Saludo Semanal   

Saludo 2° Domingo del Tiempo Ordinario, 15 de Enero 2023, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 13 ene 2023, 13:46 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 13 ene 2023, 13:57 ]

Chía, 15 de Enero de 2023

   Saludo cordial a todos ustedes, discípulos misioneros de esta amada comunidad de Santa Ana.

"Creer a los Que Han Visto Primero"
SIN GRABAR AÚN

   El Evangelio hoy, bien pudiera llevar como título “creer a los que ven primero”, porque Juan fue el primero que supo ver con ojos de fe. Siempre habrá alguien que llegue antes, o que vea antes, y así fue Juan el Bautista. No había visto nunca a Jesús, pero fue capaz de reconocerle y proclamar: He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Juan vio lo que los demás no vieron: ve al Cordero de Dios, a Jesús, el Salvador.

 

   La mirada de Juan sobre Jesús, es especial. Al descubrirlo, inmediatamente tiene una inspiración particular: descubre la misión de Jesús y tiene la virtud de anunciar al mundo lo que él ve y reconoce. Reconoce la superioridad de Jesús, confiesa que lo ha visto y por eso da testimonio y es el primero anunciar a Jesús, Que es el Hijo de Dios y que quita el pecado del mundo”.  No dice que Jesús viene a perdonar los pecados, ni a limpiarnos de los ellos. Juan intuye algo mucho más profundo: Jesús viene a “quitar” el pecado del mundo; es decir, a “suprimir” el pecado en sí mismo. 


   Se pueden perdonar los pecados, pero el pecado sigue rondándonos. Se puede limpiarnos de los pecados, pero ahí sigue para ensuciarnos de nuevo. Juan anuncia que Jesús tiene una misión mucho más radical: viene a “quitar” o suprimir el pecado en sí mismo, porque quiere un mundo sin pecado. Un mundo en el que Dios y el hombre vuelvan a pasear juntos en el jardín de la vida.

 

   Juan presenta a Jesús de Nazaret, definiendo a su vez, su misión esencial: Él es el cordero de Dios que quita los pecados del mundo”. Su objetivo no es otro que quitar los pecados del mundo, llenarnos de paz de Dios, acercarnos a la gracia de Dios y hacernos sus hijos. Jesús no tiene más pretensiones que ofrecer todo su ser a favor del Reino de Dios. Es Aquel que es capaz de dar la vida en un mundo que ofrece muerte. Es aquel que camina por delante, cuando nosotros preferimos ir de reversa. Es aquel que vino a servir, sin esperar remuneración alguna.

 

   La aclamación, “Este es el Cordero de Dios”, no es una mera fórmula. Es una verdadera profesión de fe que nos recuerda, que quienes quieren unirse a Jesús en la comunión, deben saber hacer suyos los sentimientos y actitudes de Jesús en su vida. Pareciera que Juan clamara: “He ahí el Cordero de Dios que viene a quitar de nuestras vidas todo aquello que es indigno de los hijos de Dios, y que nos impide ser verdaderamente felices”. 


   He ahí el Cordero de Dios que viene a quitar la oscuridad para iluminarnos con su nueva luz; quita la mentira para regalarnos la verdad; el engaño para que vivamos en la sinceridad; el egoísmo para que vivamos en el amor; el orgullo para que vivamos lo que realmente somos; la división para que vivamos la comunión de hermanos y la muerte para que impere la vida.

 

   Necesitamos «llenarnos» de Dios, para descubrir, - como lo hizo Juan Bautista -, que el pecado nos sumerge en un completo cuando destruye la gracia de Dios en nosotros. Solo una vida llena de Dios, de su gracia, puede testimoniar ante el mundo quién es Jesús. También a nosotros nos toca descubrir a cada paso el camino por el que Dios quiere llevarnos, reconociéndolo, siguiéndolo con fidelidad y anunciando la salvación que viene de Dios.

 

   Aprendamos de Juan el Bautista. Él nos enseña que cuando no veamos nada hay que preguntar a los que ven. Así como él, gracias a la fe, fue el único que logró de ver a Jesús como el Cordero de Dios, ojalá nosotros con el auxilio de la gracia de Dios y con una mirada dócil, nos esforcemos por ver aquellas cosas que por más que la razón no entiende, o quiera negarlas, la fe nos las asegura y nos hace capaces de verlas y vivirlas.

 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos y a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

 

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen los proteja.

Padre Luis Guillermo Robayo M.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo Solemnidad Bautismo del Señor, 9 de Enero 2023, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 9 ene 2023, 7:18 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 13 ene 2023, 13:34 ]

Chía, 9 de Enero de 2023

   Saludo y bendición, queridos discípulos misioneros de esta amada comunidad de Santa Ana.

"Este es mi Hijo Amado en Quien me Complazco"

   Con esta festividad del Bautismo del Señor, se cierra el tiempo de Navidad y comenzamos el tiempo ordinario, en que meditamos a Cristo, Salvador del mundo. La Epifanía del Señor, ofreció la salvación a todo el mundo. La fiesta del bautismo del Señor nos presenta una nueva manifestación de Jesús. Por el bautismo somos interpelados a seguir los pasos de Jesús. Si en la Epifanía era reconocido como el Mesías y Salvador, por el bautismo es proclamado en público como el Hijo de Dios en carne mortal. 

   Isaías habla del elegido que promoverá el derecho y la justicia, curará y librará. El "elegido" fue investido como Mesías en las aguas del Jordán donde se escuchó la palabra del Padre. El bautismo de Jesús significó dejar la vida silenciosa de Nazaret y comenzar su ministerio, su misión, el canto del amor de Dios a todos los hombres. Melodía sencilla y profunda que todos llevamos dentro, porque en Jesús también somos hijos amados y predilectos del Padre para siempre. 


   Jesús está a punto de iniciar su misión y busca a Juan Bautista, que predicaba junto al Jordán. El evangelio asegura que Juan se veía como un siervo del Mesías, anunciador de su llegada. Él decía no ser digno de desatarle las sandalias. Jesús, pues, se acerca a Juan. Quiere ser bautizado. Es claro que no viene por un bautismo de regeneración, sino que quiere inaugurar su tarea. Jesús es bautizado no porque necesitara ser purificado, ya que es Dios, sino para darle al agua por la acción del Espíritu, el poder purificador del sacramento que él instituiría y, del que era preparación el bautismo de conversión que realizaba Juan. 

   La fiesta del Bautismo del Señor nos lleva al inicio de las cosas, a la génesis misma del mundo. Así como en el principio el Espíritu se cernía sobre la superficie de las aguas, en la escena que hoy contemplamos, el que va a ser redentor de la humanidad brota de las aguas esenciales y es señalado por el Espíritu eterno como Salvador. 

   Cristo nos bautiza con el Espíritu Santo quedando así destinados a una misión particular: anunciar nuestra propia pertenencia al Dios trinitario, significada en el sacramento por medio de la unción del crisma. En efecto, desde el día de nuestro bautismo, habita en cada uno de los bautizados el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y formamos parte de la Iglesia Católica, siendo Jesús la cabeza y nosotros, miembros de su Cuerpo. 

   Por el Bautismo, el Señor nos asocia a su proyecto, nos adopta por hijos suyos. En adelante ya no tendremos solamente estos padres, estos apellidos, esta herencia genética, cultural y eterna. Seremos, ante todo, hijos de Dios, con todos los derechos y también los deberes que esto significa. A partir del bautismo, ya no somos meramente humanos; nuestro ser se ubica en una esfera superior; formamos parte de la familia de Dios. Llevamos su impronta. 

   El Padre de los cielos convierte la escena en una escuela personal para Jesús. Él nació de las entrañas de María. Ahora, al salir del agua, oye la voz del Padre: “Tú eres mi Hijo muy amado”. María lo presentó a los pastores y a los magos de oriente para que le adoraran, ahora el Padre lo presenta ante el mundo, señalándolo como su “predilecto”. E igual que la estrella le distinguió entre la multitud, en su bautismo Jesús ve cómo el Espíritu Santo le reconoce entre la muchedumbre y, como la paloma va directo al lugar de su origen, el Espíritu Santo viene a Jesús para habitar en él. El Espíritu sabe que Jesús es su origen y su hogar perpetuo. 

   El Bautismo del Señor inaugura el anuncio del reino del Padre y constata que Jesús inicia la nueva creación. Jesús aparece ante nuestros ojos como nuevo Moisés que, rescatado de las aguas, inició el proceso que culminaría con la ruptura de las cadenas de esclavitud que ataban de pies y manos a sus hermanos. 

   Confesamos, entonces, que Dios nos creó y nos regenera como sus hijos en la fuente bautismal. La acción salvífica de Dios actúa en su Hijo predilecto; asume nuestra carne y santifica las aguas comunicándoles fuerza redentora que se nos transmite en el sacramento. Jesús como Dios que es, habiendo iniciado su ministerio en las aguas del Jordán, seguirá restaurando a todos sus amados en las aguas del bautismo. Así lo dicta nuestra fe: “Un solo Señor, un solo bautismo, un solo Dios, y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. 

   El Papa Francisco nos dice: Busquemos la fecha de nuestro Bautismo, porque es la fecha de nuestro naci­miento a la Iglesia, y la fecha en la cual nuestra mamá Iglesia nos dio a luz.     

   Que nuestra vida se convierta en una continua entrega a la voluntad de Dios, y que, así como los cielos se abrieron para Jesús al recibir el Bautismo de Juan, se abran también para nosotros en el momento de nuestro paso a la vida eterna. Que podamos escuchar la voz del Padre reconociéndonos también como hijos suyos en quienes se complace, porque, como su Hijo, también buscamos hacer la voluntad de Dios.

   Que la presencia de la Santísima trinidad en nuestras vidas, nos bendiga, nos acompañe y nos proteja como sus hijos amados. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición. Los invito a caminar juntos, y a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

 

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo Solemnidad Epifanía del Señor, 8 de Enero 2023, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 7 ene 2023, 6:35 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 7 ene 2023, 7:22 ]

Chía, 8 de Enero de 2023

   Saludo y bendición, queridos discípulos misioneros de esta amada comunidad de Santa Ana.

"Luz Para Alumbrar a Todas las Naciones"

   Epifanía es la fiesta de la luz que ha brillado en medio de las tinieblas del mundo para que todos los hombres puedan encontrar al Salvador, nacido de María. Los Magos son testigos y heraldos de cuantos buscan la luz en medio de las tinieblas, y la alegría en medio de tantos pesares. 

   Cristo resplandor del Padre y Luz del mundo vence las tinieblas del mal. Y mientras que Cristo resplandezca, la oscuridad y las tinieblas que nos rodean, no podrán impedirnos encontrar su luz. Desde que Cristo se encarnó, Dios está nuestro alcance. Como en Belén Dios se dejó encontrar por los magos, hoy se nos deja encontrar para que le entreguemos nuestros dones. Pero encontrarlo requiere que coloquemos a sus pies todo lo que somos. La mejor ofrenda, entonces, será del don de todo nuestro ser, y reconocerlo como nuestro Dios y Salvador. 

   Los Magos son de lejos y, no obstante, son los primeros en ver sus señales. Son de lejos y en el camino quedan a oscuras y sin camino. Son de lejos y van a buscarlo y en su oscuridad se sienten perdidos, pero sus dudas y oscuridades no los echan atrás. 

   Preguntan a quienes creen que tienen que saberlo, pero ellos no lo saben. Son los magos quienes los ponen de nuevo en camino y quienes les devuelven una “inmensa alegría”

   Extraña y divina experiencia: un niño en un pesebre. ¿Ese es el rey de los judíos? Buscaban a “un rey” y se encuentran “con el mismo Dios”. Es que en la vida hay muchos caminos. Los nuestros y los de Dios. Los de búsqueda, y los de regreso, luego del encuentro. 

   La Epifanía nos invita a estar ¡Atentos a los signos de Dios! Los Magos vieron una estrella nueva en el firmamento. Fue un signo que Dios les envió y no lo dejaron pasar, sino que descifraron su sentido y se pusieron en marcha. Desde Jerusalén no se puede ver el pesebre de Belén, que está cerca. Pero desde el Oriente se pueden ver las señales que llevan a la cuna. Para el que busca, todas las cosas son señales que llevan a Dios. Para el que no busca no existen huellas de Dios. Por eso, estos tres Magos que vienen de lejos nos enseñan a aprender a ver y a seguir las señales. Nos enseñan a seguir adelante, aunque las señales se oscurezcan. Nos enseñan lo importante que es tener ojos de fe para ver las señales de Dios, para leer la historia como camino que lleva a Dios, y para entender que también en la noche hay que seguir buscando. 
   
   San Agustín, nos recuerda que, “nuestro corazón vive inquieto, hasta que descanse en el Señor”. Los tres magos representan a toda la humanidad que, de una manera u otra, camina inquieta, buscando la verdad. No se dieron por vencidos en el seguimiento de la “estrella” de la fe que es Cristo.

   Lamentablemente, cuando no caminamos hacia la Luz verdadera guiados por la fe, deambulamos por este mundo sin paz ni sosiego. Como los magos, hemos de estar atentos porque Dios va sembrando, día tras día signos de su presencia y de su amor en nuestra vida. 

   La Epifanía nos habla, entonces, de los que persisten en la búsqueda del Señor, porque intuyen que él siempre se revela y se manifiesta a quienes lo buscan, aunque vengan de lejos. Nos habla de los que, cansados del camino, terminan postrados de rodillas delante de un Dios que por momentos les sumergía en la desilusión. Y en fin, nos habla de la experiencia de quienes, primero por sus ojos, se fían de una señal, y luego en su corazón, se fían de un niño recostado en un pesebre. 

   Adoremos al Señor que a diario se nos manifiesta en el rostro de cuantos nos rodean, y que también nosotros sigamos buscando la estrella que siempre trae los regalos divinos de la paz, el amor, la fraternidad. Como en Belén Dios se dejó encontrar por los magos, también hoy quiere que lo encontremos y, postrados ante Él, le entreguemos como mejor don, cuanto somos. 

   Pidamos a María Santísima que nos enseñe a buscar siempre a su divino Hijo, como lo hicieron los magos de oriente, y no reparemos en las dificultades ni en los sacrificios que debamos hacer hasta encontrar su Luz. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición. Los invito a caminar juntos y a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la santísima Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo Solemnidad Santa María Madre de Dios, 1 de Enero 2023, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 1 ene 2023, 7:57 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 1 ene 2023, 8:31 ]

Chía, 1 de Enero de 2023

   Saludo y bendición a todos ustedes, fieles de esta comunidad de Santa Ana, en este nuevo año 2.023.

"Madre de Dios y Madre nuestra, Ruega por Nosotros"

   En este día, el primero del nuevo año, la Iglesia coloca todo el énfasis en María la Madre de Dios, con la convicción que, al colocar nuestra vida, nuestra familia y la Iglesia en las manos de la Madre de Dios, estaremos en las mejores manos.
  

   Comenzamos un año nuevo invocando sobre él la bendición de Dios. Seguimos peregrinando en el tiempo. 


   Hoy es un momento propicio para poner en las manos de Dios nuestra vida para vivir cada instante del año nuevo como un tiempo de gracia habitado por su presencia. Pedimos a Dios el don de la paz para el mundo entero. El Señor conceda la paz a cada uno de nosotros, a nuestras familias. La paz verdadera, la que anunciaron los ángeles en la noche de Navidad, no es conquista del hombre, es ante todo don divino, que es preciso implorar constantemente y, al mismo tiempo, compromiso que es necesario realizar con paciencia.

 

   Referirnos a nuestras madres nos ayuda, un poco, a entender tan soberano misterio. Nuestra madre no formó nuestras almas; solo formó nuestros cuerpos, y sin embargo, son plenamente nuestras madres. Así María, que formó el cuerpo de Jesús, es plenamente Madre Dios. 


  Esta sorprendente realidad que repetimos cada vez que rezamos el ave María, fue la misma que avistaron los pastores que corrieron al pesebre: Dios hecho hombre, su santísima Madre y su padre adoptivo.

 

   La expresión: La madre es el "sol de la casa", la aplicó el papa Pío XII a la madre, afirmando que, como el sol, la madre aporta "calor" al hogar con su cariño y su dulzura; como el sol, la madre ilumina los "ángulos oscuros" de la vida hogareña cotidiana; como el sol, la madre anima, suscita, regula y ordena la actividad de los miembros de la familia; como el sol, en el atardecer, la madre se oculta para que comiencen a brillar en la vida de los hijos otras luces, otras estrellas.

 

   Dios ha “bendecido” especialmente a María para hacerla Madre de Dios, y la “bendición” ha culminado en la Maternidad. “La Maternidad de María hace hombre al Hijo de Dios y a nosotros hijos adoptivos del Padre”. De esclavos que éramos pasamos a ser hijos en el Hijo. María sabe que no es ella la depositaria última de Cristo como definitiva bendición del Padre. Ella es la primera de los bendecidos, pero el don es para toda la humanidad: Cristo nos es dado a todos.

 

   Abrimos el año pidiendo la bendición y el favor de Dios, y colocándolo en las mejores manos, las de María Santísima, que, como Madre de Dios, sabe cuidar a sus hijos, ampararlos y protegerlos. Con Cristo, Hijo de María Santísima, esta bendición se hace real y es motivo de alegría para los cristianos. Él nunca se la ha negado a la humanidad. 

   Que el Amor de Dios, experimentado en estos días sea para nosotros un ejemplo, y así, todo lo hecho por amor, aunque pequeño, aunque los demás no lo noten, ya ha sido tomado en cuenta por Dios, y lo encontraremos renovado en Él. 

   El tiempo pasa, pero el amor permanece; y allí debemos encontrar el motivo de nuestra alegría.

 

   María es la única mujer capaz de ocupar el único y exclusivo puesto de nuestras madres, porque ellas también son hijas de tan majestuosa pastora y saben que bajo su protección y amparo descansan y colocan a sus hijos, y por haber llevado a su Hijo en sus entrañas, ella tiene un celestial don que siempre que la contemplamos nos inspira limpios sentimientos y nos eleva al cielo sin partir de este mundo. Coloquemos este año y toda nuestra vida en manos de María Santísima, ella nos colocará en manos del Hijo Providente. En ella encontramos la guía segura que nos introduce en la vida del Señor Jesús.

 

   Que María, Madre de Dios, nos ayude a acoger a su Hijo y, en Él, la verdadera paz. Que ella ilumine nuestros ojos, para que sepamos reconocer el rostro de Cristo en el rostro de nuestros hermanos, los que más sufren. 


   Así como supo guiar a su divino Hijo, nos recuerda que antes de heredar el reino de los cielos, debemos dejarnos tomar en sus brazos de madre, para que luego ella nos presente a Dios. 



Bajo tu amparo nos acogemos,

Santa Madre de Dios;

No desoigas nuestras súplicas en nuestras necesidades,

Antes bien, líbranos de todo peligro,

Virgen gloriosa y bendita". 

Amén

 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos y a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, durante este nuevo año 2.023, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

¡Feliz Año Nuevo 2.023!.


Padre Luis Guillermo Robayo M.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo La Sagrada Familia de Jesús, María y José , 30 de Diciembre 2022, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 30 dic 2022, 4:40 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 30 dic 2022, 5:10 ]

Chía, 30 de Diciembre de 2022

   Saludo y bendición a todos los fieles de esta amada comunidad.

"Jesús, José y María, Sed la Salvación Mía"

   Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, José y María. Una verdadera familia "sagrada". Bajo el misterio de la familia trinitaria: Padre, Hijo y Espíritu Santo y a la luz de la sagrada familia de Nazaret, toda “familia es sagrada”, porque Dios es familia, quiso nacer en una familia para que en toda familia nazca de Dios, y sea sagrada.

 

   En la familia de Nazaret, el Evangelio de hoy nos presenta el modelo de toda familia. Jesús, María y José vivieron en estrechez, sufrieron dificultades, afrontaron conflictos. Un día subieron a Jerusalén con motivo de la Pascua, y entonces el Niño se extravió entre la multitud. Aquellos buenos padres pasaron tres días muy amargos. Regresaron luego a Nazaret para vivir en el anonimato. Mientras corrían los años, José trabajaba de sol a sol en su carpintería. Nuestra Señora era un ama de casa, igual a muchas de la aldea. Y Jesús, como escribe san Lucas, “iba creciendo en sabiduría, en estatura y gracia ante Dios y los hombres”. 

   La Familia de Nazaret es la más grande catequesis en donde se nos enseña el amor. Es el modelo más eximio para saber por dónde tenemos que ir y a dónde tenemos que regresar.

   En Belén descubrimos que el amor es lo más importante, porque es el amor del mismo Dios que es expande y adquiere un resplandor con dimensiones humano-divinas desde el momento en que Dios puso su morada entre nosotros. 

   Si nos preguntamos, porqué la Sagrada familia de Nazaret fue sagrada, la respuesta es porque en ella habitó el mismo Dios. Desafortunadamente, hay familias que lo tienen todo, pero si no tienen a Dios en sus entrañas ni su bendición cotidiana, les faltará lo esencial. Hay familias que no les falta materialmente nada, hay casas que lo tiene todo, pero no tiene el toque de Dios, no tiene el amor de Dios. Precisamente, Dios, fuente infinita de sabiduría, quiso que fuera en la sagrada familia en donde él mismo nos proporcionaría el ambiente para crecer, como el niño Jesús, en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los demás.  Sólo así, el mejor pedagogo para la educación de los hijos es el amor, la oración y el testimonio en familia. 

   Una familia sagrada, empieza con el ejemplo de los padres. Tal vez en el dinero se encuentre un poco de felicidad, en las amistades la alegría, en las medicinas la cura para la enfermedad, pero el amor solo se encontrará en la familia. A la familia le debemos todo. La familia unida, permanece unida para siempre. 

   Ella es el seno espiritual donde se fomentan la fe y las costumbres, y cuando la familia está bien consolidada, es como un diamante indestructible. 

   Por este soberano designio divino, es que Dios quiso ser familia trinitaria en el cielo (Padre, Hijo y Espíritu Santo); por ello Dios bendijo la familia, quiso nacer en una familia y consagrarla bajo su divino amparo. 

   La familia es el comienzo y el final: en una familia nacimos, con ella desearíamos vivir y se nos rompe el alma cuando se fracciona o alguien de ella muere. Entonces será la familia trinitaria la que nos recibe el cielo. 

   En alguna hermosa basílica, mientras la madre oía la Santa Misa, su niño se extasiaba mirando los vitrales multicolores. La luz de la tarde revivía los tonos del arco iris, proyectando sobre la nave espaciosa las figuras de los Apóstoles. El niño le preguntó a la mamá: “quienes son ellos”, y ella le respondió: son los santos. Cuando en la clase de religión le preguntaron al niño qué era un santo, el niño no vaciló en responder: “un santo es un hombre que deja pasar la luz”. Esta es la vocación de los padres y esposos: llenarse de Dios y dejar pasar la luz divina hacia sus hijos, por medio del ejemplo, la vida de oración y santidad. 

   Así como el divino hijo, luego de haber venido del seno de la familia trinitaria, regresó al seno de su Padre, luego de cumplir su obra salvadora, regresemos también nosotros a casa, al seno de nuestra familia, quizá con el rostro marchito por las culpas y los desengaños, pero ansiosos de recobrar ese corazón inocente que un día gozamos en las entrañas de la familia que nos sostuvo en sus brazos, frente al altar en el bautismo.

 

Señor, que las madres sean como María, los padres como José, y los niños imiten a Jesús de Nazaret

   A todas las familias, y fieles en general, que nos siguen a través de la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos y a seguir extendiendo, como familias bendecidas, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

   Que Dios bendiga, guarde y proteja a todas las familias y la virgen las cubra con su manto. Un feliz año para todos.


Padre Luis Guillermo Robayo M.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo Natividad del Señor, 25 de Diciembre 2022, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 24 dic 2022, 18:41 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 24 dic 2022, 19:12 ]

Chía, 25 de Diciembre de 2022

   Mi Saludo y bendición, y una Feliz Navidad, queridos fieles de esta comunidad.

"Hoy nos ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor"

   “Os anuncio una gran alegría, hoy, en Belén de Judá, nos ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor”. Así lo proclama la liturgia en esta solemnidad. Hoy, todos deberíamos vestir nuestras almas con traje de santa alegría, y de fe confiada y sencilla. Es la nota distintiva de la navidad, porque la alegría del cielo coloca su morada en la tierra, en nuestros corazones y en nuestras familias. 

   Durante el adviento estuvimos en vela. Ha sido un tiempo de esperanza y de vigilancia para preparar nuestros sentimientos y nuestros corazones para que el Señor se quede en nuestro interior y lo manifestemos con nuestras obras y actitudes de vida. Ahora, los ángeles nos llaman a ponernos en camino para adorar al Dios que ha bajado a la tierra. Hoy brilla la luz sobre nosotros porque ha nacido el Señor. El Emmanuel está en medio de nosotros. 

   Tan gran acontecimiento se debe notar, entonces, en una alegría sincera que brote del corazón. Es la alegría que nos impulsa a ver en los demás, un pesebre, una navidad, perdonando a quien nos haya ofendido, incluso sin pedirnos perdón, compartiendo lo que tenemos con total desprendimiento, así como Dios vino al mundo y se despojó de su divinidad, y en un recién nacido, se mostró vulnerable y cobijado en el humilde pesebre. 

   La Iglesia celebra con gozo, que ese Niño, siendo Dios, se hace uno como nosotros para enseñarnos desde la humildad, pequeño, pobre y sencillo, el infinito amor de Dios hacia nosotros. En cada navidad debemos revestirnos de esa humildad que perdona, que siempre defiende la verdad, que es paciente, alegre y despierta en los demás la fraternidad, porque Dios ha venido a salvarnos. En esta noche salimos de nosotros mismos para adorar al niño Dios y entrar en sus entrañas. Es la noche y el día del aire nuevo y puro de Dios que va dando vida al mundo entero y dando un giro a nuestra historia necesitada de Dios, porque la humanidad que caminaba en tinieblas, vio una gran luz: el Niño que nace en Belén. 

   Con su nacimiento, el niño Dios nos ha abierto un portal al cielo, tan inmenso que cabemos todos. Nunca la altura estuvo tan a ras del suelo, y jamás el camino del hombre, estuvo tan encumbrado en las alturas. Dios, rico en misericordia, se hace hombre y, el hombre, alcanza al mismo Dios en la pobreza del pesebre. Ante tanta confusión que hay en estos tiempos, en donde muchos no saben qué creer ni en quién confiar, nada hay más importante que poner en el centro de nuestro corazón, de nuestras familias y comunidades a Jesús, el rostro humano de Dios. 

   Jesús, es entonces, para nosotros, el rostro humano de Dios. En sus gestos de bondad se nos va revelando de manera humana cómo es y cómo nos quiere Dios. En sus palabras vamos escuchando su voz, sus llamadas y sus promesas. En su proyecto descubrimos el proyecto del Padre. La sensibilidad de Jesús para acercarse a los enfermos, curar sus males y aliviar su sufrimiento, nos descubre cómo nos mira Dios cuando nos ve sufrir, y cómo nos quiere ver actuar con los que sufren. La acogida de Jesús a pecadores nos manifiesta cómo nos comprende y perdona, y cómo nos quiere ver perdonar a quienes nos ofenden. En él nos encontramos con el amor gratuito y desbordante de Dios. En él acogemos su amor verdadero, firme y fiel. 

  Dios se puso en camino hacia nosotros, haciéndose hombre para hermanarnos a todos. Es el Misterio central de nuestra fe, y ante Dios hecho uno de nosotros, nadie puede quedarse indiferente. Todo el mundo tiene que ponerse en camino y definirse. Los pastores abandonaron el rebaño y fueron a Belén. La estrella se puso en camino y arrastró a los Magos de Oriente. Los posaderos cerraron sus puertas a la Madre y al Niño. Herodes se inquieta y teme por su trono. Si no lo aceptamos, cerremos las puertas como muchos lo hicieron en Belén. Pero si lo aceptamos, será él el Señor de nuestra vida. 
  

    Que esta Navidad sea un nuevo encuentro con Dios, dejando que su luz, su amor y su paz entren hasta el fondo del alma. Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. 

   Es tan poderoso que puede hacerse inerme y venir a nuestro encuentro como niño indefenso, a fin de que podamos amarlo. 

   Es tan eterno que puede despojarse de su divinidad y descender a un establo para que podamos encontrarlo y, al encontrarlo, anunciarlo como lo hicieron los pastores. Eso es la navidad: el milagro de Dios hecho hombre en su divino Hijo. 

   En nombre de Monseñor Héctor Cubillos Peña, Obispo de esta Diócesis de Zipaquirá, les deseamos la más bella navidad y nuestros mejores deseos para que el amor que nos trae el niño Dios, llene sus corazones y a sus familias. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos y a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

   Feliz Navidad para todos. Que Dios los bendiga y la santísima Virgen los proteja.

Padre Luis Guillermo Robayo M.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo 4° Domingo de Adviento, 18 de Diciembre 2022, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 14 dic 2022, 16:13 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 14 dic 2022, 17:11 ]

Chía, 18 de Diciembre de 2022

Saludo y bendición queridos fieles de esta comunidad.

"La Virgen Concebirá y Dará a Luz un Hijo"
   Termina el Adviento, y el sueño que todos llevamos dentro se hace realidad. Ya llega el Emmanuel, el “Dios con nosotros”. Como niños felices detrás de la puerta, sabemos que algo precioso está por llegar. Miramos por el agujero de la fe, escuchamos atentamente los latidos de nuestro corazón para intuir al que viene. Esperamos a que la puerta de la navidad se abra para recibir el más bello regalo: el niño Dios. 

   El Evangelio nos invita a contemplar la escena del sueño de José. José era ciertamente un hombre corriente, en el que Dios se confió para obrar cosas grandes. Supo vivir cada uno de los acontecimientos de su vida, tal y como el Señor quería. La sagrada escritura alaba a José, afirmando que era justo. Y en el lenguaje hebreo, justo quiere decir piadoso, servidor irreprochable ante Dios, caritativo y cumplidor de la voluntad divina. 

   Cuando el ángel le revela la verdad de lo que ha sucedido, la mente de José se doblega, su corazón se aviva, y la serenidad encubre la fama de María delante del pueblo. 

   Al igual que San José, se nos pide tener confianza en el plan que Dios tiene para nosotros, que siempre será mucho más grande que el nuestro. 

   Para entender ese plan, ese regalo de Dios hecho hombre, se requiere, - como lo hizo José, - el mayor acto de fe y la mayor docilidad a su voluntad. Si queremos vivir con Dios cumpliendo sus designios, hay que estar dispuestos a cambios de planes inesperados, como lo vivieron María y José, sabiendo, en todo caso, que los fundamentos de esa confianza y obediencia, están en Dios, no en nosotros.                  

   San José nos enseña a escuchar, incluso en sueños, lo que Dios nos va pidiendo. Nos enseña a saber resignar las opciones personales por el bien mayor, que es Dios. 

   Nos enseña a esperar que Dios se manifieste y hable, antes que actuar sólo con nuestros criterios. José se lleva a casa a María, y con ella al Hijo de Dios. Fijémonos que sólo por confiar en lo que el ángel le dijo de parte de Dios, José se lanzó a hacer su voluntad y salió ganando, porque se llevó al mismo Dios.  

   Desde la decisión de Dios de encarnarse en el vientre de María Virgen, y con la ayuda obediente de San José, todo ser humano queda lleno de posibilidades de eternidad. En la encarnación del hijo de Dios se rediseña la imagen del creador y la capacidad de buscar la eternidad. Es por esto que la navidad es la fiesta de la esperanza y la confianza cimentada en el Dios que se hizo hombre. 

   
   María y José son modelos ideales de preparación de la navidad, por su actitud total de fe, de disponibilidad y de generosidad. 

   Ellos, con su generosidad y entrega, hicieron posible el más maravilloso milagro que ha ocurrido sobre la tierra: Jesús. El Señor nos permite encontrarnos con el misterio de su amor y su perdón que nace en el pesebre, y a cambio, pide que le entreguemos toda nuestra vida, a ejemplo de José y María.

   Contra los que no creen en la palabra de Dios, encontramos a María, que sí cree: “Hágase en mi según tu Palabra”, y también José cree en la Palabra: “…José la llevó a su casa.” El misterio de la encarnación se mueve básicamente en la clave de la fe. Y luego en la navidad, cuando el niño nazca, también será un misterio de fe. Se anuncia a Dios, en un niño como el resto de niños. Se anuncia al salvador, en un niño débil; el niño que, al encarnarse, nos trajo la eternidad. La debilidad de un niño es suficiente para hacer presente a Dios y para abrir el camino a la eternidad.

   Para hacerse cercano, recordemos que Dios necesitó, y seguirá necesitando de los humildes, de los que, como María y José, hacen silencio en su corazón, saben escuchar a Dios y reconocen los signos de su presencia. 

   Y aunque los caminos de Dios nunca son fáciles, terminan siendo maravillosos. Es el camino de cada uno de nosotros hacia la navidad: pasar de la oscuridad del pecado, a la claridad de la gracia y de la fe. 

   Como el niño Dios, como María y como José, pongámonos cada día incondicionalmente en manos del Padre celestial para asumir y realizar nuestro papel en la historia de la Salvación.

    A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les deseo, de antemano, una santa y feliz navidad, y les envío mi bendición. Que la Buena Nueva del Señor los acompañe donde quiera que se encuentren. 

   Que Dios los bendiga, el divino niño de Belén los acompañe, y la santísima Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo 3° Domingo de Adviento, 11 de Diciembre 2022, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 12 dic 2022, 6:46 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 13 dic 2022, 6:46 ]

Chía, 11 de Diciembre de 2022

Saludo y bendición a todos ustedes, queridos discípulos - misioneros de Santa Ana.

"Estén Siempre Alegres…El Señor Está Cerca…"
   La liturgia de este Tercer Domingo de adviento, nos invita al gozo y la alegría, por la próxima venida del Señor, como una especie de refrigerio a mitad de nuestro peregrinar hacia la navidad.

Alégrense y regocíjense porque el Señor ya viene.

  El Señor siempre nos da motivos para alegrarnos y levantar la cabeza. Con él, la alegría es posible y la esperanza cierta.

   Juan el Bautista fue el pregonero de esta alegría. Él personifica la esperanza del pueblo de la primera alianza, que alcanza su cumplimiento en la llegada del Mesías. Él demostraba la misma alegría tanto en el invierno de las amarguras, como en la primavera de la paz, alegrándose aún en medio de su situación dramática. Su figura humilde aparece en el horizonte, y lo definitivo de Juan es su adhesión con el que viene detrás de él. Su predicación es un reto a la coherencia para reconocer y confrontar nuestra verdad con la verdad de Dios.

   En la Navidad volvemos a contemplar el resplandor de Cristo, Luz del Padre que disipa las tinieblas de este mundo. Aprovechemos el llamado que nos hace San Pablo a vivir la alegría. La alegría del adviento está llamando a nuestra puerta, porque

¡un niño nos va a nacer! 


   Acordémonos de aquellas velas en las reaparece su luz en las fiestas de cumpleaños. Así, la navidad, al traernos a Cristo Luz del mundo, es la luz que nunca se apaga, y el adviento, es el preludio, o el tiempo adecuado para ponernos en marcha hacia esa Luz que ya viene. De modos que no perdamos la esperanza, pues cuando colocamos a Dios en el centro de nuestro corazón, tendremos la respuesta apropiada a la incertidumbre, la luz en la oscuridad y el júbilo frente a la tristeza.

   Jesús es el rostro de Dios con nosotros, y los que llevamos el nombre de “cristianos”, debemos reflejar el rostro del Señor para el mundo. Lo que hacemos y lo que decimos, tiene que ser signo en el que reconozcan los rasgos del 

“Emmanuel o el Dios en nosotros”

   Cuando hacemos algo bueno, cuando servimos a los demás, ahí Dios se hace presente. Provocamos la navidad en cualquier época del año, porque cada vez que amamos, como Jesús amó, entonces él nace para darnos esperanza, alegría, paz y felicidad. De ahí que la señal que su reino ha venido y está presente, es que nosotros, asistidos por su gracia, aliviemos los sufrimientos de los que sufren. Esa es la mejor y más bella navidad: prolongar sus rasgos y abrirle un espacio para que vuelva a encarnarse entre nosotros y en nosotros en esta Navidad.

   Detrás de la Navidad, en la puerta del adviento, esperamos como niños la venida del Señor. Como el labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia. 

   Somos como los niños esperando que la puerta se abra para recibir el más bello regalo. Adviento es el día antes de la más bella noticia; Es el acelere del corazón, esperando que la puerta de Navidad se abra y nos dé el más bello regalo: el Niño Dios.

   Como Juan el Bautista, abramos el oído a la voz de Dios, e inclinemos el corazón para recibir su fuerza de lo alto, y enfoquemos nuestra mirada en Jesús. Sólo así podremos hacer de las dificultades oportunidades en donde florezca la esperanza y la alegría. En la noche de navidad se proclamará: Os anuncio una gran alegría, hoy, en Belén de Judá os ha nacido el Salvador…”. Dios nos pide en este adviento, que cada uno sea para sí mismo, el Juan que señal en qué debemos cambiar y a qué debemos renunciar. 

   Juan el Bautista no era la luz, pero él anunció la luz; era como una antorcha de la gran llama. Ya, en Juan, iba apareciendo poco a poco la luz del Señor. 

   Cada uno de nosotros, también podemos ser antorcha del Señor para que él brille, y llama de su amor para que caliente nuestro corazón. 

   Como aquellas velas que se encienden en un cumpleaños y constantemente reaparece su luz, contemplemos en esta navidad el resplandor de la luz de Cristo que nunca se apaga y adelantemos la navidad con la alegría y los ojos sencillos de los pastores. Dejemos que la luz de Cristo disipe las tinieblas de nuestro corazón, de nuestra sociedad y de nuestras familias. 

   Hagamos de nuestras palabras cotidianas un canal de respeto y una fuente de amor. Liberemos nuestros corazones de los virus del pecado y de los rencores y envidias. Respetamos a cada uno de nuestros hermanos como el más noble pesebre que nos descubre la presencia de Dios, provocando la más bella navidad. Preparemos nuestros corazones para que le sirvan al Señor de cuna, donde deposite y brote la esperanza, la alegría, la paz y felicidad.  

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena Nueva del Señor, que vuelve a nacer por la salvación de todos. 

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja.

Padre Luis Guillermo Robayo M.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo 2° Domingo de Adviento, 4 de Diciembre 2022, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 6 dic 2022, 6:54 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 13 dic 2022, 6:48 ]

Chía, 4 de Diciembre de 2022

Saludo y bendición a todos ustedes, queridos discípulos - misioneros de Santa Ana.

"Convertíos…Está Cerca el Reino de Dios"

   En este Segundo Domingo de Adviento, el Señor nos llama a la conversión. El Evangelio describe cómo acude la gente al desierto para escuchar a Juan Bautista. Y nuestra conversión comienza yendo al desierto de nuestro corazón, y alejados de las distracciones del mundo para estar solos con Dios. Pero se requiere tener un corazón de adviento; es decir, un corazón de apertura y silencio porque ahí encontramos a Dios y descubrimos nuestro verdadero ser. Hoy, el ruido no solo nos rodea, sino que lo buscamos, mientras que en el silencio de fe y espera gozosa, entendemos el daño que nos hace el pecado, lo que nos separa de Dios y nos da infelicidad. Solo el Adviento nos adentrará por los senderos del Espíritu, el único que podrá llegar a erradicar el pecado.

   Juan el Bautista nos anuncia que algo nuevo está a punto de brotar. Una nueva primavera está a punto de romper. Y la gente que está cansada de vivir el invierno de la ley, siente necesitad de algo nuevo. Pero es urgente un cambio; urge la “conversión” personal, y que cada uno se transforme en instrumento que facilite el despertar primaveral de Dios. No basta que lo nuevo esté a las puertas, hay que abrirlas, hay que allanar los caminos y tender puentes, en aras del encuentro del Dios con nosotros y nosotros con él.

   ¿Por qué llama Juan Bautista “raza de víboras” a los judíos? Es fuerte la comparación, y es porque las víboras cambian de piel, pero en su interior siempre tiene veneno. De nada sirve la circuncisión de la carne ni sus tradiciones. Creernos buenos nos impide ser mejores, y nos cierra a la necesidad de conversión. Creernos buenos es la postura de los fariseos y saduceos a los que Juan Bautista recrimina como «raza de víboras». Lo que vale es la justicia, las obras de amor y de misericordia. Si la conversión que comienza en el interior, habrá que colocar a Dios en el centro del corazón; de lo contrario lo tendremos vacío, aunque tengamos el estómago lleno. Juan Bautista toca lo esencial, dice la verdad, anuncia la novedad, y la verdad tiene sus exigencias e impone un nuevo modo de vivir tanto interno como externo; lo que se llama coherencia de vida.

   Preparar el camino al Señor, no es otra cosa que remover todos los obstáculos que impiden su llegada a nuestro corazón. 

   La conversión es algo así como un nuevo bautismo.

   El bautismo de Juan no podía transformar a alguien en hijo de Dios, pero podía prepararlo para recibir tal regalo. Y la condición es el arrepentimiento sincero de los pecados y el firme deseo de convertirse a una vida nueva. Sin esto, el bautismo no tendría ningún valor.

   La conversión es el mejor camino por donde transita el Señor con sus brazos abiertos y el pecador con su cabeza agachada. “Todo santo pudo tener un pasado pecador, como todo pecador puede tener un futuro de santidad”. De ahí que el Mesías viene a las personas que se reconocen pecadoras, y en la ruta de conversión. Aquellas que cuando escuchan las palabras del profeta, “convertíos”, su corazón se estremece y reconocen su necesidad de cambio. Aquellos que sienten desolado su corazón, y que, sin Dios, no hay más que aridez. Las palabras de Juan Bautista solo se pueden entender si se está en la soledad del desierto, no en el ruido, ni en el pozo de la abundancia. Dios le habla a los que viven vacíos, a los que se sienten pecadores y anhelan algo nuevo en su vida. Él siempre estará cerca del corazón, que así esté árido y seco, quiere florecer.

   En este adviento, seguramente nuestro corazón necesite una limpieza y algunos ajustes para acoger, -con la humildad del Bautista-, al Hijo de Dios. Lo importante es que estemos dispuestos a recibir al Dios que se abaja para rescatarnos. 

   Precisamente, la paz que anhelamos en la navidad, comienza con el cambio que brota del interior del propio corazón, quitando todo lo malo que haya en él, y dando espacio a todo lo que Dios siembra en nosotros. Démonos cuenta que el árbol que se ve seco, o como muerto en el invierno, guarda en su interior, la sabia que lo hará reverdecer y dar fruto en la primavera. En nuestro interior está la sabia del mismo Dios que nos abre el espacio para la alegría, siempre que le demos a él el primer lugar en esta navidad. Sabemos que su palabra poderosa y su luz esplendorosa seguirán venciendo toda forma de tinieblas.

   Porque solo con corazones nuevos en su interior, es posible abrirnos a la novedad de Dios; es posible abrirnos a la novedad del Reino, “a la novedad que nos trae el Mesías”. “Conviértanse, porque está cerca el Reino de los cielos”. No se puede recibir “al que viene”:con “corazones viejos”, o con “corazones arrugados”.

   “Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”. No es cuestión de parchar los huecos del camino, es preciso “abrir caminos nuevos”, “Allanar las montañas de obstáculos que llevamos dentro”, y “Rellenar los barrancos de vacíos que llevamos dentro”.

   Hagamos de nuestro corazón el mejor de los pesebres, al que Jesús venga en esta navidad para transformarlo con su divino amor. No perdamos de vista cuál es la meta que nos espera al final del camino; pongamos la mirada en el Señor que viene a salvarnos, a traernos vida nueva, a alentar nuestra esperanza en nuestro último y definitivo destino: La eterna comunión con Dios.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja.

Padre Luis Guillermo Robayo M.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo 1° Domingo de Adviento, 27 de Noviembre 2022, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 28 nov 2022, 5:44 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 13 dic 2022, 6:48 ]

Chía, 27 de Noviembre de 2022

Saludo y bendición para todos, al iniciar, con este adviento, el nuevo año litúrgico.

"En Vela, y Siempre Atentos a Tu Venida Señor"

   Iniciamos un año nuevo litúrgico con este primer Domingo de Adviento. Las cuatro semanas de este adviento, preparan la navidad en la espera de la segunda venida del Señor. Es tiempo de esperanza gozosa en su venida, y la palabra de Dios nos exhortará cada día del adviento, a estar atentos y vigilantes en la oración.

    En la primera lectura, el profeta Isaías le trae un mensaje de esperanza al pueblo, que ha de revestirse con el manto de Dios, con un corazón nuevo, y marchar al monte del Señor. San Mateo, en el evangelio, anima a la comunidad a la vigilancia, a través de las obras de misericordia, propias de quienes esperan la llegada del Señor. En él colocamos nuestra esperanza y de él recibimos, como lluvia copiosa, su solemne bendición.

 

   Este es un tiempo bendito para caminar hacia el Señor, que siempre está viniendo. Tiempo para planificar nuestro encuentro final con él y, en la fe, comprender que “lo último es lo primero”. Las últimas palabras del padre Teilhard de Chardin, fueron: “Me voy al que viene”. Así ha se explica la vida del creyente, como un caminar de dos que se aman, -el Señor que viene, y cada uno de nosotros que va hacia el cara a cara definitivo con creador y el redentor. Tiempo del adviento, como el retorno de la primavera a una tierra ansiosa, como un rey que llega a visitar su reino, o como el amo que regresa, mientras sus criados lo esperan vigilantes.

 

   En este adviento estamos invitados a detenernos un instante, a observar nuestro rumbo y a direccionarlo a lo alto. Cada adviento nos adelanta el encuentro definitivo con el Señor. Cada día es adviento, y si nuestra tarea está orientada hacia él, estará bien realizada. El Señor que ya vino, viene, sigue llegando y habrá que vivir el presente en clave de eternidad. Mientras la lógica del mundo es hacia un permanente descenso y caída al mal, el adviento es la oportunidad para levantar el alma y mirar hacia lo alto, donde está nuestro origen; reorientar nuestro proyecto divino y realizarlo con urgencia pues sólo disponemos de esta vida para llevarlo a cabo llenándolo de eternidad.

 

   En este mundo, estamos en una actitud de “permanente espera”. Cuando una mujer está embarazada se dice que «espera» un niño; los despachos tienen «sala de espera». Aunque no nos guste esperar, “la vida misma es como una sala de espera”; en cualquier momento, la muerte nos dirá, el siguiente. Como creyentes sabemos que la espera se vuelve esperanza. 

   Si al final de una cita médica nos dijeran que solo nos quedan unos meses de vida, todo cambiaría y, probablemente, nuestra alma buscaría, afanada, la eternidad. El Adviento nos incluye en esa lista de espera para el encuentro con el Señor, al tiempo que nos brinda una gran dosis de purificación, de vigilancia, de oración, de reconciliación y conversión. 
“Estén alerta, - dice el Señor, no sea que se endurezcan sus corazones…”

 

   Desde que Cristo resucitó, sabemos que nuestra vida tiene una dirección hacia la eternidad. La espera del creyente va cargada de esa certeza en la presencia siempre cercana del Señor. 


   Si supiéramos que sólo nos queda un día de vida, ¿de qué nos arrepentiríamos? Dice el Señor: «... 

Estad en vela, orando en todo tiempo, para que no seamos sorprendidos».

 

   La vigilancia es hija de la Esperanza. Ojalá estemos atentos a los signos que Dios coloca en nuestro camino, para que este adviento nos encuentre “en casa, y con Dios en el corazón” y podamos abrirle las puertas del corazón. “Levantemos la cabeza”, tengamos los ojos abiertos y los oídos despiertos para escuchar el paso del Señor que siempre viene. Que su amor reine entre nosotros con la esperanza de estar algún día con Él. 

   El adviento que hoy comenzamos, quiere “que dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz”. Que hagamos un esfuerzo de vigilancia, mirando más allá de nosotros mismos, alargando la mente y el corazón para abrirnos a las necesidades de los hermanos. 

   Que dejemos de vivir en las tinieblas de la indiferencia y encendamos la luz de nuestra caridad. El evangelio lo sentencia: “Vestíos del Señor”. Él murió desnudo en la Cruz, para

“vestirnos a todos con la dignidad de hijos de Dios”. 

   Igualmente nos advierte: “Daos cuenta del momento que vivís”. Sabia advertencia porque muchos vivimos, mientras la vida se nos escapa entre los dedos y no nos enteramos de nada. No nos damos cuenta de lo que pasa “dentro de nosotros mismos”. No nos damos cuenta “de cómo se nos apolilla el alma”; no nos damos cuenta “de cómo se nos muere el corazón”. No nos damos cuenta “de cómo vamos perdiendo nuestra conciencia”, y caminamos tranquilos sin ella. No nos damos cuenta “de cómo Dios se nos va secando dentro”, y caminamos por la vida, “como si no existiese”. 

   Cada Domingo, venimos con el impulso de Dios al encuentro de dos amados: Dios y nosotros. Desde ya miremos a Belén, y permitámosle al Señor que en este adviento nuestras vidas se vuelvan hacia la luz que surge de aquel sencillo pesebre.    Demos espacio al silencio, a la oración y a la escucha, para que la voz de Dios resuene en nuestras vidas.

 

   Les deseo a todos un nuevo año litúrgico lleno de gozo espiritual, y a quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos, extendiendo como discípulos misioneros, el reino de Jesucristo, donde quiera que nos encontremos.

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen María los proteja. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

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