Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 23° Domingo del Tiempo Ordinario, 6 de Septiembre de 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 11 sept 2020 16:11 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 11 sept 2020 16:11 ]

Ama de casa ejemplar: [La corrección sabia enfoca lo positivo, y vigila las almas de los que amamos.] 

   Una señora tenía una empleada muy trabajadora, pero comprobó que cada vez que su empleada visitaba a la mamá, echaba de menos algo. La espió y encontró un canasto con azúcar, café, telas y otras cosas escondido debajo de la cama, para llevárselo a la mamá. La señora no se sobresaltó ni reaccionó con violencia o insultos, sino que de manera cordial le dijo: 

   “Estoy segura que su mamá pasa necesidades y aquí lo tenemos todo. En este canasto hay azúcar, café, y unas telas, déselas a su mamá y dígale que le envío mis mejores saludos”. La empleada se puso colorada y tímidamente dio gracias. Y así, nunca más se perdió nada. La corrección surtió efecto y las dos convivieron en paz y sin sospechas durante largos años. 

La sospecha: [Apariencias que engañan] 

   Un hombre perdió su hacha y sospechó del hijo de su vecino. Observó la manera de caminar del muchacho: Camina exactamente como un ladrón. Observó la expresión del joven, y dijo: como la de un ladrón. Observó también su forma de hablar: igual a la de un ladrón. En fin, todos sus gestos y acciones lo denunciaban culpable del robo. Pero más tarde encontró su hacha en un valle. Y después, cuando volvió a ver al hijo de su vecino, los gestos y las acciones del muchacho, parecían muy diferentes a los de un ladrón. 

¿Corrección fraterna o acomodo? 

   A veces confundimos los términos en la corrección fraterna. Si una mujer le dice a su marido: “Si me quisieras de verdad, te comerías este diente de ajo”; “Si aceptaras mi corrección, te vestirías de esta forma”….”no saldrías con tales personas”….”serías hincha de Millonarios”. Corregir no es hacer que el otro haga lo que yo quiero, o sea como yo quiero”. Hacemos mal las correcciones porque no corregimos sobre pecados, sino sobre opiniones, gustos o caprichos. 

Monje sabio [El pecado de mi hermano, nunca me debe ser ajeno] 

   Cuenta una antigua historia, que unos monjes se reunieron para hablar mal de un hermano que había pecado. Uno solo guardó silencio. Finalmente se puso de pie, cargó una pesada bolsa de arena sobre sus hombros, y tomó también un pequeño canasto lleno de arena. Sus hermanos le preguntaron qué significaba esto. Él le respondió: “La bolsa de arena está llena con mis pecados y los cargo sobre mi espalda para no verlos. En cambio, en la canastica pongo los pecados de mi hermano. Pero tendría que hacer lo contrario. Colocar a la vista mis pecados para verlos y pedirle a Dios perdón por ellos, y llevar sobre mi espalda los de mi hermano, para no verlos”. 

Consejo de S. Francisco [El ejemplo, la mejor corrección] 

   Un hombre le dijo a San Francisco de Asís: Hermano Francisco, la Biblia dice que debo amonestar a los pecadores, pero yo veo a gente pecando todo el tiempo y no quiero pasar todo el día amonestándolos. San Francisco le dijo, “En la corrección fraterna lo que tú debes hacer, no es amonestarlos, sino vivir de tal manera que tu vida amoneste al pecador, y que tu forma de actuar los llame a arrepentirse.” 

La ventana: [Corregir mi error, para ver mejor.] 

   Una pareja de recién casados, se fue a vivir a un barrio muy tranquilo. En la primera mañana en la casa, mientras tomaba café, la mujer observó a través de la ventana que una vecina colgaba sábanas en el tendedero. Que sábanas tan sucias cuelga la vecina en el tendedero - dijo la mujer - Quizá necesita un jabón nuevo o no sabe lavar... ¡Ojalá yo pudiera enseñarle a lavar las sábanas! 

   El marido miró y se quedó callado. Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso, mientras la vecina tendía su ropa al sol y al viento. Al mes, la mujer se sorprendió al ver a la vecina tendiendo las sábanas limpiecitas, y dijo al marido ¡Mira, por fin aprendió a lavar su ropa¡ ¿Quién le enseñaría?- Y el marido le respondió: ¡No, es que hoy me levanté temprano y lavé los vidrios de nuestra ventana! 

Fraterna sordera: [Si te escucha, ya lo has salvado, sino te escucha…insiste…] 

   Dos ancianos hablaban sobre el envejecimiento: - “Mira, la peor parte se la llevan nuestras mujeres. ¡Ellas siempre tratan por cualquier medio de esconder sus achaques…Ya es muy difícil corregirlas!”.  Tienes toda la razón”. – “Te cuento que encontré un truco para hacerles ver su edad por medio de un jueguito. Si tu mujer está empezando a quedarse sorda, colócate a 10 metros de ella y hazle una pregunta. Cuando veas que no te responde, acércate a 5 metros. Después a 2 metros y luego a 1 metro.  

   Si no te escucha, ya no le quedará más remedio de aceptar que está sorda”. El viejito ve que la idea es buena y cuando llega a casa se coloca a 10 metros de su señora y pregunta en voz alta: - “Cariño ¿qué hay de cenar?”. No recibe respuesta. Entonces se acerca a 5 metros y le pregunta de nuevo: - “Cariño ¿qué hay de cenar?”. Tampoco hay respuesta; se acerca a 2 metros: - “Mi amor, que ¿Qué vamos a cenar?” No hay respuesta. Se acerca a 1 metro de ella – “Mi vida, que ¿Qué vamos a cenar?” Y la señora enfurecida se voltea y le responde: - “¡¡¡Viejo sordo, te he dicho 4 veces que pollo con papas fritas!! 

Damas sinceras 

   Cuatro damas, amigas de toda la vida, se reúnen a tomar el té. Una tarde, una de ellas dice: - Chicas, hemos sido amigas desde siempre. ¿No les parece que es hora de conocernos a fondo? - La primera dice: Yo soy cleptómana. Pero no se preocupen que nunca les he robado nada a ustedes. La segunda dama dice: - Yo les confieso que también tengo algo de eso, porque cuando mi esposo llega borracho todos los viernes, le saco el dinero de la billetera. - Pues miren, - dice la tercera – Yo les confieso que soy adicta a los juegos de azar y malgasto el sueldo de mi esposo. La cuarta dama, poniéndose de pie, dice: - ¡Ustedes disculpen, yo soy chismosa y con su permiso, que ahora mismo tengo que hacer unas llamaditas...! 

Corrección fraterna: [Para Misa con niños] 

   Estaban dos niños jugando con sus trompos y uno le dice al otro: –Tíralo y que gire en la pita.  – El otro le contesta: “Yo no sabo”…. – Y el primero le dice: No se dice, no sabo…Se dice “no sepo”. Casualmente pasaba por ahí una señora, que oyendo la conversación, creyó oportuno corregir fraternalmente a los niños, y les dice: –No se dice “no sabo”, ni “no sepo”. -¿Y entonces cómo se dice?, preguntaron los niños. – La señora respondió: “No sé”. –Entonces, los niños enfadados le dicen: Si no sabe, ¿para qué se mete? 

Los achaques de a edad: [Si dos o tres se ponen de acuerdo…] 

   Tres hermanas de 96, 94 y 92 años de edad vivían en su casa. Una noche, la de 96 empieza a llenar la tina para darse un baño, pone un pie dentro de la tina, hace una pausa y grita a sus dos hermanas: – ¿Ustedes saben si yo me estaba entrando a bañar, o estaba saliendo de bañarme? - La hermana de 94 le responde: – No sé, déjame subo a ver… 

   Empieza a subir las escaleras, hace una pausa y grita a su otra hermana: “Oye… ¿Yo estaba subiendo las escaleras o las estaba bajando?” - La hermana menor, la de 92 años, estaba sentada en la cocina tomándose una taza de té, y escuchando lo que pasaba con sus hermanas mayores, mueve su cabeza y piensa: – Es el colmo… ¡Yo espero nunca ser así de olvidadiza como mis hermanas! - ¡Toco madera!… Y tocó tres veces, bien duro, sobre la mesa. Se pone de pie y les grita, como regañándolas…: “Ya subo a ayudarlas. Primero voy a ver quién toca la puerta”.

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11 sept 2020 16:11