Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 26° Domingo del Tiempo Ordinario, 29 de Septiembre 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 30 sept 2019 19:29 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 30 sept 2019 20:02 ]

Sabiduría de Sócrates 

   Se cuenta que Sócrates paseaba un día por el mercado principal de la ciudad de Atenas. Uno de sus discípulos lo vio y, extrañado, se acercó para preguntarle: “Maestro, nos has enseñado que todo sabio lleva una vida simple y austera. Sin embargo, todos los días te vemos en el mercado principal, admirando las mercancías. ¿Quieres que juntemos dinero para que puedas comprarte algo?”. “No, gracias, dijo Sócrates: tengo todo lo que deseo; pero me encanta venir al mercado para recordar que soy completamente feliz sin este montón de cosas”.

Lección: Gastamos el dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para dar una imagen de lo que no somos, e impresionar a gente a la que no le importamos”. Will Smith.

Parábola del dinero: [El corazón… ¿Ante la ventana o el espejo?] 

- Pregunta el discípulo al maestro: ¿Qué piensa del dinero? - Mira a la ventana, — le dijo el maestro — ¿Qué ves? - Veo una mujer con un niño, una carroza tirada por dos caballos… y una persona que va al mercado. - Bien. Ahora mira al espejo. ¿Qué ves? - ¿Qué quiere que vea? Me veo a mí mismo, naturalmente. - Ahora piensa: la ventana está hecha de vidrio, lo mismo que el espejo. Basta una pequeñísima capa de plata por detrás del vidrio para que el hombre sólo se vea a sí mismo y no vea a los demás.

 Moraleja: “Ni el espejo tiene la culpa de lo que refleja…Ni la radiografía tiene la culpa de la enfermedad que muestra" 

El zar y la camisa

 

   Un Zar, hallándose enfermo, dijo: - ¡Daré la mitad de mi reino a quien me cure! Entonces, todos los sabios se reunieron y celebraron una junta para curar al Zar, mas no encontraron medio alguno. Uno de ellos, sin embargo, declaró que era posible curar al Zar. -Si sobre la tierra se encuentra un hombre feliz -dijo- traigan su camisa y que se la ponga el Zar, con lo que éste será curado. El Zar hizo buscar en su reino a un hombre feliz.

 

   Los enviados del soberano se esparcieron por todo el reino, mas no pudieron descubrir a un hombre feliz. No encontraron un hombre contento con su suerte. El uno era rico, pero estaba enfermo; el otro gozaba de salud, pero era pobre; otro, rico y sano se quejaba de su mujer y de sus hijos. Todos deseaban algo.

 

   Cierta noche, muy tarde, el hijo del Zar, al pasar frente a una pobre choza oyó que alguien exclamaba: - ¡Gracias a Dios he trabajado y he comido bien! ¿Qué me falta? El hijo del Zar lleno de alegría. Inmediatamente mandó que le llevaran la camisa de aquel hombre, a quien, en cambio había de darse el dinero que exigiera. Los enviados se presentaron a toda prisa en la casa de aquel hombre para quitarle la camisa. Pero, el hombre feliz era tan pobre que no tenía camisa. 


Muy rico, pero sin fe:

 

   Érase una vez un hombre muy rico que vivía en una mansión que dominaba un fértil valle. Pero había un gran vacío en su vida. No tenía fe y vivía solo con sus muchas riquezas. Juan, el mayordomo del hombre más rico del valle, vivía con su familia en una casa muy humilde. Juan era creyente, oraba en familia y todos juntos iban a la iglesia. Una mañana, el hombre más rico del valle contemplaba sus tierras y se decía: “Soy e hombre más rico de este vale…Todo esto es mío”. En ese momento llegó su mayordomo y le dijo: anoche tuve un sueño: “El Señor me dijo que el hombre más rico del valle iba a morir a medianoche”.

 

   Tenía necesidad de decírselo, espero no se enfade, patrón. No te preocupes, no creo en los sueños, vuelve a tu trabajo y olvídalo. El hombre más rico empezó a inquietarse y se fue a su médico para hacerse un chequeo. Éste le dijo que estaba como un roble y que le quedaban muchos años de vida. Aliviado pero asaltado por la duda invitó al médico a cenar y le pidió que se quedara hasta la medianoche.

 

   Pasada la medianoche despidió al médico y se dijo: ese estúpido de Juan ha arruinado mi día, él y sus tontos sueños. Acababa de acostarse cuando sonó el timbre de la casa. Eran las 12:30. Bajó y encontró a la hija de Juan en la puerta. Señor, - le dijo llorando-, mi mamá me envía a decirle que mi papá Juan, su mayordomo acaba de morir a la medianoche. El hombre rico, se quedó helado y comprendió de inmediato que el hombre más rico del valle no era él sino su mayordomo.

Materiales para el cielo [Administrando bien, lo devolvemos al dueño y dador.] 

   Una señora muy rica que había tenido un rol muy importante en la tierra, llegó al cielo. San Pedro la recibió, la introdujo en su nuevo estilo de vida y le mostró un hermoso palacio. Le dijo: Esta es la vivienda de su empleada. La Señora pensó: si mi empleada tiene una casa tan linda ¿Cómo será la mía? Entonces Pedro le mostró una construcción muy humilde y le dijo: Esta es su vivienda. Indignada, la Señora le dijo: Pero ¿cómo voy a vivir en este lugar?  A lo que San Pedro le contestó. Lo lamento mucho, pero con el material que usted nos mandó, no pudimos construir nada mejor. 

Moisés y Bill Gates: [Así se hacen los negocios de este mundo… ¿Y los del cielo?] 

   Moisés dice a su hijo: - Hijo, quiero que te cases con una dama que ya escogí. El hijo responde: - Pero papá, yo quiero escoger mi mujer. Moisés dice a su hijo: - Mijo, ella es hija de Bill Gates. El hijo responde: - Bueno, en ese caso acepto. Entonces Moisés se reúne con Bill Gates…- Bill, ya tengo al marido ideal para su hija. Bill Gates responde: - Pero mi hija es muy joven aún para casarse. Moisés dice a Bill Gates: - Tal vez, pero este joven es el vicepresidente del banco mundial. Bill Gates responde: - En ese caso, creo que lo podemos arreglar. 

   Trato hecho, convenceré a mi hija para que acepte al muchacho. Finalmente, Moisés se reúne con el presidente del banco mundial. – Señor Presidente, tengo a un joven recomendado para ocupar el cargo de vicepresidente de este banco. El presidente dice: - Pero ya tengo muchos vicepresidentes, más de los que necesito. Moisés dice: - Lo que pasa es que este joven es el yerno de Bill Gates. El presidente dice: - En ese caso… considérelo contratado. 

El ratón profeta: [Indiferencia del rio ante Lázaro] [Les envié profetas…y nada…] 

   Un ratón, mirando por un agujero en la pared ve a un granjero y su esposa abriendo un paquete. Pensó, qué tipo de comida podría haber allí. Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una trampa para ratones. Fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: - ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa! La gallina que estaba cacareando y escarbando levantó la cabeza y dijo: - Disculpe Sr. Ratón: es un gran problema para usted, pero a mí, no me perjudica ni me incomoda. 

   El Ratón fue hacia el cordero y le dice: - ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera! - Discúlpeme Sr. Ratón, yo no puedo hacer nada, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo, lo recordaré en mis oraciones. El Ratón se dirigió entonces hacia la vaca, y la vaca le dijo: -Pero acaso, ¿Estoy en peligro? No me moleste. Entonces el Ratón volvió a la casa, preocupado y abatido, para enfrentar solo la ratonera del granjero. 

   Aquella noche se oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando su víctima. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, ella no vio que la ratonera había atrapado la cola de una serpiente venenosa. La serpiente picó a la mujer. El granjero la llevó inmediatamente al hospital. Ella volvió con fiebre. 

   Todo el mundo sabe que, para alimentar a alguien con fiebre, nada mejor que una sopa. El granjero agarró su cuchillo, y fue a buscar el ingrediente principal: La gallina. Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para alimentarlos, el granjero mató el cordero. La mujer no mejoró y acabó muriendo. El granjero entonces, vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral. 

Yo no hice nada: […Y no hago más na…]

Gran combo de Puerto Rico: Yo me levanto por la mañana, me doy un baño y me perfumo; me como un buen desayuno, y no hago más na', mas na'. Después yo leo la prensa, me pongo a ver novelas, y no hago más na', mas na'. A la hora de las doce, me como un buen almuerzo; después me voy a la banca a dormir una siestita, y a veces duermo dos horas, y a veces más, y no hago más na'.

 

   Un hombre muere y se presenta ante Dios juez. Dios busca su nombre en el libro de la vida, pero, al no encontrarlo allí, le dice que su puesto es el infierno. El hombre protesta: - ¡pero yo no hice nada…¡-Precisamente, responde Dios! – ¡Te vas al infierno, porque NO HICISTE NAAA…! 

Las cábalas de don Peter. [Para misa con niños] 

   Don Peter estaba convencido de que el cinco era su número de la suerte. Había nacido un 5 de mayo (el mes 5), del año 55. Tenía cinco hijos, vivía en el número 555 de la calle 55. 

   Al cumplir 55 años descubrió que un caballo llamado "Cinco" iba a correr en la quinta carrera; así que cinco minutos antes de empezar la carrera se fue a la quinta ventanilla y apostó 55.555 dólares. Por supuesto, su caballo llegó quinto.

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