Saludo 2° Domingo Tiempo Ordinario, 20 Ene 2019, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 18 ene 2019 14:18 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 18 ene 2019 14:24 ]
Chía, 20 de Enero de 2019
 

  Saludo y bendición queridos discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

Las Bodas Indisolubles del Amor de Dios 

      
 
   En este segundo Domingo del tiempo ordinario, encontramos el primer milagro de Jesús: las bodas de Caná. El gesto de convertir el agua en vino, se convierte en una señal de la Gloria de Jesús porque « los discípulos creyeron en Él». Jesús no crea el vino de la nada, sino del agua. El agua de la purificación simboliza la antigua alianza, la fe de los judíos, mientras que el vino es la nueva alianza, la de Jesús que se entrega por amor. Es el don de Dios que viene en ayuda del esfuerzo humano.

 

   En las Bodas de Caná, el Señor resuelve un momento de apuro para los novios que se quedan sin vino para agasajar a los invitados; a la vez resalta el papel de María como Mediadora que intercede ante las necesidades de sus hijos y, adicionalmente, este milagro le permite afirmar la fe de los discípulos en Jesús.


   La importancia de María, la madre de Jesús es muy grande. Ella está con Jesús en la fiesta de la boda, se fija en todo y en un momento determinado dice a su Hijo: "no tienen vino". Es una petición de doble intención, pues, de una parte, le pide ayuda en una pequeña dificultad doméstica; de otra le plantea que se manifieste como Mesías con un milagro. 

   La primera reacción de Jesús parece negativa: "¿qué nos va a ti y a mí, aún no ha llegado mi hora"; se cruzan las miradas, y María, amablemente compenetrada con su Hijo, dice en voz baja a los servidores: "Haced lo que Él os diga". 

   Jesús pide que “llenen de agua las tinajas”. Les dará un uso diferente y mucho más importante. Casi seiscientos litros de agua en las tinajas son llevados por los ayudantes, que no comprenden nada. Y Jesús no hace ningún gesto explícito. El signo contundente aquí es, ni más ni menos, la fe que transforma el agua en vino. Es la fe de Jesús en el amor del Padre que abundará en amor por el ser humano. Es también la fe de María en Jesús, la fe de los ayudantes en la intercesión serena de María y de Jesús. Jesús no buscó hacer un milagro visible, sólo al final, ya el agua estaba convertida en el mejor de los vinos. 

   A la petición de María que estaba vigilante, el Señor responde con el vino y así se salva el amor, como a la petición de perdón del pecador arrepentido, el Señor responde con el vino del perdón salvando al pecador. Jesús, encarna siempre el don desmedido de Dios, la profusión de su amor y no hace las cosas a medias. Como el día de la multiplicación de los panes cuando todos quedaron saciados y recogieron doce canastos de sobras. 

   El papel de María es fundamental. Como Madre de Dios seguirá intercediendo por todos nosotros, como lo hizo por aquellos novios. Nadie se dio por enterado que, en realidad, el buen vino tuvo su origen en María. Gracias a María, lo que pudo terminar en un problema, se convirtió en fiesta. Entonces, es preciso volver a iniciar la fiesta que se va apagando en el corazón de tantos que lloran porque les falta el vino del amor de Dios. 

   Podríamos preguntarnos: ¿Por qué tanto vino? Porqué seiscientos litros de vino? Quizá para que toda la humanidad pueda beber de él y consumirlo sin medida hasta la eternidad; así como es el amor de Dios: sin medida. El vino nuevo es Jesús en las tinajas de piedra. Como su amor renueva nuestros corazones de piedra. Es el vino nuevo, el milagro nuevo, el nuevo rostro de Dios, la nueva fuente de la que todos podemos beber, y recibir bendiciones incesantes. 

   El milagro de Caná llena de esperanza a tantas parejas que «¡No les queda vino!», porque creen que su mejor amor era el de enamorados y novios; pero ese amor era demasiado superficial. El verdadero amor es aquel que ha superado las crisis del crecimiento, porque es mucho más maduro, como el mejor de los vinos. La escena les abre una vía a los cónyuges para no caer en esta situación o salir de ella si ya se está dentro: ¡invitar a Jesús a las propias bodas! Si él está presente, siempre se le puede pedir que repita el milagro de Caná: transformar el agua en vino.

 

   Jesús nos enseña que cuando la situación lo requiere es necesario actuar. Dejemos actuar a María en nuestra vida y vivamos con la confianza de saber que ella nos descubrirá “la hora”, nuestra hora, para que se realice la voluntad de Dios en nuestras vidas. Las bodas de Caná son signo de las bodas eternas que Jesús estaba celebrando con la humanidad, y el vino del que se habla aquí es el amor de Dios que alegra el corazón de los que le reciben.

 

Dejemos, entonces, que Jesús llene nuestras humildes tinajas para que rebosen de su gracia y bendición; y como María, estemos atentos en esas situaciones que necesitan nuestra ayuda y nuestra presencia y preocupación.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos; que Dios los bendiga y la Virgen los proteja.

Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía

Comments