Saludo 28° Domingo del tiempo Ordinario, 10 de Octubre 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 8 oct 2021 13:30 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 9 oct 2021 17:51 ]
Chía, 10 de Octubre de 2021
 
Saludo y bendición, a todos ustedes, queridos fieles.
 

El Alma Reclama la Eterna Felicidad"

   En la primera lectura de hoy el Rey Salomón ha hecho la más maravillosa opción por la sabiduría. No consiste en tener riquezas, sino en tener un corazón que escuche a Dios. Todos pensamos que ser sabios es tener habilidad para poseer más. El sabio Salomón nos enseña que la sabiduría consiste en deleitarse de manera habitual con la presencia de Dios en el alma, aprendiendo a saborear lo que él va dándonos según la urgencia de cada día. Dice el refrán: ¿Para qué quiero tener 10, si sólo se contar hasta 6...? Hasta en el Padre nuestro pedimos: “danos HOY el pan de CADA Día”, no pedimos: “danos el pan para toda la semana.” 

   En el Evangelio, Jesús da el primer paso hacia el encuentro con el joven que le pregunta por la vida eterna, por la verdadera felicidad: “Maestro, ¿qué debo hacer para obtener la vida eterna?”. Jesús lo acoge con amor, lo mira con cariño, como a un amigo, y le propone un estilo de vida gratuito, por amor, sin la dependencia de las cosas. Y coloca en sus manos el tesoro de una vida nueva marcada por el amor, solo si descubre a Jesús como el verdadero tesoro y la riqueza del corazón. El cambio consiste en sacar del corazón los tesoros pequeños, y reemplazarlos con los tesoros de Dios. 

   Aun sabiendo que nuestra alma clama por la vida eterna y la felicidad, muchos, como el joven del evangelio, dejamos de lado a Dios. Todos queremos ser felices, y esa felicidad consiste en rodearse por los brazos de Dios. El joven está atrapado por lo material, no obstante, el Señor le da la clave para ganar la vida eterna: "una cosa te falta; anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres y luego sígueme…”. 

   El joven cambia el panorama: “frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico". Y Jesús, que conocía su corazón, “se quedó mirándolo con cariño”; pensó en algo más grande para él: Tú estás hecho no solo para salvarte y heredar la vida eterna, sino para ayudar a que otros se salven, tú estás hecho para “seguirme”, y descubrir que yo soy tu plena riqueza.



    El joven que llega corriendo a Jesús, tiene, materialmente todo, y sin embargo siente un vacío en su corazón; busca algo más. Pero cuando Jesús le pide que vacíe su corazón de lo que tiene y lo llene con la novedad del evangelio, prefiere quedarse con lo que no llena y seguir vacío.  Y no es que las riquezas sean malas, lo malo es cuando ellas se nos pegan a la piel del corazón y ponen freno a los valores de alma. 

   El joven no entendió la llamada del Señor. Quería vida eterna pero no quería renunciar a los bienes terrenos; quería seguirle, pero sin dejar lo que tenía. No está bien que, al Señor, dador de todo, se le coloque en segundo lugar después, de las cosas. Para el joven, eran más importantes sus riquezas que la entrega de su vida al servicio del Señor. Entonces, se echó atrás, volvió a su casa y siguió con el brillo de la riqueza material, pero en la penumbra y la soledad por la ausencia de Dios. Le asustó lo que tenía por delante. Por eso se fue triste. Y hasta Jesús le miró con tristeza en el alma. 

   “Heredar” la vida eterna es algo que a todos nos compete y que todos deseamos, pero no podemos caer en el egoísmo de “salvarme yo solo”; hay que “salvarse en racimo” porque cuando lleguemos al cielo la pregunta será: “¿Y dónde están los demás?” Uno se salva salvando a los demás, y una manera de hacerlo, es que, con los bienes que Dios nos presta socorramos al pobre y tener un tesoro en el cielo. 

   El joven rico cumplía los mandamientos, pero su alma iba cargada de alforjas pesadas. Le faltó cambiar su riqueza por la del Evangelio, la que aligera y llena el alma en el viaje a la eternidad. 

   El Señor no quiere decir que el rico se condene por ser rico, o que el pobre se salve por ser pobre. Lo que está en juego es la actitud del corazón. La salvación no viene de la pobreza, ni la condenación por la riqueza, sino del amor al prójimo y a Dios, “que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. La riqueza, bien empleada, se convierte en causa y fuente de felicidad, pero mal usada puede ser causa de desdicha. 

   “Allí donde está tu tesoro ahí está tu corazón”. En las exigencias se evidencia cuál es el tesoro al que le hemos dado el corazón. Si nuestro tesoro es Dios, estaremos viviendo la mejor opción y la garantía de nuestra felicidad eterna que tiene comienza aquí en la tierra; pero si no lo es, le habremos puesto a la felicidad, el límite propio de las cosas terrenas. O el amor a Dios acaba con los apegos, o la muerte pone fin al ansia por lo material. Al joven, la riqueza lo tenía atado entre las rejas de su propio tesoro. Él pudo ser caritativo, ya que la caridad es la medicina contra el egoísmo, y nos enseña que el necesitado es el mejor cofre y la puerta de entrada a la salvación. 
   Todos tenemos el corazón apegado a algo, por mínimo que sea. La pregunta del joven rico, es también nuestra pregunta: ¿Qué debo hacer para ser feliz?: Soltar el corazón de cuanto nos ata y nos atrapa el alma. “Cuando el gorrión hace su nido en el bosque, no ocupa más que una rama. Cuando el ciervo apaga su sed en el rio, no bebe más de lo que le cabe en la panza”. (Anthony de Mello). 

   quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o del Facebook de la Capilla Santa Ana, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo la buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen los proteja. Amén.

Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía