Saludo 3° Domingo Cuaresma , 7 Marzo 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 7 mar 2021 10:36 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 7 mar 2021 11:32 ]
Chía, 7 de Marzo de 2021

Saludo cordial a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"Expulsa, Señor, lo Indigno de Nuestro Corazón"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   Este tercer Domingo de Cuaresma, nos presenta la purificación del templo. Ocasión para reflexionar sobre el verdadero culto y la verdadera casa de Dios. Nos sorprende la vehemencia con la que Jesús actúa en el pasaje. Hoy, también quiere entrar en nosotros y con la fuerza de su divino Espíritu, quiere arrojar todo lo que vicia o confunde nuestra vida cristiana y que nos impide ser totalmente hijos de Dios. Como lugares vivos de la morada de Dios y templos del Espíritu Santo, todos necesitamos de una pequeña o gran limpieza de todo aquello que mancha nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos.

   Jesús reemplaza el templo tradicional por el nuevo Templo que será él mismo, lugar de encuentro universal con todos aquellos que estén abiertos a dejarlo habitar en el templo individual de nuestro corazón. El templo era lo más sagrado, lugar de la presencia de Dios y del diálogo del hombre con Dios en la oración. Ahora, con Jesús, el templo ya no será aquel de materiales finos, sino todo aquel que sea “limpio y puro de corazón”. Jesús resucitado será el verdadero lugar para encontrarnos con Dios y con nuestros hermanos, formando parte de él, porque todos cabemos en el templo de su divino corazón. 

   Con la expulsión de los comerciantes del templo, queda claro que la casa del Padre es casa de oración. Llega el fin a la religión de la ley, reemplazándola con la religión del corazón, del amor y de la apertura a los hermanos. El templo dejará de ser un lugar de negocio y de mercadeo, para convertirse en un espacio vivo donde Dios reina e impera. Por el poder de su resurrección no solo nos constituimos en templos vivos de Dios, sino que él actuará dentro de nosotros expulsando lo que vicia, confunde y perturba nuestra alma. Él defendió el templo como casa del Padre, y ahora defiende nuestra alma como lugar de encuentro con él. Nos dice San Juan: “Y vendremos a él, y haremos morada en él” Habrá, entonces, que expulsar lo que paralice y distorsione nuestra la relación con el Señor.

   El nuevo templo, ahora estará allí donde impere el doble mandamiento: “Amar a Dios con todo el corazón, y al prójimo como a uno mismo”. En este nuevo orden de cosas, el nuevo templo será el hogar y la familia donde vivimos cada día donde disfrutamos de las alegrías de la vida. Será también el lugar de trabajo donde cada día se gana el pan para sobrevivir. El Señor nos quiere corazones, como templos vivos que generen amor, y no donde se negocie su presencia. No pueden ser un espacio de supermercado donde se negocien los valores de Dios, sino espacio sagrado de diálogo con Dios, porque ahí mora y habita él. 

   Con frecuencia vivimos idolatrando lo superfluo, lo vano, lo vacío y lo fugaz; aquello que nos de fama, honor, poder o placer, y creemos que allí se encuentra la verdadera felicidad. recordemos que las puertas que abre el dinero nos pueden llevar a dichas pasajeras, pero también nos puede privar la entrada a la dicha eterna.  El Señor se muestra como un Dios celoso, que no soporta que se le suplante por la simulación cuando él es la verdad. Desde la creación somos su propiedad y nos invita a adorarlo sólo a él. Lo que hace que nos transformemos en templos en la medida que todo nuestro ser y tener, es que todo ha de estar orientado al señor y creador. 

   Tristemente también nosotros podemos asistir a la casa de Dios con la intención de volverla un lugar para nuestros intereses anidando en nosotros aquello que el Señor luego querrá expulsar. Si durante la semana no somos transparentes en el obrar, no podemos estar limpios el domingo en la casa del Padre. Y por más generosa que sea nuestra ofrenda, no será limpia mientras nuestros corazones estén ocupados por tantas alimañas que quieren tomar posesión de él. Mientras no estemos limpios por dentro, no podremos celebrar dignamente el día del Señor.

 

   Esta cuaresma es tiempo de purificación y de limpieza del templo personal. Tiempo para erradicar todo cuanto corrompe nuestra alma. Con la fuerza del Espíritu de Dios arrojemos a latigazos cuanto profana el templo de su presencia, y hagamos de nuestros corazones, espacios dignos para su presencia soberana. Allí donde está tu tesoro, allí está tu corazón; allí donde se busca el propio beneficio no hay sitio para Dios.

   Los “Templos”, como construcciones, quizá estén llenos de fieles, pero nosotros como “templos de la vida, ¿no estaremos vacíos?” Tenemos que llenarnos de Dios y rebosar de él, y así todos, como templos sagrados, adoraremos al único Dios. Al terminar cada eucaristía, el mismo Dios sale del templo con nosotros para vivir en los infinitos templos del corazón de sus hijos e hijas.

A quienes nos siguen a través de internet, en la página:

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   Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe en el camino hacia la Pascua. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía