Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, 5° Domingo de Cuaresma 21 Marzo de 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 27 mar 2021 7:34 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 27 mar 2021 7:34 ]


El mal genio.

 

   El beato Juan Castelli era jefe de soldados mercenarios cuando decidió entregarse a Dios en un convento de Franciscanos. A causa de su mal genio, le costaba mucho reprimirse, y la disciplina del convento le imponía verdaderos esfuerzos. Se indignó tanto un día porque el superior lo corrigió severamente, que determinó vengarse de él.

 

   Pero al pensar que estaba en un convento para hacer penitencia fue a postrarse ante un crucifijo. Era tanta su soberbia que se mordía la lengua. – Mirando a Cristo crucificado le dijo: mire todo lo que me cuesta servirte. Y Cristo, desprendiendo de la cruz la mano derecha, lo abrazó y le respondió: ¡Y a mí, mira todo lo que me ha costado amarte!

La dulce soga del amor: [Atraerá el Señor, a todos hacia él] 

   Vi a un joven que se acercaba hacia mí con una oveja corriendo detrás de él. - ¡No puedo imaginarme que una oveja te siga tan cerca! – le dije -. Parece que la llevas atada con una cuerda. El joven se rio y dejó libre al animal, que correteó retozando alegre. Luego el joven hizo el ademán de moverse, e inmediatamente la oveja corrió hasta sus pies, siguiéndole detrás. El joven sonrió y le dio un poco de cebada. – y el hombre sabio le dijo: ¡Veo que tú la llevas a la oveja atada con la soga del amor!  

El verdadero tesoro, cuesta encontrarlo [Buscarlo en la oración]

 

   Si buscas el tesoro y lo encuentras fácilmente, es un pobre tesoro. Si te cansas de buscarlo, porque está muy profundo, no mereces el tesoro. Si lo buscas con amor y sacrificio, tu esfuerzo es oro y vale más que el tesoro, aunque no lo hayas encontrado. “No todo lo que buscas te conviene; no todo lo que brilla es oro….Pero si oro, todo brilla…”

 

Dios, se da todo en Cristo: con él, todo lo tenemos.

 

   Le pedí fuerzas, y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte. Le pedí sabiduría, y Dios me dio problemas para resolver. Le pedí prosperidad, y Dios me dio un cerebro y fuerzas para trabajar. Le pedí valor, y Dios me permitió peligros para vencer. Le pedí amor, y Dios me dio personas atribuladas para consolar. Le pedí favores, y Dios me dio oportunidades. ¡No recibí nada de lo que deseaba, pero recibí todo lo que necesitaba! 

Mujer sacrificada: 

    Once personas se aferraban a una misma cuerda que colgaba de un helicóptero, diez hombres y una mujer. La cuerda no era lo suficientemente gruesa como para soportar el peso de todos, por lo que decidieron que una persona debía soltarse. De otro modo, todos caerían y morirían. No lograban elegir quién sería esa persona. Entonces la mujer con voz firme, anunció que se ofrecía voluntariamente para soltarse de la cuerda. 

   Después de todo, dijo, estaba acostumbrada a relegar sus intereses propios, ya que como madre siempre daba prioridad a los hijos; como esposa, siempre favorecía los intereses de su marido, antes que a os suyos. Como hija siempre hacía la voluntad de su padre. Como profesional permitía que sus jefes obtuvieran el crédito por sus logros. Y como mujer de fe, dijo alzando la mirada hacia el cielo y poniéndose una mano sobre el corazón, que su misión en la vida era sacrificarse por los demás, sin esperar nada a cambio. Entonces los 1º hombres eufóricos de emoción y orgullo, rompieron en aplausos...!y se cayeron todos de la cuerda! 

Las dos semillas de trigo: [Si el grano de trigo no muere…] 

   Dos semillas de trigo están juntas en la tierra sembradas. La primera dice: "Quiero crecer! Quiero que mis raíces lleguen muy abajo en el suelo y que mis retoños rompan la corteza de la tierra que tengo arriba... ¡Quiero desplegar mis tiernos brotes como banderas para anunciar la llegada de la primavera...Quiero sentir el calor del sol en mis ramas y la bendición del roció matinal en mis pétalos!" Y entonces creció. 

   La segunda semilla de trigo dijo: “Tengo miedo. Si dejo que mis raíces vayan hacia abajo, no sé qué encontraré en la oscuridad. Si me abro camino a través del suelo duro que está sobre mí, puedo dañar mis delicados retoños…Y si dejo que mis brotes se abran, ¡qué tal que algún animal trata de comerlos! – Además, si abro mis retoños, tal vez algún niño pequeño me arranque del suelo. No, me conviene esperar hasta que sea seguro”. Y entonces espero, e esperó…pero pasó una gallina y se la comió.

El testamento: [El amor de Dios, el legado más valioso por conquistar] 

   Un anciano juez estaba leyendo el testamento de un hombre muy rico que había fallecido. En medio de la formalidad del acto, estaban presentes los hijos e hijas, los nietos, nietas, sobrinos y sobrinas del difunto y otros familiares cercanos. Todos expectantes y esperanzados en que pudieran tener algún grado de participación en la inmensa herencia que iba a ser distribuida. El juez comenzó la lectura del testamento: “En uso de mis facultades mentales y cumpliendo con los requisitos que pide la ley, procedo a determinar mi voluntad sobre el destino de mis posesiones. 

   En primer lugar, quiero que las tierras de la Hacienda la Ponderosa, incluyendo la casa, el ganado y todos los bienes que hay en ella, se destinen a la comunidad de hermanas del ancianato”. Inmediatamente hubo un cuchicheo nervioso entre los presentes... El juez continuó su lectura: “En segundo lugar, quiero que las casas y los apartamentos que tengo, sean destinados al hogar para niños huérfanos que dirige la parroquia de mi pueblo”. 

   El alboroto esta vez fue más sonoro y la cara de sorpresa de los familiares fue mayor... Y continuó la lectura: “En tercer lugar, quiero que todo el dinero que tengo en mis cuentas corrientes y de ahorros, junto con las acciones y C.D.Ts, sean entregados a la clínica del niño quemado, que dirigen las hermanitas de los desamparados”. Esta vez la reacción de los familiares del difunto fue impresionante hasta renegar del papá. 

   Sin embargo, el silencio se apoderó de todos cuando el juez continuó su lectura pausada y firme: “Por último, a mis amados hijos e hijas, a mis nietos y nietas, a mis sobrinos y sobrinas, y a todos mis herederos directos o indirectos, les dejo lo más valioso que tengo, y que los ayudará a salir de su pobreza. ¡Trabajen! – Y así terminó el solemne acto. 

La herencia: [Amor, más allá de la muerte] 

   Un señor estaba a punto de morir. No era muy rico. Sólo tenía un perro y un caballo. No tenía hijos, pero tenía una mujer. Poco antes de morir, llamó a su mujer y le dijo: –Ya sabes que voy a morir. No te he olvidado en mi testamento; pero no soy rico y no tengo más bienes que un perro y un caballo. – Me basta tu recuerdo, esposo mío, – dijo la mujer llorando. –Después de mi muerte, – continuó el marido, – debes vender el caballo y entregar el dinero a mis parientes. – ¿Cómo? ¿debo entregar el dinero a tus parientes? – Sí; pero espera. Te regalo generosamente el perro. 

   Puedes venderlo si quieres, o puedes conservarlo para cuidar la casa. Es muy fiel y te servirá de consuelo. El señor se murió. La mujer quería obedecer a su marido. Una mañana cogió el caballo y el perro y los llevó a la feria. – ¿Cuánto quiere Ud. por ese caballo? preguntó un hombre. – Quiero vender el caballo y el perro juntos, – respondió la mujer. – Por el perro cien euros y por el caballo diez. – Acepto – dijo el hombre, – porque no me parecen caros. La buena mujer dio a los parientes de su marido los diez euros que recibió por el caballo y conservó los cien euros que recibió por el perro. Así “obedeció” a su marido.

 

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