Saludo 2° Domingo de Cuaresma, 13 de Marzo 2022, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 16 mar 2022, 13:58 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 16 mar 2022, 14:21 ]
Chía, 13 de Marzo de 2022
 
Saludo y bendición en esta cuaresma, tiempo de gracia y bendición.

Con Cristo, Transfigurados…Con el pecado, desfigurados"

 
 En este Segundo Domingo de Cuaresma, de las arenas del desierto, pasamos a las alturas del Tabor. En la cima del monte, en oración y en la conversación con los dos profetas y los discípulos, en la transfiguración, el Señor nos deja entrever su verdadera identidad. 

   Ahí, Dios revela el otro lado de Jesús, lo escondido detrás de su humanidad, y el anticipo de los resplandores de la Resurrección. 

   Jesús muestra a sus discípulos la gloria de su divinidad oculta en su humanidad; y la voz del Padre confirma esa divinidad: “Este es mi Hijo muy amado, escuchadlo.” Al que verán sentenciado, coronado de espinas, llevando la cruz a cuestas hacia el calvario y muerto en la cruz, él es el Hijo de Dios. 

   La transfiguración de Jesús ilumina el momento de crisis de los discípulos. 

   Y hasta 

Moisés y Elías conversaban con Jesús, sobre su muerte, que iba a consumar en Jerusalén”,

para darles a entender que la muerte que él les anuncia no termina en muerte, sino en resurrección. 

   Que las oscuridades de “su muerte”, se convertirán “en luminosidades de Pascua”.   

   Más que un diamante precioso, la transfiguración brilla por donde se le mire, porque nos descubre el mismo resplandor de Dios. "Mientras oraba su rostro cambió y sus vestidos se volvieron de un blanco resplandeciente", “y enseguida se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús”. Los representantes máximos de la ley y los profetas se presentan a rendirle homenaje y a dar testimonio de Cristo como Mesías e Hijo de Dios (la nueva ley y el nuevo profeta), en quien toda la revelación llega a su culmen y perfección.


   La transfiguración expresa exactamente lo que más esperamos de Cristo, que se realice en nosotros: la bienaventurada eterna. 


   En el encuentro definitivo con Cristo, todo será transfigurado, todo será nuevo y él será nuestra luz. Se entiende, entonces, que los discípulos quisieran levantar tiendas y no descender de aquella cumbre de paz y sosiego. 


   Jesús deja ver por un momento la Gloria que le espera, pero no puede quedarse siempre en el Tabor, como querían sus amigos. Jesús desciende al llano, al valle donde la humanidad lo necesita. 


   Con ella quiere recorrer el camino que le conducirá, necesariamente, por la pasión y muerte, a la Gloria de la resurrección.

 

   

   Mientras el pecado y la tentación desfiguran la imagen de Dios en nosotros, la transfiguración nos configura con la imagen y semejanza originales de Dios en nosotros, incluyéndonos como hijos amaos del Padre. Pero nos exige, como a los discípulos, estar despiertos, con el corazón preparado, con los ojos de la fe abiertos y en oración, para poder ver su rostro transformado. La transfiguración es la eterna propuesta del Señor para aprender a ver - “más allá de lo físico y lo aparente”- lo que se va colando de Dios en lo cotidiano, aquello que Dios ha colocado en el fondo de nuestro ser. Nos deja ver, amar, sentir y creer más allá de lo que ofrecen nuestras pobres apariencias.

 

   Esta cuaresma es tiempo propicio para convertirnos en testigos íntimos de Jesús que ora con nosotros y se transfigura ante nosotros. La eucaristía siempre es un encuentro glorioso con Jesús vivo, resucitado y presente entre sus amados. Cada eucaristía nos ofrece un anticipo de la hoguera ardiente de su gloria y nos da fuerza para enfrentar nuestras responsabilidades y cargar nuestras cruces por el camino que nos ha señalado el Hijo amado del amado: por su cruz a la Gloria 

   Es en los momentos de crisis que es preciso abrirnos a la esperanza, y en los momentos de “oscuridad” que tenemos que “mirar cómo el sol vuelve a brillar”. Reza el refrán: “No todo lo que brilla es oro”. Es cierto, pero podríamos añadir: si yo Oro, todo brilla y adquiere resplandor. En esta cuaresma, salgamos de nosotros mismos y subamos a la montaña de la oración, y luego descendamos para acompañar a tantos hermanos que sufren. Todos somos hijos amados del Padre. Hagamos de ese amor, una morada para estar con el Señor. 

   En nuestras vidas: ¿A quién escuchamos? ¿Nos escuchamos a nosotros, a nuestros intereses, al mundo con sus criterios, mentalidad y antivalores?, o ¿escuchamos de verdad a Jesús, su evangelio y su palabra? ¿Disfrutamos -como los discípulos- de permanecer junto a él, y de sentirnos amados del Padre? ¿Emprendemos, -como los tres discípulos- totalmente cambiados y renovados nuestras labores, después de cada encuentro con el Señor? 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o a través del Facebook de la capilla Santa Ana, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. En este viaje cuaresmal nuestro destino es Dios, nuestra ruta es Jesús, y nuestro mapa y guía, el Espíritu Santo. 

Feliz semana para todos; que Dios los bendiga y la Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía