17° Domingo del Tiempo Ordinario, 26 de Julio de 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 25 jul 2020 13:52 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 25 jul 2020 14:29 ]
Chía, 26 de Julio de 2020

   Saludo y bendición a todos ustedes, discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.
 Lecturas de la Celebración

Darlo todo por el Tesoro del Reino de Dios
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
Homilía Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
 
   Con la sabiduría como telón de fondo, el evangelio de hoy nos hace una llamada a vivir nuestra fe con la alegría de quien “descubre un tesoro y encuentra una perla”. Encontrar un tesoro escondido era el sueño de muchos en la antigüedad. 

   En una época sin bancos quedaba como único recurso seguro esconder la fortuna debajo de la tierra. Y si el poseedor moría sin desenterrarlo, un golpe de fortuna podía sacar a luz este tesoro.

   En la primera lectura, el rey Salomón le pide a Dios que le conceda un corazón sabio para poder gobernar al pueblo y distinguir entre el bien y el mal. El evangelio, en las dos parábolas, describe al reino de Dios como un tesoro escondido o una perla preciosa que hay que buscar y, una vez encontrados, hay que darlo todo para hacerse con ellos. Ese tesoro no es otro que el mismo Dios, y hay que darlo todo, y con un corazón que escuche como el de Salomón, quedarse con él. Los dos protagonistas de las parábolas toman la misma decisión: «venden todo lo que tienen», pues nada es más importante que «buscar el reino de Dios».

   En la primera parábola, el hombre parece ser un pobre jornalero. Él encuentra el tesoro, trabajando en un campo ajeno. Por eso tiene que vender todo lo que posee, para poder comprar el campo. Resuelta y alegremente aprovecha la única ocasión de salir de la miseria. 

   Por el contrario, el hombre de la segunda parábola es un rico comerciante mayorista en perlas. En aquel tiempo las perlas eran obtenidas en el mar Rojo y valían como el oro. Él las adquiere de pescadores de perlas o de pequeños negociantes. También este rico aprovecha el caso fortuito, vende su propiedad y compra esta perla de gran valor. 

   Jesús quiere destacar, sobre todo, dos rasgos en el procedimiento de los dos hombres: El primer rasgo: la alegría radiante de los que encuentran el tesoro o la perla. Su gozo es tan grande que lo demás palidece ante el brillo de su hallazgo. Conmovidos y cautivados por su suerte, ponen en juego toda su existencia. El segundo rasgo es: su abandono total para ganar el tesoro o la perla. Conocen un solo fin y venden todos sus bienes para conseguirlo: adquirir esa preciosidad, es hacer el gran negocio de su vida.

   Lo mismo pasa también con el Reino de los Cielos. La Buena Nueva de ese Reino conmueve los corazones, despierta una alegría desbordante, causa una entrega apasionada. 

   Los que oyen y comprenden esta noticia, arriesgan todo lo que tienen para ganar a Dios y su Reino porque es la oportunidad única de toda su vida. 

   Esta suerte incomparable hay que aprovecharla a riesgo de todo, por tratarse del verdadero y único valor que vale la pena en este mundo. Una ganancia extraordinaria y eterna espera a los que se juegan la vida por Dios y su Reino.

   Las dos parábolas quieren decirnos que Dios sigue ofreciéndose a cada uno de sus hijos, -representados, tanto en el pobre jornalero, como en el rico mayorista-, la ocasión única para la salvarse. Él es el tesoro escondido y de valor incalculable, que aunque lo diéramos todo por él, nunca sería demasiado. A Dios no lo podemos comprar con dinero. Se nos da gratuitamente. 

   Afortunadamente muchos sabemos que las realidades más bellas de la vida no pueden comprarse con dinero; se dan gratuitamente: como el amor, el cariño, la comprensión, la verdadera amistad, la fidelidad, la bendición y el gozo espiritual. 

   Dios es el tesoro único que llena las aspiraciones del corazón humano, pero tenemos que buscar las «pistas» que nos lleven a Él, si no queremos andar «despistados». Nos dice san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti».

   Tener la referencia del valor supremo, nos permite valorar en su justa medida todo lo demás. No se trata de despreciar lo demás, sino de tener claro lo que vale de veras. Debemos saber cuáles son las prioridades, dentro de los valores, y qué valores son en realidad falsos. El valor auténtico aporta una alegría continuada, mientras que los valores terrenos aportan una alegría pasajera, y quizá conseguida a costa de la tristeza y el sufrimiento de muchos. La vida no es sólo lo que se ve. Es mucho más.

   Reza el refrán: “donde está tu tesoro está corazón”. Es decir, “donde está tu tesoro está la alegría de tu vida”. Todos nosotros estamos todavía en camino, en busca de este tesoro divino. ¿Quién de nosotros puede decir que ya encontró en Dios la suerte para siempre? ¿Quién de nosotros realiza su vida con esa alegría desbordante que caracteriza a los que hallaron la felicidad en Dios? ¿Quién de nosotros está dispuesto a arriesgar todo lo suyo para ganar ese tesoro celestial? ¿Qué estoy dispuesto a “vender” o arriesgar para ganar el tesoro del Reino? - Si Dios nos diera posibilidad de pedirle algo, qué le pediríamos?

   Como lo pidió el Rey Salomón, pidamos más sabiduría para ir sacando del arca del “tesoro” de nuestro interior, lo nuevo y lo viejo; lo que vale y lo que acumulamos con tanto apego pero que no vale nada. Así, de manera sabia, sabremos qué nos conviene conservar o desechar del corazón. Pidamos cada día, en el Padre nuestro, que “venga a nosotros su Reino”, pero que también trabajemos para hacernos merecedores de él.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir buscando, como discípulos-misioneros, los tesoros de Reino de Dios, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía