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    14 de Julio de 2013

    publicado a la‎(s)‎ 13/7/2013 17:53 por Diseño Web   [ actualizado el 13/7/2013 18:41 ]

    Chía,  14 de Julio de 2013

     

    Saludo cordial a todos los fieles de esta comunidad de Santa Ana.

     

    Jesús, El Buen Samaritano


       El Evangelio de este domingo nos toca el corazón con la parábola del Buen Samaritano. Esta historia la contó Jesús para explicarle a un hábil maestro de la ley, -que venía a ponerlo a prueba-, cómo se debía obrar para alcanzar la vida eterna. 

       El hombre sabía muy bien lo que debía hacer:Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y ama a tu prójimo como a ti mismo

       Queriendo enredar al Señor, le preguntó: “¿Y quién es mi prójimo?” Entonces vino la parábola, la cual genera dos actitudes totalmente opuestas. Mientras los sabios de la Biblia pasaron de largo, un samaritano, un hereje, un ateo, uno que no conocía la Biblia, lo vio y se compadeció. 

       A todos nos cuesta, a veces, aceptar la realidad. Preferimos voltear la cara y no darnos ni por enterados. Preferimos callar, hacernos los de los oídos sordos, guardar silencio y mirar para otro lado. Ignoramos que cerrar los ojos o tapar los oídos no soluciona los problemas. 

       Las autopistas nos enseñan algo: ellas evitan los rodeos y cuando encuentran una montaña, abren un túnel o levantan un puente. Así las distancias se acortan y el tiempo también. Los rodeos nos alejan de la realidad como el sacerdote o el levita que bajaban de Jerusalén. El tiempo que no invirtieron en ayudar al herido del camino, lo perdieron dando un rodeo para no encontrarse con él. Mucha ley pero sin compasión con el que sufre, de nada sirve! 

       También nosotros nos olvidamos de los que sufren o están heridos en el camino, y no obstante, decimos que vamos a Misa. Pero también hay muchos que no van a Misa y, sin embargo, entregan sus vidas a los que sufren. Quizá no son de los nuestros, pero tienen más fino su corazón con la sensibilidad del corazón de Dios.    Los rodeos no solucionan nada. Hay parejas que saben que están en problemas pero prefieren disimularlos dando un rodeo para no complicar más las cosas. Hay padres que saben que sus hijos andan por malos caminos y prefieren no enterarse. Muchos de nosotros andamos mal pero preferimos dar un rodeo diciendo que todos hacen lo mismo. 

       Todos sabemos que los gestos de amor valen más que todas las palabras de amor, como también sabemos que sólo se salvan los que aman y que al final seremos examinados en el amor. El amor humano pone límites y quiere respuestas. Aquí, el buen samaritano no pronuncia palabra, simplemente actúa, hace el bien al herido. Él obedeció de manera instintiva al impulso amoroso de su corazón. Ese es el amor que no busca recompensa, que sólo busca que el otro esté bien, porque el amor verdadero busca siempre el bien del otro. 


         El Amor de este buen samaritano, es el Amor de Jesús, el verdadero Buen Samaritano. Él es el Buen Samaritano que sale a nuestro encuentro, a curar las heridas del pecado que nos azota y nos deja tirados a la vera del camino. 

       Algo significativo, es que Jesús no le da un nombre específico a este samaritano, pero le llama con el precioso nombre de “prójimo” en razón de que aquel samaritano, ante su prójimo herido, vio, se compadeció y actuó. Todo aquel que asuma los sentimientos de él y actúe como él con su prójimo, tomará el nombre de “buen samaritano”.    Por último, aunque normalmente pensamos que fue el buen samaritano el que salvó al herido, conviene resaltar que también el herido, en cierta manera, salvó al samaritano, pues fue él quien hizo posible que este hombre, considerado despreciable por los judíos, le hiciera brotar de su interior lo mejor de sí mismo, haciéndose prójimo de su hermano maltratado. En consecuencia, podríamos decir que el sacerdote y el levita no se dejaron salvar por el herido. 

       Despreciaron esta maravillosa oportunidad que Dios les daba para hacerse mejores seres humanos, a la medida de Dios. 
       

       Queda claro que el Amor hacia los que más sufren, teje las más bellas relaciones de amistad, porque es un amor cargado de Dios, cargado de salvación mutua.    Pidamos al Señor, que no nos enredemos con elucubraciones sobre quién es nuestro prójimo y reconozcamos que damos muchos rodeos para no encontrarnos con los prójimos malheridos, a quienes que no sólo podríamos salvar, sino que se habrían podido convertir en nuestra mayor fuente de salvación. 

    Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen los proteja.


    Luis Guillermo Robayo M. Pbro. 

    Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía