Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 3° Domingo Pascua, 26 de Abril de 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 27 abr 2020 14:47 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía

Luciano Pavarotti. [Y no lo reconoció…] 

   Cuentan que en un vuelo trasatlántico, un venerable sacerdote anciano, que regresaba de una peregrinación a tierra santa, entabló conversación con su vecino de asiento. La charla estuvo muy animada y duró gran parte del viaje. Cuando el viajero desconocido supo que el sacerdote era el párroco de una conocida parroquia en la ciudad donde él iba a estar unos días de trabajo, le ofreció ir el domingo a cantar en la misa mayor. 

   El sacerdote se excusó diciéndole que tenía un coro muy bien organizado y que no veía conveniente desplazarlo de sus funciones precisamente en la eucaristía más concurrida de toda la semana. Agradeció la gentileza del viajero, pero rechazó la oferta. Al llegar al aeropuerto de su ciudad, después de haber hecho el proceso de migración y de haber recogido las maletas, el sacerdote salió del aeropuerto y vio a su vecino de asiento respondiendo a una multitud de periodistas con cámaras de televisión y toda clase de micrófonos. 

   Intrigado por la curiosidad sobre la identidad de su compañero de vuelo, le preguntó a un transeúnte, que si por casualidad sabía quién era ese señor que estaban entrevistando; “– Claro que se quién es. Se trata de “Luciano Pavarotti”, un famoso tenor que viene a la ciudad a ofrecer una serie de conciertos. 

Parece que no está: [Reconocerlo en la Eucaristía] 

   En un colegio estaban preparando las primeras comuniones. Había un niño que sufría un pequeño retraso mental, y aunque él y su familia estaban empeñados para que hiciera su primera comunión, el capellán del colegio no estaba tan seguro que el niño estuviese bien preparado. Para cerciorarse lo llevó a la capilla, sacó un crucifijo y le pregunto al niño. 

   “Él,  ¿quién es?”. “Jesús”, contestó el niño. Entonces señaló el sagrario y volvió a preguntar. “Y entonces, el que está ahí, ¿Quién es?”. “también Jesús”, contesto el niño sin dudar. “¿Jesús, ahí y aquí? Explícame cómo puede ser que Jesús este a la vez  aquí y ahí”. “Es muy fácil- explicó el niño-: Aquí (en el crucifijo), parece que está, pero en realidad no está. Ahí [en el sagrario], parece que no está pero sí que esta”.  Al niño le hicieron su primera comunión ese año a todo dar.

Las aparentes diferencias: [Jesús en la Eucaristía, alimento universal] 

    Cuatro viajeros provenientes de distintos países que seguían la misma ruta juntaron el poco dinero que tenían para comprar comida. El persa dijo: "Compraremos angur"- El árabe contestó: "No, yo quiero inab". El turco no estuvo de acuerdo y exclamó: "De eso nada, yo comeré uzum.". El griego protestó diciendo: "Lo que compraremos será stafil". 

   Como ninguno sabía lo que significaban las palabras de los demás, comenzaron a pelear entre sí. Tenían información, pero carecían de conocimiento. Pasó por allí un hombre que dijo:- “Yo puedo satisfacer el deseo de todos ustedes, denme su dinero.” Los viajeros accedieron a la solicitud del recién llegado. Al cabo de un rato, el hombre regresó con aquello que todos habían mencionado sin saber que se referían a lo mismo: Se trataba de “uvas”. 

Lo más importante de la Misa. 

   Un catequista preguntó un día a un grupo de jóvenes que se preparaban para la confirmación: ¿cuál es la parte más importante de la misa? Uno contestó: la parte más importante es cuando el sacerdote dice: “Podéis ir en paz”. El catequista, pensando que lo estaban tomando del pelo, le preguntó: ¿por qué dices eso? 

   Y el joven, que era muy comprometido le respondió: como la misa sirve para alimentarnos con la palabra, el cuerpo del Señor, la Eucaristía no termina aquí en la Iglesia, cuando salimos, es cuando la empezamos a vivir. Salimos a la calle para hacer y decir lo que hicieron los discípulos de Emaús. “Hemos reconocido al Señor al partir el pan y está vivo y vive para siempre y con nosotros”. 

¡Con Jesús, no hay nada que temer! 

   Se encontraron dos amigas que vivían al otro lado del cementerio. Empezaron a hablar y se les hizo de noche. Para llegar a sus casas tenían que atravesar el cementerio y, como eran muy miedosas, esperaron a que alguien fuera por el mismo camino para pedirle que las acompañara. Entonces vieron a un señor: perdone, ¿podríamos ir con usted hasta el otro lado del cementerio?. 

   Es tarde y nos da mucho miedo. El hombre, amablemente les respondió. ¡No faltaría más, claro que si!...Cuando llevaban medio camino, como nadie decía nada, una de las chicas le comento: ¿A usted no le da miedo pasar de noche por el cementerio? Y el señor le respondió: “!Bueno, en realidad ya no, pero cuando estaba vivo, si!.

Y no se reconocían: 

   Un bobito iba por la calle y se encontró un espejito de cartera, lo levantó, se miró y dijo : pues ... ¡Yo a este tipo lo conozco..! Y lo guardó en el bolsillo del pantalón. De regreso a su casa, volvió a mirarse en el espejito y repitió: ¿Pero de dónde conozco a este tipo....? Al entrar a su casa, guardó el espejito otra vez en el bolsillo del pantalón. 

   Se sentó a la mesa del comedor. Mientras Josefa, su esposa, que también era bobita, le servía la comida, y el bobito volvió a mirarse en el espejito¡ y dijo: estoy seguro que yo a este tipo lo conozco ... creo que es el que se corta el pelo en frente mío. Curiosa, Josefa le pregunta: Oye, José.....  ¿Qué tienes en la mano? Nada importante, m’ija, y guardó nuevamente el espejito en el bolsillo del pantalón. 

   Terminada la cena el bobito se fue a dormir, dejando el pantalón sobre la silla. Josefa se quedó intrigada, y una vez dormido su esposo, se acercó a la silla y retiró el espejito del bolsillo… se miró en el espejo y dijo: ¡Lo sabía! ¡Una foto de mujer…! 

Es ÉL mismo, pero no el mismo 

   Resulta que un hombre decide disfrazarse de pobre y pedir limosna. Un día estaba sentado, y justo pasa su novia, lo ve y le dice: – Mi amor, ¿eres tú? Y él le dice: – Señorita, creo que usted se equivocó. Ella dice: – Iré a la casa de mi novio y comprobaré si es verdad. Él se apresura, se va corriendo a su casa y se quita el disfraz. Cuando su novia llega le dice: – ¿Sabes una cosa? Vi un hombre, muy parecido a ti pidiendo limosna. Y él le contesta: – Mi amor ya te dije que no era yo. 

El Pastor y el Padre [Jesús envía a sus discípulos a evangelizar] 

   Un pastor evangélico se reunía en el camino, todos los días con un padre para ir a evangelizar a un pueblo, cada uno iba sobre un burro. En el trayecto los dos se hacían bromas permanentes, tratando de incomodar el uno al otro por su Religión. Un día el Padre llego a pie, y el Pastor, con burla, le preguntó: "y su burro Padre", el Padre contesta: "se murió mijo", entonces aprovechando la ocasión, el Pastor le dice: "¿Y no le va a hacer el novenario?". -Y el Padre le dice: "No mijo, fíjate que era Evangélico".

 

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