Saludo 19° Domingo del tiempo Ordinario, 8 de Agosto 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 6 ago 2021 17:06 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 21 ago 2021 11:21 ]
Chía, 8 de Agosto de 2021
 
Saludo y bendición, a todos ustedes, queridos fieles.
 

Tú Eres, Señor, el Pan de Vida


   Belén, en hebrero, significa “Casa del pan”. Desde que nace, el niño Dios ya es el Pan de Dios. El pan de vida llega a la tierra en un niño, como uno de los nuestros, pequeño, débil y sin hacerse notar. Viene del seno del Padre y se convierte en alimento para la humanidad. Él sabe que todos tendremos hambre de Dios. Desafortunadamente, esa pequeña cuna donde viene el pan de vida, no la reconocen aquellos que solo esperan el brillo de lo fugaz. 

   Los judíos murmuraban porque Jesús les había cambiado el menú. Jesús, el hombre de Nazaret, el hijo de José y de María, uno más del pueblo, se les presenta como “el pan bajado del cielo”. Si aceptarlo como el pan era difícil, lo de bajado del cielo les crea más confusión y más irritación. Semejante atrevimiento los desconcierta, porque para los judíos de entonces, la ley de Moisés y la escritura, era y es pan que alimenta, da vida y revela a Dios, y no necesitaban que ningún hombre les ofreciera otro pan. 

   Con las palabras «Yo soy el Pan vivo bajado del cielo» Jesús señala que no vino a este mundo para dar algo, sino para darse a sí mismo, para dar su vida como alimento para los que tienen fe en Él. Solo Jesús, el Pan vivo que viene de lo alto, es el único capaz de alimentar y calmar la sed de eternidad, lo que no puede alimentar ningún pan terreno. Jesús ofrece lo esencial; lo demás, aunque sea útil, siempre será secundario. Si el pan en la mesa es alimento e indica reunión y familiaridad, el pan del cielo además de dar todo lo anterior, nutre para siempre, y en la eucaristía, reúne en comunidad y anticipa la eternidad. 

   Muchos nos alimentarnos de las satisfacciones que encontramos en lo que llamamos éxitos personales, económicos y sociales. Solemos tener sed de poseer, de gastar, de comprar, de prosperar, de tener más y más. ¿Cuánto gastamos en salud? ¿cuánto gastamos todos por prolongar un poquito más nuestra vida? ¿Cuánto gastamos incluso, por prolongar una vida entre tubos en cuidados intensivos? 

   En cambio, hoy Jesús se nos anuncia “como la gran medicina”, no entubándonos o alimentándonos artificialmente en clínicas y hospitales, sino dándose él mismo “como pan de vida”. Y nos anuncia una vida plena, “haciéndose él mismo vida en nosotros”. “Yo soy el pan de la vida”, “el que coma de este pan vivirá para siempre”. No tenemos por qué esperar a la muerte para tener en nosotros la vida eterna de Dios. Con la gracia sacramental que nos da la eucaristía, ya la llevamos dentro. 

   Hay una anécdota de un médico – el cual tenía un paciente muy creyente -, y le decía a otro médico: “Oye, este paciente, tiene tantas ganas de vivir que, aun matándolo es capaz de seguir viviendo”.

   Todos tenemos ganas de vivir. Todos amamos la vida. Incluso, gastamos todo lo que tenemos para seguir viviendo. 

   Por el contrario, la vida que Jesús nos ofrece es totalmente gratuita. Una vida que se nos da “no en medicinas de farmacia”, sino en “pan de comunión”. En el pan que se nos regala cada día. Comulgar “el pan de vida”, es “comulgar vida”, es “recibir vida”, es “asegurarnos vida”. Es asegurarnos no una vida frágil como la que llevamos, sino que es un asegurarnos que “el que coma de este pan, el que comulgue, vivirá para siempre”. 

   La oferta del Señor es muy sencilla y extraordinaria: “Yo soy el pan de vida, el que coma de este pan vivirá para siempre” ¿Queremos vivir? Pongámonos en gracia de Dios y recibámoslo en comunión. En cada Sagrario, Jesús se ha quedado regalando vida. No vendiéndola, sino “regalándola” y dándola gratuitamente. El que no comulga, es porque se contenta con una vida que en cualquier momento muere. En cada Eucaristía, Jesús nos ofrece la “vida eterna”, la que nunca muere. 

   ¿No será que Dios nos ha puesto las cosas demasiado fáciles? “Si nos cobrara comulgar”, tal vez valoraríamos más la comunión. “Si tuviésemos que comprar ese pan de vida”, quizás muchos vendrían a comprarlo. 

   Pero, como la vida eterna que Dios nos ofrece es “gratis”, no le creemos. ¿Será por eso que decimos que “lo barato sale caro”? Y la triste verdad es que muchas de estas críticas provienen, no de los paganos, sino de quienes en algún momento hemos creído o hemos dicho que creíamos, como si nuestra fe se estuviera quedando sin carga ni batería. 

   Jesús “se hace pan de vida” en cada uno de nosotros. Y “nos hace vida” para los demás.

   Porque comulgar con él, es comulgar con los “hermanos”. Y comulgar con “los hermanos” es regalarle vida. La Eucaristía entraña un nuevo estilo de vida que exige una respuesta de fe. Nos hace “pan partido para los demás”, nos impulsa a trabajar por un mundo más justo y fraterno. Entraña una respuesta de fe, un compromiso en favor de los pobres. Comer el Pan de vida, no es solo “tener vida”, es convertirnos en “vida para los demás”. Esto nos compromete a imitarlo, haciendo de nuestra existencia y de nuestros comportamientos “pan partido y compartido”, como el Maestro partió el pan que es realmente su carne. Somos “cristianos eucaristía” porque partimos el pan de Dios vida a los demás”. 

   Nadie quiere morir. Jesús nos ofrece en la comunión la “vida eterna”. Ya es hora de olvidar el “maná del desierto” y abrir el apetito al “nuevo pan” del cielo. El que nos da la vida eterna. Comulguemos “el pan de vida” y comenzaremos a vivir. ¿Tenemos miedo a morir?  comulguemos y viviremos “para siempre”. Que el Señor, Pan de Vida, haga de nosotros también panes que siembran vida, que quitan el hambre de los más necesitados, y unen los corazones sedientos de Dios.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página:  www.santaanacentrochia.org o a través del Facebook de la Capilla Santa Ana, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen los proteja. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía