6° Domingo de Pascual, 9 de Mayo de 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 8 may 2021 18:50 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 8 may 2021 19:28 ]
Chía, 9 de Mayo de 2021

  Saludo y bendición, queridos discípulos-misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"Permaneced en mi Amor"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   Celebramos el último Domingo antes de las solemnidades de la Ascensión y Pentecostés, que cierran la Pascua. En este sexto Domingo de pascua
, el Señor nos abre de par en par las puertas de su corazón para unirnos a Él con los lazos del amor divino. El evangelista nos invita a descubrir el amor divino para poder entender el amor humano. 

   El amor de Cristo es fruto del amor del Padre, es muestra de plenitud, es causa de alegría. Su entrega y donación total son la prueba definitiva del amor, y a la luz de él tendremos que examinar nuestros amores y purificar nuestros desamores.


   Naturalmente, en el corazón de Jesús sólo encontramos amor. Jesús llega a la Pascua desde el amor entregado en la cruz. En su Corazón sólo encontramos amor, y es lo que constituye el misterio más profundo de Dios. Todo lo que ha hecho desde la creación hasta la redención es por amor. Todo lo que espera de nosotros como respuesta a su acción es amor. 

   Hoy, entonces, sus palabras resuenan: «Permaneced en mi amor» Pero el amor pide reciprocidad; es como un diálogo que nos hace corresponder con un amor creciente a su amor primero. Pensemos, entonces, que el amor es como la vida y la respiración, que no podemos interrumpirla porque eso sería morir. Cuando dejamos de amar también nos morimos. El verdadero amor a Dios lo expresamos amándonos los unos a los otros y no de cualquier manera sino al estilo del amor de Jesús, “amarnos como Él nos amó”. No es un simple “sentimiento” del corazón, es acción, es una actitud de vida ante el prójimo, sea amigo o enemigo. 

   Además de dar fruto en abundancia, quien ama a Dios cae en cuenta que todo lo que hace es consecuencia del amor inmenso que Dios siente por él. Nadie puede dar aquello que no posee. Si el Señor Jesús nos dio mucho amor, es porque la fuente de “ese mucho amor” estaba más allá de él mismo. Estaba en Dios. 

   Normalmente tenemos una idea o percepción humana del amor, que quizá no corresponde con el verdadero sentido cristiano del mismo. El amor de Jesús no es el que busca su placer, su «sentir», o su felicidad, sino el que busca la vida y la felicidad de aquellos a quienes amamos. Nada es más liberador que el amor; nada hace crecer tanto a los demás como el amor, nada es más fuerte que el amor. Y ese amor lo aprendemos del mismo Jesús que con su ejemplo nos enseña que «la medida del amor es amar sin medida»

   Aquí el amor es fruto de una unión, de «permanecer» unidos a Él, como la vid y los sarmientos. Este amor supone una exigencia o «mandamiento» de amar hasta el extremo, de ser capaces de dar la vida para engendrar más vida, ya que hay más alegría en dar que en recibir. El amor así entendido es siempre el «amor mayor», como el que condujo a Jesús a aceptar la muerte. A ese amor somos invitados, a amar como él, movidos por una estrecha relación con el Padre y con el Hijo. Cuando el amor permanece, y se hace presente mutuamente entre los discípulos, es signo evidente de la estrecha unión de los sarmientos con la Vid de Jesús. 

   En este sentido, San Agustín dice que todo se resume en el amor, cuando nos recuerda que «Sin el amor todas las otras buenas cualidades no sirven de nada. El amor, en efecto, conduce al hombre necesariamente a todas las otras virtudes que lo hacen bueno. La medida del amor, es el amar sin medida». 

   ¿Nos atrevemos a amar como Jesús? El en la cruz, nosotros en las pequeñas cruces de la fidelidad diaria. Jesús amó colgado de una cruz muy grande, nosotros podemos amar colgados de las pequeñas cruces diarias. “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Caminar con Jesús significa tratar con la verdad. Luchar contra la mentira. Impregnar aquellos ambientes en los que nos encontramos con buenas dosis de optimismo. En definitiva, el cristiano, el discípulo de Jesús, tiene que ser como aquella rosa que, aún sin verla nadie, por el aroma que despide, se sabe que está en medio de la sala. Sólo una cosa nos pide el Señor: “Que os améis los unos y los otros”; y el punto de medida es él: “Como yo os he amado”. 
  

 Nuestro sufrido País, y la sociedad en general, cambiarían, si el amor de Dios inundara e invadiera corazones, mentes, almas e instituciones, porque cualquier trabajo, profesión o condición, sin amor, no pasa de ser un mero acto mecánico, sin corazón ni alma. 

   Al contrario, amar es darse, es servir, es hacer vivir en calidad de vida, porque quien ama se transforma por dentro y por fuera, y asimismo transforma todo su entorno. Es el momento de preguntarnos ¿Somos amigos de Jesús? Pues nos toca amar como él lo hizo: sin fisuras, sin intereses, sin límites, sin acepción de personas, sin recompensas, sin arrogancias de “yo he hecho”. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o, a través del Facebook de la capilla santa Ana, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

  Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja. Amén.

Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía