3° Domingo del Tiempo Ordinario, 26 de Enero de 2020, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 24 ene 2020 16:28 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 24 ene 2020 16:55 ]
Chía, 26 de Enero de 2020

   Saludo cordial a todos ustedes, discípulos misioneros de esta amada comunidad de Santa Ana.   

Enséñanos, Señor, tus Caminos"

   Los caminos de Dios siempre son desconcertantes. Juan comienza su predicación, pero no en Jerusalén sino en el desierto; no en el Templo, sino en el arenal; tampoco donde había gente, sino en el desierto vacío. 

   Jesús comienza su predicación en “donde están los que habitan en tierra y sombras de muerte”, porque la gracia puede brillar en todas partes, incluso allí donde todo parece oscuro y parezca muerto. Juan invitaba a preparar los caminos al que estaba por venir, preparándose a la conversión para recibir al que viene, porque en Él llega el reino de Dios. 

   Juan le cede el paso al Cordero de Dios. Todo empieza cuando parecía que el asunto estaba ya definitivamente cerrado. «Juan había sido arrestado». Los jefes pensaban haber arreglado las cosas callando a Juan. La voz fastidiosa, la palabra insolente había tenido que callar. Todo volvía a la normalidad. Pero el Evangelio de hoy nos dice que hay uno que comienza de nuevo. «Entonces comenzó Jesús a predicar...»

   Juan se vio obligado a callar, pero enseguida hay otro que habla todavía más fuerte; otro que sale por los caminos para recoger el discurso interrumpido. 

   Se apaga una vela y se enciende una lámpara. Se apaga una estrella y se enciende el sol. Se apaga la voz del hombre y comienza a sonar la voz de Dios.

    Calla Juan y comienza a hablar el Cordero de Dios. Se queda solo el desierto y ahora se enciende una luz en tierra de paganos. Mientras Juan es encerrado en la cárcel, Jesús se va a la Galilea de los gentiles, en donde comienza a predicar. 

   Su primer sermón fue muy corto: "Conviértanse…El Reino de Dios está muy cerca". No se trata únicamente cambiar de costumbres o dejar a un lado las esclavitudes de la carne, la seducción del mundo y las tentaciones del demonio. Se trata de emprender el seguimiento del Señor, porque Él es el motor del cambio; porque sólo con Él se entra en las entrañas de su Padre. 

   Y esta tarea de anunciar el Reino no es sólo de Jesús. Paseando junto al lago vio a Pedro, Andrés, Juan y Santiago, los llamó y le respondieron a su llamada dejándolo todo. Jesús llama de mil maneras, invitando a sus oyentes a comenzar por el principio, a volver sobre sí mismos; a volver a lo esencial. 

   Y lo esencial de la conversión no es mirar al pasado sino al futuro, donde está centrada la oferta del Dios y la esperanza se abre a las promesas divinas. Lo esencial está en saber dejar aquello que impide que lo sigamos. Será necesario acomodarnos a él y abandonar tantos estilos de vida que nos marginan de su proyecto. 

   Su voz sigue resonando: “Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres”. Nos necesita para que su misión siga propagándose por todo mundo. Cada uno de nosotros, envueltos, de una manera u otra, en un mar de dificultades, seguimos escuchando al Señor que viene a nuestro encuentro. 

   Porque nos ama, nos ofrece un cambio de ruta y de rumbo. Quizá nos es difícil dejar las redes de todo aquello a lo que estamos acostumbrados, y quizá sea difícil, - ante tantas miradas seductoras-, captar la mirada humilde de Jesús, y discernirla como la que más nos interpela, y, no obstante, su voz sigue resonando. 

   Para entrar en el Reino de Dios no hacen faltan ni títulos, ni méritos humanos. Solo hace falta la humildad, la generosidad, la fe y el amor en Jesús que sigue llamándonos, invitándonos y proponiéndonos una vida con las características del Reino de Dios. Y cuenta con nosotros cada día porque nos ama y cuenta con nosotros, a pesar de nuestras caídas, de nuestras mediocridades y de nuestros orgullos. 

   En definitiva, Jesús sigue confiando en que nos dejemos transformar y guiar por Él. Recordemos que Jesús no llama calificados, es Él quien cualifica y capacita para seguirle. Dejemos que la voz del Señor nos interpele. ¿Cuáles son las realidades que nos aprisionan en nuestra vida? ¿Cuáles son las cosas que nos impiden vivir la verdadera libertad como creyente? Si Jesús fue la Luz en medio de un pueblo que vivía en tinieblas, ¿cuáles son las tinieblas que cubren nuestro corazón y que me impiden marchar tras sus huellas? ¿Dejamos que Cristo sea quien nos ilumine? 

   Cuando llama a los discípulos, ellos, dejando sus redes, lo siguieron: ¿De qué tendríamos que desprendernos para seguir al Señor? ¿A qué estamos atados en nuestra vida cotidiana? 

   No tengamos miedo, dejemos que la llamada del Señor resuene en nuestros corazones. 

   Intentemos pasar por el mundo como Él pasó haciendo el bien, transmitiendo vida, contagiando salud, sembrando esperanza, aliviando sufrimientos, repartiendo el pan de la palabra, el pan material, y compartiendo y acogiendo a los más humildes y necesitados, aquellos que más se parecen a Él. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos y a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

 

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   

Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía