Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 15° Domingo del Tiempo Ordinario, 14 de Julio 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 15 jul 2019 6:22 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 15 jul 2019 6:44 ]


"En el fondo del Pozo" [Y tú qué harías?] 

   Un hombre cayó en un pozo, felizmente el pozo estaba en un camino vecinal por el que, sin duda, transitaría alguna persona. Estaba desamparado y sin ayuda, aunque intenté salir por mis propias fuerzas, era en vano pues las paredes del pozo eran muy lisas. Afortunadamente pasó un optimista y dijo: “Las cosas podrían ser peores”. Un pesimista, a su paso exclamó: “De seguro las cosas se complicarán”. 

   Un moralista se acercó y me dijo: “Te daré un consejo, amigo: si sales de este problema, no vuelvas a meterte en él”. Un budista pasó y dijo: “Si puedes subir hasta donde te alcance, te ayudaré”. Un filósofo, a su turno, me dijo: “Tranquilo: sólo piensa que estás en un pozo”. Una señora muy piadosa pasó y dijo: “Sólo los malos caen en los pozos”. Un hombre rico, que pasó por allí con su hijo, dijo: “Sólo los cerdos se revuelcan en sus pocilgas”. 

   Un fundamentalista exclamó: “Debes merecerte tu pozo. Dios te castigó por algo malo que hiciste”. Un abogado pasó y me propuso: “Demandemos al municipio por daños y perjuicios”. Un psicoanalista, a su vez me dijo: “Échale la culpa a tus padres”. Un vendedor de seguros pasó y me dijo: ¿Ya tiene seguro contra accidentes? -Un sindicalista, al verme allí me dijo: “esta es una oportunidad para organizar una huelga”. Un pastor, a su turno, me dijo: “Con Jesús podrás salir adelante”. Un político, al verme, lleno de ira, dijo: “¡Es culpa de la ineptitud del gobierno actual!”. 

   Un oportunista me dijo: “Te saco si me das tu cadena de oro y tu reloj” – Un funcionario de la Dian, pasó y me preguntó: “¿Ya pagó usted el impuesto sobre este pozo? Hasta que al fin pasó un pobre mendigo que, al ver mi situación, no dudó en saltar al pozo; me hizo subir a sus hombros y me ayudó a salir. ¿Qué haríamos si pasáramos por el pozo? – Sintonicemos nuestro corazón con el dolor del otro. 

El sabio Einstein:

 

   Albert Einstein afirmó:Comienza a manifestarse la madurez, cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos”.

Compasión y lástima 

   Un alemán iba en su vehículo mercedes, a toda velocidad. Se encuentra de repente con un carro tirado por un caballo al que no pudo esquivar y se lo lleva por delante. Se baja de su auto y ve un panorama desolador. El caballo sin poder moverse, y dice: - Yo no puedo ver sufrir este caballo. – Saca una pistola de su bolsillo y lo mata. Unos metros más allá ve al perrito que solo podía mover la cola, con la mirada perdida. 

   Y vuelve a exclamar: - Yo no puedo ver sufrir este perrito. – Y le pega otro tiro. Se da la vuelta y, con la pistola en una mano y la linterna en la otra, mira hacia lo alto de un árbol y ve colgado de las ramas a conductor de la carreta, perdiendo sangre, con un brazo y una pierna rotos, con la cara amoratada, un ojo sin poder abrirlo, y heridas por todo el cuerpo. Y antes que el alemán hablara, el malherido dice: - Parece mentira, pero ¡no me pasó nada! 

El mendigo exigente.

 

   Un mendigo pide limosnas en la calle. Pasa un hombre bien vestido, y le da cien dólares al mendigo. Y el mendigo piensa: “¡Guau! ¡Este es un hombre verdadero! Debe ser negociante. Pasa un año, y otra vez, el mismo hombre bien vestido encuentra el mismo mendigo en la calle – pero esta vez, solo le da cincuenta dólares. Y el mendigo piensa: “Bueno… no es negociante, pero es un hombre quien merece respeto”.

 

   Pasa un año más, y el hombre bien vestido pasa, sin darle nada al mendigo. El mendigo siente indignación. Se levanta, corre tras el hombre bien vestido, lo toma del abrigo, y a gritos le pide una explicación. El hombre, muy pacientemente, le explica: “Mire Ud, hace dos años yo era un hombre soltero, y podía hacer con mi dinero lo que quería.

 

    Hace un año me casé, y ya adquirí una responsabilidad con mi esposa. No puedo gastar el dinero tan libremente. Y ahora tengo un hijo que mantener – por lo tanto, discúlpeme, Señor, que no le puedo dar nada”. Y el mendigo le reprocha diciéndole: “Ahh, con que Si…Usted manteniendo su familia con mi dinero, no¡?”

 

Daño colateral [Problema de uno, problema de todos]

 

   Un ratón mira por un agujero de la pared, y ve al esposo entregando a su mujer un paquete, el ratón pensó: “¿Qué tipo de comida podrá haber allí? – Corrió a ver, imaginándose un sabroso queso. ¡Qué susto! Cuando vio que era una trampa para ratones. Entonces fue al patio de la casa a advertir a todos: “¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera!”. La gallina escarbando en la tierra cacareó y le dijo: “¡señor ratón: entiendo que es un problema para usted, a mí no me perjudica en nada!”. Y el ratón se entristeció y siguió buscando ayuda.

 

   Llegó donde el cordero y le dijo. “¡Hay una ratonera en la casa!” “¡Discúlpeme, señor ratón, pero no veo nada que pueda hacer, yo como pasto, quédese tranquilo, yo oro por usted!” El ratón se fue hasta donde estaba la vaca, y le dijo: “¡Hay una ratonera en la casa!” ¿Acaso yo estoy en peligro? ¡Creo que no! Entonces el ratón se volvió a la casa, cabizbajo y abatido, para encarar solo la ratonera.

 

   Aquella misma noche se escuchó un ruido, como el de una ratonera agarrando su víctima. La esposa del labrador corrió a ver que había en la ratonera, pero en la obscuridad, no vio que la trampa había agarrado la cola de una víbora venenosa. La víbora la mordió. El marido la llevó corriendo al hospital. La mujer volvió con fiebre. Para la fiebre, nada mejor que un buen caldo de gallina.

 

   El hombre entonces tomo el cuchillo y fue a buscar al principal ingrediente: la gallina. Como la enfermedad de la mujer continuaba, amigos y vecinos vinieron a verla. Para alimentarlos, hubo que matar al cordero. Pero la mujer no resistió y falleció. Muchas personas vinieron al funeral. El pobre hombre, muy triste y agradecido por la solidaridad, resolvió matar la vaca para darle de comer a todos.

Moraleja: El problema de un hermano, es también mi problema. “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

 

Ayudar al prójimo. [Misa con niños] 

   Está Juanito en el salón cuando la maestra dice a sus alumnos: Niños, hoy vamos a salir a ayudar al prójimo, como lo hizo el buen samaritano. Los niños emocionados salen a la calle y comienzan a buscar a quién ayudar. La maestra se da cuenta que Juanito le pide dinero a la gente, así que va y le dice: ¿Qué haces Juanito? ¡Se trata de ayudar a la gente, no de quitarle el dinero! Sí maestra, ya lo sé…Yo les estoy quitando un peso de encima.  

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