1° Domingo de Adviento, 29 de Noviembre de 2020, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 29 nov 2020 4:33 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 30 nov 2020 5:37 ]
Chía, 29 de Noviembre de 2020


  Saludo y bendición, queridos discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.
 Lecturas de la Celebración

"¡Ya Viene El Señor, Él es Nuestra Alegría!"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

   Hoy comenzamos el nuevo año litúrgico, ciclo B, sin necesidad de esperar al primero de enero, ni a la Noche Buena. Termina una esperanza y se abre una esperanza nueva. Lo que parecía el final se convierte en un nuevo comienzo. Termina el año litúrgico con el Señor como Rey del universo y comienza un nuevo año, anunciando, de nuevo, su nacimiento en Belén. El Señor volverá y aunque no sabemos cuándo, hay que estar vigilantes porque no sabemos ni el día ni la hora.

   Al escuchar este Evangelio, viene a nuestra mente cuando éramos niños, que nos encantaba jugar a las escondidas. A Dios también le gusta esconderse y aparecer de nuevo. Dice que se va, y luego dice que se queda.  Dice que está, pero no lo vemos porque no queremos verlo donde él está. Y no es que quiera engañarnos. Al contrario, cuando dice que se va, nos deja la tarea: “…A cada uno de sus criados le dio su tarea”. Y al decirnos que esperemos su regreso, no es para quedarnos parados sino para que estemos atentos a su llegada. A su vuelta, no quiere encontrar el mundo como él lo dejó. La llamada es estar bien despiertos, y en la vigilancia de quien se siente ocupado en la tarea que él nos ha dejado. Para quien se siente administrador, la llegada de Dios es el término de sus fatigas; es el momento de cesar en su labor y pasar al banquete definitivo con el dueño de todo. Velar, sí, pero trabajar también.

   Jesús, que nació en Belén, continúa naciendo en cada uno de nosotros según respondamos a la oferta de participar en su vida. Esperar en él, es propio del que le ama, y a él lo esperamos porque lo amamos. A menudo nos parece como si Dios estuviera ausente, pero somos nosotros quienes le damos la espalda. "Estar atentos y vigilantes" consiste en reconocer las maneras en las cuales Dios solicita nuestra respuesta a su amor. El "hijo del Hombre" que ha de venir no es alguien que nos llega desde fuera, sino que se deja encontrar en nosotros en su diaria presencia y eterna invitación.

   Existe el peligro de pasar por la vida dormidos, sin darnos cuenta que él continúa viniendo. Tantas esclavitudes como el egoísmo, la comodidad, la avaricia, el pensar solo en pasarla bien, el vivir para tener, el dejarse atrapar por las cosas y olvidar a las personas; todo esto nos adormece y hace que nos centremos sólo en nosotros mismos. En cambio, escuchar atentamente las presencias y los sentires de Dios en los demás, en las realidades de nuestro entorno y del mundo, cultivando la compasión y caridad con los que sufren y prolongando la mano de Dios a través de las nuestra, eso sí nos mantiene despiertos y nos va revelando los rasgos cercanos del mismo Dios. Y eso es Navidad.


   Jesús nos asegura que vendrá, pero no dice cuándo llegará. Eso es el adviento: tiempo que nos mantiene la fe y la esperanza despiertas y en permanente pálpito, pues su presencia siempre es cercana y novedosa. Desafortunadamente, a este tiempo cargado de fe y de esperanza cristiana, se le ha ido despojando de su verdadero significado. No permitamos que distraídos por pensar en los reglaos y en tantas cosas, se nos ahogue la voz interior que nos susurra su divina presencia en el pesebre de cada corazón. 

   No permitamos que, sumergidos en las carreras por las compras, las fiestas y paseos, pasemos por alto el verdadero sentido del nacimiento de Cristo. antes de visitar un centro comercial, ¿por qué no hacemos una visita al Santísimo? Antes de decorar nuestras casas, ¿por qué nos decoramos nuestras almas con las virtudes que agradan a Dios, más que el pesebre o el árbol de navidad?

   Dios viene a nosotros. Lo único que hemos de hacer es dejarle entrar en nuestra casa, y acogerlo con amor. Su presencia llena de sentido y de luz el horizonte de nuestra existencia. Él no quiere cristianos dormidos, sino despiertos. Estar vigilantes significa que se espera a alguien o se espera algo. Cristiano es el que sabe que el presente tiene un futuro, que la vida es un permanente adviento, y una navidad sin adviento, una navidad sin esperar a alguien, no es la navidad de Dios.

    Señor, yo no sé la hora de tu llegada a mi corazón. Quizá no me importa la hora, lo que sí me importa es que yo esté atento a tu hora, porque esa será mi hora. “Ven, Señor, no tardes”.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o a través del Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito, en este nuevo año litúrgico, a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la buena nueva del reino de Dios, donde quiera que se encuentren. 

   Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen del Adviento los proteja y acompañe en su caminar. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía