4° Domingo de Adviento, 20 de Diciembre de 2020, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 19 dic 2020 18:43 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 19 dic 2020 19:01 ]
Chía, 20 de Diciembre de 2020


  Saludo y bendición, queridos discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.
 Lecturas de la Celebración

"¡Dios vive donde se le deje entrar, como lo hizo María!"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   Entramos en la recta final del Adviento, y el primero en llegar a la meta es, nada menos que el mismo Dios, en las entrañas de su Santísima Madre.

   En el bello relato de San Lucas podemos descubrir la humildad de Dios al venir a este mundo en el más absoluto anonimato de una mujer pobre de un lugar humilde. Por otro lado, descubrimos que Dios no impone su voluntad, ni anula la libertad de María ante su propuesta; más bien, le pide su colaboración para realizar con ella el plan de salvación. Es el amor, el que hace que Dios se fíe de María, y el que hace que María se fíe y se abandone en Dios. Por fe y amor, ella cierra sus ojos y se lanza en los brazos de Dios. 

   La Navidad es la “fiesta de la Palabra que se hizo carne y habitó entre nosotros”. Por eso, María es “la mujer del doble Adviento”: Del adviento que vivió y compartió con su pueblo, a la espera del anunciado que tenía que venir y del adviento que vivió, durante nueve meses, hasta ver con sus propios ojos al que todos esperaban y que guardaba secretamente en su vientre virginal. Del adviento de la esperanza que ya está germinando, como el trigo, dentro de ella y que en Navidad se hará espiga madura y del Adviento de cuantos creemos y nos fiamos de “lo que Dios nos ha dicho”.

   Como aconteció en María, Dios viene a nuestra vida cuando le hacemos un sitio. Él vive donde se le deje entrar. El templo donde Dios habita no es otro que el corazón de aquel que lo acoge, cuyo símbolo y expresión perfecta fue María, la pobre y humilde joven de Nazaret; la única mujer en cuyo corazón se hizo posible el milagro del inicio de una nueva creación. Ella es el templo de Dios, la nueva arca de la alianza en la que se hace posible la unión plena entre Dios y la humanidad.

   En María, Dios sale al encuentro del hombre sin importarle su pobreza o sus limitaciones. Es él quien cualifica al que llama, como lo hizo con María. En ella, mujer joven y pobre que supo escuchar a Dios y Dios encontró gracia, porque él actúa donde menos lo esperamos; realiza su obra al aire libre y decide anidarse en la historia, y hacer su proyecto salvífico en el vientre de María, de ahí que ella se convierte en templo vivo de Dios, al dar vida a la Palabra.

   No es fácil aceptar los planes de Dios cuando no se acomodan a los nuestros. Siempre que Dios nos llama a realizar un proyecto, tenemos la tentación de pensar que será como nosotros lo hemos programado; pero el Señor tiene sus caminos, que no son los nuestros. Él se encarga de realizar nuestros sueños y nuestros planes, pero a su manera. Lo importante es que encuentre en nosotros la disposición necesaria para dejarnos guiar y conducir por Él a través de las vicisitudes de nuestra vida.

   En esta Navidad, Dios nos da la oportunidad de ser templos suyos, porque hoy, al igual que entonces, él sigue buscando corazones en donde habitar. El ángel del Señor sigue anunciando el nacimiento de Cristo en cada uno de nosotros. Esta será por siempre su propuesta de amor: hacer de nosotros su propia casa. La anunciación se sigue repitiendo porque cada uno de nosotros puede llegar a ser madre de Dios y dar a luz a Jesús si, como María, hacemos la voluntad divina. El Corazón de María, por estar abierto a la Palabra, nos enseña a acoger en nuestra vida al que viene a encender nuestras ilusiones, esperanzas y proyectos con el fuego del amor divino.

   Esta Navidad es el tiempo para reafirmar los valores de Dios en la familia. Tiempo de vivir hermosas tradiciones. Tiempo de evaluar el año que termina y renovar nuestras esperanzas para el año venidero. En el corazón de cada persona se alberga una promesa de paz y amor, y se renuevan los anhelos más auténticos. En los ojos de los niños brillan las ilusiones. Por un instante el mundo se detiene y celebra en armonía el nacimiento del niño Dios. Y aunque vayamos envejeciendo, los corazones se llenan de la inocencia que nos trae el niño de Belén. 

   Que, como María, con el corazón abierto a la Palabra, estemos dispuestos a hacer su voluntad y cooperar dócilmente en los planes de Dios.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o a través del Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la buena nueva del reino de Dios, donde quiera que se encuentren. 

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe en este camino a la navidad. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía