4° Domingo de Adviento, 22 de Diciembre de 2019, Ciclo A

publicado a la‎(s)‎ 21 dic 2019 11:13 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 21 dic 2019 11:20 ]

Chía, 22 de Dicie
mbre de 2019

   Saludo y bendición a todos ustedes, queridos discípulos - misioneros de Santa Ana.   

"La Virgen Concebirá y Dará a Luz un Hijo"


   Termina el Adviento, y el sueño que todos llevamos dentro se hace realidad. Ya llega el Emmanuel, el Dios con nosotros. Como niños felices detrás de la puerta, sabemos que algo precioso está por llegar. Miramos por el agujero de la fe, escuchamos atentamente los latidos de nuestro corazón para intuir al que viene. Como niños esperamos a que la puerta de la navidad se abra para recibir el más bello regalo: el niño Dios. 

   El Evangelio nos invita a contemplar la escena del sueño de José. José era ciertamente un hombre corriente, en el que Dios se confió para obrar cosas grandes. Supo vivir, tal y como el Señor quería, todos y cada uno de los acontecimientos de su vida. La Sagrada escritura alaba a José, afirmando que era justo. Y en el lenguaje hebreo, justo quiere decir piadoso, servidor irreprochable de Dios, caritativo y cumplidor de la voluntad divina. 

   Cuando el Ángel le revela la verdad de lo que ha sucedido, la mente de José se doblega, su corazón se aviva, y la serenidad encubre la fama de María delante del pueblo. Al igual que San José, se nos pide tener confianza en el plan que Dios tiene para nosotros, que siempre será mucho más grande que el nuestro. 

   Para entender ese plan, ese regalo de Dios hecho hombre, se requiere, - como lo hizo José, - el mayor acto de fe y la mayor docilidad a su voluntad. Si queremos vivir con Dios cumpliendo sus designios, hay que estar dispuestos a cambios de planes inesperados, como lo vivieron María y José, sabiendo, en todo caso, que los fundamentos de esa confianza y obediencia, están en Dios, no en nosotros. 

   San José nos enseña que habrá que aprender a escuchar, incluso en sueños, lo que Dios nos va pidiendo. Nos enseña a saber resignar las opciones personales por el bien común, y aprender a esperar que Dios se manifieste y hable, antes que actuar sólo con nuestros criterios. José se lleva a casa a María, y con ella al Hijo de Dios. Fijémonos que sólo por confiar en lo que el ángel le dijo de parte de Dios, José se lanzó a hacer su voluntad y salió ganando, llevándose al mismo Dios.  

   Desde la decisión de Dios de encarnarse en el vientre de María Virgen, y con la ayuda obediente de San José, todo ser humano queda lleno de posibilidades de eternidad. En la encarnación del hijo de Dios se rediseña la imagen del creador y la capacidad de buscar la eternidad. Es por esto que la Navidad es la fiesta de la esperanza y la confianza cimentada en el Dios que se hizo hombre. 

   María y José son modelos ideales de preparación de la Navidad que llega, por su actitud total de fe, de disponibilidad y de generosidad. Ellos, con su generosidad y entrega, hicieron posible el más maravilloso milagro que ha ocurrido sobre la tierra: Jesús. El Señor nos permite encontrarnos con el misterio de su amor y su perdón que nace en el pesebre, y a cambio, pide que le entreguemos toda nuestra vida, a ejemplo de José y María.

   Contra los que no creen en la Palabra de Dios, encontramos a María, quien cree en la Palabra: “Hágase en mi según tu Palabra”, y a José, que cree en la Palabra: “…José la llevó a su casa.” El misterio de la Encarnación se mueve básicamente en la clave de la fe. Y luego en la Navidad, cuando el niño nazca, también será un misterio de fe. Se anuncia a Dios, en un niño como el resto de niños. Se anuncia al salvador, en un niño débil; el niño que al encarnarse, nos trajo la eternidad. La debilidad de un niño es suficiente para hacer presente a Dios y para abrir el camino a la eternidad.

    Para hacerse cercano, recordemos que Dios necesitó, y seguirá necesitando de los humildes, de los que, como María y José, hacen silencio en su corazón, saben escuchar a Dios y reconocer los signos de su presencia. Y aunque los caminos de Dios nunca son fáciles, terminan siendo maravillosos. Es el camino de cada uno de nosotros hacia la Navidad: pasar de la oscuridad del pecado, a la claridad de la gracia y de la fe. Como el niño Dios, como María y como José, pongámonos cada día incondicionalmente en manos del padre celestial para asumir y realizar nuestro papel en la historia de la Salvación. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos y a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena Nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

Feliz navidad para todos. Que Dios los bendiga y la santísima Virgen los proteja.

Padre Luis Guillermo Robayo M.   

Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía