15° Domingo del Tiempo Ordinario, 14 de Julio de 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 12 jul 2019 18:15 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 12 jul 2019 18:17 ]
Chía, 14 de Julio de 2019
 

Saludo cordial y bendición a todos los fieles de esta comunidad de Santa Ana.

El Buen Samaritano, un ser Humano Cargado de Amor

   El Evangelio de este Domingo nos trae la parábola del Buen Samaritano. Historia relatada por Jesús para explicarle a un hábil maestro de la ley, la clave para ganar la vida eterna. 

   El Samaritano, —a diferencia del sacerdote y del levita— pone en práctica la voluntad de Dios, que quiere la misericordia del corazón, porque Dios es misericordioso. El Samaritano por ser misericordioso, se convierte en ejemplo de amor al prójimo. Sin tener una ley que le impida acercarse “al hombre herido”, tocarlo, sanarle las heridas, se hace cargo de él. No se preguntó quién era su prójimo. 

   Solo le bastó ver a “alguien herido”, sentir compasión y misericordia por alguien desconocido “herido”, sin importarle si era judío o samaritano. 

   Sencillamente era un “hombre herido y abandonado” y eso era suficiente. Nos enseña que la misericordia no pide nombres, ni documentos de identidad, ni pregunta si fue culpable o inocente. Sencillamente era un ser humano “apaleado, herido y maltratado”, por lo tanto, “necesitado”. Como bien lo definió el Papa Benedicto XVI: “Mi prójimo es aquel que me necesita y por el cual puedo hacer algo”. 

   El Buen Samaritano salvó al herido, pero a su vez conviene anotar que también el herido, en cierto modo, salvó al samaritano, pues fue él quien le hizo brotar de su interior lo mejor de sí mismo, haciéndose prójimo de su hermano maltratado. Entonces podríamos decir que el sacerdote y el levita no se dejaron salvar por el herido. Despreciaron esta maravillosa oportunidad que Dios les daba para hacerse mejores seres humanos, a la medida de Dios.

   El secreto estuvo en la compasión. Dice el texto, que «se compadeció de él». El buen samaritano es Cristo. Es él quien «siente compasión, Es él quien no sólo nos ha encontrado «medio muertos», sino completamente «muertos por nuestros pecados» Es él quien se nos ha acercado y nos ha vendado las heridas derramando sobre nosotros el vino de su sangre. Es él quien nos ha liberado de las manos de los bandidos... ¿Cómo pagarle al Señor todo el bien que nos hace?» pues, «haciendo nosotros lo mismo que él». La consigna de nuestra vida ha de ser: “Haz el bien, sin mirar a quién”. Todo aquel que asume los sentimientos de Jesús y actúa como el samaritano con su prójimo, tomará el nombre de “buen samaritano”. 

   Las leyes judías impidieron al levita y al sacerdote que tuvieran compasión con el hombre herido. 

   Hay muchas leyes en nuestra sociedad, pero ¿cuántas de ellas generan compasión con tantos que sufren? ¡Las leyes sin compasión de nada sirven! 

   Nos olvidamos de los que sufren o están heridos en el camino y, no obstante, decimos que amamos a Dios. 

   Nos cuesta aceptar la realidad. Preferimos voltear la cara y no darnos por enterados de lo que está pasando. Preferimos callarnos, hacernos los de los oídos sordos, guardar silencio y mirar para otro lado. Hay tantas formas de pasar de largo, y lo peor es cuando las enmascaramos con justificaciones «razonables». Y mientras tanto, el Señor nos sigue esperando y nos sale al encuentro bajo el ropaje del mendigo y del que sufre: “Tuve hambre...” “Cada vez que lo hicisteis con ellos, lo hicisteis conmigo…”

   Los rodeos o las disculpas no solucionan nada. ¿Cuántas parejas que están en problemas prefieren disimularlos dando un rodeo para no complicar más las cosas? ¡Hay padres que saben que sus hijos andan por malos caminos y prefieren no enterarse! Muchos de nosotros vivimos en pecado, pero preferimos justificarnos diciendo que todos hacen lo mismo.

   El Evangelio nos clama que actuemos. ¿Cuántos heridos encuentro cada día en mi camino? ¿Será que damos vuelta a la manzana para no ver lo que Dios sí está viendo? Pensemos también ¿Cuántas heridas llevamos en nuestro corazón que necesitan de buenos samaritanos? El amor hacia los que más sufren, teje la salvación, porque es un amor cargado de Dios, cargado de salvación mutua.

    La señal de los cristianos es amarnos como hermanos, y todos sabemos que los gestos de amor valen más que las palabras. También sabemos que sólo se salvan los que aman y que al final seremos examinados en el amor. Cuando amamos como Jesús desea, el amor se convierte en el testimonio más eficaz para dar a conocer el rostro del Dios vivo. ¡Dime que haces, que pronto te diré a quién sirves! Salir de nosotros mismos, sin medida, a tiempo y deshoras, es una muestra de la calidad de nuestra vida cristiana. 

   Aprendamos de Jesús a tener compasión, y pidámosle que, como el samaritano, obedezcamos de manera instintiva al impulso amoroso de nuestro corazón, cargado de amor divino. Ese amor que no busca recompensas sino el bien del otro. Pero también reconozcamos que damos muchos rodeos para no encontrarnos con los prójimos malheridos, a quienes no sólo podríamos salvar, sino que serían ellos la oportunidad más bendita de nuestra salvación. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos, extendiendo como discípulos misioneros, el reino de Dios donde quiera que nos encontremos. 

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen María los proteja. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía