Saludo 21° Domingo del tiempo Ordinario, 22 de Agosto 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 20 ago 2021 14:16 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 20 ago 2021 16:05 ]
Chía, 22 de Agosto de 2021
 
Saludo y bendición, a todos ustedes, queridos fieles.
 

…Señor, Tú Tienes Palabras de Vida Eterna"

   Ante las palabras de Jesús, “Mi carne es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida”, evangelio coloca a los discípulos, a muchos que lo seguían, y a nosotros también, entre la espada y la pared. Para muchos, su modo de hablar era duro. Es que Jesús no suavizó el evangelio para ganarse adeptos, porque la buena nueva no tiene promoción o rebaja, sencillamente se ofrece. Y como tiene exigencias, en ese momento muchos discípulos se echaron atrás y lo abandonaron. Con la misma libertad que comenzaron a seguirle, se fueron. 

   Jesús pregunta a sus discípulos: “¿También queréis marcharos? Para ellos es un momento de crisis, pero también de decisión: Pedro en nombre del grupo da la cara y confiesa: “A quién iremos su tú tienes palabras de vida eterna”. Hoy, muchos que nos llamamos cristianos, tendríamos que responder a la pregunta: “¿También queréis marcharos? Ante la desbandada de la gente, los discípulos tienen que tomar una decisión. Cuando todos se van, alguien tiene que quedarse. Cuando todos dejan de creer, alguien tiene que mantener viva la fe. Cuando todos tratan de silenciar a Dios, alguien tiene que levantar la voz por El. 

   Y en cuanto definitiva es la salvación que nos está ofreciendo, también tendrá que ser definitiva y radical nuestra opción. La fe que hemos recibido desde el bautismo, tiene momentos en los que es preciso optar radicalmente por él y prescindir de todo estorbo. 

   Se es cristiano cuando uno se define por el Señor, y se asume el reto de imitarlo, aunque “sus palabras sean duras” e impliquen exigencias son duras. Jesús no es una ideología, es una decisión; es la persona con la que estoy o no estoy conectado. Esto lo entendió muy bien Simón Pedro, uno de los que eligió quedarse con él, y que coloca hoy en nuestros labios la respuesta de la fe que él dio ante el reto de seguir al Señor: ¿Señor, a quién iremos? ¡Sólo tú tienes palabras de vida eterna! 

   La propuesta de Cristo puede que suene dura ya que implica ceder a los criterios de una dicha solo temporal, para entrar de lleno en la novedad y estilo de vida diferente que ofrece el Hijo de Dios. Elegir al Señor supone encauzarnos por las sendas de las “obras del Espíritu” y dejar de lado las “obras de la carne y de la sangre”. ¿Por qué Pedro decidió quedarse con Jesús a pesar de que no lo entendió del todo? Porque encontró en él un resplandor de eternidad, contrario a los que ofrece este mundo tan cambiante, envuelto en penumbra, y donde todo se desmorona. Tendremos que aferrarnos de algo consistente, que no pase, que nos asegure realidades eternas, es decir, al Señor Jesús. Y fue al mismo Señor a quien Pedro tuvo la fortuna de encontrar, por ello proclamó con absoluta certeza: “Sólo Tú tienes palabras de vida eterna”. 

   En los momentos más difíciles de nuestra vida, necesitaremos llenarnos del valor y la decisión que tuvo Pedro. Caminar como discípulos de Jesús puede ser un camino con dudas y contradicciones, donde más de una vez podemos tener la tentación de volver atrás, a lo que el Señor nos advertirá: “el que coge el arado y mira hacia atrás, no es digno de mí”

   Entonces será necesario mirar –como lo hizo Pedro- con ojos de fe, para descubrir en Jesús como al único que debemos servir; como también proclamó Josué, en la primera lectura, refiriéndose al Dios de Israel: "Yo y mi familia serviremos únicamente al Señor". 

   La pregunta del Señor, es urgente y de mucha vigencia: O lo seguimos, o no lo seguimos. Aunque en la vida tengamos momentos en que nos planteamos preguntas como las del evangelio y nos parezca muy duro el modo de hablar, de pensar y de actuar de Jesús, nos acompaña la certeza que solo el humilde que afirma su fe en el Señor, será capaz de reconocer que él es la palabra última y definitiva a quien debemos aferrarnos. No es lo mismo admirar a Jesús, que creer en él. La fe es don de Dios, pero al mismo tiempo es una respuesta y un asentimiento total y que, movidos por su gracia, nos compromete con él de una manera total. 

   Estamos en el tiempo y en el momento de la purificación de la fe, y aunque las masas pueden desaparecer, ahora se pondrá al descubierto quién es quién y quienes están dispuestos a seguirle de verdad. Nuestra fe no puede depender de lo que hacen los otros. 

   “Aunque todos se vayan, nosotros nos quedamos” ¿De qué sirve ser parte de muchos, si carecemos de vida? Un solo grano de trigo puede engendrar una espiga llena de granos. Muchas palabras pueden decir muy poco. Una sola palabra puede ser suficiente para decidir toda una vida. 

   Es fácil decir sí cuando todos lo dicen. Digamos “sí” a Dios, cuando los otros lo niegan. Es fácil ser bueno cuando todos lo son. Seamos buenos, aunque muchos sean malos. Es fácil decir la verdad, cuando todos la dicen. Digamos la verdad, cuando todos mienten. Es fácil hablar de Dios, cuando todos hablan de él. Hablemos de él cuando muchos quieren quitarlo de la constitución, o lo silencian de las aulas de clase. Es fácil declararme creyente cuando todos lo hacen. Declarémonos creyentes cuando muchos se enorgullecen de no creer. El reto de seguir o abandonar a Jesús. “La decisión es nuestra: tuya y mía”. 

   Me llamas Señor y no me obedeces. Me llamas Luz y no me ves. Me llamas camino y huyes de mí. Me llamas vida y no me deseas. Me llamas sabio y no me sigues. Me llamas rico y no me pides. Me llamas misericordioso y no te fías. Me llamas noble y por tu orgullo, no me sirves. Me llamas poderoso y no me honras. Me llamas Justo y ya no me temes. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o del Facebook de la Capilla Santa Ana, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo la buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen los proteja. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía