Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 33° Domingo del Tiempo Ordinario, 15 de Noviembre de 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 10 nov 2020 17:01 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 24 nov 2020 16:28 ]

Talentos cotidianos: [El hijo verdadero]. 

   Un anciano estaba sentado cerca del pozo donde tres mujeres sacaban agua. Conversaban alabando las cualidades de sus hijos. La primera dijo: "Mi hijo es tan ágil que nadie lo supera". La segunda contaba: "El mío canta tan bonito que todos se quedan impresionados". Le preguntaron a la tercera: "¿Qué cualidades tiene tu hijo?". Ella contestó que no había nada especial en él y que era un chico normal. Las mujeres iban a la casa cargadas con los baldes pesados. 

   El anciano las seguía. Cuando las mujeres estaban descansando, vinieron al encuentro los tres hijos. El primero caminaba sobre sus manos y todos lo admiraron. El segundo cantaba con tanta hermosura que todos se quedaron embelesados. El tercero se acercó a su madre, cogió los baldes para llevarlos a la casa. Las mujeres preguntaron al anciano: "¿Qué piensas de nuestros hijos?". El anciano preguntó a su vez: "¿Dónde están los tres hijos? ¡Yo sólo veo a uno! "Más importante era en ese momento ayudar a su madre que cantar o hacer acrobacias. Mira todo lo que Dios te ha dado como talento: ser hijo, y no solamente ser hijo de tus padres sino ser hijo de Dios, ser hermano y ser amigo… 

¿Cuántos talentos perdidos? [Por poco que tengamos, valorarlo todo] 

   Cierta vez, un monje muy sabio se encontró en el camino a la ciudad con un hombre que andaba con el ceño fruncido — ¿Le sucede algo malo? —preguntó el sabio. El hombre levantó un talego inservible y se quejó: — Todo lo que tengo en el mundo cabe en este saco miserable. — Es una lástima — dijo el sabio y, acto seguido, el sabio le arrebató el talego de las manos y desapareció corriendo por el camino. 

   Después de haber perdido todo, el hombre estalló en llanto y más miserable que antes, siguió andando. Mientras tanto, el sabio se detuvo a la vuelta de una curva y dejó el talego del hombre en medio del camino, donde pudiera verlo. Luego, se escondió detrás de unos arbustos. Cuando el hombre llegó y vio su talego, gritó de alegría: — ¡Pensé que te había perdido, y abrazaba el talego! – Desde su escondite, el sabio se sonreía pensando: “Bueno, esta es una manera de hacer feliz a alguien, aunque sea solo con un talego”. 

En lo indebido, nada es talento [Edificar con el talante de hijos de Dios]. 

   Un joven maestro de obras había terminado su aprendizaje y estaba listo para comenzar a trabajar. Su tío, un rico cervecero, le encargó construir una casa grande con los mejores materiales. El joven se dedicó con entusiasmo a la obra. Pero después de un tiempo quiso ganar más de lo debido. En lugar de utilizar materiales nobles construyó la casa con desechos que otros no querían. Ahorraba en los cimientos, en las ventanas y en el techo. Al terminar la obra entregó las llaves a su tío. 

   Este firmó el cheque por todo el trabajo y le devolvió las llaves. “Quiero regalarte esta casa para que vivan en ella tú, tu mujer y tus hijos”. El joven se mudó con su familia. Al poco tiempo, la casa tenía las paredes vencidas, el aire soplaba por las ranuras de las ventanas mal puestas y el techo goteaba. Reflexión: No sabemos cuándo se termina el contrato con Dios y debemos estar listos para rendir cuentas de cómo fuimos construyendo la eternidad”.  

Clavos García: [Perseverar en los talentos]

 

   Un gallego muy creyente abre su negocio a dos pasos del Vaticano y como letrero cuelga un enorme crucifijo, y bajo la figura de Jesús clavado en la cruz, pone un cartel luminoso que dice: "Clavos García. 2000 años de garantía". El escándalo es mayúsculo. Monseñor Fanfanni, editor de l’Obsservatore Romano, va personalmente y habla con el gallego y, de forma delicada, le explica que no se debe hacer este tipo de publicidad... ¡Y mucho menos en Roma!.

 

   El gallego, hombre razonable y recursivo, modifica la figura del Cristo crucificado por otra que tiene solo una mano clavada y la otra suelta saludando al público y debajo de la cruz un nuevo letrero luminoso que dice: “Adivinen en qué mano se usó un clavo García”. El escándalo llega a oídos del Papa quien, perturbado, va hasta el negocio del gallego. Y le dice: “Hijo mío, no puedes usar a la figura de Nuestro Señor para tus anuncios comerciales… Por favor, ¡inventa otra cosa!”.  El recursivo gallego coloca ahora una cruz vacía y debajo un nuevo cartel luminoso donde dice: “Si los clavos fueran García, ¡Ni Cristo se escaparía!

 

La rifa: [habilidad y talento]

 

   Un joven de la ciudad decidió irse a trabajar en el campo, y le compró un burro a un campesino por 100 Euros. El campesino acordó entregarle el burro al día siguiente, pero cuando lo fue a recoger, el campesino le dijo: - Lo siento mucho, el burro se ha muerto. – Está bien, entonces devuélvame el dinero que le di por el animal. – Me es imposible; ya lo gasté todo. – Muy bien, en ese caso deme el burro. - ¿Para qué? ¿Qué va a hacer con un burro muerto? – Lo voy a rifar. - ¡Se ha vuelto loco? ¿Pretende rifar un burro muerto? – Es que no voy a decir a nadie que el burro está muerto. Un mes más tarde los dos hombres se encontraron y el campesino le preguntó al joven comprador: - ¿Qué pasó con el burro? – Lo rifé. Vendí 500 boletas a 2 Euros cada una, y gané 998 Euros. - ¿Y nadie se quejó? – Solo el ganador… pero a él le devolví sus 2 Euros. 

Perseverante y recursivo con los talentos 

   Iba Jaimito con su carreta llena aguacates, y gritando con voz fuerte: ¡aguacates! ¡aguacates! De pronto cogió una bajada muy peligrosa y el pobre Jaimito rodó, con carreta y aguacates, y todo, y fueron a parar al final de la calle. Jaimito, todo golpeado y viendo que los aguacates habían quedado totalmente magullados, levanta su carreta, acomoda todo y empieza a gritar: ¡guacamole! ¡guacamole!

 Sansón y el burro. [Fuerza al servicio de Dios] 

   Si Sansón mató a 10.000 filisteos con la quijada de un burro, con los talentos que Dios nos ha dado, ¡qué no haremos nosotros, que somos más que un burro! (Santo cura de Ars).  

Perseverar por un bien mayor 

   Un sacerdote estaba distribuyendo Biblias para que las personas las vendieran y ayudaran a financiar la remodelación de su iglesia. Un día llegó un tartamudo a ofrecer sus servicios. El padre, conmovido por su intención de ayudar, le dio unas biblias al tartamudo. Por la tarde, al cerrar cuentas, el padre iba preguntando a sus colaboradores: ¿Cuántas vendieron?"  - Uno decía: vendí dos. Otro decía: vendí una”. Entonces le preguntó al tartamudo: "Y tú, ¿cuántas vendiste?" El tartamudo le respondió: TODAS. - Pero, ¿cómo pudiste vender todo?" – Simple, dijo el tartamudo. - Yo llegaba con la persona y le pre... preguntaba: ¿usted va a co...co...comprar una bi...bi...Biblia, o pre...pre...prefiere que yo se... se...se... la lea?" 

Chepito cobrador [Dios nos pide cuentas de todo lo que nos da: Para misas con niños] 

   Un cobrador de dinero prestado toca a la puerta de la casa del deudor; sale un niño y le a la dice: ¡A la orden! - El hombre le pregunta: ¿Estará tu tío? - El niño responde: ¡No! ¿Volverá pronto? Pregunta el hombre. ¡No sé! - dice el niño. ¿En qué momento lo puedo encontrar? - dice el cobrador. Eso será muy difícil, dice el niño. ¿Por qué? pregunta el cobrador. ¡Porque solo se encuentra cuando usted no viene!

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10 nov 2020 17:01