Saludo Semanal 

Saludo 2° Domingo Cuaresma , 28 Feb 2021, Ciclo B

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Chía, 28 de Febrero de 2021

Saludo cordial a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"Transforma, Señor, Nuestro Corazón"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   De las arenas del desierto (primer Domingo de Cuaresma), pasamos, en este segundo domingo de cuaresma, a las alturas del monte de la transfiguración. En el desierto se experimenta la lucha y la tentación, al monte se sube para experimentar la verdad de Dios. En el desierto, el encuentro es con la tentación; en el monte, - en oración -, el encuentro es con Jesús. 

   El desierto nos revela la realidad de lucha, debilidad y fortaleza. El monte nos revela el verdadero rostro de Jesús. Tanto el monte como la oración nos revelan nos lo que se esconde detrás de la humanidad de Jesús. Es en el Monte Tabor donde Jesús se deja ver por dentro, y donde toda su belleza traspasa lo opaco de lo humano y se revela lo divino de su interior. En la cima del monte, es donde se anticipan los resplandores de la Resurrección.

   Dos personajes atestiguan la transfiguración: Moisés y Elías. En la cima del Sinaí comenzó la ley escrita en tablas de piedra, por eso, ahí está como testigo Moisés. Y es en esta cima del Tabor donde Dios deja escuchar de nuevo su voz. No se trata de regresar a Moisés (símbolo de la ley), ni a Elías (símbolo del profetismo). Su presencia es para decirnos que, a partir de ese momento, la verdadera ley y la verdadera voz de Dios, es Jesús, su “Hijo amado, al que hay que escuchar”. La transfiguración expresa la victoria total de Jesús, y el anticipo de lo que él es y significa para la humanidad. La transfiguración de Jesús nos revela las dos dimensiones de Jesús: Un Dios eternamente divino, y un Dios enteramente humano.

   Sólo dejando el peso insoportable del pecado podemos subir al encuentro con Cristo. Y, una vez arriba, en la montaña de la pascua, contemplaremos el rostro bendito de Cristo y escucharemos la voz del Padre, que nos invita a seguir a su Hijo. ¿Por cuál camino? Por el de la cruz, porque no hay gloria si no viene precedida antes por la pasión y la muerte. Sólo muriendo al hombre viejo y pecador que hay en nosotros, tendremos vida eterna. Por la cruz llegaremos a la resurrección. 

   La voz del Padre confiesa a Jesús, primero como “su Hijo amado” y luego, como su voz de revelación: “Este es mi Hijo amado, escuchadle”. Él será, a partir de entonces, la única voz auténtica y legítima de Dios.

   Entre tantas voces que hoy suenan en nuestros oídos, ¿a quién escuchamos realmente? En esta Cuaresma Jesús nos invita a subir con él al monte Tabor para descubrirnos los secretos inefables del misterio y de la gloria de su divinidad. Pero se necesita hacer silencio en el alma para entrar en oración y escuchar la voz de Dios. Necesitamos también “subir” y dejar abajo las cosas de la tierra, es decir, todo aquello que nos estorba para ir hacia Dios.

   Para encontrarnos, como los discípulos, en presencia del Señor, se requiere aprender a mirarnos desde lo más alto. Desafortunadamente, muchos nos conocemos solo superficialmente; nos vemos desde nuestro cascarón, desde el espejo, y vemos muy poco el resplandor de nuestro corazón. 

   Desde la cima del monte Jesús se transfigura, como si se abriesen todas las ventanas y dejasen florecer todo lo que hay dentro de él. Y si “Las cosas, aunque pequeñas, llevan siempre escondida una revelación de Dios”, con mayor razón nosotros, que no somos cosas, sino su obra amada, llevamos, muy dentro, grabada su firma y su imagen gloriosa. Nuestra tarea será descubrir, con los ojos de la fe lo que somos; hacer florecer su gracia y brillar su luz en este mundo de tinieblas.

   La transfiguración del Señor nos recuerda que seremos verdaderamente felices cuando nos sintamos a gusto de lo que somos porque nos hemos visto y mirado por dentro, con los ojos de Dios. Como Pedro, deberíamos exclamar: Señor: ¡Qué bien se está aquí! ¡Qué bien y qué a gusto me siento junto a ti! - ¡Qué bien y qué feliz soy sintiendo tu presencia y tu compañía!” - ¡Qué bien me siento conmigo mismo contemplando la belleza de mi corazón en el tuyo! - ¡Qué a gusto y feliz me siento mirándome y paseándome por dentro de mí mismo! - ¡Soy tan feliz con tu gracia que llevo dentro, que no siento ganas de salir sino quedarme conmigo mismo, contemplando tu rostro radiante dentro de mí!

   Encontrémonos con el Señor en cada eucaristía. Ahí se da la mayor transfiguración obrada por la Santísima Trinidad. 

   Cristo, el Hijo amado y la voz del Padre, se nos dejan encontrar para quien lo descubre con el resplandor de la fe. Que el Señor que nos ayude a ir tomando su figura gloriosa, a transfigurarnos con él, y con la luz de su gracia, podamos reconocerlo en tantas personas que están pasando dificultades, sea por esta pandemia, o por otras situaciones de cruz. Recordemos que la sombra de la cruz, guarda el rostro glorioso del Señor. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org lo a través del Facebook de la capilla Santa Ana, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe en el camino hacia la Pascua. Amén.

Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo 1° Domingo Cuaresma , 21 Feb 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 19 feb 2021 7:32 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 20 feb 2021 11:06 ]

Chía, 21 de Febrero de 2021

Saludo cordial, queridos discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"No Nos Dejes Caer en Tentación, y Líbranos del Mal"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   El camino de la cuaresma lo comenzamos con la escena de las tentaciones, que resumen toda la lucha de Jesús. Está en juego la esencia misma de su misión; está riesgo la obra más amada del Padre. Jesús comienza su camino haciendo la experiencia que todos nosotros tendremos que hacer a lo largo de nuestra vida: enfrentar las tentaciones, aquellas que merodean en nosotros, desde que fuimos dotados de libertad frente al bien y al mal; frente a la verdad y a la mentira.

   En esencia, las tentaciones buscan que Jesús prescinda de su Padre Dios. La tentación del TENER, indica que el pan o los bienes materiales se ponen por encima de todo y nos obsesiona el afán de posesión. Más que poseer los bienes, ellos acaban poseyéndonos. La tentación del PRESTIGIO o preocupación obsesiva por la fama y honores mundanos, buscan ganar la admiración de los demás; y la tentación del PODER, pretende sustituir la debilidad y humildad por el poder, lanzándonos a la soberbia y a la competencia para dominar y someter.

    Si la tentación nos humilla, también es un reto para engrandecer nuestra fidelidad. Si ella nos ensucia cuando la consentimos, por la gracia y el poder de Jesús, que venció la tentación, podremos vencerla. Nuestra peor actitud ante de la tentación es no darle importancia o no verla como un peligro que nos desvía del camino. Esta cuaresma nos ayuda a identificar las tentaciones que se van camuflando en lo cotidiano como la tentación de prescindir de Dios, creyendo que nos valemos por nosotros mismos. 

   También la tentación de contentarnos con ser buenos, haciéndonos olvidar que quien “se contenta con ser bueno”, “termina por ser un mediocre”. Otra tentación es la de querer prescindir de la oración. Quien deja de orar, deja de respirar espiritualmente y se muere de anemia espiritual porque deja de alimentar su fe, y deja de oxigenar su experiencia de Dios. 

   La cuaresma es “tiempo para encontrarnos con Dios y con nosotros mismos”La tentación es la fuerza que nos inclina hacia el mal o nos quita las fuerzas para luchar por el bien. Su objetivo es desviarnos de la óptica de Dios. Nos presenta el pecado como algo atractivo, como triunfos en la vida. No en vano Jesús define al diablo, “padre de la mentira”, porque nunca presenta al pecado como pecado, sino como placer, como éxito, como felicidad, como apetito gustoso y deleitable. El tentador no se presenta como un peligro sino bajo la máscara de la adulación y de la mentira. Cuando Dios nos cierra la puerta para que no entre el mal, el diablo abre una ventana para que entremos por ella.

   Las tentaciones son esas luchas que llevamos dentro, entre lo que estoy llamado a ser, o ser cualquier cosa. Entre ser persona o ser un simple objeto. Entre ser lo que Dios quiere que sea, o ser lo que a mí se me antoja. 

   Esta cuaresma es un tiempo de gracia y de bendición para estar alerta y bien armados con la gracia, la oración, las obras de caridad, la penitencia y el ayuno para resistir al mal. 

   El cual suele vestirse siempre de mentira; se camufla y se maquilla detrás de alicientes que nos ofrecen felicidad, bondad y poderío.

   ¿Conviene cuestionarnos, si no será que le hemos perdido el miedo al pecado, o a perder la gracia de Dios, o a alejarnos de Dios, o a los peligros que nos arrastran a la condenación? ¿No será que confiamos demasiado en nosotros mismos y prescindimos de Dios? ¿Será que vivimos esclavos de nuestros instintos y ansias de tener, de prestigio y de poder, y nos olvidamos de pensar en el más allá? 

   El diablo, al no poder vencer a Jesús, dirige su ataque contra nosotros, imagen y semejanza del creador. Como criaturas, nadie se escapa de ser objetivo directo del maligno. Haciéndonos caer, hiere al Hijo de Dios. Esa es su venganza. En el Padre nuestro pedimos a Dios que “no nos dejes caer en la tentación”, porque sólo unidos a Jesús, no seremos bocado del maligno. No pedimos que nos quite las tentaciones, sino que “no caigamos en ellas”.

   Desafortunadamente, cuando merodeamos las rutas funestas del mal, nos exponemos a la tentación y caemos en pecado, haciéndonos cómplices de los ataques contra el Señor, y exponiendo su reinado de amor. Es contra nosotros hacia donde las fuerzas del mal que dirigen y comienzan todo su accionar contra el Señor. En la tentación, el maligno da su primer zarpazo y él sabe que tarde o temprano todos tenemos algún grado de caída.

   Como los deportistas se preparan para una gran competición, en esta cuaresma ejercitémonos en la lucha contra el mal. Cuando la tentación nos esté asechando, hagamos lo que hacen los niños cuando ven un lobo o un oso en el bosque, que corren a los brazos de sus padres, pidiendo ayuda y protección. Si la tentación persiste aferrémonos con fuerza a Nuestro Señor y enfoquemos en él todo nuestro ser. Las tentaciones son como perros encadenados, que, si no nos acercamos a ellos, no nos harán daño, aun cuando traten de asustarnos con sus ladridos. Son como un enjambre de avispas que revolotea sobre nuestra cabeza. No se puede evitar que merodeen; lo importante es no dejarlas anidar.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org lo a través del Facebook de la capilla Santa Ana, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

   Feliz cuaresma para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe en el camino hacia la Pascua. Amén.

Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía


Saludo 6° Domingo del Tiempo Ordinario, 14 Feb 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 13 feb 2021 17:10 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 13 feb 2021 17:39 ]

Chía, 14 de Febrero de 2021

   Saludo cordial a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"Señor, Si Quieres Puedes Sanarme"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   El encuentro de Jesús con el leproso es absolutamente conmovedor. La primera lectura da una idea de lo que, por ley, vivía una persona afectada por este mal. No sólo perdía la salud; lo perdía todo. 


   Debía enfrentar no solamente a la enfermedad, sino también la etiqueta de “impuro”; era un “maldito” y debía ser completamente aislado, gritando su impureza para evitar que se le acercaran, hasta morir o recobrar la salud.

 

   Hay algo que sorprende en la vida de Jesús, en su relación con los enfermos, pobres y pecadores, y es que “todos se le acercaban”. La gente, algo veía en Jesús, que les inspiraba confianza. El Señor cura cada día el alma de todo aquel que se lo pide. Incluso aquellos, a quienes la ley excluía y marginaba, no tenían reparo en “acercase a él. El leproso, por ley tenía que vivir lejos e incluso gritar “leproso, leproso” para que la gente se alejase. Pero este leproso se entera que Jesús está pasando y rompe con la ley, rompe con las normas, rompe con las distancias, rompe con su religión “y se acerca a Jesús”. Y Jesús, además de devolverle la salud, le devuelve su humanidad. En Jesús, este leproso, experimenta la maravilla de la compasión de Dios.

 

   Algo verdaderamente digno de atención es la frase del leproso: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Esta petición es toda una profesión de fe. Es una oración perfecta, porque difiere de tantas otras que se hacen sin fe. 


   El leproso, sin exigir (si quieres), manifiesta su total confianza en Aquel que todo lo puede. Esta profesión de fe, suscita el milagro de Jesús. Milagro físico, sí, pero que va mucho más allá de lo físico, porque lo que busca es la restauración de un corazón humano donde la lógica humana, no lo consideraba posible.


   Con Jesús, la situación es distinta: para él, lo que mancha al hombre es el pecado y todo género de maldad que brota del corazón y que afecta el amor a Dios y al 

prójimo. Jesús miró con compasión al leproso, y al que no se podía tocar, lo tocó, enseñándonos que, aún cargados de pecado, todos podemos ser tocados por su amor y quedar limpios. Jesús viendo la fe del leproso, proclamó: “Quiero, queda limpio”. Como una madre, sin importarle que su hija tenga un virus, la abraza con amor y ternura, Jesús tocó al leproso porque sintió compasión y amor.

   Hay muchos sufrimientos en torno a cada uno de nosotros, además de esta terrible pandemia. Es posible que sintamos pena y lástima por tantos que sufren, pero ¿qué hacemos por el que sufre? ¿Nos acercamos, le ofrecemos la mano, le ayudamos a levantarse y a salir de su condición? Imitemos el corazón de Jesús sintió dolor y compasión al ver al leproso. Sabía que la ley prohibía tanto al leproso como a Jesús acercarse. El leproso rompió con la ley y se acercó a Jesús. Jesús rompió con la ley y extendió la mano y lo tocó.

   El dolor y el sufrimiento de los demás no duele en las estadísticas. Duele cuando lo vemos, cuando sentimos porque toca nuestro corazón, cuando toca nuestras manos, para que luego ellas sean bálsamo para el que sufre. El gran problema que tenemos es la insensibilidad frente al otro. Escondemos el corazón, porque mientras el corazón no sienta, las manos las llevaremos en el bolsillo. ¡Cuánta bondad podemos expresar con nuestras manos generosas con el necesitado, con el que sufre! ¡Cuánta paz y serenidad podemos llevar al corazón de aquel hermano que sufre!

   Nuestra sociedad, aunque muy “evolucionada” y “civilizada”, también tiene sus leprosos. Contrario a los leprosos, que no escondían la lepra, muchos fácilmente escondemos el pecado y muchos espíritus inmundos que carcomen el alma y el corazón, y lo camuflamos todo en la arrogancia y, lo que es peor, hasta nos atrevemos a poner en cuarentena, aislar, marginar y condenar a muchos hermanos. Lamentablemente, cada vez somos más indiferentes frente al mal y al sufrimiento que nos rodean.

   Tantos tipos de lepra nos acechan el cuerpo, y sobre todo el alma; nos aíslan y nos alejan de los demás. No obstante, tenemos la inmensa dicha de poder correr, de arrodillarnos, de desahogarnos y suplicarle a Jesús: “Señor, si quieres puedes limpiar mi vida, mi corazón, mi familia, mi sociedad, todo mi ser”. Como hijos de Dios y amados por él, podemos ser purificados del pecado por la sangre de su divino Hijo.

    El leproso extrañaba su comunidad, su familia, su culto y su oración, y será el Señor quien lo limpie, le cure sus heridas y lo reintegre a lo que él más ama. También nosotros, reconozcamos humildemente todas nuestras lepras y con la fe y la valentía del leproso, acerquémonos al Señor.

   Habitualmente cuidamos la piel porque ella es nuestro vestido exterior con el que nos adornó Dios, pero olvidamos que, más que la piel, es el alma la que necesita cambio extremo y cuidado espiritual. Antes de preguntarnos si hay alguien que tenga lepra, preguntémonos qué lepras cubren nuestra vida. Tanto el leproso como nosotros, todos estamos necesitados del amor de Dios. Se acerca la cuaresma. Acerquémonos al Señor para que él nos limpie, nos sane y podamos verlo, especialmente, en el rostro de los que sufren.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o a través del Facebook de la capilla Santa Ana, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe en el camino de esta cuaresma hacia la Pascua. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía
 

Saludo 5° Domingo del Tiempo Ordinario, 7 Feb 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 6 feb 2021 16:27 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 6 feb 2021 16:52 ]

Chía, 7 de Febrero de 2021

   Saludo cordial a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"Sáname, Señor"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   El Evangelio de hoy nos muestra cómo es una jornada de Jesús. A solas con Dios, y en oración, aprendía a mirar con compasión, a estar cerca del que sufre. Aprendía a unir su palabra con sus acciones de amor. 


   Al acoger y curar a los enfermos y poseídos, al reintegrar a la comunidad a los marginados, a los excluidos, puso de manifiesto la nueva ley de amor y la fuerza de la Buena nueva. 


   Y no solamente sanaba a la persona, sino que, al sanarla, la colocaba al servicio de la vida de los demás.

   En la curación de la suegra de Pedro, descubrimos la profunda sensibilidad humana del Señor ante el dolor humano: “se acercó, la tomó de la mano y la levantó”. Ante la multitud de enfermos reunida ante la puerta de la casa “sanó a muchos que sufrían diversos males, y expulsó a muchos demonios”. Ante el dolor humano, Jesús es totalmente sensible. “Él se hace cargo del dolor humano, tomando nuestras debilidades y cargando sobre sí nuestras enfermedades”.

   Una de las cosas que más aparece en el Evangelio es la curación de los enfermos. Diera la impresión de que la fiebre no tiene mayor importancia. Sin embargo, Jesús sabe que la suegra de Simón está con fiebre y acude a curarla. La casa de Pedro es como la casa de Jesús, y Pedro como puente de mediación, los acerca a Jesús, en aras de la salvación. Jesús, que vino a anunciar la buena noticia a los pobres, se acerca a la suegra de Pedro, la toma de la mano y la levanta. Actitudes que definen su estilo de vida, que han de seguir también sus discípulos.

   La fiebre no es una enfermedad, pero sí es señal e indicador que estamos enfermos y que algo anda mal dentro de nosotros. Es señal de no poder servir a los demás, y más bien, quizá, de aprovecharnos de ellos, porque nos encierra sobre nosotros mismos. El Evangelio, luego de la curación, recalca que, liberada de la fiebre, “se puso a servirles”. Jesús sana los cuerpos y las almas; nos sana enteros o no nos sana. La curación impulsa al servicio como una forma de agradecimiento, y el “ponerse a servir”, es la sanación misma del alma, porque es pasar del egoísmo de “servirnos de los demás”, a “servir a los demás”. 

   Cuando Jesús nos sana, la primera actitud ha de ser cambiar de vida, y - como la suegra de Pedro-, servir a los demás, como el Señor, que no ha venido a ser servido sino a servir. Tendremos que reconocer de cuántas fiebres, enfermedades y pecados nos cura el Señor, y dejar que él nos sane de cuanto nos tiene postrados, de cuanto nos quita la libertad, de las fiebres que nos encierran en nosotros mismos y de la apertura al servicio y a la caridad. 

   La misión de sus discípulos, - que es parta todos-, es de ser la voz del Señor en tantos lugares en los que no se le oye. Si Jesús se movía de un lado a otro anunciando la buena noticia, si con sus manos curaba a los enfermos y oprimidos, si bendecía a quienes estaban angustiados, ahora nos llama para ser sus instrumentos, sus pies, sus manos y su corazón aproximándose a los que están sufriendo. Si el Señor nos ha curado de tantas fiebres y nos ha levantado de tantas debilidades y caídas, es par que, una vez renovadas nuestras fuerzas, podamos servirle prolongando lo que ha hecho en nosotros, hacia los más necesitados. 

   Es frecuente acudir a Dios cuando algo nos duele o cuando la enfermedad nos postra en cama. Pero ¿y qué sucede cuando luego nos sanamos? ¿Seguimos acudiendo a Dios o simplemente esperamos a una nueva enfermedad para acordarnos de él? Pedimos a Dios que nos sane, pero luego ¿somos capaces de preocuparnos por la salud de los demás enfermos? 

   Todos nos protegemos contra el virus del covid y nos da terror tan solo pensar en una UCI, pero ¿Cuántos debiéramos estar en la enfermería del espíritu, porque tenemos enferma el alma o el corazón con el virus del pecado? La señal inequívoca de haber sido curados por Jesús y que realmente estamos sanos del todo es que, comencemos inmediatamente a servir a los demás. Lo que Jesús quiere es el “cambio de mentalidad”, el “cambio de corazón”. 

   Pidámosle al Señor, médico de los cuerpos y de las almas, que bendiga y premie abundantemente a quienes se dedican al cuidado de los enfermos, porque ellos prolongan el afecto, el sentimiento de amor y la cercanía del mismo Señor para con los enfermos. No olvidemos que el mejor bálsamo para el dolor es sabernos acompañados por el Señor. Permitámosle que se acerque, que nos tome de la mano, que nos entregue la salud divina y, como la suegra de Pedro, sirvamos a cuantos lo necesiten, a través de palabras de consuelo y caridad efectiva. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo 4° Domingo del Tiempo Ordinario, 31 Ene 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 30 ene 2021 10:13 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 30 ene 2021 10:34 ]

Chía, 31 de Enero de 2021

   Saludo cordial a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"Y Dejándolo Todo, se Marcharon con Él"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   Evangelio de San Marcos anota que, en la sinagoga, - lugar de oración y enseñanza-, Jesús encontró a «un hombre que tenía un espíritu inmundo», el cual le hacía gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno?». Durante su vida pública Jesús se cruza con muchos poseídos por el demonio, porque el espíritu del mal puede apoderarse de alguien.

 

   Resulta aterrador ver los estragos que provoca el demonio en este hombre: lo retuerce, convulsiona, le desfigura el rostro, emite gemidos tenebrosos, maldice e insulta. Llama la atención que en la sinagoga se explica la ley, pero se olvidan del pobre hombre. En la sinagoga nadie parece dar importancia a este hombre privado de su libertad y esclavo del espíritu inmundo. Jesús aprovecha el espacio de la sinagoga para enseñar. Tan pronto ve a Jesús, el espíritu inmundo se siente perturbado e inquieto: Y en plena sinagoga y en pleno sábado – como indicando que la nueva ley del amor ha llegado-, Jesús lo sana y le devuelve la libertad. 

   La palabra “autoridad” viene del latín "auctor": autor, origen. Dios es el único que tiene autoridad sobre los hombres, porque es autor, origen y dueño de nuestra existencia. 

   Y Jesús, por quien todo fue hecho, tiene la plena autoridad de Dios, porque él es Dios. Es por eso que Jesús puede mandar a los demonios, los cuales han usado su libertad para oponerse a Dios. 

   La primera y última palabra sobre nosotros la tiene Dios porque nos creó y, como criaturas suyas, el espacio de nuestra alma, es sólo para él. Jesús puede decirle al demonio: “Deja mi criatura en paz”, "Cállate y sal de él". Valemos más que la ley. Valemos más que la “sinagoga”. Valemos más que “el sábado”. 

   Cristo no solamente es autoridad, sino que tenía autoridad. Como Dios, es la suprema autoridad, y como Hombre-Dios, por su conducta y por su ejemplo, se mostraba digno de ser obedecido. Esa autoridad divina, pasa por el Señor, y Dios la ha delegado a muchas personas que traducen y prolongan la autoridad de Dios. Sin embargo, ellos no cumplirán con su deber, sino en la medida en que respeten la dignidad del ser humano, y trabajen para lograr su plena realización.

 

   Para tener y saber ejercer autoridad se requieren tres cosas: La verdad. Como Verdad, Cristo nunca engañó a nadie. Luego, el ejemplo. Cristo practicó siempre lo que predicaba, y condenó duramente a los fariseos que decían una cosa y practicaban otra. Por último, el servicio, porque la verdadera autoridad está siempre atenta al servicio del hombre y de la comunidad. ¿Nos hemos preguntado alguna vez si ejercemos la autoridad con la verdad, la respaldamos con el ejemplo y la vivimos como un servicio a los demás? Recordemos que Cristo no vino a ser servido sino a servir. 

   Es fácil dejar entrar los malos espíritus en nuestro corazón, lo difícil es echarlos fuera. Tal vez no los identificamos como "espíritus inmundos", pero si nos van atrapando esos poderes que están fuera de nuestro control. La experiencia de cada uno nos lo dice cada día: ¿Tenemos el mal espíritu del orgullo, la soberbia y la arrogancia? ¡Qué difícil regresar a la humildad, a la nobleza y a la sencillez! ¿Qué fácil es dejar el mal espíritu de la droga, y luego cuánto hay que gastar para una terapia de desintoxicación! - ¿Dejamos entrar el mal espíritu de la infidelidad, y cuántos argumentos y cuántas razones aducimos para justificarnos! 

   Tenemos ese mal espíritu de la murmuración y el chisme, y todos salimos con el cuento de que no lo hacemos por mala voluntad”. Tenemos ese mal espíritu de ser amargados y amargar a los demás, y decimos que ese es nuestro carácter, que “yo soy así”. Muchos tenemos ese mal espíritu de la ludopatía, para pasar el tiempo, porque en mi casa y en mi familia me siento aburrido. 
  

   El espíritu inmundo “se resiste a salir”. Y Jesús debió increparle “cállate y sal de él”. Todos los malos espíritus retuercen y lastiman el alma antes de echarlos fuera, porque no quieren salir. Aquel endemoniado de Cafarnaúm confesaba a gritos el poder de Jesús y le llamaba: el Santo de Dios. 

   También nosotros un buen día llegaremos a entender aquella frase de la liturgia: «Porque sólo Tú eres Santo» Todos, aunque nos presentemos en público cómo perfectos, tenemos dentro muchas fuerzas negativas, padecemos muchos demonios. 

   Aquel hombre, que un día de sábado se asoma a la sinagoga, para encontrarse con el profeta de Nazaret, nos señala un camino. Recordemos que todo encuentro con Dios, el único Santo, nos cambia de rumbo. 


   No obstante, debemos estar alerta, porque hoy también, aunque de otras maneras, nos dominan espíritus inmundos que se revisten de formas decentes, aceptadas por la sociedad, incluso, con cierta apariencia de cristianismo.

 

   Pidamos al Señor, fuente de todo poder y autoridad, que podamos proclamar palabras poderosas de Dios a los demás, y que, unidos siempre a él, con su fuerza, venzamos el mal a fuerza de bien. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org y por el Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, - en este año dedicado a san José- , la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

 Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía 

Saludo 3° Domingo del Tiempo Ordinario, 24 Ene 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 22 ene 2021 17:33 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 22 ene 2021 18:18 ]

Chía, 24 de Enero de 2021

   Saludo cordial a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"Y Dejándolo Todo, se Marcharon con Él"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   
En la liturgia de este tercer Domingo, la primera lectura, nos muestra que la voluntad salvífica de Dios es universal. Él es Padre de todos y a todos ama porque todos cabemos en su corazón. Él no quiere que el hombre, su obra amada, se pierda, sino que le ofrece salvarse por distintos medios y caminos.

   San Pablo, luego hace un llamado a la vida ascética y a la pureza como convicción suprema de toda vocación cristiana. El tiempo es breve y porque somos habitados por el mismo Espíritu y nutridos del mismo pan, podremos vivir la perfecta caridad. Sólo así se puede lograr la santidad y la perfección en cualquier estado. Por esta razón, con presteza hay que dirigir todo nuestro ser hacia Dios, y alistar nuestros pasos para seguir el camino que Jesús tiene a bien trazarnos.

   En el Evangelio, luego de exponer el contenido de su predicación, Jesús procede a elegir y a seleccionar sus primeros discípulos, quienes le colaborarán en la extensión del reino de Dios. Jesús anuncia la llegada de la plenitud de los tiempos; es decir, en él llegan a su cumplimiento todas las promesas mesiánicas. A eso viene él, él es el “Reino” de Dios entre nosotros. De nuestra parte se requerirá pasar de las tinieblas a la luz, es decir, se requiere la conversión, el cambio y la transformación radical de mente y de corazón.

   En este pasaje se nos narra la vocación de dos parejas: Pedro y Andrés; Santiago y Juan, quienes van a ser como las primicias o los predilectos del Señor. El mismo que llama, será quien cualifica a los que llama; será quien va a transformar su actividad de pescadores, abriéndoles sus ojos a unos horizontes insospechados y hace de aquellos pescadores, “pescadores de hombres”. Ellos responden a la vocación con prontitud, generosidad y optimismo que nunca desmentirán. Nosotros, llamados por Cristo a ser pescadores de hombres, tenemos ahí el modelo de discipulado: “dejarlo todo por aquel que lo es todo en la vida”, como los discípulos que cambiaron la red, para formar parte de las redes del amor del Señor. El servicio del Evangelio exige renuncia total y dedicación total, a cambio de un bien de supremacía divina.

   Observemos qué maravillosa transformación produjo en los discípulos el llamamiento del Señor. 

   De simples pescadores, con el poder de su palabra los convierte en maestros de su doctrina, en fundamentos de su Iglesia, en pescadores de hombres.

    Y por gracia de ese llamado y la disponibilidad de los apóstoles, su respuesta fue radical: dejándolo todo, lo siguieron.

   ¿Cuántos de nosotros seríamos capaces de imitar a los primeros discípulos que dejándolo todo siguen al Señor? Dios nos ha dado una vocación, sin ningún merecimiento propio. 

   Por ser obra de Dios, nuestro primer llamado es a la santidad; esa es la vocación universal de todo cristiano y ella sólo se alcanza con el auxilio de Dios. Muchos creyentes, a lo largo de la  historia han experimentado que el encuentro con Jesucristo lleva a un cambio de vida, como aconteció con los discípulos. Es un cambio que lleva a la fe y que sólo puede dimensionar aquel que es protagonista de dicho encuentro.

   La conversón es un proceso personal e intransferible, es una tarea que le compete a cada uno en particular. Para poder iniciar ese camino de acercamiento a Dios, nos ayuda, sobremanera, el testimonio de tantos creyentes que han ido más adelante en el camino de perfección en la vida cristiana.

   ¡Qué curiosa contradicción que Dios convoque a pecadores para salvar a pecadores! Y sin embargo no hay contradicción alguna. La llamada a la conversión para todos es la misma. Los que reconocen su pecado no se fijan plazos, sino un camino de constante seguimiento y permanente búsqueda del Señor. Otros no aceptan al Señor, solo se aceptan a sí mismos, sin dejar espacio para Dios en su corazón. 

   No obstante, el camino de vida cristiana es un camino apasionante, contundente y a la vez entrañable, porque es la llamada a la conversión, a vivir como si no poseyéramos, como si no gozáramos de los bienes de este mundo, como si no riéramos o lloráramos porque todo es pasajero. Es una llamada a la vida bella de intimidad con Dios, que llena el corazón y regocija el alma. Desde el momento en que somos capaces de aceptar, sin prepotencia y con humildad que somos pecadores, que necesitamos esa conversión que se nos predica, la vida adquiere sentido y dirección de eternidad.

   Abrámosle al Señor los oídos del corazón y escuchemos su permanente invitación a trabajar en su Reino. 

   No nos extrañemos que de pecadores pasemos a ser “pescadores hombres”, pescadores de otros que todavía no han vivido ni experimentado esta maravillosa e inenarrable dicha de anunciar el Reino de Dios. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org y por el Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, - en este año dedicado a san José- , la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

    Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía 

Saludo 2° Domingo del Tiempo Ordinario, 17 Ene 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 17 ene 2021 7:21 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 17 ene 2021 7:49 ]

Chía, 17 de Enero de 2021

   Saludo cordial a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"¿Dónde vives? “Venid y lo veréis"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   En el Evangelio de este Domingo, vemos a los discípulos viviendo en clima de alegría y regocijo como indicando que se han encontrado con la Buena Nueva, con Jesús. Es que cuando se encuentran con el Señor, la vida no puede seguir igual, hay una novedad total y esa es la novedad a la que estamos invitados hoy. Se trata de una experiencia real y existencial que marca el rumbo de sus vidas. Aquel que encuentra a Jesús en su vida, cambia de vía. Todo el que se encuentre con Jesús verá nacer en él un nuevo estilo de vida porque el único que puede transformar la vida de un ser humano es Jesús, de ahí que los discípulos de Juan se quedasen con Él. 

   Juan acaba de proclamar: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” cuando ve venir a Cristo hacia él. Este gran profeta nos muestra claramente al que ha venido. Ya no hay que preparar su venida, ya está aquí. Es él, el Mesías encarnado que, tras su manifestación pública en el bautismo, comienza su ministerio y predicación a todos, comenzando por el pueblo que caminaba en tinieblas, y será un plan dirigido a todo el que lo busca con sincero corazón y lo hace parte definitiva de su existencia. 

   El Evangelio nos narra cómo hombres corrientes se interesan por el sitio donde Cristo habita. “Venid y lo veréis”, les dice. “Y se quedaron con Él”. Experiencia que todos nosotros hemos tenido en diversas circunstancias y momentos. ¿Quién se puede quedar de brazos cruzados cuando ha visto al Señor y ha sido llamado por Él? No se puede escoger otra opción a la de quedarse con él. Andrés fue uno de los primeros que escuchó al Maestro y lo siguió, luego llamó a su hermano Simón Pedro y lo llevó hasta Él, y como ellos, hoy nosotros sabemos que sólo en él podemos asegurar la vida eterna. 

   Los discípulos eran personas con un corazón inquieto que no se conformaban con lo que es aparente o habitual. Eran hombres en busca de la promesa, en busca de Dios, y eran hombres vigilantes, capaces de percibir los signos de Dios, su lenguaje callado y perseverante. Y hoy como ayer, Cristo sigue pasando por nuestra vida, sale a nuestro encuentro, nos invita a vivir con él y nos exige respuestas. Independientemente de cómo sea nuestra vida, él se ofrece nuevamente como el mejor amigo, y su corazón será el mejor lugar donde podamos alojarnos y hacer morada con él. No cesa de preguntarnos: ¿Qué buscáis? Él necesita de nuestras manos para llevar adelante su misión. Pero ¿buscamos y queremos hacer su voluntad? ¿Anhelamos la propagación del evangelio? ¿Seremos capaces de responderle con generosidad? 

   La cuestión es esta: ¿Qué busca el hombre de hoy? ¿Hacia dónde camina? ¿Busca a Dios o se busca así mismo? ¿Sabemos entender el lenguaje de Dios?, ¿Somos personas cuyo corazón no descansa hasta alcanzar a Dios que nos invita a dejar nuestros letargos, nuestros apegos? O más bien ni siquiera nos percatamos en esa voz sencilla y misteriosa que se da en los acontecimientos ordinarios. Por nuestra vida pasa el Señor, nos habla, nos invita ¿Quieres saber dónde vivo? ¿Estamos dispuestos a sacudir nuestra pereza para experimentar la belleza de su amistad, o preferimos taparnos los oídos y cerrar el corazón para no ser incomodados? ¿Qué lugar dejamos a Dios? Podremos decir con el salmista: aquí estoy, Señor, ¿para hacer tu voluntad? 

   Cada día Jesús nos dice: Levántate, ¡ven a mí, comparte mi proyecto del Reino! Toda llamada del Señor se realiza a través de una mediación, alguien llama en nombre del Maestro; en este caso es Juan el Bautista, en otros, será un familiar, un maestro, un sacerdote amigo. Dios pasa siempre en nuestra vida y de muchas maneras se manifiesta, pero será necesario que, quienes ya conocemos algo del Señor podamos llevar a otros hermanos hacia Él. 

   Pidamos al Señor, que no dejemos de aventurarnos por Él, que no enfriemos nuestro corazón, que le busquemos con toda nuestra alma, con todo nuestro entendimiento y con todas nuestras fuerzas. Que no nos cansemos de buscar a ese Señor que, siempre y en toda circunstancia nos repite: “Ven y sígueme”. Imitemos a Andrés, a Juan Bautista, a Pedro, a María Santísima, y que nuestra preocupación constante sea que todos lo conozcan, que todos lo amen, que todos se alegren de encontrarse con el que nos llamó a compartir aquella felicidad que, fuera de él, nadie nos podrá ofrecer.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org y por el Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, - en este año dedicado a san José- , la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo Solemnidad Bautismo del Señor, 10 Ene 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 8 ene 2021 8:22 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 9 ene 2021 10:08 ]

Chía, 10 de Enero de 2021

   Saludo cordial y bendición a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"En el Hijo amado…Somos hijos amados de Dios"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   Con esta festividad del Bautismo del Señor, se cierra el tiempo de navidad y comenzamos el Tiempo Ordinario, en que meditamos a Cristo, Salvador del mundo.

   Con el bautismo en el Jordán Jesús deja la vida silenciosa de Nazaret y comienza su misión mesiánica. Isaías habla del elegido que promoverá el derecho y la justicia, curará y librará. 

   El "elegido" fue investido como Mesías en las aguas del Jordán donde se escuchó la palabra del Padre.

   En muy poco tiempo la liturgia nos hace pasar del niño Jesús en la cuna del pesebre, a la madurez de Jesús, el Hijo de Dios. 

   Cristo estuvo preparándose para su misión durante 30 años, una misión que consistió en hacer cercano al hombre el Reino de Dios. A lo largo de esos años Jesús fue descubriendo su identidad. Para descubrirlo, Jesús siente una llamada especial, es lo que hoy recordamos en la fiesta de su Bautismo.

   Esta fiesta del Bautismo del Señor nos lleva al inicio de las cosas. Así como en el principio el Espíritu se cernía sobre la superficie de las aguas, en la escena que hoy contemplamos, el que va a ser Redentor de la humanidad brota de las aguas del Jordán y es señalado por el Espíritu eterno como Salvador. Por el Bautismo, el Señor nos asocia a su proyecto, nos adopta por hijos suyos. Además de tener a nuestros padres, por el bautismo somos, ante todo, hijos de Dios, con todos los derechos y también los deberes que esto significa. Ya no somos meramente humanos; ahora llevamos la impronta de Dios. 

   Jesús está a punto de iniciar su misión y busca a Juan Bautista, que predicaba junto al Jordán. El evangelio asegura que Juan se veía como un siervo que anunciaba la llegada del Mesías. Jesús se acerca a Juan. Quiere ser bautizado. Es claro que no viene por un bautismo de regeneración, sino que, el mismo autor del bautismo, quiere inaugurar su tarea. 

   El Padre de los cielos convierte la escena en una escuela personal para Jesús. Él nació de las entrañas de María. Ahora, al salir del agua, oye al Padre Dios decirle: “Tú eres mi Hijo muy amado”. Igual que María, su Madre lo presentó a los pastores y a los magos del Oriente para que le adoraran, el Padre lo presenta ante el mundo, señalándolo como su “predilecto”, como sus “Hijo amado”. Por fin, igual que la estrella le distinguió entre la multitud, Jesús ve cómo el Espíritu Santo le reconoce entre la muchedumbre y, así como la paloma va directo al lugar de su origen, el Espíritu Santo viene a él para habitar en él. El Espíritu sabe que Jesús es su hogar perpetuo. 

   De otro lado, el Bautismo del Señor, además, inaugura el anuncio del Reino del Padre y constata que Jesús inicia la nueva creación. El Señor aparece ante nuestros ojos, finalmente, como nuevo Moisés que, rescatado de las aguas, inició el proceso que culminaría con la ruptura de las cadenas de esclavitud que ataban de pies y manos a sus hermanos. 

   Dejemos que la Palabra de Dios nos acompañe esta semana y así como Juan Bautista, gracias a la fe, fue el único que logró de ver a Jesús como el Cordero de Dios, también nosotros, con el auxilio de Dios y con una mirada dócil, nos esforcemos por ver aquellas cosas que por más que la razón no las entienda y quiera negarlas, la fe nos las asegura. Esos misterios que la razón se niega a aceptar, y que la fe sí es capaz de hacer que los veamos. Juan nos enseña que cuando no veamos nada, preguntemos a los que ven. 

   Queridas familias: El Papa Francisco nos sugiere que busquemos la fecha de nuestro Bautismo, porque esa es la fecha de nuestro naci­miento a la Iglesia, la fecha en la cual nuestra mamá Iglesia nos dio a luz. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org y por el Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, - en este año dedicado a san José- , la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

   Feliz semana para todos. Que la presencia de la Santísima trinidad en nuestras vidas, nos bendiga, nos acompañe y nos proteja como sus hijos amados.

Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo Solemnidad Epifanía del Señor, 3 Ene 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 2 ene 2021 7:03 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 2 ene 2021 7:11 ]

Chía, 3 de Enero de 2021

   Saludo cordial y bendición a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"Venimos a Adorar al Rey"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   La Epifanía celebra la aparición en el mundo de Cristo, Luz divina con la que Dios salió al encuentro de la débil luz de la razón humana. Así, en la Solemnidad de hoy, se propone la íntima relación que existe entre la razón y la fe, las dos alas de que dispone el espíritu humano para elevarse hacia la contemplación de la verdad. 

   La Solemnidad de la Epifanía es la fiesta de la luz que ha brillado en medio de las tinieblas del mundo para que todos pudieran encontrar al Salvador, nacido de María. Los Magos son de lejos y, no obstante, son los primeros en ver sus señales; son de lejos y en el camino quedan a oscuras y sin camino; se sienten perdidos pero sus dudas y oscuridades no los echan atrás. Preguntan a quienes deben saberlo, pero ellos no lo saben. Parece extraño que los que estaban cerca no se enteraron, ni supieron nada del Niño, ni de la estrella. 

   Solo sabían por los libros dónde sería el nacimiento, pero no se enteraron que ya tuvo lugar. Los tres personajes de lejos han sentido la necesidad de “buscar” al que otros también esperaban, pero que se olvidaron de buscar. Era la búsqueda del corazón. Y era la búsqueda a través de los signos. Todo parecía que iba a ser muy fácil, pero es sólo cuando ya estaban a punto de llegar, que el camino se pierde porque se pierde la señal. 

   Dios se manifiesta siempre a todos, aunque sólo le descubre el que le busca con empeño. Aquellos Magos son figura de todos los hombres y mujeres de la historia que buscan respuestas a tantos interrogantes que la vida nos presenta. Ellos encontraron la respuesta allí donde menos esperaban: en un niño pobre y humilde recostado en un pesebre. Los magos estuvieron abiertos a la llamada de Dios, supieron distinguir los signos de los tiempos, vigilaron y escucharon. 

   Fueron hombres de oración capaces de entender la voz del cielo y la propia voz del corazón; siguieron la estrella, fueron capaces de dejar su tierra, y rebosantes de esperanza dejan todo por seguir la llamada. La Epifanía nos habla, entonces, de los que van cansados del camino; de los que persisten en la búsqueda del Señor más allá de cualquier desilusión, porque intuyen que, al final, él siempre se revela y se manifiesta a quienes lo buscan, aunque vengan de lejos. 

   No siempre un camino es el mismo de ida y de regreso. Los magos sintieron la necesidad de “buscar” otro camino, entonces ya no es el camino que va al encuentro, sino el camino de haber encontrado. Ahora es el mismo Dios quien se hace camino. Un camino que ya no depende de una estrella, sino el camino de quien ha llegado y ha dejado que Dios se haga luz en su corazón. No se puede encontrar a Dios y seguir igual. Cuando uno se ha contagiado de Dios, la vida ya no es la misma. Cuando uno ha visto a Dios, aunque sea en la pobreza de un pesebre, los ojos ya no ven lo mismo. Cuando uno ha sentido a Dios en su corazón, la vida se llena de caminos y todos son caminos de Dios. 

   Dios siempre es sorpresa. Buscaban a un rey y se encuentran con un niño pobre, porque sólo desde la humildad se puede reconocer al Mesías en un niño. La humildad nos dispone siempre para descubrir todas las humildes manifestaciones de Dios, sea en nosotros mismos, sea en los demás. Dios se manifiesta a los que tienen corazón de niño, a los que son capaces de saber aceptar el «otro camino» y estar siempre disponibles, humildes y confiados.

   El encuentro con Cristo debe determinar un cambio, una permuta de costumbres. Nadie que se haya encontrado realmente con Dios puede andar los mismos caminos del pasado y del pecado. Cambiando la vida, cambia la vía. No podemos volver a casa por el mismo camino que hemos venido, es decir, exactamente como estábamos antes de venir a la iglesia. Si la estrella aparecida a los magos, fue como una “espléndida lengua del cielo” que narraba la gloria de Dios, ahora será por el evangelio que nosotros seamos conducidos a adorar a Cristo, por la verdad que resplandece en él, y seguirá llamando hacia él a los hombres de toda la tierra. Nos falta solamente testimoniarlo, transitando los caminos del Señor. 

   La Epifanía nos invita a estar ¡Atentos a los signos de Dios!: Ver la estrella y seguirla, abandonarlo todo y compartir, superar las dudas y buscar, tener la capacidad de cambio y renovación, descubrir a Dios en todo y confiar siempre en él, han de ser las actitudes del creyente. Pidámosle al Señor que los Magos de Oriente nos dejen de regalo su apertura de corazón para encontrarnos con Dios, que desde Belén sigue caminando por nuestros caminos. 

   Como los magos adoraron al Niño “en la casa”, en las rodillas de la Madre, también nosotros lo adoraremos en la Eucaristía, en Espíritu y verdad, y en lo profundo de nuestro corazón. 

   Entreguémosle como regalo al Señor, nuestro pobre corazón, para que, con la luz de su divino Espíritu, podamos descubrir que Él es el mejor regalo que Dios se dignó ofrecernos para nuestra salvación. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org y por el Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, - en este año dedicado a san José- , la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe en este nuevo año. Amén.

Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Saludo Solemnidad Santa María, Madre de Dios, 1 Ene 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 30 dic 2020 8:59 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 30 dic 2020 11:38 ]

Chía, 1 de Enero de 2021

 Saludo cordial a todos los fieles de esta comunidad de Santa Ana en Centro Chía.

 Lecturas de la Celebración

"Bajo tu amparo nos acogemos, ¡Santa Madre de Dios!"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   En este día, el primero del nuevo año 2.021, la Iglesia coloca todo el énfasis en María la Madre de Dios, con la convicción que, los proyectos, la vida, la Iglesia y la historia, puestos en las manos de la Madre de Dios, tendrán el amparo del altísimo.

 

   Referirnos a nuestras madres puede ayudarnos a entender tan soberano misterio. Así como nuestra madre no formó nuestras almas, sino que solo formó nuestros cuerpos -y sin embargo son plenamente nuestras madres-, así María, que formó el cuerpo de Jesús, es plenamente Madre Dios. 


   Esta sorprendente realidad que repetimos cada vez que rezamos el Ave María, fue la que avistaron los pastores que corrieron al pesebre: Dios hecho hombre, su santísima Madre y su padre adoptivo.

 

   La presencia de María, al inicio del año, es una propuesta para comenzar todo desde Dios; nos refuerza el presente con la presencia maternal de Dios, e ilumina cada momento con la fuerza del misterio que se vive. María es la única mujer capaz de ocupar el único y exclusivo puesto de nuestras madres, porque ellas también son hijas de tan majestuosa pastora y saben que bajo su protección y amparo descansan y colocan a sus hijos, y por haber llevado a su Hijo en sus entrañas, ella tiene un celestial don que siempre que la contemplamos nos inspira limpios sentimientos y nos eleva al cielo sin partir de este mundo.

 

   La maternidad de María abre un espacio para el nombre de Jesús, que llegó a ser fuente de salvación eterna para todos los que lo obedecen. Y, a su vez, es el nombre de Jesús el que le da un valor infinito a la maternidad divina de la Virgen María. Recordemos los proyectos, objetivos y esperanzas que deseamos se hagan realidad en este año que empieza, bendecidos por la mano de Dios y con el esfuerzo de nuestra propia voluntad.

   María es Madre de Dios que nos orienta en nuestro caminar diario y nos infunde una llamada a la humildad frente a la autosuficiencia, a la búsqueda del silencio interior frente al ruido y la dispersión, a la aceptación de la voluntad divina frente a las comodidades y gustos personales, a la sincera apertura a la voluntad del Padre, a la actitud de oyente de la Palabra de Dios por la fe, a la gozosa esperanza en medio de las dificultades de la vida.


   Cuando el evangelio afirma que María conservaba todo esto en su corazón no era solo relacionado a un solo momento; es una experiencia vital que comienza ahí pero que va a ser la ley constante que ilumine toda su existencia. El hecho de comenzar el nuevo año en presencia del Señor bajo el amparo y protección de María Santísima, es la clave para transitar por la mejor ruta al encuentro con Dios.

 

  Bien lo afirmó el papa Pío XII en un famoso discurso dedicado a las madres: 


La madre, es el 

"sol de la casa"


porque como el sol, la madre aporta "calor" al hogar con su cariño y su dulzura; como el sol, la madre ilumina los "ángulos oscuros" de la vida hogareña cotidiana; como el sol, la madre anima, suscita, regula y ordena la actividad de los miembros de la familia; como el sol, en el atardecer, la madre se oculta para que comiencen a brillar en la vida de los hijos otras luces, otras estrellas. 


   La Virgen María fue el "sol" de la casa de Nazaret para su hijo Jesús y para su esposo José. 


   En María encuentra toda esposa y madre un modelo que imitar, un camino que seguir. ¿Cómo puede ser hoy, una esposa y una madre, sol de la casa? ¿Cuáles son las expresiones de cariño y de dulzura para "calentar" el hogar? ¿Cómo iluminar los "ángulos oscuros" del esposo, de los hijos, y de los demás seres queridos que conviven en la misma casa? ¿Qué formas de tacto y mesura habrá de usar para orientar la actividad de la familia hacia la unión, el bienestar, la paz, la felicidad? ¿En qué modo habrá de "ocultarse" para no opacar las nuevas luces que aparecen en el horizonte de sus hijos? Una mamá solo tendrá que levantar su mirada hacia María Madre y seguir sus pasos.

 

   Al invocarla en este primer día del año, pidámosle a María Santísima que nos proteja cada día del año, y que nos ayude a descubrir y profundizar más y más en el hecho de que somos hijos adoptivos de Dios, enseñándonos a ser coherentes con esta verdad de fe en medio de las vicisitudes que padecemos, y de las decisiones que requieran de nosotros todo el auxilio divino.   Que Dios los bendiga y los guarde durante este nuevo año, y que María Santísima los proteja con su manto. 

Bajo tu amparo nos acogemos,

Santa Madre de Dios;

No desoigas nuestras súplicas en nuestras necesidades,

Antes bien, líbranos de todo peligro,

Virgen gloriosa y bendita". Amén

Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

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