Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 17° Domingo del tiempo Ordinario, 25 de Julio 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 27 jul 2021 18:20 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía

Una taza de caldo. [Un plato de sopa no se le niega a nadie]. 

   Una señora de 75 años, coge una taza y le pide al señor del restaurante que la llene de caldo. Después se sienta en una de las mesas del local. Cuando apenas se ha sentado se da cuenta que olvidó traer el pan. Se levanta y va a coger un pan para comérselo con el caldo, y vuelve a su sitio. ¡Sorpresa! Delante de su taza de caldo se encuentra sentado un árabe que está comiendo sin inmutarse. ¡Esto es demasiado! - piensa la señora- ¡no me dejaré robar! Y dicho y hecho, parte el pan en pedazos, los echa en la taza de la que está tomando el árabe y pone también la cuchara. 

   El árabe complacido, sonríe. Toman una cucharada cada uno hasta acabarse la sopa, todo en absoluto silencio. Acabada la sopa, el árabe se acerca a la barra y regresa con un gran plato de espaguetis y dos tenedores. Comen los dos del mismo plato en silencio. Acaban el plato y se despiden: ¡Hasta pronto!, le dice la señora. "Adiós", le responde el árabe con una sonrisa, como si hubiera hecho una buena acción y se aleja. La mujer le sigue con la mirada. 

   Repuesta de la escena incómoda, busca el bolso de mano que había dejado colgado en el respaldo de la silla y ¡oh sorpresa! ¡El bolso desapareció! – Cuando ya iba a gritar: ¡Ladrón, cojan aquel ladrón!, mira a su alrededor y ve su bolso colgado en una silla, dos mesas atrás de dónde estaba ella y sobre la mesa un plato con una taza de caldo ya frío. Inmediatamente se da cuenta de lo que había pasado: No fue el árabe quien se había comido su sopa, fue ella quien, equivocándose de mesa, había comido gracias al árabe, como una gran señora. 

El milagro que costó un dólar y cinco centavos: 

   Teresita tenía 8 años y su hermanito Andrés estaba muy enfermo y no tenían dinero para una operación. Teresita oyó decir a su padre: "Sólo un milagro puede salvar a Andrés". Teresita tomó sus ahorros, se fue a la farmacia y le dijo al farmaceuta: "Mi hermano está muy enfermo. ¿Cuánto cuesta un milagro? “El hermano del farmaceuta que estaba de visita se agachó y le preguntó a la niña: "¿Cuánto dinero tienes?” Un dólar y cinco centavos” “Estupendo, eso es exactamente lo que cuesta un milagro para un hermanito”. 

   Cogió el dinero de la niña y le dijo: "Llévame a tu casa. Veamos si tengo la clase de milagro que necesitas”. Aquel hombre era un cirujano reconocido. Operó al niño y quedó bien. Su madre decía: “esa operación ha sido un verdadero milagro. ¿Cuánto habrá costado? “Teresita sonreía, pues ella sí sabía que había costado un dólar y cinco centavos, y la fe de una niña. 

Moraleja: ¡Para alimentar a más de 5.000 hombres, no se necesitan grandes cosas...Solo bastaron cinco panes y dos peces! 

La colecta: [El joven del evangelio dio todo lo que tenía, y Jesús lo multiplicó] 

   Después de la colecta en la iglesia, un individuo fue a decirle al sacerdote: ¡Disculpe Padre, pero por equivocación puse un billete de $50.000 pesos en la canastica de la ofrenda, y yo quería dar solo $1.000! ¿Podría devolverme los 49.000? No, hijo mío. ¡Lo que se da a Dios, ya no se le quita! ¡Bueno padre, espero que por lo menos en el cielo me reconozcan un saldo de $49.000 pesos a mi favor! ¡Tampoco hijo, porque lo que allí se toma en cuenta son las intenciones…y tu intención fue dar solo $1.000! 

Mendigo exigente 

   Un mendigo pide limosna en la calle. Pasa un hombre bien vestido y le da $50.000 pesos. Y el mendigo piensa: “¡Guau! ¡Este es un hombre verdadero! debe ser negociante…” Al año siguiente pasa otra vez el mismo hombre bien vestido, encuentra el mismo mendigo en la calle – pero esta vez, solo le da $20.000 pesos. Y el mendigo piensa: “Bueno, no es negociante, pero merece mi respeto”. Al año siguiente, el hombre bien vestido vuelve a pasar frente al mendigo, pero esta vez no le da nada. 

   El mendigo siente indignación. Se levanta, corre tras el hombre bien vestido, lo agarra del abrigo y a gritos le pide una explicación. El hombre, muy pacientemente, le explica: “Mire Usted: hace dos años yo era un hombre soltero y podía hacer con mi dinero lo que quería. 

   Hace un año me casé y ya tengo responsabilidad ante de mi esposa; no puedo gastar el dinero tan libremente, y ahora tengo un hijo que mantener – por lo tanto, discúlpeme, pero no le puedo dar nada”. Y el mendigo le recrimina: “¡Ah, conque manteniendo su familia con mi dinero, no…!” 

Dos Euros: [Para misa con niños] 

- ¿Papá me puedes dar dos euros para un pobre hombre que está gritando en la calle? - ¡Oh…!Claro hijo, qué buen corazón tienes mijito! – Y ¿qué está gritando ese pobre hombre? – Y el niño le responde: ¡Helados a dos euros! 

El pobre Jaimito: [Para misa con niños] 

   A ver Jaimito, si en un bolsillo del pantalón tienes 100 euros y en el otro 200; ¿Cuánto tienes en total? Pregunta la profesora - Y Jaimito contesta: -Pues unos pantalones que no son míos, profesora! 

¿Bendición generosa?: [Para misa con niños] 

   Ante muchos invitados, la madre de familia, con acento piadoso, y para quedar bien, le pide a su hijita de seis años: “¿Tesorito, te gustaría bendecir la mesa? “La niña le responde: “pero no sé qué decir”. La mamá le dice: “Di lo que siempre has oído decir a tu mami”. Entonces la niña, sintiéndose más segura y con autoridad, inclina su cabeza, levanta las manitos al cielo y dice: “Dios mío, ¿cómo se me ocurrió invitar tanta gente a cenar?” 

¿Hay bendiciones tacañas? 

   Una señora, muy piadosa, pero muy tacaña, antes de almorzar suculentamente, siempre repetía, con su esposo e hijos, la siguiente bendición: “Bendícenos, Señor, y que te bendigamos, y por favor, que nadie venga mientras almorzamos…”

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27 jul 2021 18:20
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