Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 30° Domingo del Tiempo Ordinario, 27 de Octubre, 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 27 oct 2019 19:07 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 27 oct 2019 19:35 ]
Tener sed de Dios. [Para orar, hay que tener sed de humildad, sed de Dios] 

   En un día muy caluroso, el tren se detuvo en la estación. Y un niño estaba vendiendo agua desde los andenes. Se acercó un señor a la ventanilla y le preguntó: “¿Cuánto cobras por el pocillo de agua?” - “Cincuenta céntimos de dólar”, respondió el muchacho. “Te doy treinta” regateó el caballero. 

   Y el muchacho, sin hacerle caso siguió adelante donde muchos le estaban solicitando agua. El señor se molestó y le grito: “¡Te he llamado yo primero!” Pero el muchacho con gran entereza le contestó: “A usted yo no le vendo agua, Señor. Usted no tiene sed. Si tuviera sed, no regatearía”.

Rey indulgente: [La grandeza de reconocernos pecadores…] 

   Federico, Rey de Prusia, visitó una cárcel del país porque ese año quería darle el indulto a uno de los condenados. Entrevistó uno a uno, preguntándoles porqué estaban en la cárcel. Todos se declaraban inocentes, buenas personas y víctimas de la injusticia y de los demás. 

   A uno de los últimos condenados, le dijo: Supongo que usted es también inocente. El hombre le contestó: “No majestad: yo soy culpable y merezco ser condenado por lo que hice”. Entonces el rey dijo a los guardias: “Suelten a este hombre: no conviene que un tipo tan malo esté entre tanta gente tan buena”. 

¿Ser mejores que los demás?  

  Cuatro monjes hicieron voto de silencio por un mes en el que tenían que irse a caminar por la ciudad. A los 8 días, uno de ellos dijo: “Perdonen que rompa el voto de silencio, pero me parece que dejé la puerta abierta del monasterio.” “¿Por esa tontería tenías que romper el voto?” dijo el segundo. “Tú también lo rompiste!” dijo el tercero. El cuarto dijo: “¡Gracias a Dios que yo no he hablado!”

Demasiado seguros como el fariseo

    A una distinguida dama de mentalidad muy religiosa, a la que no le satisfacía ninguna de las religiones existentes, se le ocurrió fundar su propia religión. Un periodista, que deseaba sinceramente comprender el punto de vista de tan distinguida dama, le preguntó un día:

- ¿De veras cree usted, como dice la gente, que nadie irá al cielo, a excepción de usted y de su empleada? – La distinguida a dama reflexionó unos instantes y respondió: - ¡Bueno, de mi pobre empleada no estoy tan segura…! 

Fueron por lana. [Por creerse más que los demás]. 

   Llega un hombre humilde, a un bar con un radio bajo el brazo ofreciéndolo en venta. En una mesa cercana hay varios citadinos quienes, al ver al humilde hombre, se proponen quitarle la radio sin pagarle un centavo. Uno de los citadinos le comenta a los otros: Les aseguro que con unas cervezas encima, ese hombre terminará regalando el radio. 

   Lo invitan a sentarse con ellos y le preguntan: ¿En cuánto nos vendes tu radio? En 30 dólares, responde de manera ingenua. Ok, dice el citadino, vamos a tomarnos unas cervezas y luego hablamos. Al rato ya se han tomado varias cervezas y el citadino vuelve a preguntar: Y entonces, ¿En cuánto lo vende? Bueno, deme 10 dólares, responde el buen hombre. 

   Me parece mejor, dice el citadino. ¡Vamos, te invito a otras cervezas! Luego de un buen rato le pregunta: Y ahora, ¿En cuánto me la vendes? Deme 5 dólares para poder irme a mi casa. El citadino, viendo la posibilidad de quedarse con el radio, decide continuar con la ronda de cervezas y luego de un buen rato insiste: Y ahora, ¿En cuánto me lo vendes? A lo que el buen hombre responde: Le voy a decir la verdad, yo quería vender el radio para tomar cerveza, y como ya estoy borracho he decidido no venderlo, y ya me voy a mi casa.

Dos tipos de oración [El fariseo y el publicano] 

   Dos hombres: José y Juan oran en el templo. José pide con la siguiente oración: “Señor has que mi negocio crezca un 50 por ciento este año”. Y así lo repetía una y otra vez. Juan, vecino de banca oraba así: 

   “Señor, regálame 10 mil pesos para almorzar”, al escuchar esto, José saca de su bolsillo los 10 mil pesos y se los da a Juan, diciéndole: “Tome, vaya a almorzar y no me distraiga a Dios con pequeñeces” 

León presumido: [Para niños] 

   Un león despertó una mañana con ganas de presumir por ser el rey de la selva. Así que acorraló a un chanchito y rugió, "¿Quién es el más fuerte de todos los animales de la selva?". El chanchito, todo tembloroso, dijo: "Tú eres, rey león." Más tarde, el león atrapó un venadito y le dijo: "¿Quién es el más poderoso de todos los animales de la selva?".- "Oh, gran león, tú eres el más poderoso de todos." 

   Ya presumido, el león llegó hasta donde un elefante y rugió, "Quién es el más poderoso de todos los animales de la selva?".- Y como un relámpago, el elefante atrapó al león con su trompa, lo golpeó contra un árbol más de 6 veces, saltó encima de él hasta dejarlo como una tortilla, y se marchó caminando lentamente. El león soltó un quejido de profundo dolor, levantó la cabeza y le gritó al elefante: "¡Oye, no tenías que enojarte tanto por no saber la respuesta!" 

Ratón arrogante y engreído: [Para niños] 

   Un día de sol un elefante se bañaba en un río de la selva. Un ratón se acercó a la orilla y contemplaba al elefante y le dijo: elefante, salga del agua. - ¿Para qué?  - Cuando salgas te lo diré. El elefante salió del agua y le preguntó: ¿Qué querías, ratón? – Y el ratón, le respondió: “Sólo quería ver si llevabas puesto mi traje de baño”. 

Conductor sobrado: 

   Un señor de avanzada edad conducía despacio por una autopista, su Renault 4, de 30 caballos de fuerza, cuando de repente un Lamborghini lo adelanta a 200 km por hora pitando.

    El conductor lo toma como una ofensa y empieza a acelerar, pero no logra adelantarlo, porque, obvio que un Renault 4 no puede ganarle a un Lamborghini. 

   Más adelante, el dueño del Lamborghini, ve el mismo Renault 4 parqueado delante de un bar y a su anciano dueño bajando de él; entonces, baja la ventanilla y le grita: ¡600 caballos! 

   Y sigue a toda marcha, pero más adelante se encontró con una curva muy cerrada y, como iba a mucha velocidad, se estrelló y cayó a un río que pasaba por un lado de la carretera. 

   El señor del Renault 4, pasa delante del accidentado Lamborghini y le grita al dueño: ¡Ah, conque ¿dándole de beber a los caballos!?
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