Saludo 27° Domingo del Tiempo Ordinario, 2 de Octubre 2022, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 3 oct 2022, 8:03 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 3 oct 2022, 13:40 ]
Chía, 2 de Octubre de 2022

Saludo cordial y bendiciones a todos los fieles de esta comunidad de Santa Ana.

"De las Realidades Pequeñas, a las Grandezas de Dios"
   El Evangelio de este Domingo examina la calidad de nuestra fe, que así sea pequeña como un granito de mostaza, puesta en las manos del divino sembrador, crecerá potencialmente. Los discípulos perciben que su fe aún es incipiente, y al ver a Jesús que oraba al Padre, le piden: “Señor Auméntanos la fe”. Entenderán, entonces, que la oración que les enseña y la fe que les obsequia, son como los dos remos del camino hacia Dios. Oración sin fe, servirá de poco, y fe sin oración, corre el peligro de apagarse. 

   La parábola nos hace entender la fe como el germen de una realidad superior que reviste a quien acepta a Dios. Es el germen que penetra el corazón de quien se abre a la gracia, se alimenta de buenas obras, y va acompañada de la esperanza y la caridad. La fe, además de ser un don gratuito, es también una virtud que hemos de fomentar y de custodiar. 

   A sus discípulos, el Señor les hará ver que su fe, apenas está comenzando; que es tan pequeña que no se puede comparar ni a un grano mostaza. 

   Ellos entenderán que, por más pequeña que sea la fe, puesta en las manos del que todo lo puede, y bajo su mirada, hará grandes cosas. 

   Aun siendo poca la fe, por su propio dinamismo, -como la semilla de mostaza-, si la cuidamos y la alimentamos, crecerá día a día haciéndose fuerte y dando fruto. 

   La semilla de mostaza lleva dentro una vitalidad que la convierte en un arbusto. Es la lógica del Señor que da prioridad a lo sencillo, a lo pequeño, a lo débil y a lo humilde. En la fe, lo importante no es la cantidad sino la “calidad”. La finalidad de la fe, no es capacitar para mover montañas o arrancar árboles, sino para expandir los frutos de Dios, según sea la respuesta y la apertura del ser humano ante aquel que todo lo hace posible. La fe no es magia, sino total confianza en el poder de Dios, de ahí que los apóstoles piden que les aumente la fe, porque ella es un don, una gracia, y sólo él la puede conceder.

 

   También le pedimos “que nos aumente la fe”, que nos “dé más fe”, aunque no es la cantidad sino la calidad, porque podemos pensar que creemos y que tenemos bastante fe, pero es una fe de escaza calidad. 

   Y como todo lo vivo nace en lo “pequeño”, tiene que crecer y seguir un proceso de desarrollo, la fe también nace, crece y se desarrolla desde lo pequeño. Lo que no crece se puede morir, y lo que no se desarrolla se va apagando. No se trata de pedir una fe “grande” como para realizar cosas extraordinarias. Pidamos la fe del tamaño de un granito de mostaza para que, al verla crecer, contemplemos las maravillas de Dios haciendo obras extraordinarias, desde lo pequeño. 

   La fe es don de Dios. Se pide y se agradece, con la mirada fija en Él y con la seguridad de su presencia que la acompaña y la sostiene. Si la cuidamos y la alimentamos, se va haciendo más fuerte y crecerá de granito a gran arbusto. La fe no es una escapatoria a las responsabilidades de la vida para ahorrarnos camino y sacrificio. Al contrario, el camino de la fe se corona en frutos, solo cuando pasa por la cruz y los sufrimientos, como el viacrucis del Señor floreció en la gloria de su resurrección. El obsequio de la fe nos permite impulsarnos hacia el mismo Dios, de quien viene. Aquel que cree, queda revestido de la capacidad para verlo todo con una mirada distinta, con la mirada de Dios. 

   La fe, como todo, es un don de Dios. A él le debemos todo, y ante él no somos más que siervos deudores, nunca acreedores, por lo cual, a final de cada jornada o al final de nuestra vida, no podemos presentarnos como quien cree haber prestado un servicio para esperar recompensa. 

   Por más que hagamos obras buenas en favor de los demás, en realidad, nunca haremos lo suficiente por Dios. Como Dios ya ha hecho TODO por nosotros, la única manera de valorarnos, es la que el mismo Señor nos recomendó: “Somos siervos inútiles, que hacemos lo que tenemos que hacer”. 
  

 Que, en cada Eucaristía, - encuentro comunitario y pan partido-, aprendemos que la fe “es creer que Dios es amor; que Dios me ama y nos ama”. No nos cansemos de pedir: 

"Señor, auméntanos la fe, y ayúdanos a creer más”

   Así como un deportista ejercita sus músculos y se prepara para conquistar una meta, ejercitemos nuestra fe para descubrir al Señor en las acciones de cada día. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a caminar juntos, extendiendo como discípulos

misioneros, el reino de Dios donde quiera que nos encontremos.

 

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen María los proteja. Amén.

Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía