19° Domingo del Tiempo Ordinario, 11 de Agosto de 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 10 ago 2019 10:10 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 10 ago 2019 13:34 ]
Chía, 11 de Agosto de 2019
 

Saludo cordial y bendición a todos los fieles de esta comunidad de Santa Ana.

El Miedo Guarda la Viña, la Esperanza la Cultiva.

La Fe no Hace las cosas Fáciles, las Hace Posibles

   El Evangelio de este Domingo nos pide ubicar nuestra fe, de cara a la eternidad, mientras vivimos aquí en la tierra. El Señor nos invita a permanecer fieles a Él con las lámparas encendidas y a tener la valentía de la perseverancia, de estar conectados a su Palabra, a la Eucaristía, a la Oración, al Amor por los más necesitados. Y esto sólo es posible si estamos unidos a Él, El único que puede agrandar nuestro pequeño corazón con la llama de su Amor. 

   «Allí donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón». Si Él es el centro de nuestra vida, habrá que colocar en Él no solo el corazón, sino todo nuestro ser. A todos nos invita a vivir en Esperanza vigilante y activa; a no dejarnos encandilar por los atractivos de este mundo, que tan solo es camino, pero nunca la meta. Estar atentos y vigilantes, exige reconocer a Jesús que viene a nosotros a través de nuestros hermanos que nos reclaman su atención esperando de nosotros un gesto de amor. Es tomar conciencia que nuestro paso por este mundo, aunque sea serio y nos comprometa al trabajo, no es lo definitivo. Vivir despiertos, en tensión, no con angustia, pero sí con seriedad, dando importancia a lo que la tiene. 

  El punto clave está en la elección y la opción. Jesús viene con una propuesta que parece pobre y poco atractiva. Ofrece y pide todo lo contrario a lo que el mundo entiende como bueno, fascinante, cómodo, deslumbrante, seductor, maravilloso y encantador. Él propone, en su programa, que no hay que acumular riquezas en la tierra, porque es mejor hacerlo en el cielo, que hay que ser fieles y precavidos, vigilantes y serviciales, trabajadores, bondadosos, conocedores de la voluntad de Dios, y responsables con el tesoro que él nos ha confiado. Lejos de dejar familia, trabajo y todo lo que significa parte esencial de nuestra vida, se trata es de amar a la familia, al trabajo y a las múltiples ocupaciones, teniendo el corazón puesto en el verdadero tesoro que para el creyente es Cristo Jesús. 

   En cierta ocasión, un anciano instruía a su nieto, de esta manera: “tengo en esta mano una moneda de dos euros; pero, si te esfuerzas un poco más, te garantizo que, en el jardín, en un lugar escondido, encontrarás cien más”. El niño le contestó: “abuelo, dame esa moneda hoy, que las del jardín las buscaré otro día...” En el fondo todos somos un poco como este niño. Lo inmediato nos gana y nos vence. El esfuerzo, la vigilancia, el sacrificio no son buenos amigos de las nuevas generaciones que lo quieren todo rápido y sin esfuerzo. 

   Vigilar significa dominar los acontecimientos, en lugar de ser dominados por ellos, y no perder jamás la paz, ni siquiera ante las pruebas y experiencias adversas. Es estar preparados para afrontarlo con garbo y decisión, y así saber descubrir la acción del Espíritu que nos pone activos en la Fe, la Esperanza y la Caridad, "cuando Él venga". Vigilar es saber esperar, pero no de manera pasiva, inútil o estéril, sino de manera activa y dinámica, como el hombre sabio y prudente que busca ajustar su comportamiento a la voluntad de su Señor.

   Dios siempre está pasando a nuestro lado y nos habla. Si “Dios está en el cielo”, también está viniendo, llegando y saliendo a nuestro encuentro. El problema está en “acertar a verlo”, “escuchar sus pasos”, “abrirle la puerta para que entre y no pase de largo”. El Reino de los cielos no admite cristianos despistados, ni para los que se pasan la vida mirando atrás. Solo lo pueden descubrir aquellos que viven despiertos, los que tienen el alma encendida, palpitando por lo definitivo. 

   Como el estudiante que desde el comienzo del curso piensa en el examen final, o el labrador que siembra y está siempre pensando en recoger buena cosecha, o el deportista que desde el primer esfuerzo sueña con llegar primero a la meta, así, los hijos de Dios hemos de esforzarnos diligentemente por buscar siempre las «cosas de arriba», que ya se preludian y dan sus primeros acordes en la vigilancia en las «las cosas de abajo». Estar vigilantes, entonces significa, -tener las lámparas encendidas para el encuentro con el Señor -, y la mirada puesta en los «bienes de arriba». 

   Revivamos nuestra fe mientras vivimos aquí en la tierra, pero también nuestra fe de cara a la eternidad, y aceptemos la invitación del Señor a estar preparados para saber descubrir las señales de su presencia. En las cosas pequeñas de cada día, acojamos la riqueza del poseer a Dios, único bien, seguros de la fuerza que nos viene de su divino Hijo. Tomemos en serio las cosas de Dios. Por treinta monedas vendió Judas al mejor amigo y, a veces, por menos, entregamos, olvidamos o marginamos a Jesús de nuestra propia vida. 

   Tenemos que reconocer que las únicas lámparas que ponen luz sobre ese final y ese punto de partida son las lámparas de la Fe y del Amor. Estar atentos y vigilantes, entonces, consiste en estar todos los días atendiendo a Jesús, que viene a nosotros a través de nuestros hermanos que nos reclaman su atención esperando de nosotros un gesto de amor. 

   Señor, sé que duermo demasiado y me falta estar atento; despierta la sensibilidad de mi corazón; no pases de largo y si me encuentras dormido, golpea fuerte la puerta de mi corazón para que me despierte. Que cuando llegues, Señor, me encuentres despierto. 

   Que la santa Eucaristía, alimento de eternidad, nos ayude a tener firmes los pies, las manos tendidas en caridad, y la mirada puesta en la eternidad.

 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos, extendiendo como discípulos misioneros, el reino de Dios donde quiera que nos encontremos.

 

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen María los proteja. Amén.

Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía