Saludo 18° Domingo del Tiempo Ordinario, 31 de Julio 2022, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 29 jul 2022, 13:18 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 29 jul 2022, 17:03 ]
Chía, 31 de Julio de 2022

Saludo y bendición, a todos los fieles de esta amada comunidad.

Las herencias para el suelo…Los legados para el cielo

   La encarnación nos revela a Dios que, “Siendo rico, se hace pobre para enriquecernos con su pobreza”. No obstante, el evangelio de hoy describe la identidad limitada del hombre que, “siendo pobre, quiere ser rico, y se empobrece con la riqueza”.

   Todo cuanto ofrece este mundo no garantiza una vida feliz, ni mucho menos eterna. Cuando nos empeñamos en acaparar, nuestro corazón adquiere forma de granero. Ya sabemos que el dinero ayuda, pero no lo es todo. ¿Por qué ante las pruebas o los sufrimientos, el dinero se queda tan corto y ofrece tan pocas respuestas? 

   Cuando no se es rico ante Dios, el hombre termina perdiendo ambas cosas: la riqueza de este mundo por la muerte, y la riqueza del cielo porque nunca hizo nada para merecerla. Un famoso millonario dijo: “Frente a un cáncer, la mayor de mis fortunas no me ha servido de nada para alargar un día en mi vida”. Max Twain sentenció: “No tiene sentido ser el hombre más rico del cementerio”. 

   Sobre el fin último del hombre, Santo Tomás señaló: “cuando se piensa que el fin último del hombre se encuentra en la riqueza, el ser humano comprueba su indigencia profunda pues al no saciar su corazón en los bienes, sigue acumulando más, pensando que algún día lo tendrá todo.

    Pero las cosas del mundo nunca saciarán el apetito materialista de un corazón avaro. Solamente Dios es el único que colma y da plenitud al corazón”. Y San Pablo recomienda: “aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra”. ¡Todo lo demás es humo, ceniza y nada! 

   Jesús no quiere una vida de miseria o sufrimiento. El trabajador merece su salario y el buen administrador de los dones de Dios debe ser premiado. Pero hay que pasar del individualismo acaparador a una vida abierta a los demás. S. Agustín afirmó: “Los pobres y necesitados son la oportunidad dichosa y la más bella “alcancía” para ahorrar en aras del tesoro de la eternidad”.  El dinero no es el eje donde gira la vida; es el ser humano y su valor lo define Dios, dador de todo y quien está por encima de todo. De ahí que no se puede servir a dos señores. 

   Dice el Señor: “Guardaos de toda clase de codicia”. Por buen reparto que Jesús hubiera querido hacer a sus discípulos, ninguno hubiera quedado satisfecho, mientras no hayan sanado la codicia y la avaricia.  ¿Qué virus, hoy, dañan nuestro corazón? El filósofo Romano Séneca, en sus famosas sentencias dijo: “los pobres siempre quieren algo, los ricos quieren mucho y los avarientos lo quieren todo”. Al pobre le faltan muchas cosas… Al avaro, todo”. Cuando la codicia se vuelve “avaricia”, nada será suficiente. 

   Jesús va a la raíz: El valor del reino ha de primar por encima del resto de valores temporales. El problema no está en las cosas, ni en tener mucho o tener poco. El problema está en el corazón de cada uno. En un corazón lleno de codicia, de ambición, de avaricia, no será fácil ni repartir los bienes ni compartirlos con los demás. Mientras llevemos dentro esa sed de “tener más que los demás”, seguiremos luchando por poseer más, olvidando que nadie llevará consigo lo que privamos y robamos a nuestro hermano. ¿Cuántas familias rotas por causa de las herencias? ¿Cuántos hermanos que no se hablan desde la muerte de los padres? ¿Cuántos hermanos que han dejado de serlo desde que los padres murieron? Y todo por el egoísmo del tener y acumular. 

    En muchas familias siempre hay alguien que se cree con más derechos y con más títulos para atrapar la mejor tajada. Tenemos hermanos, pero tan pronto mueran nuestros padres, dejamos de serlo, y nos “convertimos en herederos” y hasta en enemigos. Y es ahí donde nos olvidamos de nuestros padres, que somos sus hijos y que somos hermanos. ¿De qué sirve llorar por los padres, si entre nosotros vivimos peleados por lo que ellos nos dejaron?  ¿Con qué cara nos acercaremos a su tumba a ofrecerles un ramo de flores, si en vida no fuimos a visitarlos juntos como hermanos?  
Se dice que la mejor medicina es la “preventiva”. Aquí también podremos decir: “el testamento hecho a tiempo es la medicina preventiva de muchas rupturas y separaciones familiares”. “¡Padres, ustedes son el más bello legado que Dios les dio a sus hijos, pero hagan su testamento a tiempo!”.   Por hacer testamento “no han de morir antes”. Por hacer testamento “no se van a enfermar”. Por hacer testamento “no pierden nada y ganarán mucho”. ¡Y, cuántos problemas pueden solucionar! De esa manera lo que dejen a su muerte será una donación y regalo, y no una presa de rapiña. 
  

   La riqueza ciertamente es una gracia y un regalo de Dios porque se obtiene con el trabajo honesto, pero es, ante todo, una verdadera bendición y adquiere brillo de eternidad, cuando se deposita en los que sufren más, alcanzando así su pleno destino: ser en fuente de vida para los demás. 


   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org  o del Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo como discípulos misioneros, el reino de Dios donde quiera que nos encontremos.

    Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen María los proteja. Amén.

Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía