6° Domingo de Pascua, 22 de Mayo 2022, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 21 may 2022, 8:21 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 21 may 2022, 9:00 ]
Chía, 22 de Mayo de 2022

Saludo y bendición, a todos los fieles de esta amada comunidad.

Eslabones en el Único y Divino Legado del Amor"

   Nos encontramos en el 6° Domingo de Pascua, previo a la Ascensión del Señor

  El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús que quiere desahogarse y compartir infinidad de cosas que lleva dentro. 

  • Nos declara como los nuevos templos donde Él habita y podemos encontrar a Dios (“El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”) 
  • Nos presenta al Espíritu Santo “como nuestra memoria espiritual”, “nuestra memoria de fe”, el que nos lo enseñará todo 
  • Nos pide que no tiemble nuestro corazón, porque Él se va, pues Él “volverá a nosotros y seguirá presente de otra manera: con el Don de su divino Espíritu”: “Si me amarais de verdad, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo”. 
   En intimidad de la última cena, “Jesús, con sus discípulos y compañeros de viaje", les da sus últimas indicaciones. Jesús los acompañó con su amor por los caminos esta vida. 

   Y como el final se acerca, y Jesús no quiere que la fe de sus discípulos tambalee ante los acontecimientos que vendrán, entonces, también será su guía y compañero del viaje que emprenderán a la eternidad. 

  Y es en este el último discurso de Jesús, donde los abraza con el lazo de su amor, y les deja en su corazón su mejor legado, y la verdadera clave para el viaje hasta la eternidad: “el amor”. "El que me ama guardara mi palabra, y mi Padre lo amara, y vendremos a él y haremos morada en él" (Jn 14,23). Les hereda la relación filial con su Padre, y les promete su Espíritu, como fuente inagotable y garantía de vida eterna. 

   “El que me ama guardará mi Palabra”. Si queremos saber si Dios nos ama, basta con saber que guardamos su palabra. Si queremos saber si amamos a Dios, basta saber si vivimos de su palabra. 

   Ella es el criterio de nuestra verdad, porque es la expresión de Dios mismo y de todo su plan sobre nosotros. Amar a Dios, es cumplir su palabra haciéndola norma suprema y criterio de verdad en nuestras vidas. 

   La despedida de sus discípulos, a pesar de la tristeza profunda que ella genera en los corazones de todos, será causa de una unión aún más íntima con él. Si bien los discípulos estaban desechos por la muerte de Jesús, el ardor de su fe por la resurrección, les levantará el ánimo. Ahora, Jesús les explica que otra vez tiene que desaparecer de su vista, para hacerse presente de manera universal. 

   Será preferible que los ojos de sus discípulos no lo ven más, pero a cambio podrá morar en cada corazón que acoja y permanezca en su amor y unido a su Espíritu. El verdadero hogar de Dios será el corazón de cada uno y será en el nido de su amor en donde él habitará. 

   Los corazones serán como templos vivos en donde arde el amor del Señor. El corazón será el domicilio que Dios dará como referencia permanente para que lo encontremos. Lo triste es que nuestro corazón es, quizá, el lugar donde menos lo buscamos. Lo verdaderamente necesario y definitivo, está en permanecer en el amor, pero al estilo y, y a la medida del amor sin medida del Señor. 


   Mientras el mundo nos propone dichas pasajeras y amores falsos efímeros cargados de palabras vanas, alegrías externas y fugaces, el evangelio nos muestra y ofrece el rostro más alto rostro del amor en Jesús, aquel que se comprende desde la donación y oblación gratuita: “El que me ama y escucha mi palabra, ese habitará en mí y yo en él. Al que me ama, le dejaré mi paz y recibirá el don del Espíritu que le enseñará todo lo necesario”. 

   Nuestra relación con Dios comienza por escuchar su Palabra, por tomarla y vivirla en serio, porque no es una palabra cualquiera, ni una simple comunicación de ideas. Es el centro de nuestra fe, de la Iglesia, nos impulsa en sinodalidad hacia la misma meta, y crea una comunión entre Dios y nosotros, hasta el punto de hacer morada en Él. 

   Somos creyentes y, por ende, nunca estamos huérfanos. En Jesús, Dios se nos ha acercado y gracias a Él, somos su santuario y su morada: “vendremos a él y haremos morada en él”. “Hacer morada en él” es una bella manera de decir que mientras el distintivo de todos los cristianos sea el amor, el corazón del Señor será el lugar donde descansen las almas fatigadas. Es el “domicilio permanente” de todos los cansados y agobiados. Así lo expresa la hermosa sentencia de San Agustín: “nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti, Señor”. 

   Como “templos” vivos de Dios, ¿Qué importancia le estamos dando a la Eucaristía y a la palabra de Dios? Como María Santísima, ¿hacemos silencio en el corazón para anidarla en él y hacerla resonar entre quienes no la conocen? 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o a través del Facebook de la Capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos misioneros, el reino de Dios donde quiera que se encuentren.

 

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga, y que María Santísima nos proteja. Amén.

Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía