Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, 14 Abr 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 13 abr 2019 7:51 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 13 abr 2019 8:14 ]

Chía, 14 de Abril de 2019
 

Saludo cordial y bendiciones a todos los fieles de esta comunidad de Santa Ana.

Bendito el que viene en nombre del Señor” 


   Con el Domingo de Ramos nos introducimos en la celebración de los misterios más hondos y bellos de nuestra fe. Es el preludio desde el cual se contempla la grandeza de la Pascua que nos espera. En la entrada de Jesús en Jerusalén encontramos unidas, de antemano, tanto la realeza del Señor como la humildad, la cual culminará en la cruz. A la alegría expresada durante la entrada solemne al templo le sigue inmediatamente la lectura de la Pasión. De ahí que cada Domingo de Ramos es, por un lado, día de júbilo y aclamación del Señor, y por otro, día de abandono, de pasión y de muerte de cruz.

 

   Es el domingo de ramos, pero también es el domingo de Pasión. La misma multitud que lo ha proclamado rey en la entrada triunfal, lo abucheará días más tarde. Habían sido cautivados por su palabra, alimentados con pan y pescado, curados de sus enfermedades, exorcizados de sus demonios y, sin embargo, al presentir la realidad de la cruz, todo cambió, y el jubiloso “Hosanna” ahora será el grito: “¡Crucifíquenlo!”

 

   Jesús entra como Rey, pero no viene a dominar, sino a servir a la humanidad. Entra glorioso y aclamado, pero de forma completamente humilde. Viene dispuesto a combatir, pero su lucha es contra el pecado. Viene armado para la lucha, pero su única arma es el amor. Triunfa en su batalla, pero su victoria, es el triunfo de la fidelidad a Dios y la solidaridad con el hermano en el patíbulo de la cruz. Finalmente, victorioso, será entronizado no en un palacio humano, sino en la misma gloria del Padre.

 

   En esta Semana Santa, vivamos con intensidad la Pasión, sigamos a Jesús en sus últimos días antes de su muerte y abramos el alma a la luz de la resurrección. Vivir la semana Santa es recorrer los pasos de Jesús desde la entrada a Jerusalén hasta la resurrección. Es descubrir qué pecados hay en mi vida y buscar su amor misericordioso en el sacramento de la reconciliación. Es afirmar que Cristo está presente en cada Eucaristía y vive en cada uno de nosotros.

 

   Un refrán dice: “muerto el cantor, no muere el cantar”. Son muchas las voces que cada día recuerdan las palabras y los gestos de Jesús. Cuando algunos fariseos le pedían reprender a sus discípulos, él les respondía: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras». 


   Estas palabras también nos interpelan a cada uno de nosotros. Los cristianos estamos llamados a confesar a Jesucristo, como ha dicho el Papa Francisco: “Si nosotros callamos, el Señor buscará otros mensajeros más fieles a su vocación”.

 

   No permitamos que nada nos distraiga de este tiempo de gracia. Es la semana mayor, porque el amor de Dios llega al extremo por nuestra salvación Vivámosla con ojos de gratitud; abramos nuestro corazón de par en par; sigámosla con oídos de fe y alma bien dispuesta. Nada se compara con el perdón y el amor de Dios, que como en cascada viene desde la Cruz en torrentes de misericordia y de gracia. 


Nada tan divino y salvífico, como la redención obrada en Jesucristo. Es lo único válido y definitivo para cuando nuestros ojos se cierren a las vanidades de esta tierra y tengan que abrirse, para gloria o condena, en la eternidad.

 

   Emprendamos esta semana con un nuevo ardor y tratemos de mantenernos con coherencia entre la fe y la vida. Como las palmas se abren para ver pasar al Señor en Jerusalén, que se abran nuestros corazones para experimentar su paso en nuestras vidas. Que nuestros ramos, que son brotes nuevos de propósitos santos, no se marchiten, sino que florezcan en obras de misericordia y amor, propios de esta semana mayor. 


   Que el Ramo que llevamos hoy, no sea un amuleto, sino que indique que somos de los que queremos gritar: “Hosanna” y no “crucifícale”; que somos de los que han optado por cargar con la misma cruz de Jesús y dar nuestra vida, como él la dio, por todos los hombres.

 

   Jesús no vive su Pasión solo, porque es una Pasión donde cada uno de nosotros somos protagonistas y tenemos algo que decir. Es una Pasión en la que Dios es inocente y cuestiona nuestra inocencia.


    ¿Dónde está mi inocencia en su condena a ser crucificado? En cada uno de nosotros, él será bendito y será el rey, solo en la medida en que nuestras vidas estén adornadas por las palmas de la humildad, sencillez, alegría y mansedumbre. Que con la ayuda del que todo lo puede, demos nuestra vida por los más necesitados. Bendito el que viene a mi vida, a mi familia, a mi comunidad. !Hosanna, en el cielo¡


    A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos misioneros, el reino de Dios donde quiera que se encuentren.

 

   Feliz Domingo de Ramos y feliz Semana Santa para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía  

HIMNO DE ACLAMACIÓN 

  1.    Hoy me he vestido de fiesta, para seguirte los pasos.Y he salido a la calle, con mi ramita en la mano.
  2.    Vas montado en un burrito. Todos te van saludando.Y yo levanto mi rama, y tú mi rama has tocado. 
  3.    Oh Jesús de mi vida, siendo amor, perdón y entrega, has cruzado la muralla, sabiendo lo que te espera.