Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 28° Domingo del Tiempo Ordinario, 11 de Octubre de 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 10 oct 2020 16:20 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 10 oct 2020 16:21 ]

La invitación definitiva: [Querernos en vida]

   Un señor vivía muy solo. Sus hijos casados no lo visitaban, sus nietos tampoco. Cuando celebró sus 80 años, invitó a toda su familia. Pero era época de vacaciones y nadie fue. Al celebrar sus 85 años preparó una gran fiesta y pensó que esta vez sí vendrían, pero nadie fue. Escribieron en sus cartas que lo sentían mucho de no ir porque tenían cosas urgentes que hacer. 

   Finalmente murió el señor. Nadie vino a su entierro. Unas semanas más tarde recibieron el aviso de parte del abogado de su padre, que se iba abrir el testamento. Esta vez sí fueron todos. Solemnemente en presencia de todos, el abogado abrió el sobre cerrado que contenía el testamento y leyó en voz alta lo que había escrito el difunto: "Queridos hijitos: cuando celebré mis 80 años había decidido repartir mis bienes. 

   Aunque ustedes no sabían, yo heredé la fortuna de mi hermano mayor; quería repartirles todo, aunque para mí, lo que más quería, era que, por cariño, vinieran a visitarme en mi cumpleaños. Como no vinieron, quiero darles una última oportunidad. Quiero que repartan todos mis bienes entre los que vengan a mi entierro. Si no viene nadie, entrego todos mis bienes a las hermanitas de los pobres. Ellas cuidarán como buenas hijas, a los ancianitos. 

Eterna dicha…o eterna perdición: [Ojo con las invitaciones del diablo] 

   Un señor muere y llega a las puertas del cielo donde se encuentra con San Pedro. Bienvenido al paraíso - le dice San Pedro - antes que se acomode, le comento cómo es esto. Lo usual aquí, es que pase un día en el infierno y otro en el paraíso, y luego podrá elegir donde pasar toda la eternidad. Lo acompaña al ascensor y baja hasta el infierno. Las puertas se abren y se encuentra justo en medio de un verde campo de golf. 

   A lo lejos hay un club y de pie delante del mismo, están todos sus amigos y otros más. Todos bien vestidos y muy contentos. Corren a saludarlo, y recuerdan los buenos tiempos. Juegan un partido de golf y luego por la noche cenan en el restaurante “Infernal club”, con langosta como plato principal. Comparten la noche también con el diablo, que es un tipo muy simpático y se divierte mucho contando chistes rojos y bailando endiabladamente. 

   Se divierten tanto que antes que se dé cuenta, es hora de irse. Todos le dan un apretón de manos y la saludan mientras sube al ascensor. El ascensor sube, se abre la puerta y llega al cielo donde San Pedro lo está esperando. Ahora es el momento de pasar un día en el cielo. Así que él pasa las 24 horas saltando de nube en nube, tocando el arpa y cantando con los ángeles. 

   Después de las 24 horas, San Pedro lo va a buscar: Ya has pasado un día en el infierno y otro en el paraíso. Ahora debes elegir para toda la eternidad. El señor reflexiona un momento y luego responde: Bueno, el paraíso ha sido descansado, pero creo que he estado mejor en el infierno, elijo el infierno. Así que San Pedro la acompaña hasta el ascensor y otra vez baja hasta el infierno. 

   Cuando se abren las puertas del ascensor, se encuentra en medio de una tierra desierta cubierta de desperdicios. Ve a todos sus amigos tristes, vestidos con harapos recogiendo desperdicios y metiéndolos en bolsas negras. El Diablo lo alcanza y le pone un brazo en el hombro, y el señor le dice: No entiendo, ayer estuve aquí y había un campo de golf y un club. 

   Comimos langosta y caviar, bailamos y nos divertimos mucho. Ahora todo lo que hay es un lugar desértico lleno de porquería, y mis amigos se ven muy miserables. El Diablo lo mira, sonríe y dice: ¡Querido amigo: Ayer estábamos en campaña en nuestro departamento de marketing; y hoy ya votaste por nosotros! 

Conserva tu tenedor. [Lo mejor del banquete] 

   A una señora le descubrieron una enfermedad terminal y le habían dado tres meses de vida. Poniendo sus cosas "en orden" le pidió al sacerdote que fuera a su casa para que la preparara para el momento final. Le dijo qué canciones y lecturas quería para el funeral, y con qué ropas querría ser enterrada y que la enterraran con la Biblia. 

   Cuando el sacerdote estaba preparándose para irse, la mujer recordó algo muy importante para ella y dijo: "hay una cosa más, padre". "Esto es muy importante": "quiero que me entierren con un tenedor en la mano derecha". El sacerdote se quedó extrañado mirando a la mujer. "Esto le sorprende, ¿no es cierto?".  "Bueno, para ser honesto, estoy extrañado por su petición", dijo el     sacerdote. La mujer explicó: "recuerdo que en todos los años que asistí a comidas, cuando retiraban los platos, alguien me decía: ‘Conserve el tenedor’. 

   Era mi momento favorito porque sabía que venía lo más delicioso: torta de chocolate o pastel de manzana. De modo que quiero que la gente me vea en mi ataúd con un tenedor en la mano y si preguntan: ‘¿Para qué es el tenedor?’. Entonces quiero que por favor les diga: ‘Que lo llevo porque lo mejor está por venir’. El sacerdote la felicitó y le dio una hermosa bendición. 

Dios invita, pero no obliga [Somos nosotros los que tenemos el deber de ir a él] 

   Un anciano padre de familia llama a su hijo a Nueva York y le dice: "Odio arruinar tus días festivos, pero tengo que decirte que tu madre y yo nos vamos a divorciar: ¡48 años de matrimonio, y tanta miseria ya es suficiente!" - "Papá, ¿qué estás diciendo?" grita el hijo. "No podemos seguir juntos, la convivencia se ha vuelto insoportable", explicó el anciano padre. "Estamos hartos el uno del otro; ya no nos soportamos" – “¿Por qué papá?, ¡si estaban de maravilla cuando fuimos con mi hermana a visitarlos hace 20 años!" "¡Hijo, no quiero hablar más de esto, y es caro hacerlo por teléfono!, por favor cuéntale a tu hermana que está en Hong Kong". 

   Angustiado, el hijo llama a su hermana, y esta al enterarse explota, gritando por el teléfono: “Como así que se están divorciando” –“Yo me encargo de eso”. Ella llama a su anciano padre de inmediato, y le recrimina: “No se divorcien todavía. No hagan nada hasta que yo vaya. Voy a recoger a mi hermano en Nueva York, y los dos estaremos allá en dos o tres días. Y mientras colgaba el teléfono, recriminando a su papá, le repetía: hasta entonces, no hagan nada, ¿me oyes?” –. El anciano esposo cuelga el teléfono y le dice a su esposa. “Mi amor, lo logramos. Nuestros hijos estarán aquí en navidad y se pagarán ellos el pasaje: Te amo m´ija”. 

Feligrés de buen humor: [Tarjetas de invitación] 

   Un sacerdote fue a visitar a un feligrés muy querido que estaba enfermo. Tocó a la puerta, pero no le abrieron. Antes de retirarse, tomo su tarjeta y escribió en ella: Apocalipsis 3,20” y la dejo pegada a la puerta. El lunes siguiente, al contar la ofrenda del domingo, el sacerdote encontró en la ofrenda, la tarjeta que había dejado donde el feligrés. En la cita: Ap.3,20, se leía: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré a su casa y cenaré con él”. 

    Junto a la tarjeta del padre, el feligrés, -que era de buen humor-, colocó otra, con el texto del Génesis 3,10, que decía: “Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estaba desnudo y me escondí.”. El Padre pronto descubrió el buen sentido del humor de su feligrés y lo llamó para saludarlo. 

Quedé con hambre: [Tener, más bien, hambre por la comida divina] 

Luego de comerse tres platos exquisitos en un lujoso restaurante, el cliente llama al mesero: -Mesero. Quedé con hambre, ¿Qué me aconseja pedir? - ¿Quiere un consejo sincero?: Pida la cuenta y estoy seguro que se le quitará el apetito. 

Banquete en la selva: [Para misa con niños] 

   El rey de la selva va a celebrar una fiesta, entonces dice: Voy a hacer una fiesta. Todos los animales dicen “¡MUY BIEN!”, y el sapo grita: ¡Qué bien me lo voy a pasar! ¡Qué bien me lo voy a pasar! Y dice otra vez el rey: Vamos a tener atracciones y caramelos. Y todos “¡MUY BIEN!”, y el sapo: ¡Qué bien me lo voy a pasar! ¡Qué bien me lo voy a pasar! Y el rey león, aburrido de las impertinencias del sapo, dice: -Todos están invitados, menos ese tonto animal verde, de boca grande y ojos saltones. Y el sapo casi sin mover la boca y cerrando los ojos dice: - ¡Pobrecito el cocodrilo!. 

Papeles invitados a una fiesta: [Para misa con niños] 

   Esta era una fiesta de papeles; en eso llegan las tijeras y todos empiezan a gritar de pánico: ¡¡¡Auxilioooo!!! En eso se oye un disparo y las tijeras caen muertas. Todos los papeles se ponen felices y se preguntan: ¿quién los salvó? Y desde el fondo del salón escucha una voz diciendo: "BOND... PAPEL BOND!

 

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10 oct 2020 16:20