Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 31° Domingo del Tiempo Ordinario, 1 de Noviembre de 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 1 nov 2020 17:30 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 1 nov 2020 17:32 ]

Vitral roto.


   Durante la lucha civil y religiosa del cisma de Inglaterra, los protestantes entraban en las iglesias y destruían todos los símbolos religiosos. En la catedral de Winchester hicieron añicos un magnífico vitral. Los cristales multicolores yacían esparcidos por el suelo. Imposible recomponerla. ¿Qué hacer con todos esos diminutos cristales? Los feligreses los recogieron con mucho cuidado.

 

   Mucho antes de que naciera el arte abstracto, los juntaron todos y los colocaron en una gran ventana. Hoy, muchos años más tarde, el mismo sol brilla a través de los mismos hermosos colores, un caleidoscopio de cristalitos, colocados de distinta manera, pero formando un cuadro más significativo. ¡La luz de Dios tiene que seguir brillando a través de esos cristales y a través de nosotros, aunque a veces estemos hechos añicos!

 

El niño y los vitrales: 

   Un día un padre y su hijo entraron en una iglesia. El niño se quedó mirando los grandes vitrales de las ventanas. Los rayos del sol los atravesaban y llenaban la iglesia de un color especial. El niño preguntó a su padre: -Papá, ¿qué es eso que brilla y que tiene tantos colores? Y el padre respondió: -Son vitrales: ventanas que están hechas con cristales de muchos colores y que forman algún dibujo con ellos.

    El niño se quedó mirando hacia arriba y continuó preguntando: - ¿Y quiénes son esos señores que están dibujados en esos vitrales? El papá le contestó: -Son santos. - ¿Santos? ¿Y quiénes son los santos? - preguntó extrañado el niño. – Fueron personas tan buenas, que a través de ellas se podía ver lo bueno que era Dios. Pasaron por la vida haciendo el bien.

    Después de quedarse pensativo, el niño dijo a su padre: - Entonces ¿los santos son como los vitrales? - El padre no entendió esta respuesta, pero el niño continuó hablando: - Si a través de los vitrales podemos ver la luz del sol, a través de los santos podemos ver la luz de Dios. El papá quedó sorprendido por la respuesta de su hijo y le dijo: -Veo que has comprendido. Ahora ya sabes cómo puedes llegar a ser un santo como lo fueron ellos.

Hermanos no tan santos:

 

   Javier y Pablo eran dos hermanos malvados, pero asistían a la misma Iglesia, aunque estaban siempre envueltos en toda clase de vicios y artimañas. Cuando Pablo murió, Javier le entregó al pastor un cuantioso cheque para que mandara construir un nuevo templo a todo lujo. “Sólo le pongo una condición: que en el oficio fúnebre diga que mi hermano era un santo”, le aclaró en tono despótico. El pastor accedió y depositó el cheque en el banco. En la ceremonia fúnebre, subió al púlpito y declaró: “Pablo era un hombre malvado que engañaba a su mujer y traicionaba a sus amigos. Sí, amigos, Pablo era un desastre, pero, comparado con Javier, Pablo era un santo. 

¡La bienaventuranza eterna…comienza aquí! 

   En una familia, había dos hijos: Juan que era dedicado a su estudio. Y Felipe, que se la pasaba de fiesta en fiesta derrochando el dinero en juegos de azar. Juan iba con sus padres a Eucaristía todos los Domingos y a la salida iban a visitar unos ancianitos cerca de su casa, los cuales vivían molestos con Felipe porque el ruido de su moto no los dejaba descansar. Un día, desafortunadamente, Felipe se accidentó en su moto y murió. Haciendo la fila para entrar al cielo llegó frente a San Pedro y lo saludó. San Pedro le preguntó si creía que se merecía el Cielo. Felipe no contestó y San Pedro le dijo que pasara a la fila que iba al infierno. 

   Felipe se asustó y preguntó qué debería hacer para entrar al cielo. “Ser buen hijo, buen hermano, vivir las bienaventuranzas y hacer buenas obras”, te asegura el cielo. Entonces se devolvió y vio que en la fila para entrar al cielo iba uno de los ancianitos a quien no dejaba descansar con el ruido de su moto. Recordando lo de “hacer buenas obras de caridad”, decidió jugársela toda. Entonces se ofreció a llevarlo en su espalda tomando la postura de un burrito. Cuando llegaron a la puerta del cielo, San Pedro levantando la mano dijo: hay una nueva orden: “hoy ingresan al cielo los amos, los animalitos van al infierno”. 

Santidad cotidiana: [Llave de la felicidad eterna] 

   Un joven, poco espiritual y que se creía muy listo, iba por la calle y vio un letrero donde decía: “se hace la llave de la felicidad” Ese entra y ve que el cerrajero es un ancianito, -que ciertamente era muy piadoso y muy sabio-: “es cierto que usted hace la llave de la felicidad”? El ancianito le dijo que sí. Y el joven, con cierta incredulidad y picardía, le dice: entonces hágame una docena. Pero el cerrajero, muy sabiamente, le contesta: ¡Con mucho gusto jovencito, pero muéstreme la copia! 

Letanías para exámenes finales: [Para estudiantes]

   San José... ¡Ayúdame que no sé!/ San Simón... ¡Que no vaya a recuperación!/ Santo Tomás... ¡Pal' próximo estudio más!/ Santa Pilar... ¡Que me pueda copiar!/ Santa Raquel... ¿Me copio de este o de aquél?/ San Marcial... ¡Que pase el examen final!/ San Celestino... ¡Esto está en chino!/ San Silvestre... ¡Que salve el semestre! 

¿Qué tan santos somos? 

  Muere el marido y en el cementerio un amigo reza por él diciendo: “Estamos aquí para despedir al gran amigo, al hombre honesto y cabal, lleno de cualidades y aptitudes, el marido modelo, el padre ejemplar” Al oírlo, la viuda coge de la mano a su hija y le dice: Hijita. ¡Vámonos de aquí, que nos equivocamos de entierro!

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1 nov 2020 17:30