12° Domingo del Tiempo Ordinario, 21 de Junio de 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 19 jun 2020 19:08 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 21 jun 2020 7:42 ]
Chía, 21 de Junio de 2020

  Saludo y bendición a todos ustedes, discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.
 Lecturas de la Celebración

En la Guerra Espiritual, el Enemigo no Toma Vacaciones
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

   En el Evangelio de hoy Jesús nos anima a la vigilancia y fortaleza: "No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma." No tengan miedo reconocer a Jesús. Si lo reconoces delante de los hombres, Él te reconocerá a ti. Si lo niegas, Él te negará. Así como Jesús venció en combate al demonio, dándonos la resurrección, nuestra vida también se enmarca en una batalla espiritual del bien contra el mal.

   Nos hace un llamado a la coherencia en la vida cristiana, recordándonos lo que algún día sucederá, sin falta. Todos a veces nos escondemos por lo que hacemos, decimos o pensamos. Las dificultades y persecuciones a causa de la fe han ocurrido siempre. Y ante ellas sentimos la tentación de dejarnos llevar por el miedo, ocultando nuestra condición de creyentes y absteniéndonos del testimonio que debemos dar.

   El Señor no pide nada que Él mismo no haya experimentado. Lo bello de la fe cristiana está en que Jesús va siempre por delante. Seguirle es sentir la alegría que el camino ya está andado; que nuestros sacrificios, ya los ha vivido Él. Se trata de sentir que la originalidad de nuestra fe está en la vida de Él, y su presencia segura, alienta nuestro caminar. Fue precisamente Jesús quien nos hizo ver el verdadero valor de nuestras vidas; nuestro valor supremo ante el Padre. Por tanto, es quien nos descubre el verdadero valor; que valemos más que unos gorriones y quiere estar pendiente de cada uno de nosotros.

   Por esta certeza divina, que el amor de Dios prevalecerá sobre la muerte, no habrá de qué preocuparse. Entonces los hombres pueden matar nuestros cuerpos, pero no pueden matar nuestras almas. Pueden condenarnos a la muerte por nuestra fe, pero Dios nos lleva a la vida eterna y  definitiva. Los hombres pueden llevarnos al cementerio, pero Dios nos lleva al cielo, porque digamos lo que digamos, es Dios quien tiene la última palabra, no nosotros. Por una parte, Jesús nos recomienda: “no temáis a los hombres”, y por otra “temed” a Dios. Así nos sentimos estimulados a descubrir la diferencia que existe entre los miedos humanos y el temor de Dios. El miedo es una dimensión natural de la vida.

   Más allá del miedo natural, se impone el inmenso Amor que el Señor nos tiene, y lo que significamos para el mismo Dios. Bajo el resplandor de ese amor, nos invita a tener confianza en su providencia; a vivir como  hijos confiados en su  misericordia. Esta certeza de amor divino, nos ayuda a superar el miedo, pues el Padre, que se preocupa de los pajaritos, no permitirá que nada malo nos suceda. San Jerónimo dice que si los pajaritos, que son de tan escaso precio, no dejan de estar bajo la providencia y cuidado de Dios, ¿Cómo nosotros, que por la naturaleza de nuestra alma hemos sido creados para la eternidad, podemos pensar que el Señor nos abandonará ante las dificultades?

   De otra parte, el texto del Evangelio nos recuerda que “nada hay oculto que no llegue a ser descubierto, ni nada secreto que no llegue a saberse”. Si alguna vez nos callamos, debería ser porque es el momento oportuno de callar, por prudencia o por caridad, pero no por miedo o por cobardía. No somos amigos de la oscuridad, sino de la luz, de la claridad en la vida y en la palabra. Cada día se hace más urgente y necesario proclamar la verdad sin ambigüedades, porque la mentira y la confusión son difundidas a diario de muchas formas.

   El mismo Señor fue consciente que sus apóstoles iban al encuentro inevitable de la persecución, del martirio, de las insidias y asechanzas de los hombres. Primero los anima a la predicación: “lo que os digo de noche anunciarlo en pleno día”. Los exhorta a ser pregoneros apasionados de la palabra de Dios. San Pablo dirá a Timoteo: “Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el anhelo de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas”. 2 Tim 4, 2-4.

   ¡Cuánto bien podemos hacer formando a los niños y jóvenes en una conciencia fundada en los principios de la recta razón, y en los principios del evangelio, que iluminen y den fuerzas para enfrentar las dificultades de la vida! Sólo a través de una formación sólida, se cumplirá el deseo de Cristo: “no tengáis miedo”.

   El mensaje para hoy es ser vigilantes, a entrar con confianza en la presencia del Señor, para tener fuerzas en el combate espiritual del bien contra el mal. No olvidemos que en esta lucha, el enemigo – el diablo- no duerme ni toma vacaciones. Recordemos las palabras de Jeremías a Dios: "A ti he encomendado mi causa. Canten al Señor que libró la vida del pobre del poder de los malvados”.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

   A todos los padres, un feliz y bendecido día. Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía