3° Domingo de Cuaresma, 15 de Marzo de 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 12 mar 2020 19:44 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 12 mar 2020 20:13 ]
Chía, 15 de Marzo de 2020

   Saludo y bendición a todos ustedes, discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

   Si Conociéramos el Don de Dios

   En este tercer Domingo de Cuaresma el Evangelio nos trae la bella página del encuentro de Jesús con la samaritana. Encuentro de un alma sedienta con Jesús, el agua de vida eterna. Este encuentro nos descubre los vacíos interiores de cada uno de nosotros, que tratamos de llenar, muchas veces, con aguas que nos dan más vacío y más sed. 

   Es la sed disimulada del hombre de Dios, pero también es la sed de Dios del hombre. Es el hombre que camina con el cántaro de su alma vacío de Dios, vacío de gracia y de amor. Es la historia de nuestro propio encuentro con Él. 

   Los caminos por los que Jesús lleva a la mujer a reconocerlo y a amarlo, son los caminos por los que quiere llevarnos a la conversión. 

   La escena deja ver la sensibilidad de Jesús, su estilo de tratar y atraer a las personas. Él no se presenta con autoridad ni poder, sino sentado, cansado y con sed, propio de las angustias y los afanes del necesitado. No comienza ofreciendo de su autosuficiencia, sino pidiéndole agua a una pecadora. “La de Jesús era una sed no tanto de agua, sino de encontrar un alma sedienta. Jesús tenía necesidad de encontrar a la samaritana para abrirle el corazón: le pide de beber para poner en evidencia la sed que había en ella misma. La mujer queda tocada por este encuentro: dirige a Jesús aquellas preguntas profundas que todos tenemos dentro, pero que muchas veces ignoramos”. (Papa Francisco). Y al final, saldrá ganando la samaritana, como la gracia gana sobre el pecado, y la vida sobre la muerte. 

   Jesús utiliza la psicología para llevar a la samaritana a que ella misma se vaya conociendo, reconociendo y decidiendo por otro tipo de agua. Primero, lo mira despectivamente como a un judío, luego, le trata de Señor, después lo descubre como un profeta, y finalmente, la revelación como el Mesías. Al final, se invirtieron los papeles: El que pedía, termina dando. La que comenzaba dando termina pidiendo. La que buscaba agua para la sed, termina encontrando la gracia del agua viva en su alma, y de ella misma se hace portadora a anunciándolo a los suyos.
   Como la samaritana, tal vez, caemos en el riesgo de quedarnos en lo superficial: agua física para calmar la sed transitoria. El Señor espera que conozcamos el don de Dios, con el cual sabríamos que nuestra fe es una experiencia en lo más hondo de nuestras entrañas con aquel que tanto nos ama. Dios nos propone, sin imposición alguna, que conozcamos el don divino, y el hombre está en su libertad de responder “sí" o “no”, para beber de esa agua de eternidad que nos ofrece a través de Cristo, la fuente.

   Hoy, hasta el mundo tiene sed; hasta la tierra, reseca, clama por agua. También el alma se reseca cuando renuncia al reino de Dios a favor de otros paraísos prometidos que nos engañan. La esperanza es como el agua, cada vez más escasa y contaminada. Pero Dios no sacó a su pueblo de Egipto para matarlo de sed en el desierto, sino para hacerlo partícipe de sus promesas. Jesús ofrece a la mujer el agua viva, la esperanza que salta hasta la vida eterna, la única que no se agota. 

   Y desde el bautismo recibimos la esperanza, la promesa de eternidad y, bebida espiritual que sacia el alma. El mundo ofrece cantidad de bebidas para calmar la sed; solo Dios, nuestro hacedor, en su divino hijo, don de Dios, camino, verdad y la vida, es el agua que calma la sed de vida eterna. “Nos hiciste, Señor para ti, y nuestro corazón solo hallará reposo cuando llegue a ti” (San Agustín). Ante Él, todos somos samaritanos sedientos y necesitados de abrir el cántaro de nuestro corazón, para saciarlo en el pozo infinito de su amor.

   Nuestro espíritu también está naturalmente sediento, y pensamos equivocadamente que lo pueden saciar, las cosas, los placeres o las distintas formas de poder. Caminamos tras las realidades que nos encandilan y nos prometen felicidades aparentes, y seguimos sedientos, aunque las poseamos. Cuanto más buscamos saciarnos de lo efímero, más experimentamos la insuficiencia de lo pasajero; y cuanto más se tiene, más se experimenta su fragilidad y su carácter perecedero. Cuando el fin está puesto en Dios, el corazón humano se sacia completamente al descansar en él, fuente inagotable de vida eterna: “El que beba del agua que yo le dé, nunca más volverá a tener sed”.

   La Cuaresma es el tiempo oportuno para mirarse dentro, para hacer surgir nuestros deseos espirituales más verdaderos y pedir la ayuda del Señor en la oración. El ejemplo de la samaritana nos invita a
expresarnos así: 

“Jesús dame de esa agua así no tendré más sed”. 

   Para cuando nosotros decidimos buscarlo, ya Él ha tocado las fibras de nuestra alma. 

   Cuando nosotros decidimos acercarnos él, hace tiempo que él nos espera. Cuando decidimos ir a vaciar nuestra alma en la confesión, antes de perdonarnos, él ya nos había empujado. Dios siempre toma la iniciativa en nuestras vidas, aunque nosotros le hagamos esperar sentado. (Papa Francisco). 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos y a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen los proteja. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía