Saludo Semanal   

Saludo 2° Domingo del Tiempo Ordinario, 14 Enero 2018, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 13 ene. 2018 6:08 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 13 ene. 2018 8:22 ]

Chía, 14 de Enero de 2018

Saludo cordial a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.


Venid y lo Veréis


   En el Evangelio de este Domingo, vemos a los discípulos viviendo en clima de alegría, como indicando que se han encontrado con la Buena Nueva, con Jesús. 

   Y es una experiencia real. Todo aquel que se encuentre con Jesús verá nacer en él un nuevo estilo de vida porque el único que puede transformar la vida de un ser humano es Jesús, de ahí que los discípulos de Juan se quedasen con Él. 

   Juan acaba de proclamar: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” cuando ve venir a Cristo hacia él. Este gran profeta nos muestra claramente al que ha venido. Ya no hay que preparar su venida, ya está aquí. Es Él, el Mesías encarnado que, tras su manifestación pública en el bautismo, comienza su ministerio y predicación a todos; no en plan sectario (a unos cuantos nada más), sino a todo el que lo busca con sincero corazón y desea que entre en su existencia. 

   El Evangelio nos narra cómo hombres corrientes se interesan por el sitio donde Cristo habita. “Venid y lo veréis”, les dice. “Y se quedaron con Él”

   Experiencia que todos nosotros hemos tenido en diversas circunstancias y momentos. ¿Quién se puede quedar de brazos cruzados cuando ha visto al Señor y ha sido llamado por Él? No se puede escoger otra opción que quedarse. 

   Andrés fue uno de los primeros que escuchó al Maestro y lo siguió, luego llamó a su hermano Simón Pedro y lo llevó hasta Él. 

   Los discípulos eran personas con un corazón inquieto, que no se conformaban con lo que es aparente o habitual. Eran hombres en busca de la promesa, en busca de Dios.

   Y eran hombres vigilantes, capaces de percibir los signos de Dios, su lenguaje callado y perseverante. Y hoy como ayer, Cristo sigue pasando por nuestra vida, sale a nuestro encuentro, nos invita a vivir con Él y nos exige respuestas. 

  Independientemente de cómo sea nuestra vida, Él se ofrece nuevamente como el mejor amigo y su corazón como el mejor lugar para alojarnos en Él. 

   No cesa de preguntarnos: Qué buscáis? Él necesita de nuestras manos para llevar adelante su misión. Pero ¿buscamos y queremos hacer su voluntad? ¿Anhelamos la propagación del Evangelio?¿Seremos capaces de responderle con generosidad? 

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   La cuestión es esta: ¿Qué busca el hombre de hoy? ¿Hacia dónde camina? ¿Busca a Dios o se busca así mismo? ¿Sabemos entender el lenguaje de Dios?, ¿Somos personas cuyo corazón no descansa hasta alcanzar a Dios que nos invita a dejar nuestros letargos, nuestros apegos? O más bien ni siquiera nos percatamos en esa voz sencilla y misteriosa que se da en los acontecimientos ordinarios. Por nuestra vida pasa el Señor, nos habla, nos invita ¿Quieres saber dónde vivo? ¿Estamos dispuestos a sacudir nuestra pereza para experimentar la belleza de su amistad, o preferimos taparnos los oídos y cerrar el corazón para no ser incomodados? ¿Qué lugar dejamos a Dios? ¿Podemos decir con el salmista: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad? 

   Cada día Jesús nos dice: Levántate, ¡ven a mí, comparte mi proyecto del Reino! Toda llamada del Señor se realiza a través de una mediación, alguien llama en nombre del Maestro, en este caso Juan el Bautista, en otros, será un familiar, un maestro, un sacerdote amigo. Dios pasa siempre en nuestra vida y de muchas maneras se manifiesta, pero se requiere un corazón inquieto. 

   Pidamos al Señor, que no dejemos de aventurarnos por Él, que no enfriemos nuestro corazón, que le busquemos con toda nuestra alma, con todo nuestro entendimiento y con todas nuestras fuerzas.

    Que no nos cansemos de buscar a ese Señor que, siempre y en toda circunstancia, sale a nuestro encuentro y nos dice: “Ven y sígueme”. 

   Seamos como Andrés, como Juan, como Pedro, como María. Que nuestra preocupación constante sea que todos lo conozcan, que todos lo amen, que todos se alegren de encontrarse con el que nos llamó a compartir aquella felicidad que, fuera de él, nadie nos podrá ofrecer.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe. Amén.

Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía 

Solemnidad de la Epifanía del Señor, 7 Ene 2018

publicado a la‎(s)‎ 6 ene. 2018 10:29 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 6 ene. 2018 12:40 ]

Solemnidad de la Epifanía del Señor, 7 Ene 2018 
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Chía, 7 de Enero de 2018

Saludo cordial y bendición a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.


“Venimos a Adorar al Rey”


   La Epifanía celebra la aparición en el mundo de Cristo, Luz divina con la que Dios salió al encuentro de la débil luz de la razón humana. Así, en la Solemnidad de hoy, se propone la íntima relación que existe entre la razón y la fe, las dos alas de que dispone el espíritu humano para elevarse hacia la contemplación de la verdad. 

   La Solemnidad de la Epifanía es la fiesta de la luz que ha brillado en medio de las tinieblas del mundo para que todos pudieran encontrar al Salvador, nacido de María. Los Magos son de lejos y, no obstante, son los primeros en ver sus señales; son de lejos y en el camino quedan a oscuras y sin camino; se sienten perdidos pero sus dudas y oscuridades no los echan atrás. Preguntan a quienes deben saberlo, pero ellos no lo saben. 

   Parece extraño que los que estaban cerca no se enteraron, ni supieron nada del Niño, ni de la estrella. Solo sabían por los libros dónde sería el nacimiento pero no se enteraron que ya tuvo lugar. Los tres personajes de lejos han sentido la necesidad de “buscar” al que otros también esperaban, pero que se olvidaron de buscar. Era la búsqueda del corazón. Y era la búsqueda a través de los signos. Todo parecía que iba a ser muy fácil, pero es sólo cuando ya estaban a punto de llegar, que el camino se pierde porque se pierde la señal.

   Dios se manifiesta siempre a todos, aunque sólo le descubre el que le busca con empeño. Aquellos Magos son figura de todos los hombres y mujeres de la historia que buscan respuestas a tantos interrogantes que la vida nos presenta. Ellos encontraron la respuesta allí donde menos esperaban: en un Niño pobre y humilde recostado en un pesebre. Los magos estuvieron abiertos a la llamada de Dios, supieron distinguir los signos de los tiempos, vigilaron y escucharon. 

   Fueron hombres de oración capaces de entender la voz del cielo y la propia voz del corazón; siguieron la estrella, fueron capaces de dejar su tierra, y rebosantes de esperanza dejan todo por seguir la llamada. La Epifanía nos habla, entonces, de los que van cansados del camino; de los que persisten en la búsqueda del Señor más allá de cualquier desilusión, porque intuyen que, al final, Él siempre se revela y se manifiesta a quienes lo buscan, aunque vengan de lejos. 

   No siempre un camino es el mismo de ida y de regreso. Los magos sintieron la necesidad de “buscar” otro camino, entonces ya no es el camino que va al encuentro, sino el camino de haber encontrado. Ahora es el mismo Dios quien se hace Camino. Un camino que ya no depende de una estrella, sino el Camino de quien ha llegado y ha dejado que Dios se haga luz en su corazón. No se puede encontrar a Dios y seguir igual. Cuando uno se ha contagiado de Dios, la vida ya no es la misma. Cuando uno ha visto a Dios, aunque sea en la pobreza de un pesebre, los ojos ya no ven lo mismo. Cuando uno ha sentido a Dios en su corazón, la vida se llena de caminos y todos son Caminos de Dios. 

   Dios siempre es sorpresa. Buscaban a un rey y se encuentran con un Niño pobre, porque sólo desde la humildad se puede reconocer al Mesías en un niño. La humildad nos dispone siempre para descubrir todas las humildes manifestaciones de Dios, sea en nosotros mismos, sea en los demás. Dios se manifiesta a los que tienen corazón de niño, a los que son capaces de saber aceptar el «otro Camino» y estar siempre disponibles, humildes y confiados. 

   El encuentro con Cristo debe determinar un cambio, una permuta de costumbres. Nadie que se haya encontrado realmente con Dios puede andar los mismos caminos del pasado y del pecado. Cambiando la vida, cambia la vía. No podemos volver a casa por el mismo camino que hemos venido, es decir, exactamente como estábamos antes de venir a la Iglesia. Si la estrella aparecida a los magos, fue como una “espléndida lengua del cielo” que narraba la Gloria de Dios, ahora será por el Evangelio que nosotros seamos conducidos a adorar a Cristo, por la verdad que resplandece en Él, y seguirá llamando hacia Él a los hombres de toda la tierra. Nos falta solamente testimoniarlo, transitando los Caminos del Señor. 

   La Epifanía nos invita a estar ¡Atentos a los signos de Dios!: Ver la estrella y seguirla, abandonarlo todo y compartir, superar las dudas y buscar, tener la capacidad de cambio y renovación, descubrir a Dios en todo y confiar siempre en Él, han de ser las actitudes del creyente. 

   Pidámosle al Señor que los Magos de Oriente nos dejen de regalo sus actitudes, para encontrarnos con Dios, que desde que nació en Belén camina por nuestros Caminos; y que así como ellos adoraron al Niño “en la casa”, en las rodillas de la Madre, también nosotros lo adoraremos en la Eucaristía, en Espíritu y verdad, y en lo profundo de nuestro corazón.

    Entreguémosle como regalo al Señor, nuestro pobre corazón, para que, con la luz de su divino Espíritu, podamos descubrir que Él es el mejor regalo que Dios se dignó ofrecernos para nuestra salvación. 

A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

    Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe en este nuevo año. Amén



Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía


Solemnidad Santa María Madre de Dios, 1 Ene 2018

publicado a la‎(s)‎ 1 ene. 2018 6:42 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 1 ene. 2018 6:53 ]


Chía, 1 de Enero de 2018

Saludo y bendición de año nuevo a todos los fieles de esta comunidad de Santa Ana.


“¡Bajo tu Amparo nos Acogemos, Santa Madre de Dios!”


   En este día, el primero del nuevo año 2.018, la Iglesia coloca todo el énfasis en María la Madre de Dios, con la convicción que, los proyectos, la vida, la Iglesia y la historia, puestos en las manos de la Madre de Dios, tendrán el amparo del altísimo.

 

   Referirnos a nuestras madres puede ayudarnos a entender tan soberano misterio. Así como nuestra madre no formó nuestras almas, sino que solo formó nuestros cuerpos -y sin embargo son plenamente nuestras madres-, así María, que formó el cuerpo de Jesús, es plenamente Madre Dios. Esta sorprendente realidad que repetimos cada vez que rezamos el Ave María, fue la que avistaron los pastores que corrieron al pesebre: Dios hecho hombre, su santísima Madre y su padre adoptivo.

 

   La presencia de María, al inicio del año, es una propuesta para comenzar todo desde Dios; nos refuerza el presente con la presencia maternal de Dios, e ilumina cada momento con la fuerza del misterio que se vive. María es la única mujer capaz de ocupar el único y exclusivo puesto de nuestras madres, porque ellas también son hijas de tan majestuosa pastora y saben que bajo su protección y amparo descansan y colocan a sus hijos, y por haber llevado a su Hijo en sus entrañas, ella tiene un celestial don que siempre que la contemplamos nos inspira limpios sentimientos y nos eleva al cielo sin partir de este mundo.

 


   La maternidad de María abre un espacio para el nombre de Jesús, que llegó a ser fuente de salvación eterna para todos los que lo obedecen. Y, a su vez, es el nombre de Jesús el que le da un valor infinito a la maternidad divina de la Virgen María. Recordemos los proyectos, objetivos y esperanzas que deseamos se hagan realidad en este año que empieza, bendecidos por la mano de Dios y con el esfuerzo de nuestra propia voluntad.

   María es Madre de Dios que nos orienta en nuestro caminar diario y nos infunde una llamada a la humildad frente a la autosuficiencia, a la búsqueda del silencio interior frente al ruido y la dispersión, a la aceptación de la voluntad divina frente a las comodidades y gustos personales, a la  sincera apertura a la voluntad del Padre, a la actitud de oyente de la Palabra de Dios por la fe, a la gozosa esperanza en medio de las dificultades de la vida.

   Cuando el Evangelio afirma que María conservaba todo esto en su corazón no era solo relacionado a un solo momento; es una experiencia vital que comienza ahí pero que va a ser la ley constante que ilumine toda su existencia. El hecho de comenzar el nuevo año en presencia del Señor bajo el amparo y protección de María Santísima, es la clave para transitar por la mejor ruta al encuentro con Dios. 

 

   Bien lo afirmó el papa Pío XII en un famoso discurso dedicado a las madres: “La madre, es el "sol de la casa", porque como el sol, la madre aporta "calor" al hogar con su cariño y su dulzura; como el sol, la madre ilumina los "ángulos oscuros" de la vida hogareña cotidiana; como el sol, la madre anima, suscita, regula y ordena la actividad de los miembros de la familia; como el sol, en el atardecer, la madre se oculta para que comiencen a brillar en la vida de los hijos otras luces, otras estrellas. La Virgen María fue el "sol" de la casa de Nazaret para su hijo Jesús y para su esposo José. 


   En María encuentra toda esposa y madre un modelo que imitar, un camino que seguir. ¿Cómo puede ser hoy, una esposa y una madre, sol de la casa? ¿Cuáles son las expresiones de cariño y de dulzura para "calentar" el hogar? ¿Cómo iluminar los "ángulos oscuros" del esposo, de los hijos, y de los demás seres queridos que conviven en la misma casa? ¿Qué formas de tacto y mesura habrá de usar para orientar la actividad de la familia hacia la unión, el bienestar, la paz, la felicidad? ¿En qué modo habrá de "ocultarse" para no opacar las nuevas luces que aparecen en el horizonte de sus hijos? Una mamá solo tendrá que levantar su mirada hacia María Madre y seguir sus pasos.

 

   Al invocarla en este primer día del año, pidámosle a María Santísima que nos proteja cada día del año, y que nos ayude a descubrir y profundizar más y más en el hecho de que somos hijos adoptivos de Dios, enseñándonos a ser coherentes con esta verdad de fe en medio de las vicisitudes que padecemos, y de las decisiones que requieran de nosotros todo el auxilio divino.

 

   Como Rector de esta amada comunidad, doy infinitas gracias a Dios por permitirnos crecer en la fidelidad a Él, a María Santísima y a la Santa Iglesia, durante el año que termina. Junto a 

Monseñor Héctor Cubillos Peña 
Obispo de Nuestra Diócesis de Zipaquirá

les enviamos de corazón, nuestra bendición.

 ¡Feliz año nuevo a todos!

Que Dios los bendiga y los guarde durante este nuevo año, y que María Santísima los proteja con su manto. 



Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía



La Sagrada Familia de Jesús, María y José, 31 Dic 2017, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 29 dic. 2017 11:57 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 29 dic. 2017 12:10 ]

Chía, 31 de Diciembre de 2017 
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   Saludo cordial a todos los fieles de esta comunidad de Santa Ana en Centro Chía.  

Jesús, José y María, Sed la Salvación Mía

   Seguimos celebrando la Navidad como irrupción de Dios en la historia haciéndose hombre como nosotros. Y hoy, adentrándonos en el portal de Belén, descubrimos la más bella institución que aporta sensibilidad, valores, equilibrio, seguridad, fe y esperanza: la Sagrada Familia.

   La Sagrada Familia es la más grande catequesis en donde se nos enseña el amor como la guía cierta y el modelo más eximio para saber por dónde tenemos que ir y a dónde tenemos que regresar. La familia es reflejo del amor de Dios que en el cielo no está solo, sino que forma también una comunión de vida trinitaria. Es una realidad tan hermosa que el mismo Dios quiso tener una mamá y un hogar en el cual crecer y soñar. San José habrá enseñando a Jesús a trabajar y la Virgen María a orar.

    En este tiempo de Navidad, la Sagrada Familia nos llama a orar por ella, a defenderla y promoverla. La fiesta de hoy es una invitación a los esposos e hijos para permanecer unidos en Dios, fuente del amor auténtico, y reconocer que en la familia lo más importante es Dios. Hay familias que no les falta materialmente nada; hay casas que lo tiene todo, pero no tienen el toque sagrado ni el amor de Dios. Precisamente, Dios, fuente infinita de sabiduría, quiso que fuera en la sagrada familia en donde él mismo nos proporcionaría el ambiente para crecer, como el niño Jesús, en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los demás. Sólo así, el mejor pedagogo para la educación de los hijos es el amor, la oración y el testimonio.

    Hoy, la Familia de Jesús, y en ella la nuestra, es la protagonista. No existe familia sin inconvenientes. Hasta la de Nazaret, tocada y bendecida por Dios, tuvo que sortear un mar de dificultades. Desde el “Sí” de María, pasando por los sueños de San José, las puertas cerradas o la huida a Egipto, nos hacen caer en cuenta que los grandes amores son los que más hay que cuidar. Y que, los grandes amores, son los más probados. No hay gran empresa, aunque sea inspirada de Dios, que no tenga sus tropiezos, y nuestras familias, tan atacadas en medio de la sociedad, son un estímulo para recuperar la ternura, el cariño, la unión, los valores y la paz social que cada día más se añora.

    En la familia todos tienen su lugar y su carisma. Poco sabemos de José y de María. Pero sí que es verdad que, en los dos, se da un común denominador: se pusieron manos a la obra para salvar la obra de Dios. Uno, como carpintero. El otro, María, como portadora de la Buena Noticia. Supieron estar en el lugar que les correspondía y siendo responsables de lo que Dios les confió. La familia lejos de ser un espacio para ser amigos es una mesa donde se ponen las tildes y las comas para que, el día de mañana, los hijos puedan escribir correctamente. 

   Y, aun así, no está garantizado el éxito. La Sagrada Familia nos trae una buena catequesis: la confianza, el amor y la fe en Dios, por parte de José y de María, decoraban el ambiente de aquel primer hogar cristiano. Jesús, el camino a la sinagoga o la familiaridad con la Ley, la aprendió de pequeño. Desde que fue niño, vería a unos padres comprometidos con Dios, enamorados de su causa y cercanos a su Ley. Fueron, sin dudarlo, los primeros y mejores catequistas en la vida del Niño Jesús.

 La familia siempre ha estado al comienzo y el final de nuestras vidas: en una familia nacimos, con ella desearíamos vivir y se nos rompe el alma cuando se fracciona o alguien de ella muere. Entonces será la familia trinitaria la que nos recibe el cielo. La familia es el regalo más bello. Ahí es donde Dios nos da la vida y, ni los avances científicos ni tecnológicos, darán lo que una familia puede ofrecer. Esto nos ha de interpelar seriamente. ¿Qué estamos haciendo por el traspaso de la fe en nuestras familias? ¿Somos transmisores o cortocircuito? ¿Tomamos en serio nuestra misión de educadores, o la delegamos a las instituciones o personas? ¿Practicamos la vida cristiana como oración, eucaristía, bendición de la mesa, rosario, etc.? O tal vez nuestras familias se dicen cristianas solamente por haber sido bautizadas?

   Que Jesús, José y María nos ayuden a cuidar de la más bella institución en la que hemos nacido. Se suele decir que una cosa no se valora hasta que se pierde. Que sepamos dar gracias a Dios por esa gran escuela, universidad, taller y semillero de valores que son nuestras familias, porque sólo así seremos hombres y mujeres con raíces profundas, con criterios propios y con luz personal.

    En Jesús, Dios hace suyos los valores más nobles y viene a vivirlos; y la familia, sin duda alguna, es el más sagrado de ellos.

    Confiemos, entonces a Dios nuestras familias con todas las fatigas y las alegrías, con las contradicciones y las pobrezas, las emociones y el bien divino que tantas veces resplandece en nuestras familias. 

   Confiémoslas a Dios porque Él habita en cada una de ellas.

    Que este nuevo año que Dios nos permite, sea una oportunidad para volver nuestros corazones a Dios y, como familias, aferrarnos a él. Así podremos garantizar una sociedad más sana y sólida. Pidámosle al Señor que las madres sean con María; los padres como San José, y los niños imiten a Jesús de Nazaret.

“Que los papás repitan: Dios bendiga siempre a nuestros hijos, porque a nosotros ya nos bendijo con ellos”

En nombre del Señor Obispo de la Diócesis de Zipaquirá, 

Monseñor Héctor Cubillos Peña 
Obispo Diócesis de Zipaquirá

les deseamos, a todas las familias, un santo y feliz año nuevo. Que Dios los bendiga a todos y la Virgen los proteja y los cubra con su manto durante este nuevo año 2.018.


Luis Guillermo Robayo M. Pbro.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía 


Solemnidad de la Natividad del Señor, 25 Dic 2017, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 24 dic. 2017 17:08 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 29 dic. 2017 10:24 ]

Chía, 25 de Diciembre de 2017 
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   Feliz Navidad a todos los fieles de esta amada comunidad de Santa Ana.  

“Nos ha nacido el Salvador”

 

   “Os anuncio una gran alegría, hoy, en Belén de Judá, nos ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor”. 

   Así lo proclama la liturgia en esta Solemnidad. En esta noche santa, todos deberíamos vestir nuestras almas con traje de alegría, inocencia, pureza, de ilusión confiada, de fe sencilla y de alegría santa, porque esta alegría es la nota distintiva de estas fiestas. La alegría del cielo coloca su morada en la tierra, en nuestros corazones y en nuestras familias. 

   Ante Dios hecho uno de nosotros, nadie puede quedarse indiferente. Todo el mundo tiene que definirse. De esto tenemos símbolos en los evangelios de estos días. Los pastores abandonan el rebaño y van a Belén. 

   La estrella se pone en camino y arrastra a los Magos de Oriente. Los posaderos cierran sus puertas a la Madre y al Niño. Herodes se inquieta y teme por su trono. Todos se definen.

   Dios hecho hombre, hermanándonos por ser hermano común nuestro, es el Misterio Central de nuestra Fe. Si no lo aceptamos, cerremos las puertas y ventanas como muchos lo hicieron en Belén. 

   Pero si lo aceptamos, será Él el Señor de nuestra vida. Navidad, para los que no creen puede ser motivo de borrachera o de fiesta mundana.

Pero para nosotros, los que creemos, Navidad es Dios hecho carne de nuestra carne, como un hermano de sangre. Un hermano tan hermano de cada uno de nosotros que se toma la libertad de sentarse al lado de nuestra vida, de nuestra historia a decirnos que es hermano nuestro y que tiene junto a él, todos somos hermanos, unos de otros. Nos da su Padre, que lo es también nuestro.

Resultado de imagen para niño jesús gif animado   Con su nacimiento, el Niño Dios os ha abierto un portal al cielo, tan inmenso que cabemos todos. Nunca, la altura estuvo tan a ras del suelo y, jamás el camino del hombre, estuvo tan encumbrado en las alturas: ¡Dios se hace hombre y, el hombre, alcanza al mismo Dios! ¿En dónde? En un humilde pesebre.

   Bendita sea esta Navidad. Esta noche en la que, en el silencio, Dios nos hace escuchar y comprender la grandeza y el secreto de estos días. El secreto que no es otro que su inmenso Amor porque Dios sale a nuestro paso, Dios se hace fiador, Dios coloca toda su omnipotencia al servicio de la humanidad.


   En esta noche, los ángeles, interrumpen nuestro sueño. En Adviento estábamos en vela, ahora, los ángeles nos llaman a ponernos en camino para adorar al Dios que ha bajado a la tierra. Este es el gran acontecimiento que sigue sorprendiendo a tanta gente que en el mundo no cree: que Dios se hace hombre. Algunos, como los contemporáneos del Niño Jesús, no se percatarán de su nacimiento. 


   Otros, cerrando sus corazones, serán reflejo de aquellas otras posadas que dijeron ¡no! al paso de la Familia Sagrada, y otros más, entretenidos en las compras, en los regalos, en sus ocupaciones del mundo y mirando a otra parte, serán incapaces de descubrir, ver y seguir el destello de una estrella que conduce hasta el Dios Humanado.

 

   Cada uno de nosotros somos el Niño Dios, cuando dejamos que Dios crezca en nosotros; cada uno somos pesebre cuando adornamos nuestra vida con los valores de Dios; cada uno de nosotros somos campanas de navidad cuando nos esforzamos por dejar sonar la voz de Dios en nuestro corazón. 


   Cada uno somos villancicos cuando buscamos la armonía de Dios en nuestra vida.

   En nombre del Señor Obispo de la Diócesis de Zipaquirá, 

Monseñor Héctor Cubillos Peña 
Obispo Diócesis de Zipaquirá

 y en mi nombre, les deseamos a todos ustedes, amados fieles de esta comunidad de Santa Ana en Centro Chía, la más bella Navidad y nuestros deseos para que el Amor que trae el Niño Dios, les llene sus corazones, sus familias y los acompañe en este nuevo año 2.018.


Luis Guillermo Robayo M. Pbro.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía
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Te esperamos, Señor.

Hoy todos queremos estar en casa a media noche, Señor.

Queremos estar cuando nazcas, cuando llegues.

Esta noche,  todos estaremos en casa, en familia.

Hoy todos brindaremos por ti. Hoy todos te cantaremos.

 


¡NIÑO DE BELEN, FELIZ NAVIDAD EN MEDIO DE NOSOTROS! AMÉN.


4° Domingo de Adviento, 24 de Diciembre 2017, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 23 dic. 2017 10:14 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 23 dic. 2017 10:32 ]

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Chía, 24 de Diciembre de 2017


 


   Saludo y bendición, queridos discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana. 

¡Dios vive dónde se le deje entrar, como lo hizo María!


   Entramos a la recta final del Adviento, y el primero en llegar a la meta es, nada menos que el mismo Dios, en las entrañas de su Santísima Madre.
 

   En el bello relato de San Lucas podemos descubrir la humildad de Dios al venir a este mundo en el más absoluto anonimato de una mujer pobre de un lugar humilde. Por otro lado, descubrimos que Dios no impone su voluntad, ni anula la libertad de María ante su propuesta; más bien, le pide su colaboración para realizar con ella, el plan de salvación. 

Es el Amor, el que hace que Dios se fíe de María, y el que hace que María se fíe y se abandone en Dios. Por Fe y Amor, ella cierra sus ojos y se lanza en los brazos de Dios. 

   De ahí que la Navidad es la “fiesta de la Palabra que se hizo carne y habitó entre nosotros”. Por eso, María es “la mujer del doble Adviento”: Del Adviento que vivió y compartió con su pueblo, a la espera del anunciado que tenía que venir y del Adviento que vivió, durante nueve meses, hasta ver con sus propios ojos al que todos esperaban y que guardaba secretamente en su vientre virginal. Del Adviento de la Esperanza que ya está germinando, como el trigo, dentro de ella y que en Navidad se hará espiga madura y del Adviento de cuantos creemos y nos fiamos de “lo que Dios nos ha dicho”. 

   Como aconteció en María, Dios viene a nuestra vida cuando le hacemos un sitio. Él vive donde se le deje entrar. El templo donde Dios habita no es otro que el corazón de aquel que lo acoge, cuyo símbolo y expresión perfecta fue María, la pobre y humilde joven de Nazaret; la única mujer en cuyo corazón se hizo posible el milagro del inicio de una nueva creación. Ella es el templo de Dios, la Nueva Arca de la Alianza en la que se hace posible la unión plena entre Dios y la humanidad. 

   En María, Dios sale al encuentro del hombre sin importarle su pobreza o sus limitaciones. Es Él quien cualifica al que llama, como lo hizo con María. En ella encontramos a una mujer joven y pobre que supo escuchar a Dios y Dios, en ella, encontró Gracia, porque Él actúa donde menos lo esperamos; realiza su obra al aire libre y decide anidarse en la historia, y hacer su proyecto salvífico en el vientre de María, de ahí que ella se convierte en templo vivo de Dios, al dar vida a la Palabra. 

   No es fácil aceptar los planes de Dios cuando no se acomodan a los nuestros. Siempre que Dios nos llama a realizar un proyecto, tenemos la tentación de pensar que será como nosotros lo hemos programado; pero el Señor tiene sus caminos, que no son los nuestros. Él se encarga de realizar nuestros sueños y nuestros planes, pero a su manera. Lo importante es que encuentre en nosotros la disposición necesaria para dejarnos guiar y conducir por Él a través de las vicisitudes de nuestra vida.

   En esta Navidad, Dios nos da la oportunidad de ser templos suyos, porque hoy, al igual que entonces, Él sigue buscando corazones en donde habitar. El ángel del Señor sigue anunciando el nacimiento de Cristo en cada uno de nosotros. Esta será por siempre su propuesta de Amor: hacer de nosotros su propia casa. La anunciación se sigue repitiendo porque cada uno de nosotros puede llegar a ser madre de Dios y dar a luz a Jesús si, como María, hacemos la voluntad divina. El Corazón de María, por estar abierto a la Palabra, nos enseña a acoger en nuestra vida al que viene a encender nuestras ilusiones, esperanzas y proyectos con el fuego del amor divino. 

   Esta Navidad es el tiempo para reafirmar los valores de Dios en la familia. Tiempo de vivir hermosas tradiciones. Tiempo de evaluar el año que termina y renovar nuestras Esperanzas para el año venidero. En el corazón de cada persona se alberga una promesa de Paz y Amor, y se  renuevan los anhelos más auténticos. En los ojos de los niños brillan las ilusiones. Por un instante el mundo se detiene y celebra en armonía el nacimiento del niño Dios. Y aunque vayamos envejeciendo, los corazones se llenan de la inocencia que nos trae el niño de Belén. 

   Que como María, con el Corazón abierto a la Palabra, estemos dispuestos a hacer su voluntad y cooperar dócilmente en los planes de Dios.

   A todos los amados fieles de esta comunidad, y a quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org junto a Monseñor Héctor Cubillos, Obispo de la Diócesis de Zipaquirá, les deseamos de corazón, una ¡Feliz y santa Navidad! 

   Que la estrella de Belén nos vaya guiando a todos, por los senderos de su divino Hijos, Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Luis Guillermo Robayo M. Pbro.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

3° Domingo de Adviento "de Gaudete", 17 Diciembre 2017, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 16 dic. 2017 9:09 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 16 dic. 2017 11:32 ]

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Chía, 17 de Diciembre de 2017


   Saludo y bendición, queridos discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

“ ¡Domingo Gaudete! ”



   En este tercer Domingo de Adviento la Iglesia se viste de fiesta. Es el Domingo que llamamos de “Gaudete”, o Domingo de la Alegría, que nos pone alerta sobre las Alegrías verdaderas y duraderas; ¡las que maduran siempre desde el sacrificio, como no hay rosas sin espinas! Isaías nos dice: “Desbordo de gozo”; San Pablo agrega: 

   “Hermanos: estad siempre Alegres”

y el Papa Francisco añade: 

“Hay mucha necesidad de reconocer la Alegría que se revela en el corazón que ha sido tocado por la misericordia". 

   En esta tercera semana de Adviento, cercana ya la Navidad, escuchemos a Juan Bautista que nos hace un llamado a regocijarnos por El que viene. La Alegría está tocando la puerta de nuestro corazón: ¡Un niño nos va a nacer! Es el momento adecuado para ponernos en marcha y no perder la Esperanza. Para los creyentes, el encuentro con Jesús en la próxima Navidad tiene que ser el verdadero motivo de gozo y Alegría. Si colocamos a Dios como centro de todo, Él cambiará la tristeza en gozo y hará brillar la Luz en la oscuridad. 


   Juan el Bautista fue el pregonero de esta Alegría. Fue como la roca imperturbable en medio de las olas y las tempestades que generaban las aflicciones. Juan personifica la Esperanza del pueblo de la Primera Alianza, que alcanza su cumplimiento en la llegada del Mesías. Él demostraba la misma alegría tanto en el invierno de las amarguras, como en la primavera de la paz, y se alegró, aún en medio de su situación dramática. El Adviento nos llama a inclinar el corazón para recibir la fuerza de lo alto y anunciarlo con vigor, enfocando la vida y el alma entera en Jesús. Sólo así podremos, de las dificultades sacar oportunidades donde florezca la Esperanza y la Alegría. 

   Hoy, más que nunca, necesitamos esa Alegría de lo pequeño, de lo sencillo, de lo simple; la Alegría de la pobreza humana. En cada Navidad, Dios quiere seguir haciendo la experiencia de la encarnación, no solo en el mundo, sino en el encuentro con cada uno de nosotros, en lo cotidiano y pequeño de la vida. La eterna Navidad es aquella que brota desde lo más pequeño y va a lo más hondo del alma humana y del mismo Dios. 

   En los desiertos de esta vida, hay que anunciar y proclamar que lo mejor es abrir las puertas al Dios que viene y oír su voz. Hay que anunciar que la mejor dicha es ser vivificado y renovado con la unción del Espíritu. Eso nos convierte en testigos de la Navidad como Buena Nueva, y sabemos que, para Dios, solo valen los testigos que al Salvador. 


   Como el Bautista, todos los bautizados estamos llamados a ser testigos y voz de Dios, en donde quiera que estemos. Antes de celebrar la Navidad, el Precursor llega a nuestras vidas para invitarnos a la autenticidad. Si lo escuchamos, Dios cumplirá en nosotros sus promesas, y la vida se llenará de gozo y alegría. A los bautizados se nos confía una tarea semejante a la de Juan, sin protagonismos; es decir, con nuestro testimonio hemos de revelar que ya está presente en medio de nosotros. 

   Pensemos que esta Navidad es como la hermosa escena en la que el padre llega a casa y los hijos salen a la puerta a recibirlo con algarabía, y abrazarlo llenos de emoción; luego, al calor del hogar, comienza a repartir regalos a sus hijitos y familia. Cada día puede ser Navidad, si nos dejamos querer por Dios, y si acogemos su voluntad, acogiéndonos como hermanos. La venida de Dios en la soberana humildad del niño de Belén siempre será un acontecimiento de Amor; solo basta abrirle las entrañas del corazón para que se quede en él. En cada Navidad, el regocijo ha de ser total porque el Señor quiere llegar al corazón y sentirse como en su propia casa. Así ha de ser la Navidad: plena de regocijo por el regalo que Dios nos da en su Hijo Divino. 

   Navidad no es otra cosa que dejarnos encontrar por Dios y dejarnos cargar por Él. Es la alegría de sentir el calor de los hombros de Dios cargando a sus ovejas amadas.

    Adelantemos la llegada del Niño de Belén con los ojos sencillos de los pastores, con el corazón enamorado de María la madre del Señor y con la ternura serena de José, para que cada día sea Navidad en los corazones, en los hogares, en nuestra comunidad y en todo el mundo. 

   Pidamos al Señor, que nos contagie esa alegría que desbordaba el corazón de María Santísima, y que el motor de esta alegría no sea lo mundano, sino el equilibrio interior de nuestro encuentro gozoso con Dios. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

    Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe en este camino a la navidad. Amén.

Luis Guillermo Robayo M. Pbro.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo 2° Domingo de Adviento, 10 Diciembre 2017, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 10 dic. 2017 5:33 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 16 dic. 2017 7:42 ]

Chía, 10 de Diciembre de 2017


   Saludo y bendición, queridos discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

“Preparemos la llegada del Señor…Limpiemos el Corazón”


   El Domingo pasado se nos decía, “velad”. Hoy, tanto el profeta Isaías como Juan Bautista, nos dicen, “convertíos”. Convertirse significa creer en Jesús, volverse hacia él, aceptar sus criterios, y acogerlo de corazón. Juan el Bautista, es el prototipo del sentido de la Navidad porque la navidad es Dios que se “rebaja” para “elevarnos” a Él. La Navidad es Dios que se “despoja de sí mismo” para “revestirnos de él” y revestir a los demás. Es Dios “humanizándose” para, de alguna manera, “divinizarnos” a todos. 

   El Bautista nos insiste en preparar el Camino del Señor. Habrá que comenzar por allanar los senderos; es decir, desaparecer la soberbia, el orgullo, la prepotencia, y toda forma de pecado, de desorden moral, de sensualidades y vicios que nos llevan al abismo. ¡Todo esto ha de ser enderezado! Así, cuando llegue la navidad, podremos «ver la salvación de Dios». “Preparar el camino del Señor y allanar sus senderos” exige rectificar todo aquello que estorba la llegada del Señor; jugársela por un alma limpia y un corazón bien dispuestos. Sólo si Cristo nace en nosotros, la navidad tendrá valor y comenzaremos a vivir el cielo en la tierra.

 

   Todos preparamos la Navidad con anticipación. ¿Pero preparamos debidamente nuestros corazones? Es más fácil decorar una mesa, que llenar de amor el corazón. Es menos complicado brindar con una copa, que compartir toda una vida con los más necesitados. Es más fácil iluminar las plazas, centros comerciales, pueblos y ciudades, que colocar la luz de la fe en lo que somos y hacemos. ¿Cómo está nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos? ¿Por qué nos cuesta tanto ponernos en paz con Dios a través del sacramento de la penitencia? ¿Cómo llevamos nuestra vida cristiana? ¿Caminamos al encuentro del Señor, o vamos por senderos escabrosos directo al abismo? ¿Ante la venida del niño Dios, nos alegramos, como cuando en un hogar nace un niño, renace la alegría, y todo se llena de un gozo indescriptible?

 

   Adviento significa venida, llegada; y todo el mundo, - incluso los niños-, saben que el niño Dios llega. Pero otra cosa es que lo salgamos a recibir. “Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron” (Jn. 1,11). ¡Cuántos corazones lo dejan plantado insensibles al amor de Dios, que viene para darnos la paz! Dios espera nacer en las entrañas del ser humano, pero muchos prefieren hacer nido en los brazos del pecado. De ahí que adviento sea el momento ideal para dejarnos estrechar nuevamente por Dios, en los brazos del niño divino. Y sólo es capaz de recibirlo, quien lo espera con alegría, con fe y esperanza, como los niños esperando un regalo.

 

   Jesús viene a nuestro encuentro, ¡agarrémonos a Él, caminemos hacia Él! Nuestra vida está llena de caminos tortuosos que sólo pueden ser enderezados por medio de un cambio de actitud. Este tiempo litúrgico es el que mejor representa la vida humana, porque vamos de camino hacia el encuentro del Señor. Solo quienes miran con ojos fe, los sencillos y las almas humildes como los pastores que cuidaban sus rebaños, serán los que entienden su llegada. Adviento es el tiempo propicio de reflexión: si nos hemos desviado, hay que retomar los senderos del señor. Es tiempo para "enderezar" todo aquello en que no le estamos jugando derecho, ni limpio a Dios y a los demás. Es tiempo para "dar razón de nuestra esperanza", a todos aquellos que han dejado de buscarlo o han perdido la luz de la esperanza. 

   En esta Navidad una mano cubierta con aserrín de carpintero tocará a las puertas de nuestros corazones solicitando una morada. ¿Será que estamos tan ocupados y llenos de todo, que no hay sitio para Él? ¿Está mi casa con la puerta abierta para Dios? ¿Estará la puerta de mi corazón abierta para Él? ¿Le habré cambiado también la cerradura a mi corazón para no dejarlo entrar? ¿Al menos, tendré abierta la puerta para mis hermanos que no tienen cómo celebrar la Navidad? ¿Pienso que los más importante es la lista de regalos?, olvidando que

¿Somos el más grande regalo de Dios, tanto así que Él nos ha revestido de dones del cielo? 

   Celebremos, entonces, este adviento con la misma emoción con que una madre espera su primer hijo, o con la misma ilusión del niño que comienza a dar sus primeros pasos. Cuando nos inunde una ilusión, eso es adviento. Cuando sembremos esperanza por los senderos de nuestra vida, eso es adviento. Cuando sufrimos y esperamos con paciencia, eso es adviento, y cuando buscamos a Dios, ya pronto será Navidad. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe en este camino a la navidad. Amén.

Luis Guillermo Robayo M. Pbro.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo 1° Domingo de Adviento, 3 Diciembre 2017, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 2 dic. 2017 7:06 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 11 dic. 2017 8:25 ]

Chía, 3 de Diciembre de 2017


   Saludo y bendición, queridos discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

¡Ya Viene el Señor, Él es Nuestra Alegría!


   Termina una esperanza y se abre una esperanza nueva. Lo que parecía el final se convierte en un nuevo comienzo. Termina el año litúrgico con Jesús en la cúspide de la historia como Rey del universo y comienza un nuevo año, anunciando, de nuevo, su nacimiento en Belén. Jesús nos recuerda que él volverá y aunque no sabemos cuándo, hay que estar vigilantes porque no sabemos ni el día ni la hora. 

   La visita de Dios se parece a la de un ladrón porque arrebata lo que creíamos poseer. Nos creemos poseedores, y solo somos administradores de los dones de Dios. Para quien se cree dueño, Dios sólo puede ser un ladrón y su llegada es como un robo. En cambio, para quien se siente administrador, la llegada de Dios es el término de sus fatigas; es el momento de cesar en su labor y pasar al banquete definitivo con el dueño de todo. 

   La "venida de Dios" no es el viaje de Dios, sino el nuestro, pero visto desde nosotros mismos. A menudo nos parece como si Dios estuviera ausente, pero somos nosotros quienes le damos la espalda. "Estar atentos y vigilantes" consiste en reconocer las maneras en las cuales Dios solicita nuestra respuesta a su amor. El "hijo del Hombre" que ha de venir no es alguien que nos llega desde fuera, sino que se deja encontrar en nosotros cuando respondemos a su invitación. Jesús, que nació en Belén, continúa naciendo en cada uno de nosotros según respondamos a la oferta de participar en su vida. Esperar en él, es propio del que le ama, y a él lo esperamos porque lo amamos. 

   Existe el peligro de pasar por la vida dormidos, sin darnos cuenta que él continúa viniendo. Tantas esclavitudes como el egoísmo, la comodidad, la avaricia, el no pensar otra cosa que, en pasarla bien, el vivir para tener, el dejarse atrapar por las cosas y olvidar a las personas, entre otras, nos adormecen y hacen que nos centremos sólo en nosotros mismos. En cambio, escuchar atentamente a los demás, estar abiertos a las realidades de nuestro entorno y del mundo, cultivar la compasión, sentir las necesidades de los que sufren, pensar en los demás y orar por los demás, nos ayuda a permanecer despiertos, porque todo ello revela la presencia y cercanía del mismo Dios. 

   Jesús viene en nuestra búsqueda y quiere llenar de sentido lo que somos y hacemos. Estar en vela significa vivir atento, pendiente, dispuesto. Significa saber esperar de una manera confiada, con una actitud activa, convirtiendo esa espera en una alegría anticipada ante su venida. Jesús se va para volver, y mientras esperamos la Navidad a cada uno “nos deja tareas: A cada uno de sus criados le dio su tarea”. Es la tarea de prepararnos para estar atentos para cuando llegue, con el corazón abierto para hacerle sitio, y que no se repita lo que pasó el día de su nacimiento, “que para ellos no había sitio en las posadas”. 

   Jesús nos asegura que vendrá, pero no nos revela cuando llegará. Eso es el adviento: tiempo que nos mantiene con la esperanza despierta, porque cualquier momento puede ser el momento de la presencia siempre novedosa de Dios. Desafortunadamente, a este tiempo cargado de fe de esperanza cristiana, se le ha ido despojando de su verdadero significado. 

   En nuestra preocupación por buscar regalos para todos nuestros seres queridos, ¿Nos acordamos de que Dios nos ha revestido de muchos regalos diseñados para prepáranos para su venida? No permitamos que distraídos por tantas cosas Dios, se nos ahogue esa pequeña voz interior que nos susurra villancicos. No permitamos que, entre la locura de las compras, las fiestas y paseos, pasemos por alto el verdadero sentido del nacimiento de Cristo. ¿Qué tal si antes  de visitar un centro comercial, hacemos una visita al Santísimo? ¿Qué tal si antes de decorar nuestras casas dedicáramos igual tiempo a decorar nuestras almas con las virtudes que agradan a Dios, más que el pesebre o el árbol de navidad? 

   En medio de la noche oscura de nuestra existencia, aparece una hermosa estrella que nos señala hacia Cristo, que es la misma luz. No hay amanecer sin anochecer, no hay primavera sin invierno. La oscuridad precede a la luz y no hay gracia sin perdón, ni alegría sin tristeza. Dios anhela nuestra acogida. Su presencia llena de sentido y de luz el horizonte de nuestra existencia. Para cuando él venga, no se trata de estar “simplemente ocupados”, si no ocupados en las actividades correctas, siguiendo a Dios y haciendo su voluntad. Dios viene a nosotros. Lo único que hemos de hacer es dejarle entrar en nuestra casa, y acogerlo con amor. Su presencia llena de sentido y de luz el horizonte de nuestra existencia. 

   Señor, yo no sé la hora de tu llegada a mi corazón. Quizá no me importa la hora, lo que sí me importa es que esté atento a tu hora, porque esa será mi hora. “Ven, Señor, no tardes”.

    A quienes nos siguen a través de internet, en la página: 

www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, les deseo un feliz nuevo año litúrgico, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

Saludo Solemnidad de Cristo Rey, 34° Domingo del Tiempo Ordinario, 26 Noviembre 2017, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 24 nov. 2017 6:51 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 24 nov. 2017 7:35 ]

Chía, 26 de Noviembre de 2017

   Saludo y bendición, queridos discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

¡Al Atardecer de la Vida, Seremos Examinados en el Amor!


   En este Domingo, el último del año litúrgico, celebramos la fiesta de Cristo Rey.
El Evangelio de San Mateo proclama el último discurso de Jesús, o “discurso escatológico”: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles se sentará en su trono, como Rey glorioso". Conviene, entonces, mirar siempre el fin, el cual se encuentra estre­chamente vinculado a la persona de Cristo, “principio y fin; alfa y omega; el mismo ayer, hoy y siempre”. 

   Al hablar del fin del hombre y del fin del mundo, hay que pensar en Cristo, cumbre y centro de todo el caminar cristiano. Él es el Señor de todo y de todos, ante quien toda rodilla se ha de doblar; el Juez ante quien todos han de rendir cuentas, pues “todo fue creado por Él y para Él”
    A lo largo del Antiguo Testamento, Dios siempre se presenta como “Rey y Pastor de su pueblo”, cuya misión es la defensa y valoración de los pobres, los sencillos, los humildes y los menos favorecidos. 

   El reinado de Jesús no se manifiesta en el poder, sino en el servicio: “Yo no he venido a ser servido sino a servir y a dar mi vida en rescate por todos”

   Es la realeza de quien entrega su vida por los demás; del que es juzgado y condenado como los débiles; del que muere por todos, creyentes y no creyentes. Es la realeza, donde los importantes son los marginados, los excluidos, los débiles. Es la realeza de la misericordia, de la compasión y del perdón; del dar de comer y de beber; del vestir al desnudo y atender a los enfermos, débiles y desamparados; del visitar a los encarcelados y consolar a los tristes.

   San Mateo nos recuerda la presencia cotidiana de Dios: "En verdad os digo que cuando lo hicisteis con alguno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis. Y cuando no lo hicisteis con ellos, no lo hicisteis conmigo”. 

   Decimos que Dios es invisible y sin embargo Él se hace visible en realidades que retan nuestra fe y que, incluso, hasta no nos gustan: “Tuve hambre, tuve sed, fui forastero, estuve desnudo, estuve enfermo, estuve en la cárcel…” A Jesús lo podemos abrazar, servir, alimentar, visitar aquí y ahora porque Él está físicamente presente en "sus hermanos más pequeños". 

   Todos, entonces, nos llevaremos una sorpresa de frente a Jesús: o la sorpresa de los buenos: “lo que hicisteis a uno de estos a mí me lo hicisteis”, o la sorpresa de los malos: “lo que no hicisteis con estos hermanos míos, tampoco lo habéis hecho conmigo”. Y el juicio que Él nos haga, al atardecer de nuestra vida, tendrá como pregunta definitiva, el Amor. “Entonces el Rey dirá a los que están a la derecha, venid, benditos de mi Padre, y a los que están a su izquierda, apartados de mí, malvados…” 

   “Dios ha estado tan cerca de nosotros, que ni nos hemos enterado”. Se ha empeñado en hacerse cercano a nosotros pero no lo vemos. Los que le conocemos, quizá, le buscamos lejos cuando en realidad está a nuestro lado. Buscamos su rostro en las alturas, y Él se nos revela en el rostro del más necesitado. Con los ojos de la Fe tratamos de verlo en la lejanía divina, pero Él está sentado junto a nosotros. Quizá estamos igual que sus coetáneos, que “al que conocían tan bien, no eran capaces de reconocerlo”. Nos parece otro, o distraídos no caemos en cuenta que es Él. Nos faltan ojos de fe para reconocerlo en el Sacramento del hermano, del pequeño, del pobre y necesitado. 

   Por la fe, hemos de reconocer el rostro de Jesús que se ilumina agradecido en el enfermo al que hemos visitado, en el huérfano o la viuda a quienes hemos consolado, en el preso que hemos visitado, en el hambriento a quien le hemos dado algo de comer, o al sediento algo de beber. Es la mano de Jesús, la que agradecido, estrecha la nuestra cuando así lo hemos hecho. No esperemos a morir para descubrir a Dios en el rostro de cada uno de nuestros hermanos. El examen final lo aprobaremos si “nos amamos los unos a los otros como Él nos amó”. Llegará el día en que Dios, en su justicia, nos juzgue y dé su veredicto final. 

   Reconocemos al Señor en el Sagrario, pero ¿sentimos luego su presencia  en el hermano que sufre? Gastamos las rodillas orando, pero ¿somos capaces de gastar nuestros zapatos acudiendo en ayuda del hermano? Comulgamos con fervor en la Eucaristía, pero ¿compartimos nuestro pan con nuestros hermanos? Acordémonos que los pobres y los que sufren, son el lugar predilecto del encuentro con Jesús y el mejor cofre en donde tenemos segura nuestra entrada al cielo. Dios no quiere amores escritos o hablados, Él quiere amores hechos realidad, porque “cada vez que lo hicisteis con uno de ellos, lo hicisteis conmigo…” 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja. Amén.

Luis Guillermo Robayo M. Pbro.
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía 

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