27° Domingo del Tiempo Ordinario, 4 de Octubre de 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 3 oct 2020 11:53 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 3 oct 2020 11:54 ]
Chía, 4 de Octubre de 2020

   Saludo y bendición, queridos discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.
 Lecturas de la Celebración

“Obreros en la Misma Viña del Señor
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

   Dios, el dueño de la viña, ha cuidado con amor incondicional a su viña amada, el pueblo Israel. A través de una larga historia de fidelidad le envió profetas para señalarle el camino y las exigencias del reino y no los escucharon.    Al final, envió a su hijo, el heredero y dueño de la viña, pero todos, profetas e hijo, terminaron de la misma manera. 

   Como dueño de la viña, Dios la ha adornado con sus dones, “para que contemplemos la grandeza de sus obras, disfrutemos sus maravillas, - de las cuales somos responsables-, y en todo momento le alabemos y le demos gracias (Prefacio V Dominical). Todo lo hemos recibido a modo de “arrendamiento”, no como dueños o propietarios. Recordemos que somos simples administradores de todo y encargados de su crecimiento. Reconocernos administradores responsables frente a lo que Dios nos ha dejado, hace que nos esforcemos por hacer crecer y fructificar lo que nos ha confiado. 

   El Evangelio hace una advertencia muy vigente. Por falta de fidelidad al Señor y, quizá por dar frutos amargos, podemos ser despojados también de los dones recibidos. De ahí la importancia de mirarnos también cada uno como viña del Señor reconociendo el cúmulo de dones recibidos desde que nacimos. Debemos preguntarnos: ¿Qué hemos hecho con los dones espirituales y materiales que Dios nos ha confiado? ¿Cuántas veces hemos experimentando las bondades del creador y sin embargo, hemos sido esquivos de entregarle parte de nuestro tiempo y los frutos a tiempo? ¿Por qué colocamos condiciones a nuestra fidelidad, aprobando lo que nos agrada y rechazando lo que nos exige responsabilidad o compromiso? ¿Por qué excluimos de nuestras vidas, - como los viñadores homicidas- hasta al mismo Cristo, porque nos incomoda, pretendiendo apoderarnos de su viña, e incluso del evangelio colocándolo a nuestro acomodo o criterio?  

   Frente a la viña que Dios nos encomendó, existe el riesgo de no dar los adecuados frutos que él espera, y también el riesgo de creernos dueños de las cosas de Dios y aún de Dios mismo. Nos puede ocurrir que, llevados por el afán de posesión, o movidos por el miedo a perder lo que creemos que es nuestro, queremos tenerlo todo sin rendir cuentas a nadie, convirtiéndolo en propiedad personal y terminamos así, perdiéndolo todo. 

   Nuestra tentación siempre ha sido querer ser dueños de la viña, y no obreros contratados. En general, es la tentación de querer eliminar a Dios porque se considera el gran enemigo del hombre, de su libertad y autonomía. Matar a Dios para que viva el hombre; negar a Dios todos sus derechos de creador y de autor. Haciendo a un lado al dueño de la viña no tenderemos que dar cuenta a nadie. Más bien nos autoafirmarnos y definirnos sin ninguna referencia al creador, incluso, para acabarnos entre nosotros mismos y constituirnos en propietarios del universo, de la tierra, de nuestros cuerpos y de todo lo que manipula ciegamente el ser humano, queriendo hacerse “dios”. 

   Y esta historia de los viñadores homicidas sigue apareciendo en las noticias de cada día. Hijos para quienes los bienes de los padres son más importantes que los padres. Hijos que asesinan a sus padres para hacerse dueños de su fortuna. Madres que mueren en manos de sus hijos para quedarse con sus bienes. Es triste, pero es la realidad. El ansia de tener ciega nuestros criterios, ciega nuestra mentalidad, rompe todos nuestros esquemas mentales y valores. Y así no sea matando a pedradas, ni echando fuera de la viña, se puede matar ignorando a los demás, prescindiendo de los demás o adueñándonos de las decisiones de los demás. 

   Es cierto que, dada nuestra pequeñez, nunca podremos responder a Dios como debiéramos, pero, por lo menos, podemos dar lo mejor de nosotros como la manera más correcta de agradecerle al creador. En la medida en que prefiramos la responsabilidad y libertad bien orientada ante los bienes que Dios nos dejó en su viña, en esa medida podremos seguir disfrutando de ella. Pero si los convertimos en propiedad, pierden la grandeza, la belleza y el toque del creador. 

   Cada Domingo Dios viene a visitar su viña, a ver si su inversión de amor ha producido los frutos de justicia, fidelidad, amor, compasión, generosidad y perdón que él espera. Pidámosle al Padre creador, que nos permita ser testimonio vivo del Señor y de su Iglesia, la viña que él planto con amor y dilección. Él siempre nos da oportunidades para florecer porque somos su viña amada, y aunque lo decepcionemos por nuestros errores y nuestros pecados, no rompe su palabra, no se detiene ni se vengará de nosotros, porque su última palabra será amarnos por siempre. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o a través del Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la buena nueva del reino de Dios, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía