14° Domingo del Tiempo Ordinario, 5 de Julio de 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 4 jul 2020 11:09 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 11 jul 2020 9:41 ]
Chía, 5 de Julio de 2020

   Saludo y bendición a todos ustedes, discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.
 Lecturas de la Celebración

Jesús, Manso y Humilde de Corazón, Haz mi Corazón Semejante al Tuyo
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

   En el pasaje de hoy, Jesús nos enseña a hablar con Dios Padre desde la alegría y el gozo que le dan los sencillos, y no desde las grandezas de los soberbios. El corazón humilde, alegre y sencillo, es la casa preferida por Dios, el pesebre que el Señor prefiere habitar. Por la humildad es que logramos adentrarnos en el corazón del Señor y por la que él conoce lo que hay en el nuestro. Al ver la alegría de los humildes y sencillos, Jesús se llena de gozo, y agradecido por ellos, le habla con regocijo a su Padre celestial. Son ellos los que han sabido abrir sus corazones a la semilla del reino; los más cercanos a las entrañas de Jesús y en quienes se descubre de manera más diáfana el rostro del Señor.

   "Te bendigo, Padre, porque has ocultado los misterios del Reino a los sabios y a los poderosos, y se los has revelado a los pequeños". ¡Qué contraste tan abismal en la manera como Dios ve las cosas a como las vemos nosotros! Si alguno quiere ser verdadero sabio, que se reconozca incapaz de serlo. Sólo los sencillos, o pobres de espíritu, podrán conocer la verdadera sabiduría; aquélla que viene de Dios. Pensamos que los más felices del mundo son los ricos, los poderosos, los grandes, los fuertes y los sabios. Y sin embargo, nuestro Señor llamó "dichosos" precisamente a los pobres, humildes y sencillos, es decir,  los que tienen un corazón noble, manso  y libre. Jesús va siempre "en sentido contrario", o en contra corriente. Esa es la verdadera grandeza: no la del poder, sino la de la humildad, de la mansedumbre y del servicio!

   La preferencia de Jesús no viene  de condiciones morales o religiosas, sino de una situación humana en la que Dios se revela trastocando valores y criterios. La preferencia del Señor se arraiga en el beneplácito de Dios, en su amor gratuito. Ese es el motivo del agradecimiento de Jesús. La oración del Señor nos invita a hacer lo mismo. El amor libre y gratuito de Dios está al comienzo de todo. Desde allí es posible comprender sus exigencias de compromiso y solidaridad con los demás. 

   Ese "yugo es suave”, porque tiene en la raíz el amor. No es un yugo, símbolo de tiranía ni de servidumbre, sino de docilidad y obediencia a la voluntad de Dios. El amor es la única condición para entrar en el Reino de los Cielos, y se concreta en la búsqueda de la justicia y en la práctica de la caridad.

   Así como en la vida cotidiana, después de una jornada de trabajo el cuerpo necesita un lugar para descansar, también nuestros corazones siempre inquietos y ante tantas fatigas, angustias, afanes y agobios necesitan descanso, fuerza y sabiduría. Todo lo encontramos en Jesús, que nos sigue llamando: "Venid a mí los cansados, que yo los aliviaré". Sufrir con Jesús es redentor. Las espinas pinchan cuando se pisan, no cuando se besan. El sufrir pasa, pero el mérito de haber sufrido por amor a Dios, durará eternamente. El Corazón de Jesús es santuario para nuestro reposo, sosiego en nuestros agobios y consuelo en los momentos difíciles. Descansar en él es centrar nuestra vida en él y saber en manos de quién estamos. Cada domingo, en cada Eucaristía, se concreta de manera plena su invitación a descansar con él, a saborear desde ya la eternidad.

   Entonces, para este mundo, somos los sabios, o los sencillos? - ¿En dónde alojamos al Señor? ¿En la cabeza o en el corazón? A los sabios e inteligentes quizá se les nota más su cabeza; a los humildes y sencillos se les nota más su corazón. El Papa Francisco afirma: “Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien” (EG 2). El Santo Cura de Ars afirmó: “La humildad es en las virtudes, lo que la cadena es en los rosarios: si se quita la cadena, todos los granos caen. Se quita la humildad, y todas las virtudes desaparecen”.

   Que nos quede claro que Dios no cabe en el corazón ocupado por las cosas o por la soberbia. Él sólo cabe en el corazón de los sencillos; prefiere un corazón vacío porque se constituye en el amo de ese corazón, hace de él su morada y lo colma de dicha y bendición. Dios no cabe en la mente del que cree saberlo todo, sino en la mente de aquellos que no saben y buscan encontrar la verdad. Cuántos se vanaglorian de su real o presunta ciencia, pero viven co­mo si Dios no existiera¡¡¡. La ciencia, la cultura o la filosofía son excelen­tes y necesarios valores humanos, siempre y cuando reposen sobre la verdadera fe. Con razón afirma san Agustín: “¡Desdichado el hombre que todo lo sabe, pero no te conoce, oh Señor!” 

 Señor

Quisiera ser de esos sencillos que alegran tu corazón. De esos sencillos que viven abiertos a tu llamada de cada día, para que cuando hables con tu Padre, le hables de mí. Quisiera que cuando hables con tu Padre, puedas decirle que tu semilla ha crecido en mí.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja.

Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía