3° Domingo de Adviento, 13 de Diciembre de 2020, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 12 dic 2020 15:16 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 12 dic 2020 15:54 ]
Chía, 13 de Diciembre de 2020


  Saludo y bendición, queridos discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.
 Lecturas de la Celebración

"Alégrese el Cielo y Goce la Tierra"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M.

   En este tercer Domingo de Adviento la Iglesia se viste de fiesta. Es el Domingo que llamamos de “Gaudete”, o domingo de la alegría, que nos pone alerta sobre las alegrías verdaderas y duraderas, aquellas que maduran siempre desde el sacrificio, como no hay rosas sin espinas. Isaías nos dice: “Desbordo de gozo”; San Pablo agrega: “Hermanos: estad siempre alegres”, y el Papa Francisco añade: “Hay mucha necesidad de reconocer la alegría que se revela en el corazón que ha sido tocado por la misericordia.

   En esta tercera semana de adviento, cercana ya la navidad, Juan Bautista nos hace un llamado a regocijarnos por el que viene. La alegría está tocando la puerta de nuestro corazón: ¡Un niño nos va a nacer! Es el momento para ponernos en marcha y no perder la esperanza. Para los creyentes, el encuentro con Jesús en la próxima Navidad ha de ser el verdadero motivo de gozo y alegría. Él viene a cambiar la tristeza en gozo, y hará brillar la luz en la oscuridad.

   Juan el Bautista fue el pregonero de esta alegría. La roca imperturbable en medio de las olas y las tempestades que generaban las aflicciones. Juan personifica la esperanza del pueblo de la primera alianza, que alcanza su cumplimiento en la llegada del Mesías. Él demostraba la misma alegría tanto en el invierno de las amarguras, como en la primavera de la paz, y se alegró, aún en medio de su situación dramática. El adviento nos llama a inclinar el corazón para recibir la fuerza de lo alto y anunciarlo con vigor, enfocando la vida y el alma entera en Jesús. Así podremos sacar de las debilidades oportunidades donde florezca la esperanza y la alegría.

   Cuánto necesitamos esa alegría de lo pequeño, de lo sencillo y de lo simple; la alegría de la pobreza humana. En cada navidad, Dios quiere seguir haciendo la experiencia de la encarnación, no solo en el mundo, sino en el encuentro con cada uno de nosotros, en lo cotidiano y pequeño de la vida. La eterna navidad es aquella que brota desde lo más pequeño y va a lo más hondo del alma humana y del mismo Dios.

   En los desiertos de esta vida, hay que anunciar y proclamar que lo mejor es abrir las puertas al Dios que viene y oír su voz. Hay que anunciar la noticia más dichosa: el nacimiento del niño Dios. Noticia que nos convierte en testigos de la navidad como buena nueva. Como el Bautista, todos los bautizados estamos llamados a ser testigos y voz de Dios, en donde quiera que estemos. Antes de celebrar la Navidad, el precursor llega a nuestras vidas para invitarnos a la autenticidad. Si lo escuchamos, Dios cumplirá en nosotros sus promesas, y la vida se llenará de gozo y alegría. A los bautizados se nos confía una tarea semejante a la de Juan, sin protagonismos; sencillamente con nuestro testimonio.

   La Navidad es como la hermosa escena en la que el padre llega a casa y los hijos salen a recibirlo con algarabía, y abrazarlo llenos de emoción; luego, al calor del hogar, comienza a repartir regalos a sus hijitos y familia. Cada día puede ser navidad si nos dejamos amar de Dios, y si acogemos su voluntad, acogiéndonos y amándonos como hermanos. La venida de Dios en la soberana humildad del niño de Belén, siempre será un acontecimiento de amor; solo basta abrirle las entrañas del corazón para que se quede en él. En cada navidad, el regocijo ha de ser total porque el Señor quiere llegar al corazón y sentirse como en su propia casa. Eso ha der ser la navidad: pleno de regocijo por el regalo que Dios nos da en su hijo divino.

   Navidad no es otra cosa que dejarnos encontrar por Dios y dejarnos cargar por Él. Es la alegría de sentir el calor de los hombros de Dios cargando a sus ovejas amadas. Adelantemos la llegada del Niño de Belén con los ojos sencillos de los pastores, con el corazón enamorado de María, la madre del Señor, y con la ternura serena de José, para que cada día sea navidad en los corazones, en los hogares, en nuestra comunidad y en todo el mundo.

   Pidamos al Señor, que nos contagie esa alegría que desbordaba el corazón de María Santísima, y que el motor de esta alegría no sea lo mundano, sino el equilibrio interior de nuestro encuentro gozoso con Dios.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o a través del Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la buena nueva del reino de Dios, donde quiera que se encuentren.

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe en este camino a la navidad. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía