Saludo 4° Domingo del tiempo Ordinario, 30 de Enero 2022, Ciclo C

publicado a la‎(s)‎ 14 feb 2022, 8:00 por Diseño Web Santa Ana Centro Chía   [ actualizado el 14 feb 2022, 14:26 ]
Chía, 30 de Enero de 2022
 
Saludo y bendición queridos discípulos y misioneros de esta comunidad de Santa Ana.
 

Jesús, el amor universal de Dios"

   El Evangelio de hoy, en distintas actitudes de los judíos ante Jesús, nos muestra como su primer fracaso, preludiando el desenlace de su condición humana. ¿Por qué los compatriotas de Jesús pasan de la maravilla a la incredulidad? Hacen una comparación entre el origen humilde de Jesús y sus capacidades actuales: es carpintero, no ha estudiado, sin embargo, predica mejor que los escribas y hace milagros, y en lugar de aceptar su propuesta, se escandalizan. 

   Quizá piensan que Dios es demasiado grande para rebajarse a hablar a través de un hombre igual que nosotros. En el fondo, es el escándalo de la encarnación; evento desconcertante de un Dios hecho carne, que piensa con una mente de hombre, trabaja y actúa con manos de hombre, ama con un corazón de hombre, un Dios que lucha, come y duerme como cada uno de nosotros. 

   Los que le escuchan en la Sinagoga “quedan admirados de sus palabras”. Lo aclaman: “¡qué bien que habla!” Pero luego, esa admiración queda en nada, si no les hace el milagro que le piden, ya no creerán en él. ¿Dónde comienzan los problemas para Jesús? No mientras lo ven a él en sí mismo, sino cuando piensan en su origen. “¿No es éste el hijo de José?” dice cosas maravillosas, pero es hijo de un carpintero. Hay algo especial en sus palabras, pero ¿se puede esperar algo del hijo de un carpintero? A lo más, un “hijo también carpintero”. 

   Luego le exigen a Dios pruebas y razones para poder creer en él. “Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria.”  Es como si Dios tuviera que justificarse delante de nosotros: La culpa de todo es siempre de Dios. Él es el causante de todo; nosotros somos inocentes. 

   Y la decisión de los judíos es rechazarlo, excluirlo y arrojarlo por un barranco abajo, como si él fuera un estorbo que es preciso eliminar. Es la historia de Dios entre los hombres, donde pareciera que él llevar las de perder. Y, sin embargo, todos seguimos necesitando de él, incluso cuando lo negamos y excluimos. 

   Es un anuncio anticipado de lo que será más tarde su final y su condena a muerte. Lo mismo que los suyos de Nazaret le admiran y le dan la razón, luego le dan la espalda.

   Pero al final, no obstante, los fracasos, la pregunta final será: ¿Quién ha fracasado en realidad? ¿Es el fracaso de Dios que ofrece la salvación o es el fracaso de los que se niegan recibirla? Quiénes fracasan: ¿los padres que dan lo mejor de sí mismos a los hijos, o éstos que prefieren no hacer caso y se enrumban como les viene en gana? Igual que Jesús, el amor de los padres siempre será más fuerte que las rebeldías de los hijos. Todos sabemos que el amor de Dios es mucho más fuerte que nuestros rechazos y negativas. 

   Este relato es muy actual. Mientras Jesús sea como todos, no tiene problema alguno. Pero ahora que se presenta ante su pueblo como el “profeta” que proclama y anuncia lo nuevo, todo cambia. No tuvo problema con la gente y sus vecinos mientras era carpintero. El problema surge cuando se presenta como el “profeta de la nueva noticia de Dios”, todos se ponen “furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo”. 

   Recordemos que el verdadero profeta no dice lo que queremos que nos diga, lo que nos guste escuchar, o lo que nos halague. Él dice lo que tiene que decirnos, así nos incomode. Nos dice lo que Dios quiere decirnos; lo que nos obliga a cambiar; aquello que huele mal en nuestros corazones, aunque personalmente nos pueda doler. El profeta se hace voz de Dios que nos invita a cambiar, aunque eso nos moleste y queramos desterrarlo. 

   Hoy, Dios sigue teniendo el mismo problema con nosotros. Mientras no nos complique la vida, todo bien, pero si nos exige, entonces, ya deja de “ser profeta”. Primero lo admiramos, pero luego, cuando nos habla personalmente, entonces ya deja de “ser profeta”, nos incomoda y decidimos desterrarlo de nuestra vida. Si se acomoda a nuestros caprichos y pecados, todos conformes, pero si nos exige acomodarnos a su santa voluntad, prescindimos de él. Si no nos hace el milagro lo empujamos y lo arrojamos de nuestra vida.

   Si se presenta como Dios, decimos que ya pasó de moda. Si se presenta como hombre, nos parece poca cosa. Entonces, sería mejor despeñarlo o eliminarlo de nuestras vidas porque su estilo de vida nos incomoda. Es mejor decir que no soy creyente para que nadie me rechace, o me vean como un tipo raro. Es mejor no hablar de Dios porque muchos se ofenden. Mejor, nos escondernos.

   La verdad, normalmente, encuentra estorbos en el camino. Pero al final, “Jesús se abre paso entre ellos y se aleja”. Jesús puede ser “carpintero”, pero no dejará de hablar como profeta. Él siempre se abre paso y la verdad terminará por florecer, porque la verdad que anuncia sigue adelante y algún día florecerá. A Jesús ser le puede desterrar, peros su voz siempre resonará, y a pesar de nuestras resistencias, él continúa pasando por nuestras vidas, ofreciéndonos aquella vida que perdurará por siempre.

   A quienes nos siguen a través de internet, en la página: www.santaanacentrochia.org o del Facebook de la capilla, les envío mi bendición, y los invito a seguir extendiendo, como discípulos-misioneros, la buena nueva del Señor, donde quiera que se encuentren. 

Feliz semana para todos; que Dios los bendiga y la Virgen los proteja.


Padre Luis Guillermo Robayo M.   
Rector Capilla Santa Ana de Centro Chía