Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 4° Domingo de Pascua, 12 de Mayo 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 13 may 2019 14:58 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 13 may 2019 15:11 ]

“El Señor es mi Pastor, nada me faltará”

Salmo 22: El Buen Pastor 

   Cuenta una historia que, en una sala, un reconocido lector deleitaba a los demás recitando trozos de libros famosos. Un sacerdote estaba allí y en un momento de descanso le preguntó si podía recitar el salmo del Buen Pastor. El declamador le respondió: Claro que puedo y lo voy a declamar, pero como condición, después lo recitará también usted. 

   El sacerdote, extrañado por la propuesta, aceptó. La declamación del artista fue preciosa, entusiasta. Una lluvia de aplausos cerró su presentación. Luego fue el turno del sacerdote. Declamó el mismo salmo 23, de memoria. Al terminar, no hubo aplausos, sólo un silencio muy grande, un silencio espiritual. A algún ojo incluso se le escapó una lágrima. 

   Pasados unos instantes el declamador se levantó y dijo: "Ustedes acaban de presenciar algo muy grande. Hubo una gran diferencia: “Yo declamé extraordinariamente el salmo sobre el pastor porque sé utilizar muy bien las palabras y las formas, por eso arranqué aplausos; pero sólo él supo transmitir la esencia del salmo, porque su alma conoce al Pastor, y por eso él arrancó lágrimas.”. 

Una oveja ante el tribunal: [Escuchar la voz de quienes nos aman] 

   Cuentan que un humilde pastor fue arrestado por haberse robado una oveja. Él juraba que era inocente, que la oveja era suya y que hacía días que la echaba de menos. Cuando el caso fue llevado ante el juez, éste perplejo, no sabía cómo resolverlo. Finalmente decidió que trajeran la oveja a la sala y mandó al acusador que saliera de la sala y desde la puerta llamara a su oveja. 

   La llamaba insistentemente, pero la oveja no respondió a su voz, sólo levantaba la cabeza asustada. El juez, luego mandó salir al acusado, y que desde la puerta llamara a la oveja. Cuando éste comenzó a llamarla, la oveja saltó y corrió hacia la puerta. Estaba claro que la oveja conocía la voz de su amo. El juez declaró el caso cerrado. 

El matemático y el pastor: [el Pastor conoce sus ovejas y ellas lo conocen] 

   Un matemático pasea por el campo, sin nada que hacer, aburrido. Encuentra a un humilde pastor que cuida un numeroso rebaño de ovejas, y decide divertirse un poco a costa de él. – Buenos días, buen pastor. – Buenos días, Señor. – Solitario oficio, el de pastor, ¿no? – Usted es la primera persona que veo en seis días. – Estará usted muy aburrido. Mire, le propongo un juego. 

   Si yo le adivino el número exacto de ovejas que hay en su rebaño, me regala usted una. ¿Qué le parece? – Trato hecho. El matemático pasa su vista por encima de las cabezas de las ovejas, murmurando cosas, y en unos segundos dice: - 586 ovejas. El pastor, admirado, confirma que ése es el número preciso de ovejas del rebaño. 

   Se cumple en efecto el trato acordado, y el matemático escoge una oveja entre las 586 y comienza a alejarse con la oveja escogida. – Espere un momento, le dice el humilde pastor. ¿Me permitiría una oportunidad de revancha? – Hombre, naturalmente. Pues ¿qué le parece? Si yo le acierto su profesión, ¿me devuelva usted la oveja? – De acuerdo, dijo. 

   El pastor sonríe, y sentencia: - Usted es matemático. - ¡Caramba! Ha acertado. Lo que no logro entender es cómo adivinó cuántas ovejas había, le replicó el pastor. El matemático argumentó: Cualquiera que tenga buen ojo para los números podría haber contado sus ovejas. – Sí, respondió el pastor. Lo que yo no entiendo es cómo un matemático, entre 586 ovejas, fue capaz de escoger para llevarse justamente el perro… 

El lorito predicador: [Predicar, es riesgoso y causa asusta]

 

   Un lorito fue entrenado para dar un sermón en una iglesia, y le tocaba justo el día del buen pastor. Ya en el púlpito se asustó al ver repleta la iglesia y muy nervioso movía la cabeza de un lado para otro. El entrenador del lorito, al ver que no arrancaba se acercó y en tono fuerte le dijo: “O hablas o te quito las plumas y te hecho al corral de las gallinas”. El loro, inmediatamente comenzó a hablar diciendo: “Hermanos, oremos porque el enemigo anda suelto”. 

El cucharón y la novia [Por el día de la madre, porque ella se la sabe todas]

    Juan invita a su madre a cenar una noche en su apartamento de soltero. Durante la cena la madre no pudo dejar de reparar en lo hermosa que era Lourdes, la compañera de apartamento de su hijo. Durante mucho tiempo ella había tenido sospechas de que su hijo tenía relaciones con Lourdes y, al verla, la sospecha se acrecentó. En el transcurso de la velada, mientras veía el modo en que los dos se comportaban, se preguntó si tendría algo.

 

   Leyendo a su madre el pensamiento Juan le dijo: "Mamá, se lo que estás pensando, pero te aseguro que Lourdes y yo solo somos compañeros de apartamento". Aproximadamente una semana después, Lourdes le comento a Juan que desde el día en que su madre vino a cenar, no encontraba el cucharon grande de plata para servir la sopa. Juan contesta que, dada la posición de su madre, dudaba que se lo hubiese llevado pero que le escribiría una carta.

 

   Así que se sentó y escribió: " Querida Mama: No estoy diciendo que tu cogieras el cucharon de plata de servir sopa, pero tampoco estoy diciendo que no lo cogieras, pero el hecho es que desapareció desde que tu viniste a cenar a casa." Unos días más tarde, Juan recibe una carta de su madre que decía: "Querido hijo: No estoy diciéndote que te acuestas con Lourdes o que no, pero el hecho es que, si Lourdes se acostará en su propia cama, ya habría encontrado el cucharon de plata para servir sopa." Con todo cariño, Mama".


Presencia de Dios: [El ladrón entra por la ventana] [Parta misa con niños]

   Un ladrón a la media noche se mete en una casa a robar. Entra por una ventana, y cuando está adentro en la oscuridad oye una voz que dice: ¡Jesús te está mirando! Entonces, el ladrón se asusta y se detiene. Luego como ve que no ocurre nada continúa. Y de nuevo la voz le dice: ¡Jesús te está mirando!

 

   El ladrón asustado prende la luz y ve que la voz venía de un loro que estaba en una jaula, y el ladrón le dice: ¡Ah, que susto me diste! ¿Cómo te llamas lorito? Y el loro le responde: Me llamo Pedro. Pedro es un nombre extraño para un loro. Y el loro le contesta: Más extraño es el nombre “Jesús” para el Doberman que te está mirando.

 Escuchar la voz del Buen Pastor: [Mis ovejas escuchan mi voz] [Para niños] 

   Iba un tenedor por la calle y, de pronto, vio una cuchara que iba caminando toda garbosa. El tenedor, emocionado, le gritó: ¡Ey…Cuchara…Cuchara…Cuchara!!! – Y como la cuchara siguió su camino, el tenedor se quedó extrañado, y dijo… ¡Ve, ¡qué raro, parece que NO ES-CUCHARA…! 

Llamar a la puerta: [El Buen Pastor le abre la puerta a sus ovejas] [Para niños] 

   Eran las 3:30 de la mañana; caía un terrible aguacero y un borrachito gritaba: -Alguien que me empuje. Una señora escucha y despierta al marido: - Amor, ve y ayuda a ese pobre señor que se le debió quedar atascado el carro y no hay quien le ayude. El marido, bastante enojado, abre la puerta de la casa, sale en pleno aguacero que no se veía nada y grita: - Señor, ¿En dónde está para empujarlo? Y el borrachito, contesta: ¡Acá, en el columpio!

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