Saludo 3° Domingo del Tiempo Ordinario, 24 Ene 2021, Ciclo B

publicado a la‎(s)‎ 22 ene 2021 17:33 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 22 ene 2021 18:18 ]
Chía, 24 de Enero de 2021

   Saludo cordial a todos ustedes, discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.

 Lecturas de la Celebración

"Y Dejándolo Todo, se Marcharon con Él"
Saludo Padre Rector Luis Guillermo Robayo M. 

   
En la liturgia de este tercer Domingo, la primera lectura, nos muestra que la voluntad salvífica de Dios es universal. Él es Padre de todos y a todos ama porque todos cabemos en su corazón. Él no quiere que el hombre, su obra amada, se pierda, sino que le ofrece salvarse por distintos medios y caminos.

   San Pablo, luego hace un llamado a la vida ascética y a la pureza como convicción suprema de toda vocación cristiana. El tiempo es breve y porque somos habitados por el mismo Espíritu y nutridos del mismo pan, podremos vivir la perfecta caridad. Sólo así se puede lograr la santidad y la perfección en cualquier estado. Por esta razón, con presteza hay que dirigir todo nuestro ser hacia Dios, y alistar nuestros pasos para seguir el camino que Jesús tiene a bien trazarnos.

   En el Evangelio, luego de exponer el contenido de su predicación, Jesús procede a elegir y a seleccionar sus primeros discípulos, quienes le colaborarán en la extensión del reino de Dios. Jesús anuncia la llegada de la plenitud de los tiempos; es decir, en él llegan a su cumplimiento todas las promesas mesiánicas. A eso viene él, él es el “Reino” de Dios entre nosotros. De nuestra parte se requerirá pasar de las tinieblas a la luz, es decir, se requiere la conversión, el cambio y la transformación radical de mente y de corazón.

   En este pasaje se nos narra la vocación de dos parejas: Pedro y Andrés; Santiago y Juan, quienes van a ser como las primicias o los predilectos del Señor. El mismo que llama, será quien cualifica a los que llama; será quien va a transformar su actividad de pescadores, abriéndoles sus ojos a unos horizontes insospechados y hace de aquellos pescadores, “pescadores de hombres”. Ellos responden a la vocación con prontitud, generosidad y optimismo que nunca desmentirán. Nosotros, llamados por Cristo a ser pescadores de hombres, tenemos ahí el modelo de discipulado: “dejarlo todo por aquel que lo es todo en la vida”, como los discípulos que cambiaron la red, para formar parte de las redes del amor del Señor. El servicio del Evangelio exige renuncia total y dedicación total, a cambio de un bien de supremacía divina.

   Observemos qué maravillosa transformación produjo en los discípulos el llamamiento del Señor. 

   De simples pescadores, con el poder de su palabra los convierte en maestros de su doctrina, en fundamentos de su Iglesia, en pescadores de hombres.

    Y por gracia de ese llamado y la disponibilidad de los apóstoles, su respuesta fue radical: dejándolo todo, lo siguieron.

   ¿Cuántos de nosotros seríamos capaces de imitar a los primeros discípulos que dejándolo todo siguen al Señor? Dios nos ha dado una vocación, sin ningún merecimiento propio. 

   Por ser obra de Dios, nuestro primer llamado es a la santidad; esa es la vocación universal de todo cristiano y ella sólo se alcanza con el auxilio de Dios. Muchos creyentes, a lo largo de la  historia han experimentado que el encuentro con Jesucristo lleva a un cambio de vida, como aconteció con los discípulos. Es un cambio que lleva a la fe y que sólo puede dimensionar aquel que es protagonista de dicho encuentro.

   La conversón es un proceso personal e intransferible, es una tarea que le compete a cada uno en particular. Para poder iniciar ese camino de acercamiento a Dios, nos ayuda, sobremanera, el testimonio de tantos creyentes que han ido más adelante en el camino de perfección en la vida cristiana.

   ¡Qué curiosa contradicción que Dios convoque a pecadores para salvar a pecadores! Y sin embargo no hay contradicción alguna. La llamada a la conversión para todos es la misma. Los que reconocen su pecado no se fijan plazos, sino un camino de constante seguimiento y permanente búsqueda del Señor. Otros no aceptan al Señor, solo se aceptan a sí mismos, sin dejar espacio para Dios en su corazón. 

   No obstante, el camino de vida cristiana es un camino apasionante, contundente y a la vez entrañable, porque es la llamada a la conversión, a vivir como si no poseyéramos, como si no gozáramos de los bienes de este mundo, como si no riéramos o lloráramos porque todo es pasajero. Es una llamada a la vida bella de intimidad con Dios, que llena el corazón y regocija el alma. Desde el momento en que somos capaces de aceptar, sin prepotencia y con humildad que somos pecadores, que necesitamos esa conversión que se nos predica, la vida adquiere sentido y dirección de eternidad.

   Abrámosle al Señor los oídos del corazón y escuchemos su permanente invitación a trabajar en su Reino. 

   No nos extrañemos que de pecadores pasemos a ser “pescadores hombres”, pescadores de otros que todavía no han vivido ni experimentado esta maravillosa e inenarrable dicha de anunciar el Reino de Dios. 

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org y por el Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, - en este año dedicado a san José- , la Buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren.

    Feliz semana para todos. Que Dios los bendiga y la Santísima Virgen los proteja y acompañe. Amén.


Padre Luis Guillermo Robayo M. 
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía