Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 13° Domingo del Tiempo Ordinario, 30 de Junio 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 1 jul 2019 9:51 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 1 jul 2019 10:18 ]


Los anteojos de Dios: 

   “Un hombre de negocios va rumbo al cielo. No iba muy tranquilo, pues era usurero. Llegó al cielo. No vio a nadie así que entró, pasó de sala en sala y llegó al despacho de Dios. Sobre el escritorio había unos anteojos. No pudo resistir y al ponérselos le dio vértigo. ¡Qué claro se veía todo! Los intereses de las personas, las intenciones etc.

   Entonces se le ocurrió mirar lo que estaba haciendo su socio.  Y vio que estaba estafando a una viuda con un crédito bochornoso que terminaría de hundirla en la miseria para siempre. 

   Al ver aquello, su alma sintió un deseo de justicia Buscó bajo la mesa el banquito de Dios y lo lanzó a la Tierra. Con tan buena puntería, que le pegó un gran golpe a su socio, tumbándolo allí mismo. En esto, todo el cielo se llenó de algarabía. Dios volvía del paseo con sus ángeles. 

   Sobresaltado el hombre, dejó los anteojos y trató de esconderse. Pero ya Dios le estaba mirando con el mismo amor de siempre. El hombre trató de disculparse. Pero Dios le preguntó: ¿Qué has hecho con el banquito que había aquí? -Bueno, yo entré, vi los anteojos y me los puse. -Está bien, eso no es pecado. Yo quisiera que todos miraran el mundo como lo miro yo. 

   Pero ¿Qué pasó con mi banquito donde apoyo los pies? El hombre le contó lo que había visto y lo que había hecho. -Ahí te equivocaste, le dijo Dios. Te pusiste mis anteojos, pero te faltaba tener mi corazón. Imagínate si yo tiro un banquito cada vez que veo una injusticia, en la tierra no alcanzarían todos los árboles del mundo entero. Y todos los seres humanos estarían llenos de chichones.” 

Llevándole la contraria a Dios 

   Un discípulo preguntó a su instructor: – Maestro, quiero saber lo que más le sorprende de los seres humanos. Su maestro contestó: – Siempre piensan lo contrario. Y sigue el maestro: – Tienen prisa por crecer, y después suspiran por la infancia perdida. – Pierden la salud para tener dinero y después gastan el dinero para tener salud. – Piensan tan ansiosamente en el futuro que descuidan el presente, y así, no viven ni el presente ni el futuro. – Viven como si no fueran a morir nunca y mueren como si no hubiesen vivido. 

La conquista del Oeste [¿Y nosotros? ¿Qué pasaje compramos?] 

   Cuando se conquistó el Oeste, la gente viajaba en diligencia. Lo que, tal vez, no sabemos es que había tres clases de viajeros: viajeros de primera, de segunda y de tercera. Los viajeros de primera, pasara lo que pasara, permanecían sentados durante todo el viaje. Los viajeros de segunda, cuando surgía un problema, tenían que bajarse hasta que el problema se resolvía. No tenían que mancharse las manos, simplemente miraban.

  Los viajeros de tercera tenían que salir de la diligencia, empujar, arreglar la rueda rota o solucionar cualquier otra avería. 

Moraleja: En la ruta al cielo, ¿Qué clase de pasajero eres? : ¿Vas en primera clase con los brazos cruzados y sin moverse? 

Mañana, el día que nunca llega: [Te seguiré, Señor, pero…]

 

   Lo dice el refrán: "no dejes para mañana, lo que puedes hacer hoy”. “Mañana es el día que nunca llega", cuando se nos exige. Dejamos “para mañana” la llamada o visita a un familiar o un amigo enfermo, el pago de deudas, el tratamiento médico, etc. Sin embargo, hay cosas que hay que hacerlas ya: conversión, salvación, vida eterna.

 

   Ante Jesús toca ser decididos y empezar de una: "El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios". Edith, por mirar atrás, se convirtió en estatua de sal… Hernán Cortés, en el puerto de Veracruz, quemó las barcas para que nadie se devolviera. El nostálgico y pesaroso siempre mira hacia atrás.

 

El esposo, dice a la esposa: “Los fríjoles que preparaba mi mamá eran mejores a los que tú preparas…”.

 

   En cambio, el que sigue al Señor, va lleno de esperanza, sin vacilaciones ni nostalgias y fija su mirada en la meta que le espera… [En competencias caninas, el perro que gana es el que no quita su mirada de la liebre]. 

Decisión y claridad en el seguimiento 

   Están hablando Pedro y Jesús de cosas elementales de la vida. Y Pedro, queriendo saber más que los demás, le pregunta a Jesús: maestro, ¿de dónde vienes? Y Jesús responde: “Yo vengo de dónde vengo”. Y Pedro vuelve a preguntarle: ¿Maestro, y para dónde vas? 

  Y Jesús le contesta. “Yo voy para donde voy”. Entonces, viendo Jesús que Pedro no le preguntó más, le pregunta a Pedro: 

   ¿Y tú, Pedrito, ¿Por qué me sigues? A lo que Pedro responde sin pensarlo dos veces: ¡Pues…Por lo bien que explicas! 

El agricultor y el turista: [Jesús habló claro. Somos nosotros los que no entendemos]. 

   Un agricultor y su hijo están en el campo y aparece un turista inglés. El turista británico dice: “Do you speak english?”. El agricultor responde: “No he entendido nada”. El turista insiste: “Parléz vous français?” El agricultor contesta: “No sé qué dice”. El inglés prosigue: “Parla italiano?” De nuevo el labrador: “Sigo sin comprender nada”. Se va el inglés y le dice el hijo al papá: “Qué suerte tiene ese hombre que habla tantos idiomas”. El papá le contesta: “Bah, de qué le sirve si no se le entiende nada”!. 

La tintorería del sabio [Caprichos para seguir al Señor] 

   Un sabio atendía su tintorería, entró un cliente y le dijo:  — Como tú eres un hombre sabio, ¿Podrías teñirme este vestido?  — Claro, y ¿De qué color lo quieres? — Ah, que no sea ni rojo, ni verde, ni blanco, ni negro, ni amarillo, ni lila. Bien. ¿Me entiendes?, no quiero ningún color conocido, pero fuera de esto, nada especial. ¿Me lo puedes hacer?  — ¡Claro que sí, hombre! Entonces, pasa a recogerlo cuando quieras, pero que no sea ni lunes, ni martes, ni miércoles, ni jueves, ni viernes. ¡Ah! Sábado y Domingo está cerrado. Fuera de esto, pasa cuando quieras. 

Caminos cómodos, destino equivocado: [Jesús sube a Jerusalén, y le espera la Cruz]  

   En un invierno, un hombre iba sentado en el mismo vagón del tren que yo iba. En cada estación se ponía de pie y miraba fuera de la ventanilla con ansiedad. Luego se sentaba y comenzaba a refunfuñar, pronunciando en voz alta el nombre de la estación que acababa de pasar. 

   Después de cuatro o cinco estaciones, el vecino de asiento le preguntó preocupado: - ¿Le pasa algo, Señor? ¡Lo veo muy angustiado! El hombre lo miró y respondió: - Sí. Debí cambiar de tren hace ya un buen rato, porque voy en la dirección contraria. ¡Pero es que aquí voy tan cómodo y tan calientico…! 

Misionero en África: [Evangelizar implica riesgos] 

   Un cachorro de león está paseando por la selva de África, cuando se encuentra a un misionero. 

   El leoncito empieza a jugar con él, corriendo de un lado para otro. La mamá leona lo ve y le grita desde lejos: – ¡Niño, con la comida no se juega! 

Anunciar el reino sin excusas ni distracciones [Misa con niños] 

   La mamá de Jaimito lo manda a comprar unas arepas. Cuando va camino al negocio se encuentra con un desfile de modas. Regresa a la casa y le dice a su mamá: - ¡Mamá, mamá! Acabo de ver un desfile de moda, y estaba Miss Venezuela y era linda, y estaba Miss Puerto Rico y era linda, y Miss Guatemala era hermosa. - Y le dice su mamá: - ¿Y mis arepas? - ¡Esa no la vi!

 

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