Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 2° Domingo de Cuaresma 28 Febrero de 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 4 mar 2021 16:51 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 4 mar 2021 16:51 ]

Uno cambia en la vida: [El semblante de Jesús cambió]

   "¡Qué rico hueles, mi vida!". "¡Qué perfumada, mi amor!". Éramos recién casados. Fueron frases de rigor. Después del baño él olía a Yardley o qué sé yo; mientras yo me perfumaba con frascos de Christian Dior. Pero hoy... ¡Qué diferencia! Él huele a ungüentos, y yo a las pomadas que me pongo al por mayor ¡Cómo han cambiado los tiempos de cuando él me conoció! Antiguamente, encima de mi escritorio lucían una rosa, su retrato, un perfume y un reloj.  ¿Ahora? Un frasco de aspirinas; el ungüento de rigor, el omeprazol, unas vendas, mis anteojos, la jeringa, la ampolleta, el algodón y el alcohol. 

   Y en su escritorio, amontonados para que quepan mejor, un vaso para sus "puentes", el frasco de la fricción, un libro abierto, sus lentes, jarabe para la tos, agua y la aspirina por si nos viene un dolor...Sin embargo no añoramos "lo que el viento se llevó". Recordamos lo que fuimos, y vivimos nuestro hoy.  En las mañanas, sin prisas, siempre la misma canción: "¿Cómo dormiste, mi cielo?". "Un dolor me despertó"... "¿Cómo te sientes, mi vida?": "hoy tengo un fuerte dolor". Y por las noches, oliendo a pomadas y a inyección, repetimos lo de siempre, lo mismo de ayer y hoy: "Que duermas muy bien, mi vida". "Que duermas muy bien, mi amor"... Rezamos un Padre nuestro, y damos gracias a Dios. 

La chica de la rosa: [El amor permite ver más allá de las apariencias] 

   John X se levantó del asiento, arregló su uniforme, y estudió la multitud que se abría paso hacia la estación central. Buscó la chica cuyo corazón él conocía, pero cuyo rostro nunca había visto: “La chica de la rosa”. 13 meses antes, en una biblioteca de la Florida, leyendo un libro quedó intrigado, por las notas escritas al margen. La escritura reflejaba un alma pura, de grandes valores, y capaz de grandes sacrificios. 

   En la contraportada del libro descubrió el nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell. Con esfuerzo, localizó su dirección en Nueva York. Él le escribió una carta para presentarse, y para invitarla a corresponderle. Al día siguiente, John fue enviado en barco para servir en la segunda guerra mundial. Durante un año y un mes, los dos se conocieron a través del correo, y un romance fue creciendo. John le pidió una fotografía, pero ella se negó, porque sentía que una relación verdadera no se podía fundamentar en la apariencia de una fotografía.  

   Cuando por fin llegó el día en que él regresaría de Europa, arreglaron su primer encuentro a las 7:00 PM en la estación central de Nueva York. -"Tú me reconocerás"- dijo ella, - "por la rosa roja que llevaré en la solapa". Él escribió: “Llevaré el libro en mis manos”. Así que a las 7:00 pm, puntual, John X estaba en la estación buscándola.  El señor "X" relata lo que sucedió: - "Una joven vino hacia mí, era alta y esbelta. Cabello rubio y rizado, ojos azules, y traje verde como la primavera. Caminé hacia ella, sin darme cuenta que no llevaba la rosa. 

   Vi que una pequeña sonrisa curvó sus labios: - ¿Buscas a alguien, marinero?" - murmuró la dama. Di un paso hacia ella, y entonces vi a Hollys Maynell. Estaba parada detrás de la chica, con la rosa en la solapa. Era una mujer de más de 50 años, con cabello grisáceo y algo robusta. Mientras la chica de traje verde se alejaba, sentí como si me partiera en dos, yo deseaba seguirla. Pero reflexioné y me dije: mi anhelo realmente era por la mujer de corazón puro que por correspondencia me había acompañado y apoyado en tiempos difíciles… y…ahí estaba ella: tenía un aspecto amigable y sereno. 

   Me sentí decepcionado, pero ese sentimiento respondía sólo a la fantasía. Contradecía todo lo que, precisamente, con la ayuda de Miss Maynell, había descubierto sobre el amor que va más allá de las apariencias. Fue por eso que di el paso, le extendí el libro y la saludé con auténtico entusiasmo. Esto no sería romance, pero sería algo quizá mejor que un romance; una amistad por la que debía estar eternamente agradecido. 

  - “Soy el Teniente John X, y usted debe ser la Señorita Hollys Maynell, ¿la puedo llevar a cenar?” – El rostro de la mujer se iluminó con una sonrisa: “No sé de qué se trata esto hijo” – respondió ella, - “pero la señorita de traje verde que se acaba de ir, me rogó que usara esta rosa en mi abrigo. Y me dijo que si usted me invitaba a cenar yo le entregara esta rosa para que usted se la lleve. Lo está esperando en el restaurante de enfrente”. Aquel encuentro ocurrió al final de la segunda guerra mundial. John y Maynell, al paso los años sólo aumentaron aquel amor verdadero, que iba más allá de las apariencias. “Dime a quién amas y te diré quién eres 

Transfiguración vs envejecimiento:

 

   Una señora entró a una cita médica. Estando en la sala de espera se percató que el doctor que la iba a atender era un compañero de colegio. Pensó para sus adentros: ¡Pero si este muchacho era el más guapo del colegio y ahora cómo está de cambiado! - ¡Está viejo, calvo y barrigón!  Y pensar que a mí me gustaba. En ese momento la llamaron y entró. Y llena de curiosidad le preguntó al doctor: ¿Usted estudió en tal colegio?... SI, contestó el doctor. Y, ¿porque la pregunta? - Es que yo también estuve en ese colegio. ¿Ah sí? -  Y usted, ¿qué materia dictaba? 

Rostro borroso: [El vicio desfigura, la virtud configura] 

   Dos amigos del campo, bajaron al pueblo, se pusieron a jugar tejo y a tomar cerveza a más no poder. El caso es que estaban empatados, no tanto en el juego sino en la bebida. Después de varias horas se sentaron pues no podían sostenerse en pie; entonces uno le dice al otro: oiga compadre, usted no debería tomar más… y el otro le contesta: pero si hemos tomado igual…y el otro le dice: “Es que te estas poniendo borroso” 

Sabio consejo: [También los discípulos se fatigaron subiendo al monte] 

   Una paciente de sesenta años le pregunta al doctor: Oiga doctor, cuando subo la pendiente para llegar a mi casa me fatigo muchísimo, ¿Qué me aconseja tomar? Y el médico le responde: ¡señora, yo le aconsejo que tome un taxi! 

Con Jesús, sabemos a dónde vamos 

   Un asmático sube con mucha dificultad 6 pisos; llama a la puerta, le abren y dice: – Doctor, tengo mucha asma, ¿Qué me recomienda? – Fácil, no fume, no beba, descanse y cómprese unos lentes. – Y, ¿qué tienen que ver los lentes con el asma? – Son para que encuentre el consultorio del doctor, que está en el segundo piso. Yo soy el albañil. 

Estar en lo alto, pero seguros: [En la cima del monte, Cristo da seguridad.] [Niños] 

   Unos monos estaban trepados en lo más alto de un árbol gritando y tirándole cocos y ramas a un tigre que pasaba. Y lo ofendían diciéndole: Esas rayas son falsas, se parece más bien a una cebra, solo eres un peluche; y así todo el tiempo se burlaban a más no poder. De pronto se partió una de las ramas y uno de los monos, - el que más se burlaba de él-, cayó al suelo; el tigre se queda mirándolo fijamente... Y el mono asustado le dice: ¡Me tuve que bajar! Esos micos son muy cansones y no respetan, ¡cierto señor tigre?

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