Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 27° Domingo del Tiempo Ordinario, 6 de Octubre, 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 7 oct 2019 17:36 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 7 oct 2019 17:51 ]


La fe no pasa por los caprichos.


   Un hombre que leyendo el versículo de la Sagrada Escritura: “la fe mueve montañas y traslada árboles…”, decidió ponerlo a prueba. Había un árbol bien grande en frente de su casa. 

   Se dirigió a él y le dijo: “Cuando me haya despertado, deseo que te hayas ido a la montaña”. 

   Esa noche el hombre se acostó y cuando se levantó fue a la puerta, la abrió y miró a su patio, y dijo: “Tal como pensaba, todavía estás ahí.”

 

¿Qué milagro quieres?

 

   Un hombre visitó a un profeta y le pidió que le hiciera un milagro, para creer en Dios. El profeta dijo: - Muy bien, así lo haré. En el nombre de Dios lo hare, pero primero dime: ¿cuál de estos milagros prefieres: ¿quieres quedarte sordo o ciego o que te paralice una mano? Elige. El hombre exclama: - ¡está loco?, ¡Cómo voy a querer eso!:-Entonces le dice el maestro: ¡no podrás ver ningún espectáculo y tendrás que aprender, que todo tú eres un milagro!

La vaca y el muro: 

   Un día, Juan iba caminando con un amigo muy preocupado, el cual dudaba de la bondad de Dios.

 – No sé qué haré con todos estos afanes y temores – dijo. 

   En ese momento Juan vio una vaca que miraba por encima de un muro de piedra. - ¿Sabe usted por qué esa vaca mira por encima del muro? – preguntó Juan. – No – respondió su amigo. – Se lo diré. 

   Sencillo, porque no puede ver a través del muro. 

Moraleja: La fe nos ayuda a mirar por encima y más allá de tantos obstáculos. 

Aparentar mucha fe 

   Una monjita iba por la carretera y el carro comienza fallar. Se estaciona, se baja y levanta el capó, pero se da cuenta que no entiende de mecánica y lo cierra. Pasa un señor en su furgón. Lleva prisa, pero decide parar a ayudarla. ¿Qué pasó hermanita? – Vera usted; venía de lo mas bien y comenzó a toser, a toser y se paró. El señor va directo al tanque de la gasolina, introduce un palo y sale seco. Mire hermanita: ni olor a gasolina tiene el tanque. 

   La hermana se lleva la mano a la cara y dice ¡¡hay viera que me olvidé: me dijeron en el colegio que echara gasolina y me olvidé. El señor le dice: - mire: tengo manguera, pero necesito un recipiente. ¿Tiene alguna cosa? Lo que sea…un termo, una garrafa…lo que sea.  La hermana va al baúl del carro, pero se regresa avergonzada y le dice: mire, tengo, pero no tengo… ¡Cómo así hermanita! – Cualquier recipiente sirve. Se dirige al baúl, lo abre… 

   La vergüenza de la hermana es porque se trata de una vacenilla. El señor muy caballero, le dice: hermana esto sirve. Él, va y llena la vacenilla de gasolina. La hermanita le dice: usted ya ha hecho mucho por mí, yo me encargo de echársela al tanque. ¿Segura hermana? – Si, vaya con Dios. Mil gracias. Se queda sola y cuando la está echando al tanque pasa un señor en un camión, se queda mirando y no lo puede creer. Para al lado, baja el vidrio y le dice: ¡hermana está bien que tenga fe, pero no es pa’tanto…!

 El vendedor de aguacates: [Perseverar en lo que se hace]

    Iba Jaimito con su carro de aguacates y gritaba con voz fuerte: ¡aguacates, aguacates! – Y de pronto coge una pendiente muy peligrosa y el pobre Jaimito cae con aguacates y todo, yendo a parar al final de la calle. 

   Jaimito todo golpeado y viendo que los aguacates habían quedado todos magullados, levanta lo que quedó de su carro, acomoda todo y comienza a gritar: ¡guacamole…guacamole!

La fe no reta lo evidente: 

   Me dirigía en mi camioneta a la casa de un cliente para entregarle un computador, y al llegar a la entrada de un callejón vi un letrero hecho a mano que decía: “¡Calle bloqueada! ¡No pase! Difícil dar vuelta para regresar”. Seguí de todos modos, solo para descubrir que, en efecto, un árbol caído obstruía el paso y que no iba a ser fácil dar la vuelta con mi camioneta. Cuando por fin pude regresar a la entrada del callejón, vi otro letrero que decía: “¡Te lo advertí!” 

La “fe” del capitán [La fe pasa por la confianza, no por caprichos]

 
  Un velero está atrapado en una terrible tormenta. 

   El océano furioso está a punto de tragarse el navío. 

   El capitán, con mucha fe, se arrodilla en medio de sus compañeros de infortunio, y exclama: 

- ¡Oh, ¡Dios, si ordenas a los vientos que se calmen, encenderé un cirio tan alto como el mástil de esta barca! -

   Cuidado con lo que dices, capitán- le grita su vecino -, puedes jurar en vano. - ¿Dónde conseguirás un cirio tan grande...? - ¡Cállese, hombre de poca fe! –dijo el capitán-. 

¡Si Dios es capaz de calmar esta tormenta, seguro que también puede enviarme el cirio!

ĉ
Diseño Web Santa Ana Centro Chía,
7 oct 2019 17:36