Saludo 31° Domingo del Tiempo Ordinario, 4 Noviembre 2018, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 2 nov 2018 18:45 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 2 nov 2018 19:15 ]
Chía, 4 de Noviembre de 2018
 

  Saludo y bendición a todos ustedes, discípulos misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

Amar a Dios y al Prójimo: las dos Puertas del Cielo


   A la pregunta del maestro de la ley, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?, el Señor le responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y toda tu mente” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Amar a Dios lleva a amar y a descubrir su imagen y huella en los demás. El origen de todo está en que Dios nos ha amado primero, nos creó por amor, nos ha  enviado por amor, a su hijo Jesucristo nuestro salvador, y ha derramado en nuestro corazón su Espíritu de amor.

   Aunque todos conocemos el primer mandamiento, pensamos que nos bastaría amar a Dios, pero olvidamos que amar a Dios se hace visible amando al prójimo. Esto requiere una obediencia que brota del corazón, y que nos convence que cuando amamos a Dios y a los demás, cumplimos su voluntad. Al Padre celestial se le obedece porque se le ama de verdad sin esperar nada a cambio, simplemente porque él nos ama a todos por igual. “Amar al prójimo como a uno mismo”, hace que el amor a Dios crezca y adquiera sentido y plenitud. Amando a los demás, nos encontramos de manera directa con el amor a Dios; y cuidando a los demás, Dios se encargará de cuidarnos a nosotros.

   En toda persona se revela el rostro de Jesús, y San Agustín añade: El amor de Dios es lo primero que se manda, y el amor del prójimo lo primero que se debe practicar. 

   Tú, que todavía no ves a Dios, amando al prójimo te harás merecedor de verle a Él. El amor al prójimo limpia los ojos para ver a Dios, como dice claramente Juan: 

Si no amas al prójimo, a quien ves, ¿cómo vas a amar a Dios, a quien no ves?

   Amar a Dios, a quien no vemos, es imposible si no amamos a los que vemos alrededor. Aquí hablamos del sentido vertical y horizontal del amor. No podemos afirmar que amamos a Dios - fuente del amor-, sin mirar para los lados. Amando a Dios y al prójimo, aprendemos a reconocer la semejanza con el creador presente en todos. Amarlo implica amar todo aquello que él ama, y que está presente en sus criaturas. El segundo mandamiento coloca al prójimo como objetivo de nuestros cuidados. Quien ama a Dios se convierte como en ángel guardián de su hermano como expresión del amor que le tenemos a Dios; ese amor que nos hace reconocer a los demás como hijos amados de Dios y nos impone amarlos como Dios quiere, es decir, como a nosotros mismos.

   Desde que Cristo murió en la cruz, el amor lleva necesariamente un toque de Cruz. Amar al prójimo requerirá de nosotros un esfuerzo perseverante, sabiendo que si amamos a Dios sobre todo, también por su gracia circulará su amor a través de nosotros. El amor a Dios no estará completo si se queda encerrado en nuestro corazón; cuando se vuelca hacia el prójimo, se perfecciona. El amor fraterno es algo así como la segunda cara de una misma moneda y parte integrante del único mandamiento divino.

   El amor a Dios nos capacita a salir de nosotros mismos e ir al otro para enriquecerlo como persona. Más que hacer algo por Dios, es dejar que él, -fuente de amor divino-, fluya a través de nosotros, y se encuentre en el amor fraterno. Nuestra mejor apertura hacia el amor de Dios, será dejar entrar a los demás en nuestro corazón, porque nada satisface al corazón, como el amar a Dios y a los demás. “Las abejas sólo pueden posarse sobre las flores que han florecido”, como el corazón sólo puede hallar descanso posándose en el amor de Dios.

   Hay una pregunta adicional: ¿Y cómo me amo a mí mismo?: Así como Dios me ama; valorarme, estimarme, aceptarme, confiar, esperar o hablar bien de mí mismo, como Dios lo hace conmigo. Dado que Dios ha puesto en nosotros una exigencia de crecimiento y maduración hasta “llegar a la estatura de su mismo Hijo, Jesús”, redescubrimos nuestra dignidad y grandeza porque todos somos sus hijos. Según como te ames a ti mismo, Dios sabrá cómo lo amas a Él y a los demás. Según como ames a Dios, sabrás cómo te amas a ti mismo!.

   Aquella hermosa expresión tradicional, “amar al prójimo por amor de Dios”, bien podría formularse así: “amar a Dios CON el amor que Dios nos ama”, pues sólo quien ama a Dios sobre todas las cosas y con todo su corazón podrá ver con claridad los rasgos de Dios en sus hermanos. Renovemos la fuerza del primer mandamiento, con la certeza que descubriremos en todos el reflejo de su rostro.

   Que esta santa eucaristía, banquete de amor, nos de fuerza para superar toda división, rencor, juicio u ofensa contra nuestros hermanos, y que María Santísima, quien supo amar y cumplir plenamente la voluntad de Dios, nos enseñe a cumplir el mandamiento de su divino hijo.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Virgen los proteja. Amén.

Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía