23° Domingo del Tiempo Ordinario, 6 de Septiembre de 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 5 sept 2020 10:45 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 5 sept 2020 12:50 ]
Chía, 6 de Septiembre de 2020

   Saludo y bendición a todos ustedes, discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.
 Lecturas de la Celebración

Si Tu Hermano Peca, Corrígelo con Amor
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.
 
   
El Evangelio de este domingo se centra en la corrección fraterna. Nos dice cómo resolver los conflictos y cómo hay que tratar al que peca, recordando que Dios condena al pecado, pero salva al pecador, porque es hijo de Dios y amado entrañablemente por Él. 

   Es un anuncio de esperanza en el poder del perdón frente al hermano que ha pecado y ofendido a la comunidad. El profeta Ezequiel exhortaba a no ser cómplices del pecado, y San Pablo nos recuerda que la esencia de la ley divina está en el amor: “No tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo, porque el que ama al prójimo, ha cumplido toda la ley.

   Recordemos que el credo confiesa que la Iglesia es “una y santa”; pero también nos dice: “creo en el perdón de los pecados”. Somos una comunidad creyente pero también comunidad pecadora; una familia de personas imperfectas que tienen por misión ayudarse mutuamente a madurar en el amor y en el perdón. La corrección fraterna, lejos de pretender modelar las personas a nuestro antojo, apuntando a las debilidades de los demás y ocultando las nuestras, busca, ante todo, que la persona que se ha equivocado, se dé cuenta de los valores que ha atropellado, de las heridas que ha causado y que sí le es posible el cambio y la conversión.

   En la Sinagoga, los judíos excluían de la comunidad a los pecadores; Jesús, por el contrario, abraza al pecador con el perdón: “Si tu hermano peca corrígelo a solas entre los dos”. No lo eches fuera, no lo excluyas, sigue amándolo, sigue preocupándote de él y sintiéndolo como hermano, porque ante Dios todos somos iguales, acogidos y queridos; todos somos corregidos y perdonados por la misericordia de Dios. De ahí que corregir no es reñir, ni condenar, ni echar fuera a nadie.

   En la pedagogía de la corrección fraterna, más importante que el pecado es la dignidad del pecador. Hacia allá tiende la insistencia de la corrección fraterna: “Si tu hermano peca, corrígelo a solas… Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos. Si no hace caso, dilo a la comunidad. Si tampoco hace caso a la comunidad, entonces considéralo un gentil”. Lo importante será insistir en el Dios que nos ama tanto y desea salvarnos y para ello me ha regalado “la comunidad”. Comunidad que no está para castigarme, ni para recriminarme, ni para excluirme, porque yo no soy un extraño para ella. 

   La comunidad está para rodearme de su comprensión, cobijarme con su amor, animarme con su cariño y ternura; no para dejarme en la soledad de mi pecado, sino para hacerme sentir el amor que, a pesar de todo, Dios me ama. El problema está, en si después de tantas ofertas de amor y de perdón, alguien no es capaz de creer en el amor de toda una comunidad, él mismo es quien decide estar fuera de la comunidad.

 

 La hermosa expresión del Señor: “Si tu hermano peca”, está diciéndonos, entonces, que el que peca no es un extraño para mí; es “mi hermano”. Su pecado, no puede ser para mí un escándalo. Al contrario, me tiene que doler “por ser el pecado de mi hermano, y lo tengo que sentir como “pecado de mi hermano”. Así mismo, cuando el que peca soy yo, sé que tengo a mi lado un hermano, que no estoy solo en mi pecado; que tengo un hermano que sufre y siente mi pecado.

   El Papa Francisco añade: “Las etapas en este itinerario indican el esfuerzo que el Señor pide a su comunidad para acompañar a quien se equivoca, para que no se pierda. Es necesario ante todo evitar el clamor de la crónica y los chismes en la comunidad. Esto es lo primero que hay que evitar. 'Ve, amonéstalo, tú y él solos'. La actitud es de delicadeza, prudencia, humildad, atención hacia quien cometió una culpa, evitando las palabras que puedan herir y asesinar al hermano”. Y agrega: “Pedir perdón no siempre significa que estamos equivocados y que el otro está en lo cierto. Simplemente significa que valoramos mucho más una relación con nuestro ego”.

   Desde este punto de vista, es muy consolador saber que aquel que peca no puede ser para nosotros un extraño. Es “un hermano”. Su pecado, antes que escandalizarnos, nos tiene que doler “por ser el pecado de un hermano nuestro”. Lo tenemos que sentir como “pecado de nuestro hermano”. Del mismo modo, cuando el que peco soy yo, sé que tengo a mi lado a un hermano que sufre y siente mi pecado. La presencia de ese hermano, o de mi comunidad, me hace sentir que no estoy solo ni abandonado porque alguien me está dando la mano. 

   Y cuando el que ha pecado es mi hermano, también he de estar preocupado por él. Si en nuestra natural debilidad pecamos, Dios coloca a nuestro lado alguien que puede salvarnos y que incluso, si nos resistimos, otros hermanos más, tratarán de arroparnos con su cariño y su perdón. 

   Nadie puede ser indiferente al sufrimiento de los que nos rodean, porque ser cristiano implica compartir la alegría y la tristeza, el gozo y el llanto, el éxito y el fracaso con todos. Sin embargo, no olvidemos que la corrección fraterna que nos sugiere el Señor, solo será posible en la medida en que estemos unidos a él, porque es quien todo lo puede por su infinito amor.

  Preguntémonos: ¿Si seremos de verdad hermanos? ¿Nos preocupamos de verdad de nuestros hermanos? ¿Seremos comunidad de amor que corrige fraternalmente y salva? A ninguno, el Señor nos deja solos en nuestro pecado. Él nos manifiesta su amor a través de nuestros hermanos.

Gracias, Señor, porque no me dejas solo en mi pecado; porque aún así me manifiestas tu amor a través de mis hermanos.

    A quienes nos siguen a través de internet, en la página:

www.santaanacentrochia.org  y a través del Facebook de la Capilla Santa Ana, les envío mi bendición, y los invito a acoger de corazón y llevar a la práctica, el mensaje de la buena Nueva, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos. Y que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja.

Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía