba sentado pidiendo monedas, -con mucha insistencia-, y justo pasa su novia, lo ve y le dice: Mi amor, ¿Eres tú? Y él le dice: Señorita, creo que usted está equivocada…- “Yo no soy”. Ella le dice: Iré a la casa de mi novio y comprobaré si es verdad. Él se apresura, se va corriendo a su casa y se quita el disfraz. Cuando su novia llega, ella le dice: ¿Sabes una cosa? Había un hombre, muy parecido a ti pidiendo limosna. Y él le contesta: Mi amor ya te dije que no era yo.

Dos sombreros: [Insistencia efectiva] 

   Era un mendigo, que se colocaba a la entrada de la Iglesia y pedía con insistencia y fervor, colocando un sombrero en el suelo delante de él, hasta que un día llegó con dos sombreros, y se le acercó un señor y le preguntó: Oiga usted, ¿Por qué trae consigo dos sombreros? Y el mendigo contestó: Bueno, señor, la verdad es que me ha ido tan bien pidiendo y pidiendo, que decidí abrir una sucursal.

Tortuga persistente: [Para niños]. 

   Una tortuguita comienza lentamente a subirse a un árbol. Después de varias horas de esfuerzo, cuando llega a la punta, se lanza al vacío y se da un duro golpe en el suelo.

Al rato, la misma tortuguita vuelve a hacer el esfuerzo y trepando como puede, llega de nuevo casi a la punta, se lanza y se vuelve a dar otro totazo. 

   Nuevamente, testaruda, hace otro tremendo esfuerzo y después de mucho rato y muchos esfuerzos, va llegando a la punta del árbol cuando se resbala y, agitando sus patitas, se pega nuevamente un fuerte golpe en el suelo. En el mismo árbol en el extremo de una rama, había una pareja de palomas mirándola con lástima, entonces la paloma hembra le dice al palomo macho: - Oye, querido, ¿No te parece que ya es hora de que le digamos a la tortuguita que ella es adoptada? 

Pollito perseverante: [Para niños]. 

   Primer acto: un pollito orando. Segundo acto: otra vez el pollito orando. Tercer acto: el mismo pollito orando. ¿Título de la obra? – “A Dios le PÍO”.

 

 

Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 28° Domingo del Tiempo Ordinario, 13 de Octubre, 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 16 oct. 2019 17:50 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 16 oct. 2019 18:06 ]


Orar, dando gracias [El que agradecido atrae, el desagradecido espanta] 

   Una madre solía orar en las noches con una hija pequeña de seis años, al acostarla. Una noche la madre le dijo: – Hoy vamos a pedir a Dios un poco más para que sane a la tía Marta. Oraron por la tía Marta cada noche, durante un par de semanas. Después, la madre no dijo nada y dejaron de pedir. A la tercera o cuarta noche sin hacerlo, la niña preguntó: – Mamá, ¿por qué no oramos por la tía Marta? – ¡Es que Diosito ya la curó! – Y si Diosito la mejoró, -replicó la niña- ¿Por qué no le hemos dado las gracias? 

El mono y el coco. [El agradecido, siempre recibe más regalos] 

   Un hombre estaba debajo de una palmera. En eso, un mono le tiró desde arriba un coco sobre la cabeza. Primero, el hombre se quedó sorprendido, sin moverse. Entonces, se agarra la cabeza porque le duele. Después dirige su mirada al coco que está delante de él, se sonríe, mira hacia arriba y le dice al mono: “Muchas gracias”. Parte el coco, bebe su contenido, se come el coco y, de la cáscara fabrica dos pequeñas totumas para tomar agua.

El imán y el hierro. [Un corazón agradecido, atrae más bendiciones de Dios] 

   Un amigo le regala a otro un plato de arena mezclada con finísimas limaduras de hierro. Tiene como tarea separar la arena de las limaduras de hierro. Intenta buscarlas con los ojos y no lo consigue. Después intenta agarrarlas entre los dedos y no consigue nada. Finalmente, se le ocurre la feliz idea de buscar un imán. Lo pasa por la arena y lo encuentra cubierto de limaduras. El imán ha hecho la tarea fácil y agradecida.

 

¿Y la gorra?


   Érase una vez un niño que, en el muelle del puerto, iba jugando con su gorra y, en un descuido, se cayó al. Un marinero experto, que vio la escena, sin pensar en el peligro, se lanzó al agua, buceó para encontrar al niño y finalmente, agotado, lo sacó del agua. Dos días más tarde la madre vino con el niño al muelle para encontrarse con el marinero. Cuando lo encontró le preguntó: “¿Es usted el que se lanzó al agua, poniendo en riesgo su vida, para rescatar a mi hijo? –“Sí señora, yo soy”, respondió el marinero. – La madre del niño le dijo: “¿…Y la gorra del niño - ¿dónde está?

 Peluquero generoso 

   Un día, un florista, un panadero y un campesino, fueron al peluquero a cortarse el pelo. Luego del corte, cada uno pidió la cuenta y el peluquero le contestó a cada uno: - Esta semana estoy haciendo un servicio comunitario. No puedo aceptar dinero. Todos quedaron tan agradecidos y se despidieron. A la mañana siguiente, cuando el peluquero abrió el negocio, en la puerta había una nota de agradecimiento de cada uno y, además, una docena de rosas, una docena de pasteles y gran canasto de frutas. Un día después, un político fue a cortarse el pelo y, cuando fue a pagar, el peluquero nuevamente dijo: - No puedo aceptar dinero. Esta semana estoy haciendo un servicio comunitario. El político salió muy contento. Y al día siguiente cuando el peluquero abrió el local, en la puerta había doce políticos haciendo cola para cortarse el pelo gratis. 

Moraleja: hay personas que agradecen; otras, no solo exigen, sino que no dan gracias y quieren más. Atentamente, el peluquero. 

¡Un espacio, por favor!


   José está en el centro de la ciudad dando vueltas y más vueltas en un intento desesperado por estacionar su carro, pero no encuentra sitio. Desesperado, levanta la vista al cielo y dice: “Señor, si me encuentras un espacio para parquear en cinco minutos, te prometo orar más a menudo, ayunar 4 días a la semana, asistir a todos los domingos a la Eucaristía y hacer obras de caridad”. Entonces, de forma milagrosa, queda libre un puesto justo delante de su carro. José, emocionado, mira al cielo y dice: ¡Señor, no te molestes; ya encontré sitio!
 

¿El Zorro? - ¿Sabemos a quién damos gracias? [Para niños] 

   Cierto día, Venancio va por una calle oscura con su amigo Manolo. De repente salen tres hombres de la oscuridad. Manolo sale corriendo y queda Venancio solo y desamparado ante los ladrones. Cuando están por pegarle y robarlo, aparece un hombre a caballo, vestido de negro, con antifaz negro, sombrero negro, capa negra, con una Z dibujada en la espalda, una Z dibujada en el sombrero, una Z en el pecho y una Z en la montura del caballo. Baja del caballo, los castiga con su espada y les dibuja una Z en el tarje de cada uno, y salen huyendo. Venancio, agradecido, se tira a sus pies y le dice:

 ¡Gracias ZUPERMAN! 

Agradecer por la comida [Para niños] 

   El niño Miguelito, invita a su amigo Jaimito a la casa a hacer una tarea. La mamá de Miguelito los invita a cenar. Se sentaron a la mesa, y Miguelito le pregunta a Jaimito: “¿Oye, en tu casa, tu rezas antes de comer?” Y Jaimito responde: – “No, mi mamá cocina bien.” 

6.- Pavo agradecido [Para niños] 

   En navidad, dos pavos dialogan y uno le pregunta al otro: ¿y tú, porqué das las gracias? - y el otro pavo le contesta: doy gracias…por los vegetarianos.

Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 27° Domingo del Tiempo Ordinario, 6 de Octubre, 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 7 oct. 2019 17:36 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 7 oct. 2019 17:51 ]


La fe no pasa por los caprichos.


   Un hombre que leyendo el versículo de la Sagrada Escritura: “la fe mueve montañas y traslada árboles…”, decidió ponerlo a prueba. Había un árbol bien grande en frente de su casa. 

   Se dirigió a él y le dijo: “Cuando me haya despertado, deseo que te hayas ido a la montaña”. 

   Esa noche el hombre se acostó y cuando se levantó fue a la puerta, la abrió y miró a su patio, y dijo: “Tal como pensaba, todavía estás ahí.”

 

¿Qué milagro quieres?

 

   Un hombre visitó a un profeta y le pidió que le hiciera un milagro, para creer en Dios. El profeta dijo: - Muy bien, así lo haré. En el nombre de Dios lo hare, pero primero dime: ¿cuál de estos milagros prefieres: ¿quieres quedarte sordo o ciego o que te paralice una mano? Elige. El hombre exclama: - ¡está loco?, ¡Cómo voy a querer eso!:-Entonces le dice el maestro: ¡no podrás ver ningún espectáculo y tendrás que aprender, que todo tú eres un milagro!

La vaca y el muro: 

   Un día, Juan iba caminando con un amigo muy preocupado, el cual dudaba de la bondad de Dios.

 – No sé qué haré con todos estos afanes y temores – dijo. 

   En ese momento Juan vio una vaca que miraba por encima de un muro de piedra. - ¿Sabe usted por qué esa vaca mira por encima del muro? – preguntó Juan. – No – respondió su amigo. – Se lo diré. 

   Sencillo, porque no puede ver a través del muro. 

Moraleja: La fe nos ayuda a mirar por encima y más allá de tantos obstáculos. 

Aparentar mucha fe 

   Una monjita iba por la carretera y el carro comienza fallar. Se estaciona, se baja y levanta el capó, pero se da cuenta que no entiende de mecánica y lo cierra. Pasa un señor en su furgón. Lleva prisa, pero decide parar a ayudarla. ¿Qué pasó hermanita? – Vera usted; venía de lo mas bien y comenzó a toser, a toser y se paró. El señor va directo al tanque de la gasolina, introduce un palo y sale seco. Mire hermanita: ni olor a gasolina tiene el tanque. 

   La hermana se lleva la mano a la cara y dice ¡¡hay viera que me olvidé: me dijeron en el colegio que echara gasolina y me olvidé. El señor le dice: - mire: tengo manguera, pero necesito un recipiente. ¿Tiene alguna cosa? Lo que sea…un termo, una garrafa…lo que sea.  La hermana va al baúl del carro, pero se regresa avergonzada y le dice: mire, tengo, pero no tengo… ¡Cómo así hermanita! – Cualquier recipiente sirve. Se dirige al baúl, lo abre… 

   La vergüenza de la hermana es porque se trata de una vacenilla. El señor muy caballero, le dice: hermana esto sirve. Él, va y llena la vacenilla de gasolina. La hermanita le dice: usted ya ha hecho mucho por mí, yo me encargo de echársela al tanque. ¿Segura hermana? – Si, vaya con Dios. Mil gracias. Se queda sola y cuando la está echando al tanque pasa un señor en un camión, se queda mirando y no lo puede creer. Para al lado, baja el vidrio y le dice: ¡hermana está bien que tenga fe, pero no es pa’tanto…!

 El vendedor de aguacates: [Perseverar en lo que se hace]

    Iba Jaimito con su carro de aguacates y gritaba con voz fuerte: ¡aguacates, aguacates! – Y de pronto coge una pendiente muy peligrosa y el pobre Jaimito cae con aguacates y todo, yendo a parar al final de la calle. 

   Jaimito todo golpeado y viendo que los aguacates habían quedado todos magullados, levanta lo que quedó de su carro, acomoda todo y comienza a gritar: ¡guacamole…guacamole!

La fe no reta lo evidente: 

   Me dirigía en mi camioneta a la casa de un cliente para entregarle un computador, y al llegar a la entrada de un callejón vi un letrero hecho a mano que decía: “¡Calle bloqueada! ¡No pase! Difícil dar vuelta para regresar”. Seguí de todos modos, solo para descubrir que, en efecto, un árbol caído obstruía el paso y que no iba a ser fácil dar la vuelta con mi camioneta. Cuando por fin pude regresar a la entrada del callejón, vi otro letrero que decía: “¡Te lo advertí!” 

La “fe” del capitán [La fe pasa por la confianza, no por caprichos]

 
  Un velero está atrapado en una terrible tormenta. 

   El océano furioso está a punto de tragarse el navío. 

   El capitán, con mucha fe, se arrodilla en medio de sus compañeros de infortunio, y exclama: 

- ¡Oh, ¡Dios, si ordenas a los vientos que se calmen, encenderé un cirio tan alto como el mástil de esta barca! -

   Cuidado con lo que dices, capitán- le grita su vecino -, puedes jurar en vano. - ¿Dónde conseguirás un cirio tan grande...? - ¡Cállese, hombre de poca fe! –dijo el capitán-. 

¡Si Dios es capaz de calmar esta tormenta, seguro que también puede enviarme el cirio!

Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 26° Domingo del Tiempo Ordinario, 29 de Septiembre 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 30 sept. 2019 19:29 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 30 sept. 2019 20:02 ]

Sabiduría de Sócrates 

   Se cuenta que Sócrates paseaba un día por el mercado principal de la ciudad de Atenas. Uno de sus discípulos lo vio y, extrañado, se acercó para preguntarle: “Maestro, nos has enseñado que todo sabio lleva una vida simple y austera. Sin embargo, todos los días te vemos en el mercado principal, admirando las mercancías. ¿Quieres que juntemos dinero para que puedas comprarte algo?”. “No, gracias, dijo Sócrates: tengo todo lo que deseo; pero me encanta venir al mercado para recordar que soy completamente feliz sin este montón de cosas”.

Lección: Gastamos el dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para dar una imagen de lo que no somos, e impresionar a gente a la que no le importamos”. Will Smith.

Parábola del dinero: [El corazón… ¿Ante la ventana o el espejo?] 

- Pregunta el discípulo al maestro: ¿Qué piensa del dinero? - Mira a la ventana, — le dijo el maestro — ¿Qué ves? - Veo una mujer con un niño, una carroza tirada por dos caballos… y una persona que va al mercado. - Bien. Ahora mira al espejo. ¿Qué ves? - ¿Qué quiere que vea? Me veo a mí mismo, naturalmente. - Ahora piensa: la ventana está hecha de vidrio, lo mismo que el espejo. Basta una pequeñísima capa de plata por detrás del vidrio para que el hombre sólo se vea a sí mismo y no vea a los demás.

 Moraleja: “Ni el espejo tiene la culpa de lo que refleja…Ni la radiografía tiene la culpa de la enfermedad que muestra" 

El zar y la camisa

 

   Un Zar, hallándose enfermo, dijo: - ¡Daré la mitad de mi reino a quien me cure! Entonces, todos los sabios se reunieron y celebraron una junta para curar al Zar, mas no encontraron medio alguno. Uno de ellos, sin embargo, declaró que era posible curar al Zar. -Si sobre la tierra se encuentra un hombre feliz -dijo- traigan su camisa y que se la ponga el Zar, con lo que éste será curado. El Zar hizo buscar en su reino a un hombre feliz.

 

   Los enviados del soberano se esparcieron por todo el reino, mas no pudieron descubrir a un hombre feliz. No encontraron un hombre contento con su suerte. El uno era rico, pero estaba enfermo; el otro gozaba de salud, pero era pobre; otro, rico y sano se quejaba de su mujer y de sus hijos. Todos deseaban algo.

 

   Cierta noche, muy tarde, el hijo del Zar, al pasar frente a una pobre choza oyó que alguien exclamaba: - ¡Gracias a Dios he trabajado y he comido bien! ¿Qué me falta? El hijo del Zar lleno de alegría. Inmediatamente mandó que le llevaran la camisa de aquel hombre, a quien, en cambio había de darse el dinero que exigiera. Los enviados se presentaron a toda prisa en la casa de aquel hombre para quitarle la camisa. Pero, el hombre feliz era tan pobre que no tenía camisa. 


Muy rico, pero sin fe:

 

   Érase una vez un hombre muy rico que vivía en una mansión que dominaba un fértil valle. Pero había un gran vacío en su vida. No tenía fe y vivía solo con sus muchas riquezas. Juan, el mayordomo del hombre más rico del valle, vivía con su familia en una casa muy humilde. Juan era creyente, oraba en familia y todos juntos iban a la iglesia. Una mañana, el hombre más rico del valle contemplaba sus tierras y se decía: “Soy e hombre más rico de este vale…Todo esto es mío”. En ese momento llegó su mayordomo y le dijo: anoche tuve un sueño: “El Señor me dijo que el hombre más rico del valle iba a morir a medianoche”.

 

   Tenía necesidad de decírselo, espero no se enfade, patrón. No te preocupes, no creo en los sueños, vuelve a tu trabajo y olvídalo. El hombre más rico empezó a inquietarse y se fue a su médico para hacerse un chequeo. Éste le dijo que estaba como un roble y que le quedaban muchos años de vida. Aliviado pero asaltado por la duda invitó al médico a cenar y le pidió que se quedara hasta la medianoche.

 

   Pasada la medianoche despidió al médico y se dijo: ese estúpido de Juan ha arruinado mi día, él y sus tontos sueños. Acababa de acostarse cuando sonó el timbre de la casa. Eran las 12:30. Bajó y encontró a la hija de Juan en la puerta. Señor, - le dijo llorando-, mi mamá me envía a decirle que mi papá Juan, su mayordomo acaba de morir a la medianoche. El hombre rico, se quedó helado y comprendió de inmediato que el hombre más rico del valle no era él sino su mayordomo.

Materiales para el cielo [Administrando bien, lo devolvemos al dueño y dador.] 

   Una señora muy rica que había tenido un rol muy importante en la tierra, llegó al cielo. San Pedro la recibió, la introdujo en su nuevo estilo de vida y le mostró un hermoso palacio. Le dijo: Esta es la vivienda de su empleada. La Señora pensó: si mi empleada tiene una casa tan linda ¿Cómo será la mía? Entonces Pedro le mostró una construcción muy humilde y le dijo: Esta es su vivienda. Indignada, la Señora le dijo: Pero ¿cómo voy a vivir en este lugar?  A lo que San Pedro le contestó. Lo lamento mucho, pero con el material que usted nos mandó, no pudimos construir nada mejor. 

Moisés y Bill Gates: [Así se hacen los negocios de este mundo… ¿Y los del cielo?] 

   Moisés dice a su hijo: - Hijo, quiero que te cases con una dama que ya escogí. El hijo responde: - Pero papá, yo quiero escoger mi mujer. Moisés dice a su hijo: - Mijo, ella es hija de Bill Gates. El hijo responde: - Bueno, en ese caso acepto. Entonces Moisés se reúne con Bill Gates…- Bill, ya tengo al marido ideal para su hija. Bill Gates responde: - Pero mi hija es muy joven aún para casarse. Moisés dice a Bill Gates: - Tal vez, pero este joven es el vicepresidente del banco mundial. Bill Gates responde: - En ese caso, creo que lo podemos arreglar. 

   Trato hecho, convenceré a mi hija para que acepte al muchacho. Finalmente, Moisés se reúne con el presidente del banco mundial. – Señor Presidente, tengo a un joven recomendado para ocupar el cargo de vicepresidente de este banco. El presidente dice: - Pero ya tengo muchos vicepresidentes, más de los que necesito. Moisés dice: - Lo que pasa es que este joven es el yerno de Bill Gates. El presidente dice: - En ese caso… considérelo contratado. 

El ratón profeta: [Indiferencia del rio ante Lázaro] [Les envié profetas…y nada…] 

   Un ratón, mirando por un agujero en la pared ve a un granjero y su esposa abriendo un paquete. Pensó, qué tipo de comida podría haber allí. Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una trampa para ratones. Fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: - ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa! La gallina que estaba cacareando y escarbando levantó la cabeza y dijo: - Disculpe Sr. Ratón: es un gran problema para usted, pero a mí, no me perjudica ni me incomoda. 

   El Ratón fue hacia el cordero y le dice: - ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera! - Discúlpeme Sr. Ratón, yo no puedo hacer nada, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo, lo recordaré en mis oraciones. El Ratón se dirigió entonces hacia la vaca, y la vaca le dijo: -Pero acaso, ¿Estoy en peligro? No me moleste. Entonces el Ratón volvió a la casa, preocupado y abatido, para enfrentar solo la ratonera del granjero. 

   Aquella noche se oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando su víctima. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, ella no vio que la ratonera había atrapado la cola de una serpiente venenosa. La serpiente picó a la mujer. El granjero la llevó inmediatamente al hospital. Ella volvió con fiebre. 

   Todo el mundo sabe que, para alimentar a alguien con fiebre, nada mejor que una sopa. El granjero agarró su cuchillo, y fue a buscar el ingrediente principal: La gallina. Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para alimentarlos, el granjero mató el cordero. La mujer no mejoró y acabó muriendo. El granjero entonces, vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral. 

Yo no hice nada: […Y no hago más na…]

Gran combo de Puerto Rico: Yo me levanto por la mañana, me doy un baño y me perfumo; me como un buen desayuno, y no hago más na', mas na'. Después yo leo la prensa, me pongo a ver novelas, y no hago más na', mas na'. A la hora de las doce, me como un buen almuerzo; después me voy a la banca a dormir una siestita, y a veces duermo dos horas, y a veces más, y no hago más na'.

 

   Un hombre muere y se presenta ante Dios juez. Dios busca su nombre en el libro de la vida, pero, al no encontrarlo allí, le dice que su puesto es el infierno. El hombre protesta: - ¡pero yo no hice nada…¡-Precisamente, responde Dios! – ¡Te vas al infierno, porque NO HICISTE NAAA…! 

Las cábalas de don Peter. [Para misa con niños] 

   Don Peter estaba convencido de que el cinco era su número de la suerte. Había nacido un 5 de mayo (el mes 5), del año 55. Tenía cinco hijos, vivía en el número 555 de la calle 55. 

   Al cumplir 55 años descubrió que un caballo llamado "Cinco" iba a correr en la quinta carrera; así que cinco minutos antes de empezar la carrera se fue a la quinta ventanilla y apostó 55.555 dólares. Por supuesto, su caballo llegó quinto.

Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 25° Domingo del Tiempo Ordinario, 22 de Septiembre 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 28 sept. 2019 12:42 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 28 sept. 2019 13:25 ]


El que es honrado en lo poco…” 

   Cuando Juan recibió su sueldo, en dinero efectivo, el primer día de cada mes, contó cuidadosamente los billetes, uno a uno, agudizando sus ojos y untando el dedo con saliva para despegar bien los billetes. Se sorprendió al percatarse que le habían dado 100.000 pesos más de lo que correspondía. Miró al contador de reojo para asegurarse que no lo había notado, rápidamente firmó el recibo, se guardó el dinero dentro del bolsillo y salió del sitio con la mayor rapidez y discreción posibles, aguantándose las ganas de saltar de la dicha. Todo quedó así. 

   El primer día del mes siguiente hizo la fila y extendió la mano para recibir el pago. La rutina se repitió y al contar los billetes, notó que faltaban 100.000 pesos. Alzó la cabeza y clavó su mirada en el cajero, y muy serio le dijo: –Señor, disculpe, pero faltan 100.000 pesos. El cajero respondió: –¿Recuerda que el mes pasado le dimos 100.000 pesos más y usted no dijo nada? –Sí, claro –contestó enojado Juan. – “Es que uno perdona un error, pero dos, ya son demasiados”. 

¡“Hábiles” desde pequeños!: 

   A dos niños de cinco años les regalan, a cada uno, $20.000 pesos. A un lado de la mesa, colocan un billete de $20.000 y al otro lado, 10 billetes de 2.000. Les dicen que escojan una de las dos opciones. Los dos niños, al mismo tiempo, se lanzan rápidamente a donde ven más billetes pensando que hay más dinero. 


Persiguiendo conejos: [No se puede servir a dos señores]

 

   Un estudiante de artes marciales le hizo al maestro una pregunta. “Quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales.  Además de aprender contigo, quisiera aprender con otro maestro para aprender otro estilo. ¿Qué piensas de esta idea?”. – El maestro respondió: -El cazador que persigue dos conejos, no atrapa ninguno. El sabio nos enseña: Como el polvo del camino se pega fácilmente a los que peregrinan, así se pega el dinero y el ansia de poder al corazón. A un perrito, cuando se le echan dos grandes trozos de carne, por querer comerse los dos al mismo tiempo, termina atragantándose. Lo mejor será coger uno y soltar el otro.


¡Cómo reaccionar ante lo desfavorable! ¿Infortunio o éxito?

 

   Un joven de la ciudad fue al campo y le compró un burro a un señor del campo por 500.000 mil pesos y este acordó entregarle el animal al día siguiente. Al día siguiente el campesino le dijo: - Lo siento, amigo, pero tengo malas noticias. El burro se murió. - Bueno, entonces, devuélvame mi dinero. - No puedo, lo he gastado ya. - entonces, entrégueme el burro. - Y ¿para qué? ¿qué va a hacer con él? - Lo voy a rifar. - ¡Estás loco! ¿Cómo va a rifar un burro muerto? - Es que no voy a decir a nadie que está muerto, por supuesto. 


   Un mes después de este suceso se volvieron a encontrar el campesino y el joven comprador. - ¿Qué pasó con el burro? - Lo rifé. Vendí 500 boletas a 5 mil pesos y gané $2’500.000 pesos. - ¡¡¿Y nadie se quejó?!! – Pues, sólo el ganador, pero a él le devolví sus 5 mil pesos.


Las papas: [Fiel a Dios en lo poco y en lo mucho]

 

   Un campesino llamado Tobías, tenía fama en toda la región por su gran fe y temor a Dios. Cierto año, su cosecha de papas fue casi nula. Mientras sacaba las pequeñas papitas de la tierra, satanás le dijo: “¡Ya ves Tobías, ¡cómo te paga tu Dios por todo lo que le has servido este año! ¡Mira que papas tan chiquitas! ¡Jajaja!” “¡Mira, Satanás!” -exclamó Tobías- “Deja de hablar mal de mi Padre celestial, ¿eh? ¡Bendito sea mi Padre Celestial! ¡Porque cuando a ti te servía a ti, ni una papita tenía!”

San Pedro ¿Administrador?

   En un pueblo, dos hombres se llamaban “José González”. Uno era sacerdote y el otro era taxista. Quiso el destino que los dos murieran el mismo día. Entonces llegan al cielo. San Pedro le pregunta al primero que se presenta: - ¿Tu nombre? – José González. - ¿Sacerdote? – No, no…taxista. San Pedro consulta su planilla y dice: - Bueno, te has ganado el Paraíso. Te corresponden estas túnicas de seda con hilo de oro y esta vara de oro con incrustaciones de rubíes. Puedes pasar. – Gracias, gracias…dice el taxista. 

Pasan dos personas más y luego le toca el turno al otro José González, quien había presenciado la entrada de su paisano tocayo. - ¿Tu nombre? – José González - ¿El sacerdote, ¿verdad? – Sí. – Muy bien hijo mío. Te has ganado el paraíso. 
    Te corresponde esta bata de poliéster y esta vara de plástico. El sacerdote, muy sorprendido, le dice: - Perdón, Pedrito, no es por presumir, pero no puede ser…Debe haber un error. ¡Yo soy José González, el sacerdote! -Yo conozco al otro señor, era un taxista, vivía en mi pueblo y, ¡era un desastre como taxista! ¡Se subía a las aceras, chocaba todos los días, una vez se estrelló contra la Iglesia, conducía muy mal, tiraba los postes del alumbrado, se llevaba todo por delante! ¡Y yo me pasé cincuenta años de mi vida predicando todos los domingos en la parroquia! ¿Cómo puede ser que a él le toque una túnica con hilo de oro y una vara de oro y con rubíes, y a mí esto? ¡Debe haber un error! – No, no es ningún error – dice San Pedro. 

   Lo que pasa es que aquí en el cielo ha llegado la globalización con sus nuevos enfoques administrativos. Nosotros ya no hacemos las evaluaciones como antes. - ¿Cómo? No entiendo. – Mira, ahora nos manejamos por objetivos y resultados. Te voy a explicar tu caso y lo entenderás: Durante los últimos cincuenta años, cada vez que tú predicabas, la gente no hacía sino dormir; pero cada vez que el taxista conducía, la gente no paraba de rezar y encomendarse a Dios. Entonces, ¿quién vendía más nuestros servicios?... Nos interesan los resultados hijo mío. ¡RE-SUL-TA-DOS!

Sagacidad extrema 

   Un capo de la mafia descubrió que su administrador había cogido 20 millones de dólares de la caja. Este hombre de confianza era sordomudo y por eso fue admitido en la organización, pues como no podía oír ni decir nada, no significaba peligro en caso de que los descubrieran ya que no podría actuar como testigo. Cuando el jefe se enteró del desfalco, fue a interrogar al administrador, llevando consigo a una hermosa abogada, quién conocía el lenguaje de señas de los sordomudos. 

   El capo preguntó al administrador: ¿Dónde están los 20 millones que te robaste? La abogada, por señas, transmitió la pregunta al administrador, que a su vez respondió con señas: Yo no sé de qué están hablando. Y la abogada lo tradujo para el jefe: Él dice que no sabe de qué le está hablando. El mafioso sacó una enorme pistola y la colocó en la frente del interrogado gritando: ¡Pregúntale de nuevo! La abogada, le habló señas que traducían: Él te va a disparar en 10 segundos si no le dices dónde está el dinero. 

   El administrador respondió con sus señas: De acuerdo, que retire la pistola de mi cabeza... Los dólares están en un baúl enterrado en el jardín de la casa de mi novia, cuya dirección es: Calle Robles No. 639. El Capo le preguntó a la abogada: ¿Qué dijo? Y la abogada, tras unos segundos, sonriente respondió: El mudo dice, que preferiría morir antes de hablar, y además que usted es un pobre cobarde, y que no es lo suficientemente hombre para apretar el gatillo... 

Mal administrador […Ser responsables de lo ajeno]

    Suena el teléfono a las 3 de la madrugada; —¿Patrón? Habla el capataz de su hacienda —Hola ¿pasó algo? —No, nada grave patrón, sólo quería avisarle que ¡su lorito se murió! —¿Mi lorito? - Si patrón, ¡ese mismo! – Pero, ¿De qué murió? - Comió carne dañada - ¿Y quién le dio carne dañada?  - Nadie patrón, él se la comió de uno de los caballos que estaban muertos. —¿Caballos? ¿Qué caballos? - Dos de sus caballos pura sangre que se murieron de cansancio, por tener que cargar agua. -

¿Por qué cargaban agua? - ¡Para apagar el fuego! —¿Fuego, qué fuego? ¿Dónde? – En su casa patrón, una vela se cayó debajo de una cortina y prendió fuego a la casa. —¿Vela? Pero ¿Quién encendió una vela en mi casa si tiene electricidad! - Fue una de las velas usadas en el velorio - ¿Velorio? ¿Cuál velorio? - El velorio de su mamá, patroncito. Ella llegó en la madrugada sin avisar y yo le di un balazo pensando que era un ladrón - ¡ Nooooo…! ¡No puede ser! - ¡Ya, ya patrón no exagere! ¿Tanto escándalo por un lorito? 

Duro corazón 

Una parroquia descubrió que no habían recibido ni una sola donación de parte del más acaudalado del pueblo. Un voluntario fue a visitarlo y le dijo: - Hemos realizado una investigación, y nos hemos dado cuenta de que a pesar de que usted es la persona con más dinero en todo el pueblo, no ha realizado ninguna donación a la parroquia. ¿No le gustaría ayudarnos? El acaudalado lo pensó un momento y respondió: 

- Primero dígame: al realizar esa investigación, ¿descubrieron que mi madre está agonizando tras una larga y dolorosa enfermedad y que el tratamiento médico a lo largo de estos años supera todo lo que ella puede pagar? - Pues no —respondió abochornado el solicitante. 

- Segundo: ¿Descubrieron que mi hermano, un veterano de guerra, está ciego y condenado a una silla de ruedas y que es incapaz de mantener a su esposa y seis hijos? -El apenado voluntario contesta: - No teníamos ni idea. 

- Tercero: ¿Descubrieron, acaso, que el esposo de mi hermana falleció en un terrible accidente, dejándola con tres hijos y una hipoteca? El voluntario empieza a pensar una disculpa, pero el acaudalado lo interrumpe: - Y si a ellos no les he dado nada, ¿cree que se lo daría a ustedes? 

Niña sagaz: [Misa con niños]

Una niña le dice a la mamá: -Mamá, por favor, dame dos dólares para un pobre señor que no hace sino gritar en la calle...

 -Por supuesto hijita, -responde la madre, y ¿Qué es lo que grita ese pobre señor? 

- está gritando: «¡Helados…a dos dólares!».

 

Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 24° Domingo del Tiempo Ordinario, 15 de Septiembre 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 20 sept. 2019 18:29 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 20 sept. 2019 18:47 ]


Amor verdadero: 

   Un hombre de cierta edad vino a la clínica donde trabajó para hacerse curar una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y mientras se curaba le pregunté, qué era eso tan urgente que tenía que hacer. Me dijo que tenía que ir a un ancianato para desayunar con su mujer que vivía allí. Me contó que ella, llevaba algún tiempo en ese lugar y que tenía un Alzheimer muy avanzado. 

   Mientras acababa de vendar la herida, le pregunté si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana. -No- me dijo -Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce. Entonces le pregunté extrañada -Y si ella, ya no sabe quién es usted, ¿Por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas? Me sonrió y dándome una palmadita en la mano me dijo: “Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella”. 

El conferencista y el billete: [Aunque estropeados por el pecado, nunca perdemos el valor] 

   Un famoso conferencista comenzó su charla mostrando un billete de 500 euros. Y preguntó a los asistentes: "¿Quién de ustedes quiere este billete de 500 euros? Las manos empezaron a alzarse. Les dijo: Voy a dar este billete a uno de ustedes, pero antes déjenme hacer esto. Y empezó a arrugar el billete. Siguió preguntado; ¿Todavía lo quieren? Todos gritaron que sí. Bien, les dijo: "¿Y si hago esto?": Dejó caer el billete al suelo y comenzó a pisarlo y ensuciarlo con sus zapatos. 

   Lo recogió arrugado y sucio. ¿Todavía lo quiere alguien? - Todos seguían diciendo que sí. Amigos, han aprendido una valiosa lección. Haga lo que la haga al billete, ustedes seguían deseándolo porque, a pesar de su aspecto cada vez más deteriorado, saben que su valor es el mismo: 500 euros. 

Lección: Nosotros somos como ese billete. Muchas veces estropeados y aplastados y quizá indignos. Pero el valor de nuestras vidas sólo lo da Dios, porque somos lo que más valemos para él. 

Los pañuelos del perdón [Dios enjuga nuestras lágrimas]

   El joven regresaba a su casa con un corazón lleno de culpa. Cada vez que el tren avanzaba parecía decirle: «Es demasiado, es demasiado...» Hacía ocho años que no veía a sus padres. Había salido de la casa violentamente, y en sus aventuras había tenido muchos problemas con la ley. La última de éstas, le había dejado en la cárcel por tres años. Antes de salir de la prisión les escribió a sus padres que quería regresar al hogar, siempre que ellos lo perdonaran. En el patio de la casa había un cerezo.
   

   El joven recordaba que el tren pasaba cerca de ese árbol. Por eso había dicho en su carta: «Si al pasar por la casa veo un pañuelo blanco en el cerezo del patio, sabré que me han perdonado y me bajaré del tren en la siguiente estación. Si no lo veo, seguiré el camino.» 

   Mientras el tren se acercaba a la casa, su preocupación se tornó en agonía. No pudiendo aguantar más, le contó al compañero de asiento su problema y le dijo: -Por favor, señor, ya estamos acercándonos. Estoy tan angustiado que no puedo ni mirar si está el pañuelo. Mire usted y dígame si lo ve. 

   Y ocultó su rostro entre las rodillas. Cuando habían pasado unos cuatro kilómetros el hombre exclamó: -¡Mira! No hay un pañuelo en el cerezo, sino docenas de pañuelos; ¡el cerezo está lleno de pañuelos! – Pasmado, el joven miró por la ventana y vio que docenas de pañuelos cubrían por completo el cerezo. El perdón de sus padres no tenía medida. ¡Había sido total, completo y perfecto! 

Perdón y olvido.

   Un exconvicto de un campo de concentración nazi, fue a visitar a un amigo que había compartido con él tan penosa experiencia. ¿Has olvidado ya a los nazis? Le preguntó a su amigo. Si, dijo éste. Pues yo no. Aún sigo odiándolos con toda mi alma. Su amigo le dijo apaciblemente: ¡Entonces, aún sigues prisionero de ellos!

Los buzos y la joya perdida: [Como la mujer buscando la moneda] 

   En un grupo de amigos, alguien les contó el siguiente apunte: ¡Estaban 2 hombres pescando en el mar, y tenían mucha hambre, entonces sacan una arepa para comérsela, y justo en ese momento salta un pescado y se comió la arepa… 

- ¡Y ya! - A sus amigos no les hizo gracia el chiste. Decían: malo, muy malo. 


Bueno, tengo otro, y este si que es bueno: una mujer que tenía el anillo más caro del mundo, se encuentra de vacaciones en un crucero, cuando de repente, no se sabe cómo se le cayó el anillo en medio del mar. Entonces, la mujer contrató a los mejores buzos del mundo para hallar su preciada joya, pero ninguno la encontró. Y estaban también dos hombres pescando; sacan un pescado, lo abren - ¡Y a que no adivinan lo que tenía adentro! – Los amigos respondieron rápidamente “pues el anillo”. ¡Qué anillo! – No…La arepa del otro cuento. 

Ejemplo de perdón: 

   Casi al final del servicio dominical el sacerdote preguntó: - ¿Cuántos de ustedes han perdonado a sus enemigos? El 80 por ciento de los fieles levantó la mano. El sacerdote insistió con la pregunta. Todos respondieron esta vez, excepto una viejecita. -Señora Pepita... ¿No está dispuesta a perdonar a sus enemigos?.-Pero yo no tengo enemigos, respondió dulcemente. -Sra. Pepita, eso es muy raro ¿Cuántos años tiene usted?. -99 respondió. 

   Todos los fieles se levantaron y la aplaudieron. -¿Puede pasar al frente y decirnos cómo se llega a los 99 años sin tener enemigos?  La señora Josefa pasó al frente, se dirigió a la congregación y dijo: -Es que ya todos se murieron!!! 

Confesión de niño: [Para misa con niños]

 

   Dice el abuelo: De camino a la iglesia para confesarse por primera vez, mi nieto, de siete años, me preguntó, todo nervioso, ¡cómo era la confesión! 

 -la confesión consiste en que le cuentes todas las cosas malas que has hecho al sacerdote

 -le explicó el abuelo. 

- ¡Qué bueno! - exclamó el niño, en tono de alivio

- ¿Cómo así? - replicó el abuelo

…Y el niño le contestó: 

¡Pues, porque yo no le he hecho nada malo al padre!

 

Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 23° Domingo del Tiempo Ordinario, 8 de Septiembre 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 9 sept. 2019 15:06 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 9 sept. 2019 15:22 ]


Moldeando a Dios a nuestro gusto 

   Una señora bien intencionada encuentra un día un águila que, vencida por el cansancio, reposa en el alero de su ventana. «¡Qué pájaro tan raro y tan feo! -piensa-. No se parece a ningún ave que yo haya visto antes.» Tiene piedad del extraño animal. Lo atrapa, le corta las plumas de la cabeza, después le lima el pico curvo hasta hacerlo recto, y por fin le recorta las alas porque le parecen demasiado largas. Le devuelve la libertad diciéndole: «Ahora sí que eres normal!!! Pareces una paloma». 

Sal y algodón

 

   Un sabio llevaba una carga de sal al mercado. Como el río estaba crecido, su burro se mojó y la sal que llevaba en las alforjas se disolvió. Al alcanzar la otra orilla, el burro estaba contentísimo por ver liviana su carga, y se puso a corretear por el prado. Pero el sabio estaba enojado.

 

   Al día siguiente en que había mercado, el sabio cubrió las alforjas con algodón. El burro, recordando lo que había sucedido el día anterior, se metió en la parte más profunda, pero casi se ahoga por el peso del algodón mojado. — Tranquilízate- le dijo el sabio —. Esto te enseña, que no siempre que cruces el río vas a ganar tú.

 

El caballo y el asno: [¡Por querer escurrir el bulto, se me hace más pesada la carga!]

 

   Un hombre subía una empinada cuesta llevando de las riendas un asno y un caballo. El asno llevaba una pesada carga, pero el caballo trotaba libremente viendo el panorama. El asno, de cuando en cuando y agobiado por el peso de la carga, suplicaba: -¡Caballo, amigo mío, ayúdame! No puedo más. El caballo riéndose le respondió: -¡Allá tú! El amo lo ha querido así... ¡Arréglatelas como puedas! -Y continuaron su camino.

 

   Al poco rato, el asno exhausto cayó a tierra muerto. Entonces el dueño, cogió al caballo, cargó todo sobre él, y se dijo:
-También este asno muerto puede valerme; tal vez pueda vender su piel para hacer tambores. Y entonces, cargó también sobre el caballo el burro muerto y así continuó su camino.

 Amuleto de la buena suerte 

   Se encontraron dos amigos que hacía mucho tiempo no se veían. Uno le pregunta al otro: “¿Cómo te ha ido?”. “Muy mal -responde el otro con sombrío acento-. Mi esposa me dejó para irse con mi mejor amigo. Perdí todos mis ahorros jugando en las maquinitas. El banco me acaba de quitar la casa. 

   Mi hija quedó embarazada, y no sabe quién es el papá de la criatura. Mi padre salió al campo y lo mató un rayo. Uno de mis hijos está en la cárcel, por drogas. Y a mi perro lo atropelló ayer un camión”. “¡Cómo lo siento! -se compadece el amigo-. Y dime: ¿A qué te dedicas?”. Responde el otro: “Vendo amuletos para la buena suerte”. 

El poder de la Cruz […Desarma los corazones…] 

   Ocurrió un choque entre un bus del S.I.T.P, y uno particular. El conductor del S.I.T.P se bajó, energúmeno y furioso, con una cruceta en lo alto, con el firme propósito de agredir al conductor del vehículo particular; pero al observar que éste, a su vez, le apuntaba con un arma de fuego, el conductor del S.I.T.P, todo atemorizado, lo único que atinó a decir fue: “Oiga, señor, por esta cruz, le juro que fui yo el que tuvo la culpa del accidente”. 

Una rusa en el aeropuerto…[Usar a Dios a mi capricho] 

   Una señora, al regresar de su peregrinación a Lourdes, pasa el registro de la aduana, en el aeropuerto de Moscú. El guardia encuentra en su maleta una botella transparente en forma de Virgen, dentro de la cual hay un líquido igualmente transparente. Le pregunta a la dama: - ¿Qué contiene esta botella? -Agua bendita de la santa gruta de Lourdes, señor. El guardia, desconfiado, destapa la botella, toma un sorbo y dice en tono severo: -¡Señorra, esto es vodka! – La mujer cae de rodillas, exclamando: -¡Milagro, milagro! 

¿Caridad o ambición? 

   En el verano de 1998 un hombre que vivía en Amsterdam fue a confesarse con su párroco. “Padre, este es mi pecado. Durante la segunda guerra mundial di refugio a un judío muy rico para salvarle la vida de los Nazis. El sacerdote le dijo que había hecho una acción caritativa, que ¿por qué creía que había cometido pecado? – “Padre, le exigí que tenía que pagarme 20 gulden por cada semana que estuviera en mi casa”. 

   La verdad, -dijo el padre-  eso no es caridad, y no debería sentirse muy orgulloso de ello, pero lo hizo por una buena causa. “Gracias, Padre, por su comprensión, pero tengo una pregunta más que hacerle. ¿Tengo que decirle al judío que ya terminó la guerra? 

Mirad el árbol de la Cruz…[…Que nos defiende del peligro…][Misa con niños] 

   Jaimito estaba arriba de un árbol, y su mamá, desesperada, le grita: - Jaimito bájese de ese árbol. Jaimito contesta: - No, no quiero. Vienen dos policías y le dicen: - Jaimito, que se baje de ese árbol. - Jaimito contesta: - No, no quiero. Luego, vienen los bomberos y le dicen: Jaimito, tiene que bajarse de ese árbol, y Jaimito les contesta: - No, no quiero. 

   Entonces, sabiendo que el párroco del pueblo tiene gran poder de convicción, lo mandan llamar. Llega el padre, que era grandote y, de manera solemne, le hace la señal de la cruz a Jaimito, y Jaimito inmediatamente, como un rayo veloz, se baja del árbol. La mamá, extrañada, le pregunta: ¿Y Por qué, al padre, sí le hiciste caso de bajarte? - y Jaimito responde todo asustado: - Es que el Señor Cura me hizo así: O se baja…+… O corto el árbol…

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