Lecciones de Vida para Crecer en la Fe, Domingo de Ramos, 14 Abril 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 13 abr 2019 11:19 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 13 abr 2019 11:39 ]


La semana Mayor [O del amor inolvidable]

 

   Un hombre sufría de Alzheimer. Perdía aspectos de su memoria. Primero, empezaba a olvidar cosas ordinarias como abrir la ducha o usar el horno. No podía recordar personas que eran sus amigos o colaboradores de trabajo. Luego, olvidó quienes eran sus hijos y, finalmente, no reconocía a su esposa.

 

   Cuando estaba agonizando, la familia se reunió alrededor; él no reconoció a ninguno de ellos. Su esposa, que estuvo siempre a su lado, puso un pequeño crucifijo en su mano. Al principio estaba desconcertado, pero lo miró atentamente y solo atinó a decir: “Jesús”. 


   Él había olvidado todo, pero recordó lo más importante. Desde su niñez había seguido la Semana Santa, como la semana mayor, la semana del amor inolvidable y la más importante de su vida.

 

La sombra: [Semana Santa, al amparo del Altísimo]

 Una leyenda oriental habla de un hombre que no estaba conforme con su sombra que le perseguía a todas partes. De distintas maneras intentó librarse de ella. Primero echó a correr furiosamente. Pero la sombra le seguía. Después saltaba de un lado a otro del camino y la sombra permanecía unida a él. Cansado y agotado fue a cobijarse a la sombra de un árbol grande y frondoso. De repente la sombra del buen hombre fue absorbida en la del árbol. 

Moraleja: Solo colocándonos bajo la sombra y el amparo del Altísimo podrán desaparecer las sombras que oscurecen nuestra vida.

Sal y algodón [Al cargar nuestros pecados, Cristo hizo nuestra carga ligera] 

Un monje llevaba una carga de sal al mercado. Como el río estaba crecido, su burro tuvo que pasar por el rio, la sal que llevaba en las alforjas se mojó y se disolvió. Al pasar a la otra orilla, el burro estaba contentísimo por ver muy liviana su carga, y se puso a retozar en el prado. El monje estaba enojado por la pérdida de la sal. Al día siguiente en que había mercado, el monje llenó las alforjas con algodón. El burro, recordando lo que había sucedido el día anterior, se metió en la parte más profunda del rio, pero casi se ahoga por el peso del algodón mojado. — Tranquilízate- le dijo sabio monje —: esto te enseña que no siempre que cruces el río vas a ganar tú.

 El caballo y el cerdo [Jesús da su vida por nosotros…y nosotros contra él]

   Había una vez un criador de caballos al que le faltaba uno de una determinada raza.
 U
n día se dio cuenta que su vecino tenía éste caballo y lo convenció para que se lo vendiera. Un mes después el caballo enfermó y llamó al veterinario que le dijo: “Su caballo está con un virus y es necesario que tome este medicamento por tres días consecutivos, después de los tres días veremos si ha mejorado, si no, no quedará más remedio que sacrificarlo”.

   En ese mismo momento un cerdo escuchaba la conversación. Al día siguiente le dieron el medicamento al caballo y se fueron. El cerdo se le acercó y le dijo “fuerza amigo caballo, ¡levántate de ahí y sino vas a ser sacrificado!”. Al segundo día le dieron nuevamente el medicamento y se fueron. El cerdo se acercó y le dijo “vamos mi gran amigo ¡levántate, sino vas a morir, vamos yo te ayudo!”. Al tercer día le dieron el medicamento y el veterinario dijo: “Probablemente vamos a tener que sacrificarlo mañana porque puede contagiar a los demás caballos”.

    Cuando se fueron el cerdo se acercó y le dijo: “Vamos amigo es ahora o nunca”- ¡Ánimo… fuerza… yo te ayudo… vamos… un, dos, tres… despacio… ya casi… eso… eso… ahora corre despacito… más rápido… fantástico… corre… corre… venciste campeón!!! ¡!…En eso llega el dueño del caballo y ve al caballo corriendo y dice: “Milagro ¡! el caballo se ha curado… hay que hacer una fiesta!!… ¡¡matemos al cerdo para celebrar!! 

Moraleja: ¿Quién tiene realmente el mérito? – Jesús, que dio su vida por nosotros.

Domingo de Ramos [Para misa con niños]

 

   Era Domingo de Ramos, pero debido a un dolor de garganta, Miguelito, de 5 años de edad, se quedó en casa con la niñera y no pudo ir a la Iglesia. 

   Cuando la familia regresó a su casa, llevaban varias palmas. Johnny les preguntó qué eran. “Son ramas de palma que la gente las llevaba para celebrar la llegada triunfal de Jesús”, le dijo su papá. “¡No lo puedo creer,” dijo muy enojado Miguelito, el niño de 5 años, “el único Domingo que no voy…y él aparece!”

 

El burro vanidoso.

 

   Un burro llegó a su casa muy contento, feliz y orgulloso... Su mamá le preguntó: -¿por qué tan contento, hijo?  -Madre, cargué a un tal Jesucristo y cuando entramos a Jerusalén todos me decían: VIVA, VIVA, SALVE, HOSANNA, HOSANNA, VIVA, VIVA... y me lanzaban flores y ponían palmas de alfombra por donde yo pasaba.

 

   Su madre le dijo:  - Hijo, vuelve a la ciudad, pero esta vez no cargues a nadie.  Al otro día, el burro fue a la ciudad, y cuando regresó a su casa, iba llorando y muy triste. -Madre, no puede ser, pasé desapercibido entre las personas, nadie se fijó en mí, y me echaron de la ciudad.    Su madre lo miró fijamente y le dijo: -"Hijo, tú sin Jesús eres solo un burro". Moraleja: Sin Jesús no somos nada. 

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13 abr 2019 11:19