Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 3 °Domingo de Pascua, 18 Abril de 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 20 abr 2021 16:15 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 20 abr 2021 16:15 ]

Las apariencias engañan.

 

   Una mujer, con un vestido de algodón barato y su esposo, vestido con un humilde traje, se bajaron del tren en Boston, y sin tener una cita, caminaron tímidamente a la oficina de la secretaria del Presidente de la Universidad de Harvard. La secretaria adivinó en un momento que esos campesinos venidos de los bosques, no tenían nada que hacer en Harvard. – ‘Desearíamos ver al presidente’ -dijo suavemente el hombre. -‘Él está ocupado‘, contestó la secretaria. “Esperaremos” - replicó la mujer.

 

   Por horas la secretaria los ignoró, esperando que la pareja finalmente se desanimara y se fuera. Ellos no lo hicieron, y la secretaria, al ver que no se iban, finalmente decidió interrumpir al presidente, aunque era una tarea que ella siempre evitaba. - ‘Tal vez si usted conversa con ellos por unos minutos, se irán”, - dijo la secretaria al presidente de la universidad. El hizo una mueca de desagrado, y asintió. Alguien de su importancia obviamente no tenía el tiempo para ocuparse de gente con vestidos y trajes baratos.

 

   Y el presidente, con cierto mal genio, pero con dignidad, se dirigió con paso arrogante hacia la pareja. La mujer le dijo: “Tuvimos un hijo que asistió a Harvard por sólo un año. Él amaba a Harvard. Era feliz aquí.  Pero hace un año, murió en un accidente. Mi esposo y yo deseamos levantar algo, en alguna parte del “campus”, que sea en memoria de nuestro hijo”. El presidente no se interesó. – “Señora’, dijo ásperamente, ‘no podemos poner una estatua para cada persona que asista a Harvard y fallezca. Si lo hiciéramos, este lugar parecería un cementerio” – ¡Oh no¡, explicó la mujer rápidamente. – “No deseamos erigir una estatua.

 

   Pensamos que nos gustaría donar un edificio a Harvard” - El presidente abrió sus ojos; echó una mirada al vestido que traían y entonces exclamó: - ¿Un edificio? ¿Tienen alguna remota idea de cuánto cuesta un edificio? ¡Hemos gastado más de siete millones y medio de dólares en los edificios aquí en Harvard! - Por un momento la mujer quedó en silencio. El presidente estaba feliz. Tal vez se podría deshacer de ellos ahora. La mujer se volvió a su esposo y le dijo suavemente: - ‘¿Tan poco cuesta iniciar una universidad? ¿Por qué no iniciamos la nuestra?’.

 

   Su esposo asintió. El rostro del presidente se oscureció en confusión y desconcierto. El Sr. Leland Stanford y su esposa se pusieron de pie y se fueron, viajando a Palo Alto, California, donde establecieron la Universidad Stanford que lleva su nombre, en memoria de un hijo del que Harvard no se interesó. 

El semáforo: [Dar testimonio del resucitado, con coherencia de vida] 

   El semáforo se puso amarillo justo cuando él iba a cruzar en su automóvil y, como era de esperar, hizo lo correcto: se detuvo en el paso cebra de peatones, a pesar de que había podido rebasado la luz roja, acelerando a mil. La mujer que estaba en el automóvil detrás de él estaba furiosa. Le pitaba con insistencia durante un largo rato y en voz alta lo insultaba ya que por culpa suya no pudo avanzar… y para colmo, se le cayó el celular y se le dañó el maquillaje. 

   En medio de su pataleta, oyó que alguien le tocaba el vidrio de la puerta. Era un policía mirándola muy seriamente que le ordenó salir del carro con las manos arriba, y la detuvo. La llevó a la comisaría donde le revisaron de arriba abajo, le tomaron fotos, las huellas digitales y la pusieron en una celda. Después de un par de horas, un policía se acercó a la celda y abrió la puerta. La señora fue escoltada hasta el mostrador, donde el agente que la detuvo estaba esperando con sus objetos personales: – “Señora, lamento mucho este error”, le explicó el policía. 

   “Le mandé bajar mientras usted pitaba desaforadamente, como queriendo pasar por encima al automóvil de delante, maldiciendo, gritando y diciendo palabras soeces. Mientras la observaba, me percaté de que de su retrovisor colgaba un Rosario y que su coche tiene en el parachoques un adhesivo que dice ‘¿Qué haría Jesús en mi lugar?’. Además, vi un adhesivo que decía ‘Yo escojo la Vida, Jesús te ama’ y otro que decía ‘Sígueme el Domingo a la Iglesia’ y, finalmente, el emblema cristiano del pez. Como es de esperar, supuse que el automóvil era robado.”

El espejoEra Jesús, pero no lo reconocían, porque estaba resucitado!]

   Un bobito iba por la calle y se encontró un espejito de cartera, lo levantó, se miró y dijo: pues ... ¡Yo a este tipo lo conozco!, y guardó el espejo en el bolsillo del pantalón. De regreso a su casa, volvió a mirarse en el espejo y repitió: ¿Pero, ¿dónde he visto yo a este tipo? - Al entrar a su casa, guardó el espejito otra vez en el bolsillo del pantalón. Se sentó a la mesa del comedor. Mientras Josefa, su esposa, que también era bobita, le servía la comida, el bobito volvió a mirarse en el espejo y dijo: “estoy seguro que yo a este tipo lo conozco”.

   Curiosa, Josefa le pregunta: Oye, José, ¿qué tienes en la mano? -Nada importante, m’hija, y guardó nuevamente el espejo en el bolsillo del pantalón. Terminada la cena, el bobito se fue a dormir dejando el pantalón sobre la silla. Josefa se quedó intrigada, y una vez dormido el bobito, retiró el espejo del bolsillo…Se miró en el espejo y dijo: ¡Lo sabía! - ¡Una foto de mujer…! 

Es ÉL mismoPero no el mismo 

   Resulta que un hombre decide disfrazarse de pobre y pedir limosna. Un día estaba sentado pidiendo limosna, y justo pasa su novia, lo ve y le dice: – Mi amor, ¿eres tú? Y él le dice: – Señorita, creo que usted se equivocó; “yo no soy”. Ella dice: – Iré a la casa de mi novio y comprobaré si es verdad. Él se apresura, se va corriendo a su casa y se quita el disfraz. Cuando su novia llega le dice: – ¿Sabes una cosa? Vi un hombre, muy, pero muy parecido a ti pidiendo limosna. Y él le contesta: – ¡Mi amor ya te dije que no era yo!. 

El Pastor y el sacerdote [Jesús envía a sus discípulos a evangelizar] 

   Un pastor evangélico se reunía en el camino, todos los días con un sacerdote para ir a evangelizar a un pueblo; cada uno iba sobre un burro. En el trayecto los dos se hacían bromas permanentes, tratando de incomodar el uno al otro por su religión. Un día el Padre llegó a pie, y el Pastor, con burla, le preguntó: ¿Y su burro Padre? - el Padre le contesta: "se murió mijo", entonces aprovechando la ocasión, el Pastor le dice: "¿Y no le va a hacer el novenario, Padre?". -Y el Padre le dice: "No mijo, fíjate que era Evangélico".

 

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