6° Domingo del Tiempo Ordinario, 15 de Febrero de 2015, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 16 feb 2015 11:44 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 16 feb 2015 12:12 ]

El Padre Damián. 

   Un día, un sacerdote, el P. Damián decidió ejercer su ministerio entre los leprosos de Molokai, llamada la Isla maldita. Y se entregó a ellos con la misma compasión de Jesús. Y un día comenzó su predicación con estas palabras: "Mis hermanos leprosos". 

Aquel día el P. Damián no sólo era el párroco era también su igual, era un leproso más. Nunca volvió a su tierra y murió de lepra. Como leproso que era tenía prohibido salir de la isla maldita.

 

Todavía estoy vivo.

   Raúl Follereau, solía contar una historia emocionante: visitando un refugio de leprosos en una isla del Pacífico le sorprendió que entre tantos rostros muertos y apagados, hubiera alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y que se iluminaba con un «gracias» cuando le ofrecían algo. 

   Entre tantos «cadáveres» ambulantes, sólo aquel hombre se conservaba humano. Cuando preguntó qué era lo que mantenía a este pobre leproso tan unido a la vida, alguien le dijo que observara su conducta por las mañanas. Y vio que apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería y se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba. 

   Y allí esperaba hasta que a media mañana, tras el muro, aparecía durante unos cuantos segundos otro rostro, una cara de mujer, vieja y arrugadita, que le sonreía. Entonces el hombre se alimentaba con esa sonrisa y sonreía él también. Luego el rostro de la mujer desaparecía y el hombre, iluminado, tenía ya alimento para seguir soportando el resto del día y esperar a que a la mañana siguiente regresara el rostro sonriente. 

   El leproso le explicaría después que esa mujer esa su esposa. Cuando lo sacaron de su pueblo y lo trasladaron al refugio de leprosos, su mujer lo siguió hasta el poblado más cercano. Y a pie se iba cada mañana para continuar expresándole su amor. «Al verla cada día -decía el leproso- sé que todavía estoy vivo.» 

Abrazo precioso 

   Hace unos años, cuenta Rosemary Brown, Marcos un buen amigo estaba enfermo de sida en un hospital. Yo lo visita regularmente, pero en mi última visita se encontraba muy enfermo y muy débil. Rezamos juntos y cuando me disponía a marcharme, Marcos me miró con lágrimas en los ojos y me dijo: ¿Tienes miedo a abrazarme? Creo que ese fue uno de los abrazos más preciosos de mi vida. 

El accidente. [La sabiduría de los leprosos fue esperar a que llegara Jesús] 

   Una mujer y un hombre se ven envueltos en un terrible accidente de tránsito, los autos quedaron totalmente destrozados, pero asombrosamente ninguno de ellos sufrió heridas. Después que lograron salir de sus autos, la mujer dice: Mire, qué interesante! usted un hombre, ¡y yo una mujer! Solo observe nuestros autos, no ha quedado nada de ellos, pero afortunadamente estamos ilesos. 

   Esto debe ser una señal de Dios para que nos conociéramos y vivamos juntos toda la vida. Estoy completamente de acuerdo con usted, replicó el señor, esto debe ser una señal de Dios. La mujer continúa: Y observe esto, he aquí otro milagro, en mi carro lo único que no se rompió fue esta botella de whisky. 

   De seguro Dios quiere que nos la bebamos y celebremos nuestra buena suerte. Entonces, le pasó la botella al Señor. El caballero asintiendo con la cabeza, abre la botella y se da varios tragos monumentales. Luego se la devuelve  a la mujer. La señora toma la botella, inmediatamente le pone la tapa y se la regresa al hombre. El hombre entonces le pregunta: ¿Es que usted no va a beber?....La mujer, sabiamente, se limita a decir: No, creo que yo esperaré hasta que llegue la policía. 

Compasión y lástima

 

   Un alemán que iba en su mercedes a toda velocidad por la carretera, se encuentra de repente con un carro tirado por un caballo al que no puede esquivar y se lo lleva por delante. Se baja del mercedes y ve un panorama desolador. Ve al caballo sin poder moverse, y dice:- Yo no poder ver sufrir caballo. - Y saca una pistola de su bolsillo y lo mata.

 

   Unos metros más allá divisa a un perrito que solo podía mover la cola, con la mirada perdida. Y vuelve a exclamar:- Yo no poder ver sufrir perrito. - Y le pega otro tiro y lo mata. Se da la vuelta y, mirando con la linterna hacia lo alto de un árbol, ve colgado de las ramas al cochero, perdiendo sangre, con un brazo y una pierna rotos, con la cara amoratada, un ojo sin poder abrirlo, y heridas por todo el cuerpo. Antes de que el alemán dijera nada, el cochero aclara:- Parece mentira, pero ¡no me ha pasado nada! 

Alguien que me empuje 

   A las 3 de la madrugada, caía un fuerte aguacero, y un borracho gritaba: "¡alguien que me empuje!". Una señora escucha, despierta al marido y le dice: ─ Amor, despierta!, ve y ayuda a ese pobre hombre que se le debió quedar atascado el carro y no hay quien lo ayude. 

   El marido muerto de sueño se niega, pero ella insiste: ─ Acuérdate que el otro día nos varamos a media noche y apareció alguien quien nos ayudó. Ve, no seas malo. Mientras tanto la voz vuelve y grita "¡alguien que me empuje!". El marido hace un esfuerzo tremendo. 

   Se levanta enojado, se pone las botas pantaneras, un impermeable y sale en pleno aguacero. En la calle todo está oscuro, no se ve nada. Mira a un lado y a otro y grita: ─ ¡¿Dónde está para empujarlo?! Y el borrachito responde: ─ ¡Aquí, aquí... en el columpio!

 

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16 feb 2015 11:45