Saludo 15° Domingo del tiempo Ordinario, 11 de Julio 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 10 jul 2021 7:33 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 10 jul 2021 8:07 ]
Chía, 11 de Julio de 2021
 
Saludo y bendición, a todos ustedes, queridos fieles.

Bien Preparados, Pero Ligeros de Equipaje

   El Evangelio de hoy nos abre a los horizontes de la buena nueva del Señor. Con máxima preparación, pero con un mínimo equipaje, el éxito está asegurado. La misión que los discípulos realizan comienza luego de una cuidadosa etapa de formación. Primero han escuchado el llamado personal que los convoca a convertirse en “pescadores de hombres”, luego han aprendido el estilo directo, sencillo y sapiencial de la predicación de Jesús. Han afrontado la respuesta del pueblo sencillo y también la desaprobación de letrados y fariseos. No obstante, la semilla que Jesús ha plantado en ellos con el “ven y sígueme”, fructifica ahora con el “envió”. Ahora tienen el encargo de multiplicar su acción. 

   Causa cierta perplejidad el contraste entre la intensa preparación para la misión y el escaso equipaje que se ha de llevar. A los discípulos les basta ir con Jesús. Él lo es todo. Un equipaje sencillo supone unos reducidos costos de viaje y una gran disponibilidad para acudir al llamado de la gente. En el fondo, lo que les pide Jesús es no llevar nada que los haga superiores o más que los demás, porque el evangelio nos hace distintos, pero “no superiores a nadie”. Nada que signifique poder, ni riqueza, ni honores, “porque no hay nada de noble el sentirse superiores a los demás”. Los enviados son elegidos de entre la gente y son como los demás, pero formados y capacitados de tal manera por el mismo Señor, para que puedan ofrecer algo diferente: su distintivo es anunciar la Buena nueva. 

   Jesús envía a los Doce con lo imprescindible: con Cristo, Buena Nueva, de la cual son sus instrumentos. Una buena noticia que vale por sí misma, que no necesita de infraestructuras para expandirse, ni de complicados argumentos para anunciarla. Es un estilo de vida casi a la intemperie, aunque abierta a la hospitalidad y acogida, como regalos en medio del camino. Así también ha de ser la vida del discípulo: más confiada en la certeza de su presencia cercana, que en nuestros propios medios, seguridades y habilidades. Un estilo de vida compartida con otros, de dos en dos, porque la comunidad es el primer testimonio de la presencia de Dios. Un estilo de vida sin el peso de tantas cosas “de repuesto” que impiden la fácil movilidad para seguir anunciando el Evangelio.

   A sus discípulos, Jesús no sólo los manda sin nada, sino que son “nada” a los ojos del mundo. La razón, es que Cristo es quien va con ellos, “y él es su todo”, y con el poder de su gracia, es él quien actúa y garantiza que la obra es de Dios. No somos nosotros los que conseguimos el triunfo, o salvamos a los demás. Es el poder y la fuerza del Señor, como lo afirmó el apóstol Pablo: “En nuestra debilidad residirá la fuerza del Señor. Con Cristo todo lo podemos”. 

   Podemos quedarnos haciendo planes, detallando las necesidades de nuestro viaje, revisando una y otra vez nuestro equipaje, pero nunca llegaríamos a ponernos en camino. Sólo quien se fía realmente de Dios y acepta el reto de su llamada, entenderá que solo Dios basta.

   La “confianza” en Él nos hace seres libres. Lo innecesario puede pesar por el camino, en cambio, llevar sólo “un bastón” para apoyar nuestros cansancios, “unas sandalias”, para nuestros pies y “nada de provisiones” que puedan darnos seguridad; ni siquiera “pan, ni dinero” - que son signos de poder-, “ni túnica de repuesto”. Solo con el Evangelio en el corazón. 

   El Evangelio de la pobreza, no se anuncia con la riqueza. El evangelio de la humildad, no se anuncia con la superioridad. El evangelio de la fraternidad no se anuncia con exigencias y preferencias. El evangelio del amor solo se anuncia con amor, alegría y bondad. Solo así se podrá llegar a los más necesitados, que son los primeros destinatarios del corazón de Dios. Este anuncio se ha de hacer con la alegría de lo que anunciamos, y con la conciencia de “ser llamados” y “ser enviados”. El Evangelio tendremos que anunciarlo y testimoniarlo con la sonrisa en los labios; no con cara de “malgeniados” o de “resignados”, sino festivamente, es decir, con cara de “fiesta” porque el evangelio es “Alegre noticia”. 

   Desafortunadamente vivimos una religiosidad en la que fácilmente acomodamos a Dios a nuestros caprichos e intereses. Algo así como una religión “a la carta” en la que cada uno fabrica un “dios” a su acomodo, le pide lo que quiere y cuando quiere. Quizá muchos queremos que se nos anuncie un Dios que resulte atractivo y se deje acomodar a nuestros caprichos e intereses mundanos; que no exija nada y que se someta al parecer de la criatura. Y esa no es la buena noticia que trajo el Señor. 

   Sintámonos felices de saber que Jesús cuenta con nosotros; de saber que somos enviados de él y por él; de saber que somos útiles para Dios y que lo podemos anunciar con la palabra, el testimonio y, ante todo, con nuestro compromiso de vida. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página:  www.santaanacentrochia.org o a través del Facebook de la Capilla Santa Ana, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen los proteja. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía