Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 32° Domingo del Tiempo Ordinario, 10 de Noviembre, 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 11 nov 2019 8:21 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 11 nov 2019 8:43 ]

Conserva el tenedor. 

   Martha al teléfono: Padre Juan. ¿Podría venir esta tarde? Necesito hablar con usted. ¿Por supuesto hija, ahí estaré! El Padre llegó, se sentó y la escuchó atentamente. “Dice el doctor que es probable que viva sólo seis meses. Dios ha sido bueno. He vivido una vida prolongada. Estoy lista para partir a la eternidad”. Charlaron durante mucho tiempo con tranquilidad. Hablaron sobre las flores favoritas de Martha, la música, los pasajes de la Biblia que le habían ayudado, y todo lo que compartieron durante los cinco años que el Padre había estado en la parroquia. 

   Martha hizo una pausa, miró al Padre y le dijo: “Cuando me entierren, deseo tener mi vieja biblia en una mano y un tenedor en la otra”.

   ¿Un tenedor? Preguntó el Padre: ¿Por qué desea que la entierren con un tenedor? Recuerdo todas las cenas y banquetes a los que asistí en muchos años, y algo que no olvido es que, en todos los banquetes, al terminar la comida, alguien se inclinaba sobre mi hombro y me decía: “Conserve el tenedor” ¿Sabe lo que significaba eso? ¡Que vendría algo sabroso, como un pastel de chocolate o un pie de manzana! 

  
Cuando me decían que podía conservar el tenedor, sabía que lo mejor estaba por venir. Por eso quiero que cuando pasen junto a mi ataúd y miren mi vestido azul, deseo que se pregunten:

 ‘¿Por qué tiene un tenedor?’ Entonces, quiero que por favor usted les diga, que conservo mi tenedor porque estoy segura ¡Que después de la muerte, lo mejor está por venir!… 

Águila adoptada: [Destinados a la eternidad] 

   Un hombre encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos. Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, al igual que los pollos. Después de todo, ¿no es así como vuelan los pollos? Pasaron los años y el águila se hizo vieja. 

   Un día divisó por lo alto, en el cielo azul, una magnífica ave que flotaba elegante y majestuosa por el aire, moviendo sus poderosas alas. La vieja águila sintió como un sacudón en su interior; miraba extasiada y maravillada hacia arriba: “¿Qué es eso?”, preguntó a una gallina que estaba junto a ella.
“Es el águila, el rey de las aves”, 
respondió la gallina.    “Pero no pienses en ello. Tú y yo somos diferentes de ella, sigamos comiendo maíz”. De manera que el águila no volvió a pensar en ello. ¡Y murió creyendo que era una gallina de corral!, ignorando que estaba destinada a las alturas. 

Dios en primer lugar: [ Como los Macabeos: poner a Dios en primer lugar]. 

   Una señora le pidió a un sacerdote que le ayudara a hacer el presupuesto familiar. Era un pedido insólito, porque el sacerdote no tenía experiencia en finanzas. Pero ella insistía y el sacerdote hizo lo que podía. Hicieron una lista de los gastos familiares: arriendo, servicios, comida, gastos escolares, seguros etc. Con los ingresos limitados de la familia, parecía imposible cubrirlo todo. No obstante, el sacerdote le dijo: "Y lo del diezmo?" "Cómo?" le pregunto ella. 

   El padre le dijo que “el diezmo, consiste en darle algo a Dios, por todo cuanto él nos da”.

  “Ella le dijo que con todos los gastos era imposible. Sin embargo, algo extraño sucedió. Cuando separó el diez por ciento para Dios y trabajó con el noventa por ciento, empezó a ver las cosas diferentes: 

   Algunos de las prioridades cambiaron – y el presupuesto se balanceó. 

   Grandes cosas suceden cuando ponemos a Dios en primer lugar. 

La reencarnación. [Nuestro destino es vivir] 

   Unas damas se reúnen todos los jueves a tratar diversos temas. El turno es para Sofía y el tema es la reencarnación. Sofía le pide ayuda a su esposo Ricardo, quien era católico, pero no muy practicante. ¡Qué quieres saber? le pregunta Ricardo. -Yo quiero explicar lo que significa la reencarnación, pero con un ejemplo que me entiendan y así lucirme. Ayúdame. Te voy a decir lo que yo pienso de la reencarnación. Pon atención: tú te mueres, te entierran, y la tierra en su proceso evolutivo convierte tu cuerpo en materia. 

   El tiempo convierte esa materia en un vegetal, y sales a la luz convertida en un vegetal; ósea tú eras, pero ahora eres vegetal, por ejemplo, una lechuga; pasa una vaca, te mira, te come, te digiere y te tira. Paso yo y digo: “Sofía, qué cambiada estas”. Sofía le dice: ¿esa es la reencarnación? - “Según mi concepto, si”. ¡Ah…pero yo estaba muy equivocada! - Espérate, yo anoto, pero corrígeme para no meter la pata. ¡Yo hago el ejemplo, pero contigo, vale, Ricardo? - Si dale…Tú te mueres, te entierran, la tierra te da vueltas…No. 

   Te dije que la tierra en su evolución…Bueno…la tierra en su evolución te convierte en materiales…

   No, materiales no, eso es para hacer casas…Te dije, materia. 

   Bueno, te convierte en materia, y con el paso del tiempo tú sales al planeta convertido en un vegetal. 

¿Voy bien? Si, dale: ya eres un vegetal, pasa la misma vaca que me comió a mí, te mira, te come, te digiere, te tira…Paso yo y te digo: ¡Ricardo no has cambiado nada! 

¿Matrimonio feliz? 

   Un sacerdote estaba confesando en una parroquia de Nueva York; una señora de noventa años vino a confesarse y a exponer sus dudas sobre la vida después de esta vida. Padre, en los sermones de los funerales el predicador siempre trata de consolar a las viudas con tantas palabras prometiéndoles que en la vida eterna se reunirán con sus maridos. Mire padre, yo me he aguantado a mi marido durante sesenta años y no quisiera aguantarlo por la eternidad. 

Hasta que la muerte nos separe. 

   Se murió Manuelito, y al tiempo se murió su esposa. Él era un parrandero. Cuando la mujer llegó al cielo, lo primero que hizo fue preguntar por su Manuelito. Cuando lo vio le gritó: ¡Manuelito…Manuelito!, y Manuelito le contestó: “Un momento, el compromiso fue hasta que la muerte nos separara”. 

El millón del papá: 

   Estaba la familia reunida ante el féretro del padre, recién fallecido. El hijo menor dice: - Ahora tendremos que hacer realidad la última voluntad de papá: “Ser enterrado con un millón de dólares en el ataúd”. El hijo mediano añade: - Sí, bueno... pero en realidad sólo pondremos 750.000 dólares, porque hay que descontar el 25% de impuestos. 

   El hijo mayor añade: - También tendremos que deducir el 16% de IVA. Y la viuda interviene de forma resuelta, diciendo: - ¡Basta ya! su papá no merece tantos regateos. ¡Se le enterrará con la tarjeta de crédito... y que él gaste lo que quiera!    

El paraíso para animales. [Para misa de niños] 

   San Martin de Porres cuida el paraíso de los animalitos. Dios lo escogió porque, como San Francisco, tuvo un gran cariño por los animales. Una vez murió un gato y cuando llegó al paraíso para animales, San Martín le preguntó qué quería. El gato respondió, "Toda mi vida he dormido en pisos. Quiero una cobija enorme." Después del gato llegó un grupo de ratoncitos. San Martín les preguntó qué querían. 

   El ratoncito principal replicó, “Tuvimos una vida muy difícil. Todos nos perseguían.

   Lo que queremos son unos patines.” Entonces San Martín los equipó con patines pequeños.  Pasaron unas semanas y San Martín visitó el gato. El gato irradiaba felicidad. 

“Mi cobija es tan cómoda que jamás quiero salir de ella,” le dijo. Luego añadió, “Y, a propósito, gracias por la comida rápida.” 

Futbol en el cielo: 

   Eran dos amigos que les encantaba jugar al fútbol, a lo que dedicaban la mayor parte de sus ratos libres. Y le dice uno a otro: - Pepe, ¿qué vamos a hacer si cuando nos muramos, en el cielo no haya fútbol? - No lo sé, sería algo terrible. Se muere Juan, y Pepe sigue con el fútbol. Y un día estando en casa, oye una voz. - Pepe, soy Juan. - ¿Juan, eres tú? - Sí, estoy en el cielo, y tengo dos noticias que darte, una buena y otra mala - ¿Cuál es la buena? - Que en el cielo si juegan fútbol, y además muy bien. - Estupendo, que maravilla, dijo Pepe. ¿Y cuál es la mala? - ¡Que el domingo próximo tienes partido! 

Tres amigos en un velorio:

   Uno le dice al otro: cuando yo me muera, quisiera que dijeran de mí: ¡Cómo fue de buena persona, querido, generoso! - El otro dice: yo también quisiera que dijeran de mí: ¡Cómo era de guapo, tan querido, qué lástima que se haya muerto! - Y le preguntan al tercero, ¿qué le gustaría que le dijeran cuando muriera? Y después de una pausa dice: Me gustaría que alguien se acercara a mi ataúd y dijera: “¡Miren, se está moviendo!
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11 nov 2019 8:21